Sáez de Cortazar, de 32 años, llegó a jugar en la cuarta división del baloncesto español
Iván Sáez de Cortázar jugando un partido de baloncesto.INSTAGRAM
El jugador de Zaraobe y canterano del Baskonia Iván Sáez de Cortázar, de 32 años ha fallecido al chocar frontalmente contra un camión, cuyo ocupante ha resultado herido leve en un siniestro registrado el martes en la carretera A-624 a la altura del término municipal de Amurrrio y en sentido hacia Vitoria, ha informado la Ertzaintza.
El accidente se ha producido minutos antes de las cuatro de esta tarde en el punto kilométrico 35,9 de la carretera A-624 a la altura del término municipal de Amurrio -cerca del restaurante Bideko– y en sentido hacia Vitoria. En el mismo se han visto involucrados dos vehículos, un camión y un turismo, que han colisionado de forma frontal.
El ex canterano de Baskonia jugaba de pívot en el Zaraobe y llegó a jugar en la cuarta división del baloncesto español. Sáez de Cortázar, que además trabajaba en una guardería, tenía mujer e hijo.
El sindicato Steilas ha denunciado que el jugador era un trabajador del Consorcio Haurreskolak que volvía de su trabajo. Esta central considera que este fallecimiento es una muerte laboral “in itinere”, motivo por el que, junto con otros sindicatos como LAB, ESK, EHNE e Hiru, celebrará una concentración de protesta este viernes en la sede del Consorcio Haurreskolak en Eibar (Gipuzkoa).
“Queremos denunciar el riesgo que sufren a diario los trabajadores del Consorcio Haurreskolak, así como de otros sectores educativos por la movilidad y la precariedad que ello supone”, ha señalado Steilas.
Esta central ha abogado por “analizar en profundidad la movilidad que se da en el sector de la educación para reducir los desplazamientos” y evitar estos accidentes.
El legendario alero anotador Drazen Dalipagic, figura clave del baloncesto yugoslavo y mundial, ha fallecido este sábado en Belgrado a los 73 años a causa de una enfermedad, según ha informado el Partizan de Belgrado.
Conocido como 'Praja', el serbio dejó una huella imborrable en la historia del deporte, tanto en competiciones internacionales como en clubes europeos de primer nivel, como el Real Madrid, que ha expresado "sus condolencias y su cariño a todos sus familiares, compañeros y seres queridos".
Nacido en Mostar el 27 de noviembre de 1951, Dalipagic formó parte de una generación dorada del baloncesto yugoslavo. Su juego fue fundamental en la conquista de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, el Campeonato Mundial de 1978 y tres Campeonatos de Europa consecutivos (1973, 1975 y 1977).
Entre 1973 y 1986 disputó 243 partidos y ganó 12 medallas con la selección nacional, consolidándose como una de las mayores figuras del baloncesto FIBA de su tiempo.
Con el Partizan del Belgrado, club del que es máximo anotador histórico con 8.278 puntos, ganó dos Copas Korac (1978 y 1979) y fue reconocido como el Mejor Jugador Europeo del Año en tres temporadas (1977, 1978 y 1980). "El mejor anotador de la historia del Partizan, exmiembro de la selección yugoslava, una leyenda del baloncesto mundial y un hombre de carácter único", han expresado desde el club.
El serbio fue uno de los pocos jugadores europeos invitados a jugar en la NBA en aquella época, pero declinó la oferta debido a las normas vigentes entonces, que le habrían impedido competir con la selección de Yugoslavia.
En 2004, fue incluido en el Naismith Memorial Basketball Hall of Fame, convirtiéndose en el quinto europeo en lograr este honor, y en 2007 ingresó al FIBA Hall of Fame. Además, fue reconocido entre los 50 jugadores más influyentes de la FIBA y la Euroliga. Tras su retirada como jugador, Dalipagic trabajó como entrenador y dirigente deportivo, contribuyendo al desarrollo del baloncesto en Serbia, Italia y Macedonia del Norte.
En un pésimo tercer cuarto (32-17), el Barça enterró sus opciones en el primer partido de la serie de cuartos, donde fue muy inferior ante un Mónaco muy físico y que dominó todos los registros. Los locales, con Mike James y Daniel Theis (22 puntos cada uno), y Elie Okobo (19) llevaron el partido a su terreno ante un equipo azulgrana con muchas dudas y muy errático. [Narración y estadísticas (97-80)]
Fue el equipo de Joan Peñarroya quien dominó de inicio. Con una gran aportación de Yousssoupha Fall en la pintura y los puntos de Kevin Punter, los azulgrana se tomaron una ventaja (8-14) en los primeros cuatro minutos, pero la reacción llegó con Theis y los triples de James (16-18). En la parte final del primer cuarto, los azulgrana volvieron a dar otro estirón, ahora con Jan Vesely y un renacido Álex Abrines (21-25).
Si el Barça parecía tener controlado el juego del perímetro de Vassilis Spanoulis y dominada la pintura, en la salida del segundo cuarto, la defensa de los monegascos fue superior y los catalanes se colapsaron en ataque. Tanto que sólo anotaron dos tiros libres en los primeros seis minutos, con un gran Elie Okobo (11 puntos al descanso). Mientras un parcial 20-2 puso la máxima diferencia para el Mónaco (41-27, min. 15).
