Una semana después de ser suspendido de manera provisional por la Fedración Internacional de Atletismo (World Athletics) por saltarse tres controles antidopaje, Mohamed Katir fue sancionado este viernes con dos años de inhabilitación, el castigo máximo.
La sanción abarca desde 7 de febrero de 2024 al 6 de febrero de 2026 y aunque el atleta podrá recurrir al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) de Lausana, se supone muy difícil que pueda estar tanto en los Juegos Olímpicos de París este mismo verano como en el Europeo al aire libre.
Última jornada de atletismo en el Stade de France. La abrió el salto de altura masculino. La prueba permanece embarrancada por debajo de 2,40. Gianmarco Tamberi, convaleciente de desórdenes renales la última semana, se quedó en 2,22. Mutaz Essa Barshim, en 2,34. A 2,36 subieron el neozelandés Hamish Kerr y el estadounidense Shelby McEwen. En un desempate inferior en 2,34 ganó Kerr.
Mientras se dilucidaba la altura, Jakob Ingebrigtsen (13:13
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El cruce de Flax no tiene nada. Absolutamente nada. Una carretera recta y un camino de tierra que nace a la derecha. Nada más. Si hay que destacar alguna cosa, se puede decir que el asfalto está en buen estado para los estándares de Kenia. "¿Seguro que era aquí?", es necesario preguntar al guía. "Sí, sí, aquí, chocó contra aquellos árboles", contesta y lo certifica con Google Maps. No hay flores, ni una placa, ni mucho menos una escultura que recuerde que el 11 de febrero aquí murió Kelvin Kiptum, el portento de sólo 24 años que el pasado octubre llevó al ser humano ante la barrera de las dos horas.
A sólo cinco minutos en coche del campo de entrenamiento del NN Running Team de Eliud Kipchoge en Kaptagat el lugar ha olvidado el accidente y, de alguna manera, Kenia también.
Kiptum llegó rápido, con un récord del mundo en su tercer maratón, y se marchó rápido: su huella fue efímera. De fuera de los grupos de entrenamientos más conocidos, a las órdenes del ruandés Gervais Hakizimana también fallecido, y representado por una agencia pequeña, la belga Golazo, al maratoniano apenas le había dado tiempo a comprar un terreno y a planear un pequeño campamento en Chepkorio, su pueblo, también muy cerca de donde murió.
Según un atleta de la zona, sus compañeros de siempre, Donikat Komon, Henry Kipyego, Hillary Kipchumba, Dan Kosgey y Hillary Kipkosgey, siguen entrenando juntos, pero su futuro se complica sin su apoyo.
En los medios locales, tras la muerte, sólo se nombró a Kiptum por dos cosas. La primera, la construcción de la casa familiar en los terrenos del atleta, que se hizo por encargo del Gobierno a través de módulos prefabricados, una rareza en Kenia. Y la segunda, y más importante, la investigación policial de lo ocurrido. Desde un primer momento hubo sospechas de que algo turbio hubo detrás, pero la población llegó rápido a una conclusión: no se sabrá todo lo ocurrido.
"Fíjate en la carretera, es una recta, no tiene nada difícil, y aquel día no llovía. Era de noche, quizá se le cruzó un animal, pero aquí realmente no hay ningún peligro", señala el guía con razón. Como ocurrió con el fallecimiento del campeón olímpico Sammy Wanjiru en 2011, los detalles quizá son demasiado mundanos para apagar una estrella así.
Un ajustes de cuenta o una mala noche
Porque existe una teoría de la conspiración internacional, pero otra más cercana, más local, incluso más probable. La primera habla de una especie de ajuste de cuentas. Poco después de su éxito fulgurante, tras ganar el maratón de Valencia de 2022, Kiptum firmó un acuerdo de más de 100.000 dólares -según reveló 'Corredor'- con la marca china Qiaodan, pero más tarde acabó compitiendo con Nike. El atleta tenía un problema legal.
Los representantes de la marca china, de hecho, viajaron varias veces a Kenia para intentar lidiar con él, pero no había manera de llegar a un entendimiento. Cuatro días antes de su muerte, tres personas relacionadas con Qiaodan visitaron la casa de Kiptum y las versiones de lo ocurrido difieren. El padre del corredor asegura que fue amenazado y, por eso, esos agentes fueron detenidos. Pero ellos, a través de su abogada, aseguraron que sólo estuvieron charlando.
En todo caso, la empresa china poco o nada ganaba con la muerte de Kiptum. Por eso en la zona que lo vio nacer o crecer apuntan más a una larga noche que acabó mal. Antes del accidente, Kiptum, Hakizimana, y una mujer llamada Sharon Chepkurui Kosgei fueron vistos en tres locales, el hotel Talex Inn, el The Well Irish Pub y el The Grand Miarmir Guest House y quizá después el conductor no estaba en plena condiciones para seguir su ruta. La investigación concluyó que el vehículo no había sufrido ninguna avería, pero no se conocen muchos más detalles.
"Dijeron que los resultados del análisis toxicológico iban a estar en tres meses. Veremos sin salen publicados", comenta un taxista de Eldoret. Sea como sea, el lugar del accidente, el cruce de Flax, sigue como estaba, ha olvidado el accidente que mató al actual plusmarquista mundial de maratón y, de alguna manera, Kenia también.
Una milla relampagueante en la cita de la Diamond League en Londres, ante 60.000 personas llenando el estadio olímpico, condujo a un récord de España a cargo de Esther Guerrero (4:20.12), que dejó atrás los 4:21.13 que mantenía Nuria Fernández desde 2008. La carrera fue de tal nivel, que la estimable marca sólo sirvió para que la catalana, beneficiada sin embargo por la rapidez de la prueba, fuera decimosegunda.
La vencedora, la etíope Gudaf Tsegay, realizó el segundo mejor registro de la historia: 4:11.88. No alcanzó a batir el récord mundial de la keniana Faith Kipyegon (4:07.64), pero sí le dio para adelantar a la neerlandesa Sifan Hassan (4:12.33) y relegarla a la tercera plaza "all time". Tsegay fue prácticamente su propia liebre y arrastró a las demás competidoras a lograr récords personales y de área.
Jaël Bestué, quinta en los 200 metros, no se acercó a su reciente récord de España (22.19), pero su marca, 22.67, es objetivamente buena, en otra prueba de altísimo nivel. La vencedora, la campeona olímpica de los 100 y subcampeona en los 200, Julien Alfred, realizó 21.71, la novena mejor marca de todos los tiempos.
Mohamed Attaoui (1:43.01) también acabó en quinta posición en unos 800 dominados por el campeón olímpico, Wanyonyi con 1:42.00.
Noah Lyles, oro olímpico en París en los 100 metros, debutaba este año en la distancia. Salió lento, de los últimos, y fue remontando metro a metro. Pero no lo suficiente como para, con 10 segundos justos, atrapar a Oblique Seville, clarísimo vencedor con 9.86. Jamaica está recuperando su puesto en la velocidad mundial. Con Kishane Thompson (9.75) lidera el ránking del año.