El Carpena lucía casi lleno ya de buena mañana, aunque el clásico de la final de Copa fuera unas cuantas horas más tarde. La Minicopa se ha convertido en un reclamo más del torneo. Y ahí, en primera fila, estaba para atestiguarlo la Ministra de Educación, FP y deporte, Pilar Alegría. Junto a Antonio Martín, José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del CSD, Arturo Bernal, consejero de Turismo, cultura y deportes de la Junta de Andalucía o Florentino Pérez. Hace un año en Badalona ya acudieron casi 9.000 personas. Este domingo eran oficialmente 4.739. Para ver en directo la exhibición del fenómeno Mohamed Dabone, un gigante africano nacido un año antes que el resto de los participantes (2011) y que pone su nombre en el palmarés del MVP junto a nombres tan ilustres del pasado como Ricky Rubio, Luka Doncic, Usman Garuba o Juan Núñez.
Venció el Barça, en el que también brilló el talento de Jan Cerdán (19 puntos, cinco rebotes y nueve asistencias). Ya en el segundo cuarto abrieron hueco los azulgrana, no importaba que su rival defendiera en zona como si fueran profesionales. Son genios U14 que dominan a la perfección conceptos de mayores, el pick and roll con soltura insólita. Y aunque a la vuelta de vestuarios el Real Madrid intentó engancharse a la batalla, con los robos y las contras de Rhys Robinson y los puntos de Pablo Mera y Manel, no tuvo opciones al final.
Barcelona y Real Madrid se habían plantado en la final arrasando a sus rivales. Un paseo por Málaga. En semifinales, por ejemplo, los azulgrana (que ganaron todos sus partidos por una media de 50,2 puntos), desplumaron al local Unicaja (46-95). Los blancos, que disputaban su 12ª final consecutiva (han ganado nueve de las 10 últimas Minicopas), hicieron lo propio con el Valencia (110-64).
Un dominio tan abrumador que abre debates sobre si es conveniente tal competitividad en categorías de formación, en niños de 13 años. Porque el abuso de Madrid y Barça no sólo se basa en el talento. Hay mucho de ventaja física y de trabajo de captación. Y no sólo en esta edición 2024 en la que llamó especialmente la atención el MVP Dabone, aunque enfrente los blancos tuvieran a sus propia torre africana. Baptiste Moussa Manel mide casi 2,10. El año pasado reinó el maliense Mahamadou Landoure y sus 211 centímetros: anotó 56 puntos, atrapó 33 rebotes y puso cinco tapones (sólo en la final contra el Barça en el Olimpic de Badalona).
Dabone, contra el Real Madrid.ACB Photo
Lo de Dabone, que desataba los runrún y los “¡oooooh!” de las gradas, resultó asombroso también. Cuando fue expulsado por cinco faltas se llevó la ovación y los gritos de MVP: acabó con 22 puntos, 26 rebotes, cinco robos y seis tapones (48 de valoración). Lleva tiempo llamando la atención. Ha sido dominante en torneos cadetes (Campeonato de España de selecciones autonómicas), con niños de hasta dos y tres años mayores. Y hasta ha debutado en el júnior del Barça. En la Minicopa el contraste con otros niños con físicos razonables a su edad ha sido demasiado llamativo. El de Burkina Faso lo domina absolutamente todo, mates, tapones y un dominio técnico superior que recuerda a Giannis Antetokounmpo.
Al Giro de Italia en el que este viernes Javier Romo (Villafranca de los Caballeros, Toledo, 1999) debuta le acompaña la pequeña Biblia que le regaló un profesor cuando estudiaba en la Residencia Blume y era una de las grandes promesas del triatlón español. Es el amuleto de un ciclista contracorriente al que la pandemia y el impulso de Óscar Sevilla le hicieron cambiar de deporte, que encuentra en el toreo y en las conversaciones con los maestros Paco Ureña y Ángel Téllez, amigos y confidentes, la inspiración y el arrojo. Tras brillar recientemente tanto en la Tirreno Adriatico (12º) como en la Vuelta al País Vasco (7º), su puerta grande sería cazar una etapa en la Corsa Rosa.
Pregunta. Sorprendió en su debut en el Tour, hace dos años (23º). En la última Vuelta, un manifestante propalestino le salió de una cuneta y le arruinó. En la Itzulia también le tiraron...
Respuesta. La victoria está costando, pero son cosas que en el momento te cabreas y luego lo miras en frío y piensas: 'Que toda la mala suerte que tenga en la vida sea esto'. Tengo también mucha suerte de estar donde estoy. Y sobre todo de tener buenas piernas y poder disfrutar de días como el de la Itzulia o los que tuve en la Vuelta.