Del 44-45 al 76-59
Pero Fall volvió a hacerse aun más grande en la pintura y con nueve puntos y nueve rebotes en 11 minutos, ayudó a su equipo a ir recortando. También apareció una mejora defensiva, la aportación de Punter (11 puntos al descanso) y de Darío Brizuela y en cinco minutos, cuando el Barça pudo correr, prácticamente devolvió el parcial (3-15).
Para aspirar a la victoria, Peñarroya necesitaba más elementos en la ecuación, a la espera de que aparecieran en escena más efectivos, como Jabari Parker. Pero no fue así y en el tercer cuarto, el Barça lo echó todo por tierra. Del 44-45 tras una canasta de Brizuela se pasó al 58-47 tras un parcial 14-2. A la hora de la verdad, entre Theis y James acabaron con las opciones visitantes, que se fueron al tercer descanso con una ventaja insuperable (76-59).
En los últimos 10 minutos, el partido se enredó. Tomas Satoransky fue descalificado con una antideportiva y una técnica y el ritmo siempre fue el que impuso el equipo de Spanoulis, que llegó a ganar por 19 puntos, una diferencia que se mantuvo hasta el 97-80 final.
Como un sueño del que no despertar, una gesta que recordará el baloncesto y nunca olvidará Baskonia, la Copa de Paolo Galbiati, la Copa contra todo pronóstico. El equipo vitoriano, en una oda a la resistencia, desplumó al Real Madrid en la final como al Barça en semifinales: aguantando golpes como el mejor de los fajadores. El carácter Baskonia está tan de vuelta que ni resquicio al milagro le dejó al equipo de Scariolo, arruinado por la genialidad de pistoleros como Trent Forrest o Luwawu-Cabarrot. [89-100: Narración y estadísticas]
La séptima del Baskonia, 17 años después. Un título insospechado, porque hubo momentos en el comienzo de temporada en los que ni sencillo parecía estar de vuelta al torneo. Un mazazo para el Madrid, que se relamía tras la gesta en semifinales. Jugó con fuego una vez y se quemó a la segunda, incapaz de despegarse en todo el partido de un rival con menos piezas, con menos centímetros pero con el corazón más grande.
La 30ª Copa del Real Madrid tendrá que esperar, el despegue que no llega de la era Scariolo. Asomarse al precipicio y no caer ante el Valencia no fue para los blancos la lección necesaria. Y eso que fue el suyo un inicio eléctrico, justo lo contrario que 24 horas antes: un 13-2 en menos de tres minutos que mandó al rincón a los de Galbiati. Aunque de ese traspié se iban a levantar como un resorte. Y eso, no sucumbir, iba a ser la clave de todo lo demás.
Como si se sacudiera el polvo de los hombros, con Cabarrot a los mandos, el Baskonia remontó (parcial de 4-17). En ese tramo, el primer sustituido de Scariolo fue Hezonja, que se fue cabreado, sin saludar al técnico, en esa jugosa relación de amor-odio que mantienen. No iba a ser su noche.
La segunda unidad blanca iba a protagonizar el siguiente mazazo. Andrés Feliz, brillo silencioso, y Alex Len en la pintura (mucho mejor esta vez el ucraniano, que ni jugó en semifinales, que Garuba). Fue un parcial de 14-0 (40-30), ante un rival que buscaba soluciones y que logró mantenerse con vida al descanso pese a sus problemas defensivos y al desafío que le suponía Edy Tavares. Al Baskonia, que lleva toda la temporada buscando un pívot desde que se le marchara Samanic, se le lesionó hace unos días el único puro que tienen, Khalifa Diop.
Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.Kai FörsterlingEFE
La Copa en Valencia para ellos ha sido una prueba de superación, pero también un fin de semana en las nubes de antaño. No es que hubieran pasado 17 años desde la última final (el título de 2009 en el Palacio, contra Unicaja), es que incluso se había descabalgado varias veces de un torneo que está en su ADN. En el de su afición, sin la que nada se entiende. En la final no se iban a conformar, puro coraje de una entidad revitalizada.
A la vuelta de vestuarios siguió la resistencia vitoriana, haciendo gala de carácter pero también de talento. Cabarrot era una pesadilla y a cada golpe blanco se rebelaba el Baskonia. Uno tras otro. Con la energía de Garuba, pareció el enésimo demarraje (72-64), pero ahí la respuesta, los triples de Omoruyi, el temporero (tiene contrato de unos meses por la lesión de Sedekerskis) como héroe, para estar con mucha vida ya avanzado el acto final (79-81), como 24 horas antes contra el Barça. La fe del que no tiene nada que perder.
Los nervios blancos aparecieron en la recta de meta y eso que Cabarrot se marchó con cinco faltas. La primera canasta de Howard, las acciones increíbles de Forrest (¡rozó el triple doble!), los errores de Feliz y, sobre todo, los inolvidables tapones de Mamadi Diakite. Un campeón indestructible. Heroico.