Las rentas alivian al Real Madrid, un equipo algo perdido en estos momentos. El enorme inicio de temporada y la Copa recién y brillantemente conquistada en Málaga ocultan un presente dubitativo y gris. Jasikevicius hurgó en esa herida: su Fenerbahçe, posible rival en otras cumbres próximas, propinó la tercera derrota consecutiva en Euroliga, segunda en el WiZink. Un triunfo sin discusión, de principio a fin, tan contundente que debe preocupar. Y que no termina de cerrar la clasificación matemática de los blancos para los playoffs. [79-89: Narración y estadísticas]
Volvía Saras al WiZink y eso retrotraía a tiempos cercanos, a una rivalidad con el Barça que él revitalizó, que por momentos incluso pareció que iba a voltear, aunque el Madrid, especialmente con sus victorias en los clásicos de las dos últimas Final Four, logró mantener su hegemonía y cerrar en falso la era del técnico lituano como azulgrana. Pese a todo eso, a Jasikevicius siempre se le dio bien el feudo blanco.
Su Fenerbahçe, que nunca fue lo mismo que con Obradovic, sigue teniendo una plantilla completa, cara y temible. Fue el primero en batir al Madrid esta temporada en Europa, aún con Itoudis. Y puja fuerte por los playoffs, por adecentarse su camino a Berlín, 11 triunfos (con el de ayer) en los últimos 15 partidos. En el Wizink se encontró a un Madrid extraño, como si le estuviera pasando factura la resaca copera e incluso su poderoso inicio de temporada.
Como contra el Panathinaikos la semana pasada, pronto se comprobó que los blancos no eran los dueños del escenario. Que avanzaban a trompicones, a remolque de Calathes. Sin chispa. Anotaron 15 puntos en cinco minutos y luego se quedaron secos hasta el segundo cuarto, cuando se encendieron las primeras alarmas. Porque el rebote ofensivo era un agujero enorme y el Fenerbahçe, pese a fallar demasiado, se encontraba cómodo y con una ventaja que pronto sobrepasó la decena (25-36). El Madrid se fue al descanso con una preocupación, sin ningún triple (0/6) y sólo con Tavares teniendo las cosas algo claras.
Nigel Hayes y el rebote
Hacía falta energía, era tan evidente que cayó por su propio peso a la vuelta, cuando el Madrid regresó del descanso con otra marcha más, con Campazzo y Llull tocando a rebato y espabilando al WiZink a base de dos más unos, más de amor propio que de baloncesto. Porque pese al arreón, el Fenerbahçe ni se inmutaba. Nigel-Hayes, otro ex Barça, era el paradigma de la eficacia. Pero también funcionaban Motley, Biberovic, Guduric, Wilbekin…
Y los nervios se disparaban. Campazzo, algo desquiciado, se enzarzó con Calathes. Cuentas pendientes que después del partido zanjaron con un amistoso abrazo. Cuando más lejos estaban los turcos (59-71), al final llegó el primer triple del Madrid tras 11 intentos (Llull, claro), pero era un querer y no poder. Y el rebote, una auténtica tortura (17 ofensivos y 15 más en total de los de Estambul). Tan grave todo, que restaban más de cinco minutos y ya la derrota estaba firmada (64-81 fue la máxima).
El Madrid sigue líder de la Euroliga (también de la ACB) y le resta un suspiro para sellar su clasificación para los playoffs, en los que será cabeza de serie. Y, sin embargo, no es buen momento para entrar en barrera.
La palabra consistencia es la más anhelada por los entrenadores. Equipos pétreos, inextricables y capaces de mantener el pulso ante cualquier circunstancia y rival. Todavía lejos, mucho, de todo eso está este Real Madrid de Scariolo. Que volvió a experimentar una noche de toboganes, esta vez con final feliz. A cuatro días de la Copa, se llevó un alegrón en el Carpena, sexta victoria seguida en la ACB (donde manda con puño de hierro), una remontada ante el mismo rival contra el que disputará los cuartos el jueves en el Roig Arena. [92-96: Narración y estadísticas]
La "bronca" del descanso, resumía después un Hezonja que resultó inabordable. Y determinante con siete puntos en el último minuto. Un Madrid (sin Campazzo ni Deck) que se olvidó del desastre inicial, que recuperó la cordura y la energía y que se fue camino de Valencia con una mochila de optimismo a la que unir su triunfo en Belgrado.
