El ex de los Celtics y de los Magic falleció a los 42 años por causas que aún se desconocen
Brandon Hunter.@OhioMBasketball
El ex jugador de la NBA Brandon Hunter falleció este martes a los 42 años tras desplomarse mientras hacía bikram yoga en Orlando, según informó su suegra, que no pudo especificar las causas de la muerte.
“Era bikram yoga, y lo hacía con regularidad. Estaba en buena forma, por lo que sabemos. Estamos conmocionados”, aseguró a NBC News.
Hunter, un alero de 1,90 metros, fue titular durante cuatro años en la Universidad de Ohio, de 1999-2000 a 2002-03. Promedió 16,9 puntos, 9,3 rebotes y 2,1 asistencias en 119 partidos con los Bobcats. Hunter logró 21,5 puntos, 12,6 rebotes y 2,6 asistencias por partido en su último año.
Los Celtics lo seleccionaron en la segunda ronda del draft de 2003 (56º en la general). Hunter jugó 36 partidos (12 como titular) con Boston en 2003-04, en los que aportó 3,5 puntos y 3,3 rebotes por encuentro. La temporada siguiente jugó 31 partidos, todos ellos como suplente, con los Orlando Magic y promedió 3,1 puntos y 2,2 rebotes.
El ex entrenador de baloncesto de Ohio, Tim O’Shea, escribió en Facebook sobre Hunter: “Fue el mejor jugador al que tuve la suerte de entrenar. Destacó en la Universidad de Ohio y luego jugó en la NBA con Boston y Orlando, y con éxito en Europa, antes de iniciar una exitosa carrera como agente deportivo. Nos mantuvimos en contacto a lo largo de los años, y yo estaba increíblemente orgulloso del marido, padre y ciudadano en que se convirtió… por favor, tened a su familia en vuestras oraciones”.
La versatilidad de Tornike Shengelia, con 42 de valoración, y una genialidad de WIll Clyburn, autor de un triple decisivo desde 10 metros, decantaron el triunfo del Barcelona en el Belgrado Arena. Un esfuerzo titánico por parte del equipo de Joan Peñarroya, guiado por los 24 puntos, cinco rebotes, cinco asistencias, cuatro robos y nueve faltas recibidas del ala-pívot georgiano, tan determinante como la pincelada final de Clyburn a falta de 32 segundos para la bocina. [Narración y estadísticas (76-78)]
El Barça, irritantemente irregular desde el arranque del curso, prolongó su formidable racha frente al Partizan, ante quien no pierde desde el 3 de febrero de 2010. Con la del viernes, los azulgrana encadenan ya 12 triunfos consecutivos, cinco de ellos en una de las pistas más difíciles de la Euroliga, donde este año ya habían mordido el polvo Armani Milan y Anadolu Efes.
"Fue una gran victoria de equipo, nunca nos rendimos. Sabíamos desde el principio que el partido iba a ser muy duro. Siempre es difícil venir aquí y jugar contra esta afición y contra el equipo de Zeljko Obradovic. Incluso cuando íbamos perdiendo por ocho o 10 puntos, seguimos luchando y mantuvimos la fe", comentó Shengelia. Su completísima actuación niveló la superioridad bajo los aros del Partizan, que capturó 10 rebotes más (40-30) y dominó la canasta rival (13-6).
La ausencia de Jabari Parker no pasó factura al Partizan, autor de un parcial de 12-0 en el arranque del segundo cuarto. Sin ideas en ataque y blando en defensa, el equipo de Peñarroya se descompuso ante Bruno Fernando —recién fichado del Real Madrid—, que se ganó a su nueva afición.
Tras el descanso, los serbios alcanzaron su máxima renta (43-33, min. 21), pero entonces emergió Kevin Punter, autor de un 3+1 antológico al que, poco después, se sumaron cinco puntos consecutivos de Shengelia (45-45, min. 23). El tercer cuarto se mantuvo en ese pulso constante, con Punter y Shengelia asumiendo la responsabilidad, bien secundados por chispazos de Darío Brizuela y Myles Cale.