P. ¿Tenía ganas de Giro?
R. En septiembre ya lo pedí, porque era una carrera que me atraía. El frío, la lluvia... No me gusta, obviamente, pero creo que no me van mal esas etapas. Si te soy sincero, no he visto mucho del recorrido. Hay una crono larga por ahí por el medio, pero me gusta ir día a día. Hay etapas que te levantas con la pata tonta, como digo yo, y hay que intentar aprovecharlas.
P. ¿Mirará de reojo la general?
R. A veces se da que te metes en una fuga, coges tiempo... eso puede ser. Pero vamos, la idea es ir a buscar etapas. Creo que tenemos un líder claro que es Enric (Mas) e intentaremos ayudarlo.
P. ¿Después del Giro?
R. Aunque me hubiera gustado, a la Vuelta seguro que no repito porque tengo previsto ser padre. Ahora son seis semanas obligatorias de baja y si todo va como tiene que ir... No sé la idea que tiene el equipo, pero espero, si todo va bien, estar en el Tour.
P. Allí estará Paul Seixas. ¿Qué le pareció de cerca en la Itzulia?
R. Se le ve bastante maduro para la edad que tiene y bueno, pues si va rápido, porque no va a ir al Tour. Yo no lo veo mal. Y la verdad es que va bastante rápido.
Romo, en una rueda de prensa de principios de año.GettyMUNDO
P. En 2020, aún triatleta, se presenta al campeonato de España sub'23 en Úbeda y lo gana... ¿Cómo lo recuerda?
R. Corrí sin presión, simplemente por disfrutar. Tampoco esperaba nada, ni ser profesional. Lo hice aprovechando el momento, la oportunidad que me dio la vida. Porque para mí simplemente ser ciclista amateur era ya la leche. Disfruté y todo salió mejor de mejor de lo esperado. Y ahí pues vi que... joder, nunca había pensado que podía ser ciclista.
P. ¿Echa de menos el triatlón?
R. Cuando hablo con mis padres lo recuerdo como la época en la que más he disfrutado, especialmente mi etapa en el CAR de Madrid. Eres un niño, estás con gente que hace lo mismo que tú... Vas a clase con gente con la que te entiendes, que llevan tú mismo estilo de vida. Ahora en el ciclismo intento ser profesional, un poco más maduro, porque ahora se ha convertido en trabajo.
P. ¿Sigue nadando o corriendo?
R. Los primeros años sí que mantuve lo de correr y nadar, pero este último poco o nada. Me gustaría, pero con mi entrenador hemos decidido centrarnos más en la bici y he hecho gimnasio y poco más.
P. A alguno en el pelotón no le gustaba mucho su pasado triatleta...
R. Ahora ya soy un poco más respetado. No es que fuese algo grave, son cosas normales.
P. ¿De dónde le viene la afición taurina?
R. Igual que me pasó con el deporte, no es algo de familia. Aunque tengo recuerdos con mis abuelos, las tardes de toros en verano en Castilla-La Mancha Televisión. No sé por qué, pero desde pequeñito me encantaba ver los toros. Después, por una serie de casualidades, tengo dos amigos, que uno ha sido torero y otro lo sigue siendo. Y también me han ayudado a conocer el mundillo desde dentro. He hecho muy buena amistad, me gustan los toros y tampoco me da miedo exponerlo.
P. Paco Ureña y Ángel Téllez, con el que compartes entrenamientos en bicicleta.
R. Sí, sí. Salgo con él a entrenar y algún día casi que me pone las pilas. Y Paco hace mucho rodillo para su preparación y también tengo muy buena amistad con él. En mis ratos libres intento estar con ellos, salirme un poco de lo que es la bici y aprender. Paco, por ejemplo, es una persona con mucha experiencia en la vida y he aprendido también mucho de él.
P. ¿Hay algún consejo suyo que le haya marcado?
R. Me transmite tranquilidad, que crea en mi trabajo, que tarde o temprano todo sale. Me hubiera gustado ir a verle este año en San Isidro, torea el 17 y el 31. Pero, como le dije: "Espero no poder ir a verte porque si puedo es que algo ha salido mal". Así que estaré siguiéndole desde la tablet.
P. Son mundos muy diferentes, pero, ¿también tienen cosas en común?
R. Sí, yo encuentro muchos aspectos en común y esas charlas que tengo con Paco la verdad es que me ayudan mucho a afrontar después momentos en el pelotón, que también tienes miedo, que tienes que echarle valor. Hay caídas que son parecidas a las cogidas. Y la forma de afrontarlas: hay que seguir para adelante. Sí, la verdad es que me inspiro mucho en el toreo.
