La selección celebra la victoria ante Suecia.Pablo Garcia/RFEFRFEF/EFE
Nos hemos ganado el privilegio de soñar sin miedo a despertarnos. A cerrar los ojos y pensar en grande, porque ese es el camino que conduce a hacer realidad los deseos. Un camino que hemos atravesado por campos de tierra con piedras incorporadas, bar
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El Barça de la primera mitad no tuvo nada que ver con el de la segunda. En los primeros 45 minutos, el conjunto azulgrana pareció dejarse atemorizar por el Newcastle, mientras que en la segunda prácticamente le pasó por encima goleándolo sin piedad. Por eso, no es nada raro que incluso el técnico barcelonista, Hansi Flick, se mostrara gratamente sorprendido por la reacción de los suyos. "Ha sido un partido loco. Creo que en la primera parte no estuvimos finos, pero la segunda fue mucho mejor, porque pudimos controlar el balón. El tercer gol fue lo que nos dio la posibilidad de entrar bien de nuevo en el partido", analizó el alemán en declaraciones a Movistar Liga de Campeones nada más terminar el encuentro.
Un penalti que Eddie Howe, el técnico del Newcastle, no quiso rebatir, pero sí el hecho de que desde su punto de vista, no se midiera por el mismo rasero ambas áreas. "El penalti llegó en un momento difícil, nos íbamos 2-2 al descanso y con la sensación de que todo era posible. No defendimos lo suficiente bien. Opino que podría haber pasado lo mismo en la otra área, es difícil que uno se revise y el otro no", se quejó, si bien acabó admitiendo la superioridad de los azulgrana. "Los jugadores lo han dado todo en los primeros 50 ó 60 minutos. Entre el 60 y el 80 fue muy difícil para nosotros. Sus centrocampistas han jugado fantásticamente bien y sus atacantes no nos han dado opción", concedió.
El Barça cambió de cara en la segunda parte. Su técnico, aparentemente, les leyó la cartilla a sus futbolistas. "En el descanso, lo que les dijimos a los jugadores es que había que imponer nuestras ideas. Además, perdimos muchos balones en el primer tiempo y no fue fácil defender. Por eso, hablamos de controlar el partido y presionarlos en bloque bajo, para poder hacer nuestro juego", insitiría en la sala de prensa un Flick que admitió que hay cosas que mejorar a nivel defensivo, pero que no dudó también a la hora de destacar la competitividad de un equipo muy joven. "Hablamos al descanso de cómo queríamos jugar y los jugadores lo han hecho, es algo bonito de ver como entrenador. También la confianza que han mostrado. Tenemos un equipo muy joven y me encanta ver cómo mejoran cada día, siempre intentan mejorar", aseguró.
Espera con Joan García
"En la pretemporada de 2024 teníamos jugadores de 15 años, y ves que les encanta competir. La Masia ha hecho un trabajo fantástico. Eso es lo más importante, saber competir, se les mide en cada partido y eso les gusta. Es algo fantástico de ver", recalcó un Flick que desveló que no hay orden establecido en los penaltis, sino que se lanzan según como lo sientan los jugadores en el campo. "Lo lanza quien tiene más ganas Lo deciden ellos y eso está bien", explicó el entrenador, quien se mostró esperanzado ante las cámaras de TV en relación a las lesiones de Eric y Joan García, pero prefirió ser más cauto en la sala de prensa. "Habrá que esperar. El club emitirá un comunicado", se limitó a señalar.
Raphinha, elegido MVP del partido, por su parte, se mostró encantado de haber podido vivir una gran noche en el Spotify Camp Nou. "Ya tuvimos otras, pero esta ha sido la primera con esta grada. Con la afición apoyando así, es difícil que nos ganen en casa", aseveró en Movistar el brasileño, quien apuntó que la rapidez con la que llegó el 4-2 fue decisiva para el devenir del duelo. "Nos ayudó a tener tranquilidad y salgo bastante contento, pero sin mis compañeros nada de esto sería posible. Lo que yo intento es hacer siempre lo mejor para el equipo", zanjó.
Cuentan que el domingo, justo después de vencer en cinco sets a Lorenzo Musetti en tercera ronda de Roland Garros, Novak Djokovic salió de las instalaciones del bosque de Boulogne poco antes de las seis de la mañana y llegó a su hotel cuando ya había amanecido en París. El caos organizativo del Grand Slam parisino le había llevado a jugar de madrugada y, sin descanso, entre partidos de tanta exigencia, le había expuesto al riesgo. Este lunes, 'crac'.
En octavos de final ante el argentino Francisco Cerundolo, el serbio sólo aguantó sano un set, se rompió al empezar el segundo y tuvo que sobrevivir cojeando para vencer otra vez en cinco tiempos por 6-1, 5-7, 3-6, 7-5 y 6-3.
BERTRAND GUAYAFP
Durante más de tres horas, Djokovic ofreció muestras de dolor en la parte anterior de la rodilla derecha, pidió ayudó a los fisioterapeutas en repetidas ocasiones, renunció a devolver varias dejadas, pero finalmente venció. Con uñas y dientes salvó su trono como vigente campeón y, a la vez, el número uno del ranking ATP. Todavía sostiene ese honor ante el empuje de Jannik Sinner.
A veces, veloz; a veces, roto
Los gestos de Djokovic en la pista central, a ratos inmóvil, fueron la mayor denuncia hacia la dirección del torneo, aunque él se extendió en protestas hacia el juez de silla por motivos diversos. "Me habéis fastidiado la rodilla. La tierra no está bien. Estoy resbalando todo el rato. Te digo que tenéis que limpiar los fondos más a menudo", reclamó el serbio a la árbitra, Aurelie Tourte, que le replicó que la arcilla no se podía barrer más. Era el inicio del segundo set.
Hasta entonces Djokovic parecía lanzado hacia una victoria plácida, una jornada tranquila. A partir de entonces, fue un ejercicio de resistencia muy propio, tantas veces visto. Durante mucho rato, parecía una alma en pena. Al final del encuentro volaba por la pista. "Las luces están muy fuertes y todavía es de día", se quejaba también Djokovic a Tourte, que ya no sabía qué contestar.
Djokovic reclama a la juez de silla, este lunes.EMMANUEL DUNANDAFP
A mediados del cuarto set, con un break en contra, Djokovic pasó su peor momento, dominado, derrotado. Cerúndolo llegó a las puertas de la mayor victoria de su carrera, de alcanzar por primera vez los cuartos de final de un Grand Slam, pero entonces dudó. Un par de fallos dieron vida a Djokovic y ya no hubo perdón. El serbio se volvió a convertir en un tenista salvaje, en el mito que es, y se llevó el encuentro sin dudarlo.
Cuando acabó el encuentro, en la habitual ronda de preguntas sobre la pista, Djokovic no quiso hablar de su dolencia, agradeció su ayuda al público de la Philippe Chatrier y se marchó con su enfado. Si los tenistas normalmente permiten tres o cuatro preguntas, él se fue tras la primera. No quería extenderse en su denuncia. Cojeando, con dolores, había sobrevivido a otra odisea de cinco sets y, esta vez sí, esta vez a una hora lógica, podía marcharse a descansar.