Tres años después, el líder de Honda saldrá desde la primera posición de la parrilla con Fabio Quartararo y ‘Pecco’ Bagnaia muy atrás
Marc Márquez, en el circuito de Motegi.TOSHIFUMI KITAMURAAFP
El debate era lícito, incluso obligado: ¿Cuál es el nivel de la nueva generación? Después de las retiradas de Valentino Rossi, Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa y de la lesión de Marc Márquez era imposible ponderar a Fabio Quartararo y ‘Pecco’ Bagnaia, su velocidad, su precisión, su valentía. Ahora el regreso de Márquez ha resuelto la duda. Pese a los dos años de lesión, de sus dolores en el brazo derecho, el seis veces campeón de MotoGP sigue siendo más rápido que los jóvenes y apenas ha necesitado un par de días para confirmarlo.
Este sábado, en su segunda clasificación después de tres meses de parón, Márquez consiguió la pole, el primer puesto en la parrilla. No importó que el circuito fuera a derechas, es decir, que exija más a su brazo maltrecho. No importó que su Honda sea con diferencia la moto más lenta del Mundial. Con la lluvia como amiga, el español volvió a la posición de honor .
Carlos Alcaraz todavía era menor de edad cuando empezó a inventar remontadas imposibles por las pistas de tenis del mundo. «Ha nacido para jugar en estas situaciones. Es una de las cosas en las que me asombra desde niño. Cuando era júnior o cuando jugaba en los torneos Challengers ya lo hacía. Siempre iba a por ello, siempre creía que podía ganar», recuerda su entrenador, Juan Carlos Ferrero, y en la memoria, por ejemplo, aquella tarde de 2020 en el Challenger de la Academia Sánchez-Casal de Barcelona, en la que le levantó una final perdida al bosnio Damir Dzumhur, curiosamente su rival este año en tercera ronda de Roland Garros.
Anteayer, ante Jannik Sinner, en una de las mejores finales de la historia, su remontada fue antológica -«la mejor que le he visto», aceptaba Ferrero-, pero ambos protagonistas ya habían vivido algo parecido. El trauma del italiano nació hace ya un tiempo. Fue en cuartos del US Open 2022, cuando también tuvo una bola de partido y también la desaprovechó para acabar derrotado.
En la rueda de prensa posterior al partido, Sinner apareció -que ya es mucho- con un hilito de voz para empezar a curarse de lo ocurrido. Su mantra era «it is what it is», es decir, «es lo que hay»; la vida continúa. «Mi padre no ha podido venir a verme porque trabajaba [es el guardia del Rifugio Fondovalle en los Alpes italianos]. De hecho no sé si habrá podido ver el partido por la tele. Soy una persona normal, que acierta y que falla, e intentaré sacar lo positivo que se pueda de lo que ha pasado», comentaba el número uno del ranking mundial que, pese a ello, seguirá siéndolo.
«Jannik tiene que estar orgulloso»
Su ventaja en la lista se alarga más allá de los 2.000 puntos y hasta el US Open es imposible que Alcaraz lo amenace. Antes el español tendría que volver a ganar Wimbledon, al desafío que unirá a ambos de nuevo en apenas tres semanas, a partir del 30 de junio.
«Estoy decepcionado por las tres pelotas de partido del cuarto set, pero no he regalado ninguna. Es duro hablar sobre ello, no me apetece, pero hay que darle a Carlos el mérito que merece», finalizó el italiano, que pese a lo ocurrido estuvo unos minutos en el vestuario hablando con el equipo de Alcaraz.
«Jannik es un gran chico. Nos hemos saludado, le he animado. La situación es dolorosa, pero tiene que estar orgulloso y no pensar en los números. Carlos le ha ganado en los cinco últimos partidos y eso puede ser una motivación o una carga depende de cómo te lo tomes», analizaba Ferrero, que descubría un detalle que nadie vio durante la final. En los momentos más peliagudos, su pupilo, Alcaraz, seguía haciéndole gestos que indicaban que todavía creía, que aún era posible.
Alcaraz, con todo su equipo, tras el segundo título en París.AFP
«Me hacía así con la raqueta [levanta el puño], como diciendo sigo intentándolo, no está perdido. Lo conozco mucho y sé que confiaba de verdad, aunque evidentemente era muy difícil. Después de salvar esas tres bolas de partido, ahí sí, se ha convencido al 100% de ir a por el partido y se ha conectado muy bien con el público», repasaba el técnico.
En relación a esta conexión con los espectadores, Ferrero nunca vivió una comunión así en su época como jugador entre el público francés y un español. Antes de Rafa Nadal, desde Santana y Orantes a su propia generación, tuvieron que sufrir cierta inquina o, como mínimo, indiferencia. Los parisinos tenían otros ídolos, más cuando alguno de los suyos, si acaso Yannick Noah, aspiraba al título. Pero ahora todo es distinto. En la dicotomía entre Sinner y Alcaraz, la Philippe Chatrier no tuvo dudas al escoger a su favorito: «¡Carlos, Carlos, Carlos!».