Con el partido en un puño, el Partizan impuso su fuerza interior. Tyrique Jones y Fernando se convirtieron en un tormento para la pintura azulgrana, incapaz de frenar su empuje. Su dominio se tradujo en numerosas segundas opciones y ventajas claras en ataque. Shengelia sostuvo al Barça cuando la bola quemaba (74-73, min.37). Y en el momento decisivo, emergió Clyburn: con 76-75 abajo, el escolta clavó un triple desde casi el centro del campo, al límite de la posesión, que enmudeció el Belgrado Arena y selló la quinta victoria azulgrana europea en ocho jornadas.
De las cinco finales que le restaban al Real Madrid en esta áspera temporada regular de la Euroliga, como si fuera un playoff con cinco rivales diferentes, el Asvel Villeurbanne en el Palacio era la cita más sencilla. Una trampa también. No cayeron en ella los blancos, que ante los franceses, ya desahuciados, se otorgaron una noche sin sobresaltos para llenar la mochila de confianza. Ahora vendrán curvas, cuatro envites directísimos con todo en juego (también una eliminación que resultaría histórica), el primero el martes en el Palacio ante el Armani Milán. Con un Tavares así, todo resultaría menos arduo. [81-70: Narración y estadísticas]
El partido del gigante fue estupendo. Deambuló por la pintura como si los de enfrente fueran niños. Amaneció con 10 puntos seguidos y sus compañeros se dieron cuenta que era apuesta segura. Le buscaron una y otra vez y él embocaba como si jugara en un minigolf. Tras su renovación millonaria del pasado verano, no había aparecido el Tavares dominante de antaño, el pívot único en Europa que cambia partidos. Y ese ha sido uno de los principales lastres del Madrid en lo que va de curso. Fueron 23 puntos en 18 minutos.
"Nos va la vida", exageró Chus Mateo en la previa. Pero el mensaje era claro. No había margen para más despistes. Este mismo Asvel había derrotado a los blancos en Lyon unos meses atrás, con una canasta sobre la bocina del pequeño Paris Lee. En él se desempeña Theo Maledon, un jugadorazo que pretende el Madrid para la próxima temporada. Dejó 25 puntos y cinco asistencias como carta de presentación.
El aviso del entrenador blanco caló hondo. Fue un arranque de partido arrollador. Un 15-0 con Tavares como protagonista. Cuando el africano se fue al banquillo sumaba ya 14 puntos en menos de seis minutos. El Madrid coronó el acto con dos triples de Llull para irse 22 arriba. No iba a ser la máxima. A la vuelta, otro triple, esta vez de Andrés Feliz, dejó un 35-10 para frotarse los ojos.
Hezonja, ante Robertson, del Asvel.JUANJO MARTINEFE
Evidentemente, los de Pierric Poupet iban a dejar de perder balones y de hacer el ridículo. También el Madrid se iba a enfriar con los cambios. Llamó la atención el contraste de Tavares con sus suplentes, especialmente con un Ibaka que se marchó enfadado. Pero es que su actuación fue impropia.
El Asvel asestó un 7-20 con 15 puntos de un espectacular Maledon. Se metió un poco en la batalla, pero el regreso de Tavares y de Abalde dio otro pequeño impulso al Madrid antes del descanso.
La noche en el Palacio estaba rota del todo. Sólo se trataba de dejar pasar los minutos sin sobresaltos ni bajones. Sorteó el Madrid ambos aspectos por poco. Nada más volver de vestuarios Campazzo se llevó un fuerte golpe en la cadera en una acción con De Colo y al rato se fue al banquillo cojeando. Sus sonrisas posteriores tranquilizaron al personal.
La excelencia del Madrid, con semejante distancia, ya no volvió. Nunca peligró la victoria, pero a punto estuvo de estropearlo todo. Los galos, que ganaron los tres últimos cuartos, se arrimaron (71-63). Tuvo que volver Tavares y todos los titulares. Hezonja, que se hartó de perder balones, arregló el desenlace junto con Llull.
El segundo triunfo seguido y el favor del Baskonia ganando al Bayern dan esperanza al Madrid en esta recta de meta. De momento, dependiendo de los duelos directos que cierran la jornada el viernes, pueden meterse de nuevo en los puestos play in, a apenas un triunfo del grupeto que val del quinto al octavo puesto. Todo está sobre la mesa.