Porque todo se puso del revés. Cuando Justin Cobbs, el último refuerzo de Unicaja en esta temporada tan movida para los malagueños en cuanto a los cambios en su plantilla, clavó el triple sobre la bocina del primer cuarto, a tabla, completaba un amanecer explosivo en el Carpena. Los de Ibon Navarro, desnivelados por los problemas físicos (sin Tillie, ni Tyson Pérez, ni Alberto Díaz y, desde hace mucho, sin Kravish), habían torturado al Madrid desde el perímetro. Un recurso de los que no tienen antídoto.
Feliz, ante Rubit.Jorge ZapataEFE
Porque, nada más comenzar el segundo, Cobbs volvió a la faena. Era, entonces, el octavo triple de 12 intentos. Un parcial de 17-2 (para el 28-20), que había arruinado cualquier plan de Scariolo. El buen arranque de Okeke, el dominio en la pintura... Como un boomerang en contra, porque el perímetro fue el resorte que activó a los locales, dominio total de las sensaciones en un momento. Y un ciclón después, con más y más triples que desquiciaban al rival. Garuba perdía los papeles y la distancia se disparó (51-33).
El hundimiento fue total y la reacción tras el paso por vestuarios obligada. Este Madrid, tornasolado una vez más, volvió a sus básicos, a encontrar a Tavares en la zona, a abastecer a un Hezonja que regresó enchufado. 11 puntos en un momento y una remontada paulatina. Se llegó a arrimar a seis (74-68, tras un robo y dos más uno de un Garuba dispuesto a arreglar su fallo en la primera mitad), mientras el Unicaja no rehuía de los lanzamientos rápidos, de su ADN de baloncesto frenético. Contestaba con triples como latigazos, Webb, Duarte y un asombroso Cobbs... La batalla era ya un tiroteo.
Pero la presión del Madrid empezaba a ser insoportable. Y más cuando los triples abandonaban a Unicaja. Tres fallos seguidos de Perry y los blancos arriba (86-89 después de un parcial de 2-16) tras acciones individuales de Feliz y Lyles. Quedaban tres minutos y era como si todo lo que había luchado antes no le sirviera para nada a los de Ibon Navarro.
Tambaleándose en la lona, sin apenas fuelle ya, un triple de Sulejmanovic (partidazo) reactivó a los verdes. Dos minutos y vuelta a empezar. Erró Llull, Unicaja falló los tiros libres y, sobre todo, apareció Hezonja. Dos canastas casi seguidas encarando a Balcerowski y dos tiros libres para cerrar la noche.
Cuando el Asisa Joventut ganó su última Copa, en 2008 en Vitoria, Ricky Rubio comandaba en la pista con 17 años a un equipo inolvidable con Rudy Fernández como MVP, y el que ahora es su entrenador, 22 entonces, vibraba en la grada como un aficionado más. Dani Miret (Badalona, 1985) no quería perderse a su compañero en la clase de inglés, Pau Ribas, con quien después se hizo una foto. "Le dije: 'Mira, yo fui el primer loco que dije que veníamos aquí a ganar'", recuerda quien ahora apela a "ese punto de locura" para dar la sorpresa en el torneo del Roig Arena, que los verdinegros descorchan contra el anfitrión. Del cadete al primer equipo, el jovencísimo técnico repasa cómo están siendo estos meses con Ricky a sus órdenes.
Pregunta.- Líderes en la Champions League (la Final Four se disputará en el Olimpic de Badalona) y firmes en ACB. ¿Se puede llegar mejor a la Copa?
Respuesta.- Llegamos bien. Ganar el último partido antes del torneo (en Zaragoza) era un objetivo. Estamos haciendo una temporada donde los objetivos de equipo los hemos conseguido pronto, como clasificarnos para la propia Copa, avanzar en la BCL, donde estamos a un partido de cuartos de final. Estamos en una buena dinámica y sacando unos resultados notables.
P.- Hace 10 días derrotaron al Valencia. Pero es el anfitrión y uno de los grandes favoritos.
R.- Las opciones pasan, primero de todo, porque el Joventut se crea realmente que puede ganar. Esto se percibe y esto se transmite. Estar mentalizados de que será a través de un partido difícil, largo. En casa, una de las claves fue que empezamos ganando 10-2 y a partir de ahí, fue para nosotros más fácil dominar el partido y jugar con nuestro estilo. Esto puede ser que sea diferente, entonces necesitamos un punto de locura, un punto de mentalidad, donde lo de ganar sea una cosa que nos obsesione.
P.- Jugar con su presión.
R.- Es cierto que el Valencia es un equipo que está hecho para competir bien en la Euroliga, para conseguir grandes objetivos y esto puede ser complicado para ellos. Tener que ganar siempre es complicado. Tenemos que resultar un rival muy incómodo, especialmente testarudos en querer ganar. Solamente pensar en eso.
