Hace apenas tres años, Tania Álvarez peleaba ante miles de personas en el Madison Square Garden, el templo del boxeo, en el corazón de Nueva York. Era la cuarta mejor del mundo, la vigente campeona de Europa, era Sweet Álvarez, era imparable. Pero fuera del ring, la ansiedad que le generaba la competición, la presión de su entorno y los trastornos alimenticios la martirizaban. Al final, decidió dejarlo todo para cuidarse. Ahora da clases de salsa y tonificación en la academia Breathe de Castellbisbal -el estudio que comparte con su madre, donde recibe a EL MUNDO-, escribe un libro y prepara un documental sobre salud mental.
Para saber más
- El pasado diciembre, justo antes de cumplir los 24 años, anunció su retirada en Instagram. ¿Recibió muchas llamadas?
- Algunas, pero la gente de mi alrededor ya sabía lo que estaba viviendo. Hice bien en anunciarlo entonces porque yo ya había reflexionado mucho sobre mi carrera y había pasado todo el proceso de duelo. Ahora estoy mucho mejor.
- ¿Cómo fue ese proceso de duelo?
- Muy malo, muy duro. Me costó mucho aceptar qué era lo que yo necesitaba. En realidad, lo hacía todo por complacer a los demás. No me atrevía a decir a nadie que me planteaba dejar el boxeo por miedo a lo que la gente pudiese pensar o decir. Me intentaba centrar en objetivos como ganar mi cuarto Europeo y convertirme en la primera mujer en conseguirlo. Pero sufría muchísima ansiedad y no paraba de pensar: ‘¿Y si lo dejas, Tania?’. Al final supe entender que necesitaba un descanso y que me lo iba a dar.
- ¿Hubo un día en el que dijo basta?
- Hubo un día, sí. Aunque fue después de muchos meses acumulando malestar. En junio del año pasado, poco después de mi último combate [victoria ante la británica Katie Healy], había subido un poco de peso y mi equipo quiso que me pesara. Ahí fue cuando dije que no. Sabía que si me subía a la báscula y todos veían el número tendría que volver a la dieta, al sacrificio, a dejarme la vida en el gimnasio. Y en ese momento decidí que iba a parar, que no podía más, que no quería volver a ese sufrimiento. Exploté.
- ¿Su equipo lo entendió?
- Hubo gente que lo entendió y gente que no. Hubo quienes comprendieron que una deportista de élite, en situaciones extremas y tras mucho tiempo sin descansar, puede llegar a este punto de agotamiento. Pero también hubo quienes veían que yo tenía una posición privilegiada y no entendían cómo, estando al nivel que estaba, lo dejaba todo.
- Admititó que toda esa ansiedad le había provocado un trastorno alimenticio.
- Tuve conductas poco saludables, y lo peor vino cuando decidí parar. Lo había dejado todo por el boxeo: me mudé a un piso al lado del gimnasio, no me iba de vacaciones, casi no veía a mi familia, estaba bastante sola. Y cuando dejé de boxear, mi ansiedad aumentó. Dejé de tener los días organizados, la comida, el descanso, y me costó mucho adaptarme. También pensaba que, si no boxeaba, igual ya no valía para nada. Por suerte, como decía, ahora estoy mucho mejor. Sigo trabajando con psicólogos para seguir recuperándome, y también estoy en proceso de reconciliarme con la comida y con mi propio cuerpo, intentando dejar atrás las secuelas de los cortes de peso.
- En sus mejores años hizo un crowdfunding para poder cubrir económicamente su preparación. ¿Esa falta de apoyo económico también influyó en su malestar?
- Totalmente. Al final todo se juntó: me sacrificaba en los entrenamientos, hacía dieta, no tenía ni un día de descanso e igualmente no me podía ganar bien la vida. Siempre pensaba en buscar patrocinadores, en hacer entrevistas. No podía relajarme ni un solo momento. No ayudó a la situación.
- Ahora se ha pasado al pilates.
- En este centro que hemos abierto con mi madre aquí en Castellbisbal doy clases de pilates y tonificación y me gusta. También doy clases de salsa y de heels [una modalidad de baile en gimnasio utilizando tacones altos]. Pero no me veo haciendo algo así en el boxeo, siendo entrenadora como tal. Lo que sí he hecho es dar charlas en ayuntamientos y eventos sobre mi experiencia. En la parte mental sí me veo ayudando, pero enseñar a alguien cómo pegar, eso no.
- Está grabando un documental sobre su experiencia.
- Para TV3, Televisión Española y La Xarxa. También estoy escribiendo un libro e intentando crecer en redes sociales. Proyectos hay muchos; todavía no he finalizado ninguno y tampoco tengo claro qué es exactamente lo que quiero hacer con mi vida. Pero al menos voy probando. He vuelto a entrenar haciendo pesas y artes marciales mixtas [MMA].
- Es decir, ha vuelto a boxear un poco. ¿Su retirada tiene vuelta atrás?
- Nada es blanco ni negro. Lo único que sé es que llegó un momento en el que necesitaba parar. Hace unos meses no me quería ni poner los guantes, no quería ni acercarme a un gimnasio, y ahora, al menos, hay días en que tengo ganas de ir y pegarle al saco. Si me preguntas ahora mismo si volveré a pelear, te digo que no, pero al menos tengo ganas de entrenar, que hace un tiempo no tenía ni eso. No sé. Nunca se sabe qué pasará mañana.
- ¿Ha vuelto a disfrutar viendo combates de boxeo?
- De momento no he visto ninguno. He trabajado en algunas veladas de MMA, pero con el boxeo como tal no tengo relación.