P. No creo que te lo permitan por contrato, pero, ¿te pondrías delante de un toro?
R. No, no. Yo creo que ni aunque el contrato me dejara me pondría. No tengo valor. Me gusta y ojalá poder tener valor, pero no lo tengo.
P. Eres muy religioso. ¿Cómo te ayuda ese mundo espiritual? R. Sí. Él no se acordará, pero tuve un profesor cuando estaba en la residencia Joaquín Blume me marcó mucho. Me regaló una Biblia tamaño mini, que es como un amuleto que llevo siempre. La habré leído tres o cuatro veces. Es el mejor libro que he leído, me ha enseñado bastantes cosas. Sí, soy muy religioso, tengo bastante fe. Mi familia también, mis abuelos, mis padres... Cuando puedo, aprovecho para ir a misa con ellos o con mi pareja.
P. ¿Te sientes un ciclista a contracorriente?
R. No te sé decir. Creo que todos somos muy diferentes y no soy ni mejor ni peor. Intento tener mi personalidad y hacer lo que me gusta, pero tampoco lo hago por intentar ser diferente. Lo hago porque me sale del corazón, soy así. Todo lo que hago, intento no hacer daño a nadie, ser buena persona, pero no por llamar la atención.
P. Quería preguntarte por tu evolución, porque has llegado tarde, entre comillas, al ciclismo.
R. Lo sé y sí que veo que año a año voy progresando. No a pasos agigantados, pero cada año doy un pasito más. Creo que mi madurez como ciclista va a llegar un poco más tarde e intento ser cada año un poco más regular, aprender de los errores, sobre todo en cuestión de entrenamientos, de cómo tengo que comer, cómo tengo que competir y sobre todo tomarme las cosas con más tranquilidad. Confiar en el trabajo que hago pues creo que va a dar sus frutos.
P. Me hablas de tranquilidad. ¿Antes eras más impulsivo?
R. En el en el sentido de que muchas veces, una mala carrera te la tomabas como que se ha acabado el mundo. Y creo que no hay que darle tantas vueltas. Olvidar lo que ha pasado y centrarte en lo que va a venir.
La imagen del día fue la felicidad pletórica de Tadej Pogacar en la cumbre de Pla d'Adet, siempre su inseparable Joseba al quite con el primer auxilio en meta. Pero la alegría no era sólo por el triunfo, ni siquiera por la dentellada a Jonas Vingegaard en la general. Pogi lo había hecho a su manera y que no le vengan con lo de jugar a la defensiva. "Me cuesta contenerme", había avisado por la mañana en la salida de Pau. De las palabras a los hechos, de los planes al "instinto".
Porque... "La idea era ganar la etapa esprintando en la parte final para rascar unos segundos de bonificación", admitió sin rubor cuando todos imaginaban que lo de Saint Lary Soulain había sido una oda a la estrategia del UAE. "Pero ganar así es mucho mejor. Este Tour debe estar siendo divertidísimo por televisión...", bromeaba quien tiró de improvisación, quien pensó con frialdad con las pulsaciones a mil.
Curiosamente, fue la ausencia de Juan Ayuso, retirado el día previo a causa del covid, lo que desencadenó los acontecimientos. Tras el asombroso trabajo del gigante Politt -"es increíble", alabó a uno de sus grandes fichajes, 'robado' al Bora, el esloveno-, a Tadej le faltaban piezas en la ascensión final. "Me sentía súper bien. Joao [Almeida] estaba tirando a tope ya a ocho kilómetros de meta. Vi la oportunidad de que Adam [Yates] atacara en busca de la victoria de etapa, liberándonos del deber de tirar del grupo. Viendo que ningún hombre de la general se movía, vi la ocasión de atacar yo mismo siguiendo mi instinto, enlazar con Adam y conseguir una buena ventaja para la general además de la victoria de etapa. Quiero insistir en mi agradecimiento a Adam por su trabajo", explicó al detalle Pogacar.
A Tadej le mueve la pasión, las ganas de exprimir su potencia, la diversión de ganar. No piensa en lo que viene después, en la etapa del domingo, cinco puertos y casi 5.000 metros de desnivel acumulado hasta Plateau de Beille. Ni tampoco en los Alpes de la próxima semana, allí donde perdió sus dos últimos Tour. Ni en el cansancio que pudiera aparecer tras su alarde en el Giro. Ni siquiera piensa en la revancha contra su Némesis, un Vingegaard que lució amenazante en el Macizo Central, como si ya no hubiera rastro de esa brutal caída en la Itzulia hace tres meses que le tuvo hospitalizado y trastocó todos sus planes. "Esto no es una venganza. El ciclismo no es una guerra, es el juego al que jugamos. A veces pierdes y a veces ganas...", despejaba.