Es como si el Real Madrid hubiera necesitado verse completamente contra las cuerdas para despertar su lado más salvaje. Como si únicamente en la adrenalina de comprobarse al borde del desahucio, achicado por el todopoderoso Olympiacos, salieran todas sus virtudes aletargadas durante una temporada plagada de grises. Pero ni todo ese ímpetu le fue suficiente para mantenerse con vida en esta Euroliga que tan temprano se le enrevesó. El triple sobre la bocina fallado por Abalde le apartó del quinto partido en Atenas y de cualquier sueño de Final Four. [84-86: Narración y estadísticas]
Murió con las botas puestas, arruinado por un apagón imperdonable en la segunda mitad, frustrada la épica después, esos finales locos y maravillosos del Palacio, un 17-4 en el que hubo de todo, hasta mucha polémica (una falta en ataque de Tavares en pleno subidón...). Fue cruel el adiós después de todo.
La noche estaba dispuesta para la agonía y el éxtasis en el Palacio. Pero después de una preciosa primera parte de fuegos artificiales, el Real Madrid desapareció por completo (encajó un 2-14 al inicio del acto final) y el despertar no le valió. Borrado antes del mapa por un Olympiacos que se venga así de las últimas afrentas, la final perdida en Kaunas, la semifinal de Berlín. Emergió como un gigante al que quitan las cuerdas que le amarraban al suelo. Tan feroz como trémulo después el grupo de Bartzokas, disparos al pie que casi le cuestan un sofocón. Quedará para el recuerdo el triple imposible de Vezenkov casi en la meta.
Hezonja y Fall pelean por un rebote.SERGIO PEREZEFE
Chus Mateo parecía haber dado con la tecla, el hueco por donde al menos hacer sentir incómodo a un rival sin apenas flaquezas. No hay otra fórmula, acudir al extremo físico, a disputar cada duelo individual como si fuera la vida. Espoleado por el ambiente, más fiero todavía este jueves, el Madrid había dejado en 28 puntos a los griegos en la segunda mitad del martes. Andrés Feliz y Abalde, los estandartes de esa revolución, partieron de inicio.
Ausentes por molestias Deck e Ibaka y con Evan Fournier de vuelta para Bartzokas, la otra gran novedad del amanecer fue la decidida apuesta por las transiciones. Brazeaba Mateo con cada rebote, tocando a rebato de un baloncesto a la carrera que pronto le dio réditos y la sensación de dominar el escenario.
En ese frenesí, Llull se siente poderoso. El capitán era consciente de lo que había en juego, de que las noches como ésta son como tesoros. Inyectó una marcha más (dos triples sin pensar marca da la casa), acompañado por otro inesperado, un dignísimo heredero al que mima en cada gesto. Hugo González apareció con la osadía de los adolescentes pero con el mismo colmillo que sus compañeros. Y, junto a Garuba, convirtieron el partido en un bendito manicomio en el que el Madrid se divertía y estiraba de paso el marcador grancias a Hezonja (43-34).
Extrañamente desaparecido Vezenkov (cero puntos al descanso), Olympiacos contenía la respiración y se refugiaba en Fournier. La agresividad del Madrid le cargaba de faltas y el tiro libre era el aliado griego (19 a su favor en ese tramo). La tercera de Tavares fue la peor noticia de toda una gran primera parte del Madrid.
Fournier, defendido por Andrés Feliz.SERGIO PEREZEFE
Que quedó completamente diluida a la vuelta, todo el trabajo por los suelos. Se acumularon las malas noticias a toda velocidad. La cuarta de Tavares, la impotencia de repente del resto, observando cómo Olympiacos resurgía, daba la vuelta al marcador (51-58) con 16 puntos en cuatro minutos para silenciar el Palacio. Ante la crisis, la valentía de Andrés Feliz, un titán sin miedo a nada.
Pero era demasiado poco. El Madrid había vuelto a encajar 26 puntos, su ardor defensivo había sido disuelto, Vezenkov ya había llegado y cuatro triples seguidos (tres de Papanikolau, ex barcelonista) dispararon hacia la Final Four al Olympiacos. Aunque siempre hay que contar con la magia del Palacio. Cuando ya nadie creía, robos de fondo, canasta inverosímiles y algunas decisiones arbitrales que encendieron las tribunas. Erró Fournier un tiro libre y en la última jugada, 12 segundos, el balón acabó en Abalde y en su fallo los sueños del Madrid.