El vigente campeón Novak Djokovic necesitó cuatro horas y cedió un set ante el joven croata de 18 años Dino Prizmic (6-2, 6-7(5), 6-3 y 6-3) en su estreno en el Abierto de Australia y se enfrentará en la próxima ronda ante el ganador del duelo de australianos entre el invitado Marc Polmas y Alexei Popyrin.
El balcánico sumó su vigésima novena victoria de forma consecutiva en Melbourne Park y cerró su pleno de 24 triunfos contra tenistas clasificados desde la previa al imponerse en cuatro mangas al 178 clasificado en la lista ATP.
“Él merece cada uno de los aplausos. Es muy maduro en pista. Este es su momento. Podría haber ganado, tenía una rotura de ventaja en el tercer set. Me ha hecho correr para ganarme el dinero esta noche”, comentó ante un público de la Rod Laver Arena con gran presencia de aficionados serbios.
El de Belgrado deberá de mejorar su juego si quiere aspirar a la que sería su undécima conquista en Melbourne y vigésimo quinto ‘major’ después de que finalizara el choque con un alarmante 65% de puntos conseguidos con primeros servicios.
Djokovic corrigió esta deficiencia y alcanzó un 85% en esta faceta durante el último parcial.
Estuvo más errático que de costumbre (49 errores no forzados) pero del mismo modo que hizo con el servicio, fue capaz de encontrar una solución y acabó con tan sólo siete en la última manga.
Estreno convincente
Por su parte, Priznic nunca olvidará su meritorio debut en un Grand Slam en la pista central de Melbourne Park ante el tenista más laureado de todos los tiempos, quien dijo tras el choque que le gustaría poder sentarse en su banquillo en el futuro.
El croata, campeón junior de Roland Garros, tan sólo ha logrado tres victorias de calibre ATP y accedió al top-200 por primera vez en agosto de 2023.
Fue la primera vez en su joven carrera en la que se enfrentó a un tenista situado en el top-10 y su convincente actuación augura que estará presente en este tipo de escenarios para los próximos años
CARLOS TORO
Actualizado Viernes,
8
septiembre
2023
-
23:39Ingebrigtsen celebra su récord, este viernes.OLIVIER HOSLETEFESe abría Bruselas a la decimotercera cita...
Unos 15 minutos después de que Rafa Nadal abandonara la Philippe Chatrier, cuando los aficionados ya desfilaban y abarrotaban el village de Roland Garros, toda la familia del 14 veces campeón seguía en las gradas de la pista central haciéndose fotos, guardando el momento en sus teléfonos. Estaban los habituales, la mujer del tenista, Mery Perelló, su graciosísimo hijo, Rafa, sus padres, Sebastián y Ana María, o su hermana, Maribel, pero también estaban todos sus tíos, incluidos el ex futbolista Miguel Ángel, o su abuela materna, Bel, de 93 años.
La 'àvia', muy unida a Nadal, había acudido de su mano a algunos actos en Mallorca, pero nunca antes se le había visto en un partido, ni tan siquiera décadas atrás, en los inicios del tenista. Tanta era la importancia del día. Tanta fue la emoción vivida. Llegados de Mallorca el mismo día por la mañana -cosas de la huelga de controladores aéreos franceses-, todos acabaron retratándose con los ojos rojos por culpa de las lágrimas, orgullosos, emocionados. ¿Todos? «Nadal press conference now».
El mensaje de la Federación Internacional de Tenis (ITF) llegaba de repente a los periodistas que todavía cerraban sus crónicas en la tribuna de prensa. Mientras los suyos seguían con los sentimientos a flor de piel, Nadal pasaba rápido por la ducha, se cambiaba y llegaba a la sala de prensa antes de dirigirse a su hotel, el Intercontinental de la Plaza de la Ópera. Después de caer ante Alexander Zverev por 6-3, 7-6 (5) y 6-3 en primera ronda de Roland Garros, el español mostraba una actitud muy distinta a la que tuvo tras sus eliminaciones en Barcelona, Madrid o Roma. Entonces, sensible y sentido, hablaba de emociones, de la vida, de lo que vendrá. Este lunes, en cambio, Nadal estaba en «modo competición», como él mismo admitía, con la mente puesta al 100% en el tenis.