P.- Han perdido a Sam Dekker, uno de los referentes. ¿Ha sido complicado manejar su salida?
R.- Cada año el roster es diferente, los roles son diferentes. No estábamos siendo capaces de sacar su rendimiento. De cara a la Copa, el poder llegar con esta incógnita despejada ha sido un win-win para ambas partes, porque él tampoco estaba cómodo, tenía problemas físicos... Y esto hacía que las dos partes estuviesen perjudicadas. Estamos buscando otra pieza en el mercado, pero seguimos siendo un equipo de mucho nivel.
Miret, con los jugadores del Asisa Joventut.ACB Photo
P.- Y mientras llega el fichaje, los jóvenes. Ruzic, Niebla... Ese ADN no va a cambiar en la Penya.
R.- Los tenemos. Michael hizo un partidazo contra Valencia. También Diego. La historia del club ha demostrado que los jóvenes son claves en que podamos ser competitivos. Nuestra fortaleza es seguir creyendo en ellos, sacando rendimiento en situaciones como la actual, colocándolos en los momentos en que nos puedan ayudar.
P.- ¿Cómo ha trastocado su filosofía esa nueva amenaza llamada NCAA?
R.- Es un cambio de contexto que nos perjudica. Con Ruzic podemos ver un ejemplo positivo, porque es un chico que hace una apuesta muy grande por continuar en el Joventut teniendo opciones de marchar a la NCAA. Multiplicando su sueldo. Hay jóvenes que sacrifican la parte económica por el baloncesto. Es un boom histórico y nosotros nos tenemos que reinventar. Encontrar fórmulas, como con Rubén Prey (cedido en St. John's). Se trata de poner una semilla en ellos, de que sigan siendo el Bressol, para que el día de mañana podamos seguir teniendo este factor diferencial, recuperar jugadores que tienen este ADN. Ian Platteeuw se ha marchado a la NCAA, pero si todo va como esperamos, va a tener una buena evolución y cuando tenga 24 o 25 años, pues esperemos que pueda volver al Joventut y hacer aquí una buena carrera. Nosotros seguiremos siendo siempre una cantera importante y potente.
P.- Han pasado unos meses desde la vuelta de Ricky. Se le ve feliz, líder. ¿Cómo está siendo la experiencia?
R.- Para mí, muy positiva. Yo lo digo: es una gran suerte coincidir con el Ricky jugador y con el Ricky persona, porque él siempre suma. El objetivo número uno que es que él disfrutara de volver a jugar al baloncesto aquí en Badalona. Lo estamos consiguiendo. Estamos consiguiendo que él vibre. No quiero mencionar ni que él pudiese estar aquí estando mal... Pero él lo ha controlado muy bien, se ha preparado muy bien, las dos partes han tenido paciencia y ahora estamos viendo un gran Ricky, competitivo y con un impacto multifactorial que para la afición y para todo el mundo es un placer. Somos la envidia de muchos.
P.- ¿Presiona tener un jugador de esa dimensión a sus órdenes?
R.- Es que Ricky me ayuda, con todos, con los jóvenes y con los no tan jóvenes. Las temporadas son muy duras, tienen altibajos, es como que vamos en un barco y siempre hay marea y tormenta. Tener a alguien dentro de tu barco con esta experiencia, con estos valores y con este nivel, ayuda mucho. Para mí como entrenador, es un reto. Creo que me hace mejor. Yo juego mi papel con normalidad, entrenarle como a uno más, porque es lo que él quiere. Cuando lo tienes que cambiar, sabes que es tan bueno que no va a poner una excusa, ni un problema. Eso es un poco el engaño que puedo tener, porque normalmente las dificultades de entrenar una estrella así son otras, pero él es capaz de poner al equipo primero. De, en caliente, tener una buena respuesta. Y en frío, estar pensando en cosas que son más importantes para el equipo que para él mismo. Hay muchos jugadores del mundo que lo que hacen es mirar por sus números, por su juego. Esto es todo lo contrario. También intento ayudarlo a disfrutar, que el equipo siga con fluidez. Soy consciente de que celebramos pocas cosas en el mundo del deporte. Y yo celebro mucho el poder tener el equipo que tenemos, con veteranos como Ricky, Tomic, Guillem, Hanga... Esto es un lujo. Disfrutémoslo.
P.- El destino había guardado juntar a Tomic y Ricky juntos en el final de sus carreras.
R.- Con Ricky nos ha tocado la lotería. Y con Ante, porque no son jugadores que la Penya pueda acceder en el mercado. Es muy bonito, porque hacen cosas que son para grabarlas y recordarlas durante años. Conectan y se respetan. Mejor imposible.
