Hay partidos de fútbol y partidos políticos. Los disputados partidos de fútbol son metáforas deportivas de un enconado bipartidismo político. Una situación muy polarizada, que se dice ahora. Toda relación discrepante en forma, suave o áspera, de DDDD (diálogo, discusión, debate o disputa) implica una representación que, en el fútbol y en la política, persigue tener razón por medio de la victoria. El ganador, en las urnas y en el césped, siempre l
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El duelo imponente entre dos colosos en los 200 metros braza deparó la soberbia victoria de uno de ellos, sin que el otro desmereciera. Los colosos eran el neerlandés Caspar Corbeau, plusmarquista mundial, y el español Carles Coll, campeón del mundo. Tamañas firmas.
Ganó Coll de forma incontestable, indiscutible. Decir que sin oposición sería excesivo porque Corbeau planteó batalla, como no podía ser menos. Pero los tiempos finales atestiguan la diferencia entre ambos. El español realizó 2:00.86. El neerlandés, 2:01.27. Muy lejos, el austriaco Luca Mladenovic (2:02.48). El registro de Coll es el sexto de la historia y, obviamente, récord de España. Dinamitó el suyo anterior de 2:01.55.
Corbeau es el único nadador que ha bajado de los dos minutos en la prueba (1:59.52). Lo hizo hace poco más de un mes en la Copa del Mundo de Toronto. Venía, además, de ganar el oro en los 100 en estos Campeonatos, en una prueba en la que Coll fue quinto. Estaba, pues, en forma y con ganas de hacer doblete.
Coll lo impidió con una actuación impecable. Pasó segundo, detrás deCorbeau, por los 25 y los 50 metros. Luego tomó la cabeza en cada tramo y ya no la dejó. Formidable en los virajes e imperial en los largos, obtuvo un triunfo de una claridad meridiana que contribuye a su consagración como una de las estrellas de la braza mundial. A sus recientes 24 años, tarraconense del Club Natació Sabadell y discípulo de Sergi López en Virginia Tech, está en evidente progresión.
Carmen Weiler, también alumna de López, no pudo repetir oro. Tras su victoria en los 200 espalda, sólo alcanzó a ocupar la quinta plaza (57.00) en los 100, dominados por la británica Lauren Cox (56.59). Las otras finalistas españolas de la jornada, María Valdés y Ángela Martínez, nadaban los 800 libre, que vistieron de oro a la favorita, la italiana Simona Quadarella. María terminó en quinta posición con una buena marca (8:21.44). Ángela, en octava (8:27.00). Hugo González pasó a la final de los 200 estilos con el mejor tiempo (1:52.68). Pinta bien.
"Mestic posant com un bacó". Me estoy poniendo como un cerdo, se lamentó no hace mucho Joan Laporta. Acaso Xavi piense que se ha comportado como tal no esperando siquiera a terminar la Liga para destituirlo. Una humillación deliberada e innecesaria. Un gesto público de visible animadversión que fractura el barcelonismo y coloca al "molt honorable" azulgrana en la misma difícil situación de sus subordinados, piezas a horcajadas entre la colaboraci
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Después de cinco meses, desde Lombardía. Después de 147 días, volvió Pogacar a escena. A la Strade Bianche. A las carreteras blancas. Al ciclismo de cualquier color. Y el ciclismo a él, que reúne los del arcoíris. Pogacar es siempre la noticia. Haga lo que haga o deje de hacer. Cuando gana porque gana, que es lo normal. Cuando pierde porque pierde, que es lo raro. Esta vez ocurrió lo normal. Ganó.
Empezar la temporada para él y ganar. Llegar y besar el santo. Llegar, ver y vencer. De Italia a Italia. De Lombardía a Siena. De Siena, salida de la carrera, a Siena, llegada. Del dorsal 1 al dorsal 1. Ganó con el cabello teñido de rubio, un tono que aniña aún más un rostro de querubín sonriente. Ganó porque no podía ser de otro modo. Cuarta victoria en Siena, tercera consecutiva, una más que Fabian Cancellara. Y la número 109 de su historial. Y otra más, ¿y van? Del UAE.
Ganó y lo hizo de esa manera extraordinaria que en él es normal. A 80 kilómetros de la meta, en el séptimo tramo de "sterrato", en Monte Sante Marie, y como en 2024, demarró del grupo que era cabeza de carrera, controlado por UAE, y se acabó la historia sin historia de la carrera. La historia fue la falta de historia, o la única historia posible.
Demarró Pogacar como demarra él, sin auparse sobre los pedales, simplemente aumentando la cadencia y la potencia de la pedalada. Trataron de seguirle Jorgenson, Seixas, Del Toro, Pidcock, Van Aert, Grégoire... No pudieron, y nosotros no podemos saber cuanto hay de inferioridad y de resignación, cuánto de inferioridad y cuánto de actitud, en esa impotencia, en esa renuncia. Cuánto de imposibilidad y cuánto de fatalismo. Todos saben cuándo "Pogi" va a atacar y no pueden remediarlo. Lo saben y no pueden. No pueden y lo saben.
Pogacar, durante la Strade Bianche.MARCO BERTORELLOAFP
Polvo. Cipreses. Iglesias medievales. Cepas. Suaves colinas. La Toscana... Uno tras otro, fueron cayendo los tramos de tierra, cortos, duros, algunos con remates respingones del 15%, del 18%. Uno tras otro, con Pogacar manteniendo una ventaja de alrededor minuto y medio contra todos los notables, que habían acabado juntándose. Hay que mencionarlos, aunque sin pormenorizar, no es necesario, que no nos distraigan, porque la carrera era sólo una, y el corredor uno sólo.
Acostumbrados a las hazañas del esloveno, casi hemos olvidado el inmenso mérito que tiene vencer en solitario contra grupos, o tríos, o dúos, o lo que sea, formados por algunos de los mejores ciclistas del mundo, condenados a verlo partir y a volver a verlo ya en la meta. Pogacar es una bendición individual que vierte una maldición colectiva sobre los demás.
Pedaleaba y pedaleaba con un rictus infantil de esfuerzo y una sonrisa de desmentido a la cámara de la moto. Pedaleaba con el cuadro de la bicicleta cubierto con una capa de polvo y la radiante paleta del "maillot" apagada un tanto por ese mismo polvo pegado al sudor del campeón, del héroe. En los tramos más exigentes del recorrido, la gente, apretada, apelotonada, se volvía loca. No hubieran aclamado más a un italiano.
¿Hemos dicho que no había que pormenorizar con los rivales?... Hagámoslo, sin embargo, con Paul Seixas, ese prodigio francés de 19 años y del equipo Decathlon. En el sector 13, en el segundo paso por Pinzuto, él y Del Toro abandonaron a sus compañeros. El mexicano, también de UAE, como "Pogi", no relevaba. Incluso así, Seixas lo reventó en la durísima subida final a la Piazza del Campo para ser segundo.