En la misma línea se explicó Yates, tan sorprendido como el que más por los acontecimientos de otra jornada para el recuerdo. "Fue un poco de improvisación. Estaba listo para seguir el ritmo con normalidad y él me dijo que atacara. '¿De qué estás hablando?' Así que ataqué y miré hacia atrás un par de veces para ver dónde estaba", dijo el británico a Eurosport.
Pero, pasada la euforia, los asombrosos datos de Pogacar en la subida (mucho más rápida que la de Armstrong años atrás) queda lo que viene. Y, pese a los casi dos minutos de ventaja, todavía nadie da por sentenciado el Tour. Ni el propio Vingegaard. "Perder tiempo nunca es positivo, pero tuve una buena actuación", reflexionó el del Visma. "En los momentos en los que la pendiente era más dura, recortaba, pero en los tramos más llanos le favorecían a él. La diferencia es importante, pero no está perdido. Creo que estaba más decepcionado en la etapa del Galibier", puntualizó.
Una sensación que corroboró Mikel Landa, recordando los precedentes. "Hay que ser cautos. El pasado año Vingegaard sacó siete minutos a Pogacar en dos días. Vemos que ambos están un paso por encima que Remco en la montaña, así que intentaremos defender el podio y luchar por alguna etapa", dijo a los medios españoles en meta. Su labor al lado de Evenepoel está resultado asombrosa para quien copó todos los titulares. El belga, en su primer Tour, sigue en la lucha por el podio. "El cuarto está a cuatro minutos de mí, lo cual es una buena renta. En cuanto a Tadej y Jonas, tienen más experiencia y más potencia que yo. Voy a seguir luchando por el podio. Con Jonas, nunca se sabe; él no está muy lejos de mí y ha debido darse cuenta de que Tadej está fortísimo. Puede ser que empiece a correr a la defensiva y eso me permita aspirar a más", razonó el del Soudal.
Una jornada que tuvo su lado negativo. En los últimos kilómetros, un espectador se dedicó a jugar con la integridad de los favoritos. Primero con Pogacar (le molestó con una bolsa de patatas), después con Vingegaard, llegando a tocarles el rostro en pleno esfuerzo. La cuenta oficial del Tour en X fue contundente -"en un mundo en el que puedes ser lo que quieras, eliges ser imbécil"-. También el presidente de la Asociación de Corredores, Adam Hansen, que declaró que la organización se personará en la justicia contra este espectador.
Tan lejos de los titulares, incluso de los favoritos en una prueba que no era la suya hasta este domingo en Torun. Mariano García, su osadía, su desparpajo, su velocidad. Su medalla mundial de oro indoor en el 1.500, donde asombra tanto o más que en ese 800 en el que ya fue campeón del mundo (en Belgrado hace cuatro años). Nadie en la historia hizo nada igual bajo techo. "Si a falta de dos vueltas estoy delante, sé que la medalla no se me escapa", auguró tras una poderosísima semifinal. Dicho y hecho.
Arrancó la moto, como siempre, para deparar una carrera asombrosa. Apenas una vuelta duró el murciano, que sacaba la lengua en la cámara de llamadas del Kujawsko-Pomorska Arena, en la cola del pelotón. Agarró la cabeza y no la soltó hasta la línea de meta, sin nadie que le asustara. Zancada a zancada, poderosísimo. Ni siquiera el campeón del mundo al aire libre, el portugués Isaac Nader (plata; el australiano Adam Spencer fue bronce y Carlos Sáez, octavo con 3:42.46 en su debut en un Mundial). Paró el crono en 3:39.63, carrera lenta, ideal para su motor de 800.
Mariano, que en febrero ya firmó su mejor marca de siempre en el 1.500 (3:35.53 en el meeting de Karlsruhe), que hace unos días se confirmó con el oro en el Campeonato de España en el velódromo Luis Puig, sorprendió en una prueba tan complicada, pese a las llamativas ausencias. Más abierto que nunca sin el lesionado Jakob Ingebrigtsen, sin Josh Kerr ni Cole Hocker (ya en los 3.000 metros), sin Nuguse ni Beamish en Torun.
El de Fuente Álamo, a sus 28 años, confirma el status de un atleta superlativo, siempre pegado a su pueblo (Fuente Álamo) y a su entrenador (Gabi Lorente). Que aumentó su rendimiento en la cámara de hipoxia y que ahora deberá decidir si en verano, de cara al Europeo de Birmingham, vuelve al 800 (ya fue campeón de Europa en 2022) o sigue en esta distancia que parece que le viene a la medida, gracias a su velocidad. En su mente ambiciosa está ser capaz de correrla en 3:30.