«Lo iba a hacer de todas formas»
«¿Y ahora qué? ¿Le dejarás por fin irse de fiesta?», le preguntaban a Ferrero después de la discusión generada por el documental de Netflix sobre Alcaraz. «Sí, claro, lo iba a hacer de todas formas», asumía. «Conozco bien a Carlos desde hace muchos años e intento hacer que su experiencia alrededor del tenis sea agradable, que esté fresco mentalmente», comentaba Ferrero, que también necesita cierto aire después de la intensidad del torneo.
Este próximo viernes, después de la escapada anual de Alcaraz a Ibiza con sus amigos más cercanos, la mayoría de su equipo se instalará en una casa en Londres cerca del All England Club para encarar Queen's y Wimbledon, pero Ferrero no estará desde el inicio. Antes del Grand Slam, Samuel López será quien acompañará al número dos del mundo y luego ya llegará la hora de estar todos juntos en la lucha por el que sería su tercer Wimbledon consecutivo, su sexto Grand Slam.
Todo a su tiempo, aunque está claro que lo que queda es una gran certeza: si tiene que remontar, Alcaraz remontará. Lo hacía de niño, lo hizo anteayer ante Sinner en una final de Roland Garros completamente inolvidable y lo hará todas las veces que haga falta.
No fue una celebración descontrolada. No parecía que hubiese hecho lo que ha hecho. Estaba contento, sí, pero no aparentaba ser el tío más feliz del mundo. Aunque seguramente lo era. Al ver cómo la derecha de Djokovic se marchaba fuera, Carlos Alcaraz se tiró al suelo, se llevó las manos a la cara y respiró fuerte. Fueron unos pocos segundos. Se levantó porque su rival había cruzado la red para felicitarle. El abrazo entre ambos significaba, como pocas veces, un relevo en la historia.
Después se marchó a celebrarlo con su equipo, todos fuera de sí con su nuevo entrenador, Samu López, a la cabeza. Para él, para Samu, de hecho, fueron algunas de las primeras palabras de Carlos cuando le dieron el micrófono: "Nadie sabe lo que hemos pasado, gracias por estar ahí. Ha sido duro, nadie sabe lo duro que hemos trabajado para conseguir esto", explicaba el número 1 del mundo, completado ya su gran objetivo de este 2026. Y estamos a 1 de febrero.
Porque él arrancó la temporada buscando lo que ya tiene. Es el hombre, el chaval, más joven de la historia en completar los cuatro Grand Slam. Con 22 años y 274 días, destrona a Rafa Nadal, para el que también tuvo un cariñoso recuerdo. "Tú me viniste a ver en directo cuando yo tenía 14-15 años, pero no habías vuelto. Es un honor y un privilegio que hayas venido y estés aquí viendo mi partido", le dijo.
"Esto es una locura", decía en Eurosport luego, más calmado. "Mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucha dedicación, y en fin, muy contento", resumía. "Tener aquí a mi equipo, a mi familia, a mis amigos, es lo mejor que puede haber", insistía, y entrando ya en lo que ha sido el partido, explicaba: "El primer set Nole ha jugado a un nivel altísimo. Su bola le resbala mucho y así es muy difícil. He intentado estar fuerte mentalmente en el inicio del segundo set, he visto que él fallaba cosas que en el primer set no fallaba y eso me ha dado confianza".
La reivindicación de sí mismo tomó forma, y de qué manera, en esta entrevista televisiva. Le preguntaron de quién se acordaba. "Si te digo la verdad, me acuerdo de la gente que ha dicho que no lo iba a conseguir. Pensaban que iba a venir y no iba a pasar de cuartos. A los que no creían en mí. Me acuerdo de esa gente, cuando en teoría me tengo que acordar de mi equipo, de mi gente, pero esa mentalidad es la que me ha venido ahora. No he venido aquí para decirle a nadie que soy capaz, simplemente venía a demostrarme a mí mismo que soy capaz de solventar los problemas".
Por su parte, Novak Djokovic tomó la palabra para, con la enorme clase que tiene, dedicarle unas palabras muy bonitas a su rival de este domingo. "Felicidades Carlos, a ti y a tu equipo, a tu familia. La mejor palabra para definirte es histórico, legendario", le soltó, antes de animarse con una broma. "Estoy seguro de que nos veremos muchas veces en los próximos 10 años". El público, claro, rompió a reír.
El serbio, el hombre de los 24 Grand Slam, posiblemente el mejor de la historia, también se dirigió a Nadal. "Se me hace raro verte ahí en la grada y no aquí en la pista. En todo caso, es un honor que hayas venido. Gracias".