Nora Cornell sale disparada de una rampa de 50 metros y da una vuelta, y dos, y tres antes de aterrizar con su snowboard sobre la nieve. Luego vienen los aplausos y la puntuación del jurado. Atrás queda el miedo a lo que pasará allí arriba, en el aire, donde una imperfección te lleva directa al hospital.
«Hay que convivir con ello. Antes de cada salto practico mucho con un airbag, que es una colchoneta enorme donde caigo, y no lo ejecuto hasta que estoy segura de que voy a caer de pie. Pero igualmente sientes miedo, todo el mundo lo hace, es parte de mi deporte», comenta a sus 20 años la especialista española en Big Air y Slopestyle que competirá en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina d’Ampezzo que empiezan el viernes.
A algunos pasos de las mejores en la Copa del Mundo, en principio no peleará por las medallas, pero en su especialidad nunca se sabe porque todo está en manos de los jueces. Todo. «Es totalmente subjetivo, queda todo a su criterio. No es como la gimnasia o el patinaje artístico. Antes se trataba de dar vueltas como una peonza y ahora valoran también otras cosas, como los diferentes ejes. Pero a veces piensas que los has hecho super bien y te dan una puntuación super baja», reconoce Cornell.
Su vida en Maui
- ¿Cómo empezó en eso de saltar por una rampa gigantesca?
- Mi camino es un poco raro. Empecé con el skate cuando era muy pequeña en Girona, me mudé unos años a Estados Unidos con mi familia y llegué a competir. Pero al volver a España, mis padres me llevaban a La Molina los fines de semana y me aficioné al snow. Como se parecía al skate se me dio bien rápido. Y probé varias disciplinas, como el boardercross, pero siempre preferí mucho la adrenalina del Big Air y el Slopestyle.
- ¿Por qué se mudó con su familia a Estados Unidos?
- Estuvimos unos años viviendo en Maui, una isla de Hawai. Mis padres trabajaban en verano, tenían negocios en la Costa Brava, y el resto del año nos íbamos allí. Les gustaba el windsurf y así yo aprendía inglés y la cultura de allí.
- ¿Al volver a España no quiso competir en skate?
- Lo hice durante un tiempo. Tenía unos 10 años y no había chicas; competía con los chicos. Recuerdo que en mi primera competición en España hice podio junto a dos chicos de 20 años. Y yo ahí con mis 1,20 metros. Pero todavía era muy pequeña y no quise seguir. Me gustaba ir al skatepark a patinar, no a entrenar y dejé de disfrutarlo. Además el suelo estaba muy duro al caerme.
Huesos rotos
Pese a sus inicios tardíos en el snow, Cornell destacó pronto. Con 14 años, en 2020, debutó en una competición de la Federación Internacional de esquí y snow (FIS) y ganó. Al año siguiente ya estaba entre las mejores en el Mundial junior y en 2024 aparecía por primera vez en la Copa del Mundo. Su mejor puesto ha sido decimonovena, pero todo se andará. De momento disfruta, como todas. Como en el skate o el surf, en el snow las competiciones son relajadas: todas se ríen, todas se animan, todas se lo gozan.
«Es un deporte pequeñito, somos pocas, y viajamos por el mundo juntas. Nos perdemos las amistades de instituto o de universidad, pero tenemos a nuestras amigas en las pistas. Además divertirse es clave en el deporte. No lo hacemos obligadas, nos lo pasamos bien», cuenta la española, aunque también hay sus malos momentos.
Su carrera es corta, pero la lista de huesos rotos ya es larga: «El húmero, el radio, el cúbito, dedos…». El año pasado, a final de temporada, Cornell sufrió una caída y acabó ingresada con un neumotórax, la rotura de un pulgar y la sospecha de que podía ser algo todavía más grave.
Los médicos temían que tuviera afectada alguna vértebra así que le pincharon fentanilo para que no se moviera. No funcionó y recibió una segunda dosis. Al final fue peor el remedio que la enfermedad. «Tuve una mala reacción, hubo complicaciones. No lo recuerdo muy bien porque estaba medio inconsciente. Por suerte estaba en el hospital, estaba controlada y se quedó en el susto», recuerda Cornell antes de su debut olímpico.