"Me gusta el tenis"
«Cuando estás en competición vives el día a día, no puedes pararte a pensar. Cuando pasé el tiempo valoraré un poco más lo que ha pasado aquí», comentaba y se reconocía, más que nada, «decepcionado por perder». «He ofrecido un buen nivel de tenis, me he sentido bien, estoy feliz por eso. Si es la última vez estaré en paz conmigo mismo», añadió.
Nadal, este lunes en rueda de prensa.YOAN VALATEFE
Llegados a este punto, ¿Qué es lo que te empuja a seguir?
En el futuro quiero saber que hice todo lo que estaba en mi mano. Haberlo dado todo es lo que siempre me ha hecho sentir mejor cuando estoy en casa, más incluso que los títulos. No quiero que pase un año, encontrarme bien físicamente y empezar a pensar: '¿Por qué no intenté seguir?'. Estoy aquí, lo estoy intentando y lo intentaré hasta que esté motivado. Me gusta el tenis, me gusta la competición y estoy disfrutando de esta época, viajando a los torneos con mi familia.
En los días previos a su estreno, Nadal ya había rechazado un homenaje oficial de Roland Garros y por eso, al acabar el mismo, sólo hubo una rareza: la directora del torneo, Amelie Mauresmo, bajó a la pista en persona y le pidió unas palabras. El español aceptó el requirimiento, habló unos minutos, agradeció su cercanía al público, se llevó una ovación atronadora y ya encaró los vestuarios. «Soy feliz sintiendo tanto amor en un sitio que he querido tanto», comentó.
El respeto de Zverev
En los últimos años, la afición parisina ya había cambiado su actitud hacia Nadal, no había ni rastro de los abucheos que tuvo que escuchar en sus primeras victorias, pero nada parecido a lo vivido estos últimos días. En los entrenamientos previos a su duelo ante Zverev se desató una especie de locura. La organización decidió colocar una de sus sesiones en la Suzanne Lenglen, la segunda pista, con capacidad para 6.000 personas, y se llenó, pero además cualquier movimiento suyo fue seguido de cerca por centenares de fans. Este lunes, por la mañana, de hecho, en su calentamiento en la pista 4, generó una cola de más de 150 metros para intentar acceder a las gradas. Muy pocos lo consiguieron.
Rafa Nadal en los Roland Garros 2024
Luego, durante el partido, escuchó algún «¡Allez, Rafa!» y muchos, muchísimos «¡Vamos, Rafa!» con marcado acento francés. Con Novak Djokovic, Carlos Alcaraz o Iga Swiatek entre los espectadores, Nadal negó cualquier ejercicio de melancolía con un juego intenso, tan intenso que durante muchos minutos fue Nadal. Si delante hubiera habido cualquier otro rival, incluso más de un Top 10 del ranking ATP, hubiera sufrido más para derrotarle, si lo lograba.
Más allá de un arranque nervioso y de una conclusión fatigada, el español ofreció un segundo set de altura. Zverev, que en cada intercambio le cedía primero el paso a Nadal en señal de respeto, pudo haberse enredado ahí. Algún rastro de inseguridad por su parte habría abierto la puerta al español y su instinto competitivo, pero negó toda opción. «No tengo mucho que hablar. Hoy no soy el protagonista, el protagonista es Rafa», dijo el alemán tras el partido en la habitual entrevista al ganador para echarse a un lado y dejar que ocurriera todo: un público entregado, una familia emocionada y un Nadal disgustado. Todos querían llorar cuando él sólo quería ganar.