P.- ¿Qué imagen de Ricky fuera de la pista no va a olvidar?
R.- Me impacta cómo él es capaz de conectar con la gente desde la normalidad. Después de haber hecho la carrera que ha hecho, que tenga la paciencia o el valor de tener una conversación con Henry [Drell], de querer escuchar a Henry para entender por qué este chico en este sitio toma una decisión o la otra. Quiero decir, lo fácil para él sería echarle una bronca a cualquiera. Y a mí me impacta cómo se sienta después de un mal partido con alguien y tiene la empatía de estar a su lado, de escucharlo y decir: '¿Qué necesitas? Yo te voy a ayudar'. Hace de mentor, desde el respeto. En el momento adecuado, desde la intimidad. Realmente es una persona increíble.
P.- En aquella Copa de 2008, la Penya ganó al Valencia, el Madrid y, en la final, al Baskonia. ¿Le suena?
R.- Perfecto. Todas estas cosas me valen, me parecen bien y estamos, convencidos e ilusionados.
Ha pasado más de año y medio desde que el Barça ganara un clásico, jornada 28 de la ACB. Entonces, abril de 2024, en su banquillo estaba Roger Grimau. Casi dos años desde la última vez en Euroliga. Una tendencia que acabó por incendiar el viernes noche el Palau. El Real Madrid le había ganado las últimas ocho veces y Sergio Scariolo no estropeó la racha.
Pese al orgullo, destacado por Joan Peñarroya -"hemos tenido corazón, nada que reprochar, pero no es suficiente"-, cuando la antideportiva de Kevin Punter a Maledon certificó lo que parecía una evidencia, las tribunas del Blaugrana estallaron. Ya ocurrió hace unos días contra el Zalgiris. Los pañuelos se fueron extendiendo como una marea, hubo pitos y bronca. Contra el placo, donde estaba presente Joan Laporta. "¡Cubells dimisió!", atronó sobre el directivo encargado de la sección de baloncesto. "Sólo puedo centrarme en intentar que el equipo mejore cada día y juegue mejor para intentar cambiar el estado anímico de algunos aficionados que desde hace tiempo tienen demasiadas dudas. No es una situación cómoda para nadie", agregó después.
Mala manera de afrontar una temporada que, al fin y al cabo, está desperezándose. Pero pese a que la situación en la tabla (tanto en Europa como en ACB) no es dramática, la sensación de frustración azulgrana es evidente. Sólo hace falta comprobar los movimientos en el mercado, incomparables no sólo con un Real Madrid en el que debutó Alex Len (reemplazo de Bruno Fernando), también con todos los grandes de Europa. "El Palau es soberano", se resignó el técnico del Barça, impotente ante el talento y el acierto del Madrid: por encima del 50% en triples y los 100 puntos (34 sólo en el primer cuarto).
Enfrente todo era alegría. Por fin el Madrid ganaba a domicilio en Europa, tras estrenarse en ACB en Zaragoza. Encajó 92 puntos pero fue siempre superior, con ventajas que alcanzaron los 18 y todos los de la rotación, menos Llull (esta vez no fue necesario el genio del capitán) y Len, anotando.
El nombre propio fue Trey Lyles. Si ya había apuntado excelentes maneras, su primer clásico vino a corroborar lo que todo el mundo intuye: es un jugador superior. Firmó la mayor anotación de su carrera (en el tercer cuarto ya estaba en 27, pero cuando regresó ya sólo aportó dos tiros libres). Ni en NCAA ni en sus casi 700 partidos en NBA había firmado algo semejante. Su tope eran lo 16 que le hizo a los Warriors en abril del 2023. "Es un jugador de mucha calidad y un alto conocimiento del juego. Ha seleccionado muy bien los tiros", le elogió Scariolo.
Sin embargo, las mayores alabanzas del técnico blanco fueron para otro de sus pupilos. Su referente en la pintura no viajó hasta el mismo viernes a Barcelona, duda hasta última hora por una gripe. No fue su mejor noche (siete puntos, 10 rebotes; venía de poner ocho tapones en el Príncipe Felipe) pero, como siempre, resultó decisivo para el Real Madrid. "El nombre propio esta noche es Edy Tavares. Minutos antes del partido todavía tenía fiebre y ayer estaba casi a 40. Ha viajado hoy dando una muestra de compromiso y un mensaje a sus compañeros de cómo se afrontan las dificultades. Ha jugado un gran partido", resaltó Scariolo del particula 'flu game' del caboverdiano.