Una semana después de ser suspendido de manera provisional por la Fedración Internacional de Atletismo (World Athletics) por saltarse tres controles antidopaje, Mohamed Katir fue sancionado este viernes con dos años de inhabilitación, el castigo máximo.
La sanción abarca desde 7 de febrero de 2024 al 6 de febrero de 2026 y aunque el atleta podrá recurrir al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) de Lausana, se supone muy difícil que pueda estar tanto en los Juegos Olímpicos de París este mismo verano como en el Europeo al aire libre.
Entre carrera y carrera, a Blanca Hervás apenas le daba tiempo para acudir al hotel, intentar comer algo -«pero tenía el estómago cerrado»- y dormir. De viernes por la mañana a domingo por la tarde, una proeza en Torun, de donde regresa con un botín que todavía le cuesta asimilar: dos medallas mundiales bajo techo, su primera final individual, su marca personal (51.43) y cinco carreras de 400 metros en sus piernas, a cuál mejor. «Estoy muerta», confiesa a EL MUNDO camino al aeropuerto. Aunque sobre todo, la madrileña de Valdemarín vuelve como el reflejo del nuevo y pujante atletismo español.
El estallido de Blanca no es casualidad. Tiene que ver con una fulgurante evolución física pero también con una liberación mental. El regreso a los orígenes, al club «de toda la vida» en Majadahonda, donde ingresó con ocho años y se enganchó porque se lo pasaba bien. «Los viajes me diferenciaban de la gente del cole», recuerda de aquellos días joviales.
El siguiente paso fue el salto a EEUU, donde compaginó el atletismo con su carrera de Comunicación en la Universidad de Florida. Fueron años plenos en lo vital pero no tanto en lo deportivo. «Fue una experiencia única, la repetiría mil veces. Aunque deportivamente tuve mis momentos peores», explica sobre una entrenadora y un sistema que le llevaron «al límite». «Ella no entendía lo que estaba sufriendo mentalmente y de hecho lo empeoraba. Tuve muchos problemas de confianza y de seguridad. Estaba bien físicamente pero no lo trasladaba a la competición. Fue poner un pie en España, juntarme con mi entrenador de toda la vida [Julio Rifaterra] y devolverme la la pasión por el atletismo que dejé de tener».
«Aquello me curtió», sigue. El año pasado todavía compaginaba su trabajo de media jornada como Product Manager con el deporte. Pero en diciembre tuvo que elegir. Se había quedado a cinco décimas de la mínima Mundial. «A la vuelta de Tokio hice un poco en ese análisis y pensé: 'Jolín, y si hubiese estado un poquito más descansada...'. Y entonces lo replanteé y hablé con mi jefe, que en todo momento lo entendió», detalla. Era el momento de hacer la «apuesta 100% por el atletismo», porque a Blanca aún le costaba creerse «una profesional»: «Estoy viviendo el sueño de niña, pero yo me veía como una persona normal que tiene que trabajar. Se me sigue haciendo raro no hacerlo».
Técnicamente, Hervás es pura elegancia. Algo que le repiten constantemente: «La gente me llama elegante y yo flipo porque yo sólo corro, la verdad... Sí que creo que uno de mis puntos fuertes es el correr suelta. Me da confianza e igual inconscientemente lo he ido exagerando». Pero para el 400 la fuerza es indispensable. De ahí el cambio físico, horas de gimnasio. También son «los pies». «Así lo llama mi entrenador. Algo que trabajamos mucho. La reactividad, los tobillos. Siempre me lo dice, cree que es mi punto fuerte en esos últimos metros. Cuando el cuerpo dice basta, me salvan los pies», analiza.
Blanca Hervás, en Torun.RFEA
Aunque, si algo destaca ella misma de su salto es «la confianza». «La clave real del cambio es cómo me voy conociendo y cómo voy aprendiendo a correr 400, escuchando a mi cuerpo. Me he dado cuenta en este Mundial de que iba detrás de alguien, enganchada, y tenía una seguridad plena en que al final iba a tener fuerza para pasarla», se sorprende a sí misma de ese cambio final demoledor.
Después de lo deportivo, de los objetivos por venir (el Europeo de Birmingham, bajar de 51 segundos al aire libre...), la otra parte del éxito es el impacto mediático, que a los 23 años de Blanca le cuestan asimilar. Es imagen de New Balance, de Toyota... «Flipo. Y estoy muy agradecida por la repercusión, por todos los mensajes positivos. Con la gente que se emociona conmigo. Quiero exprimirlo, todo lo que me pueda beneficiar a nivel personal, que me impulse para lograr mis objetivos».
Hay que volver a Torun. A su gesta. Sólo en el primero de su repóquer de 400, el viernes, estuvo por encima de 52 segundos, una marca que hace no tanto ni se imaginaba rebajar. Superó sin problemas esa serie inicial, tomó el rebufo de Lieke Klaver en semifinales para lograr el primer hito, estar entre las ocho mejores del mundo. Eso sería el sábado, pero antes, por la mañana, tenía plaza en la final del novedoso relevo mixto. Cualquiera, egoísta, hubiera optado por descansar. «Lo que hemos en los relevos es increíble. Estoy agradecida a mi cuerpo, porque me ha permitido pasar todas las carreras. Tenía que ir con mil ojos, porque en cualquier momento me podía romper», explica de un cansancio que se empezó a acumular seriamente.
Blanca Hervás, durante el Mundial de Torun.RFEA
Su actuación en el mixto fue apoteósica. La última posta, como hace menos de un año en el Campeonato del Mundo de Guangzhou. Otra remontada, aquella de oro, esta de plata. Un poco de festejos y a la final individual, por la tarde, en la que acabó sexta pero corrió el mejor 400 de su aún incipiente trayectoria. El domingo quedaba la traca final, aunque descansó en la clasificación del relevo femenino. En el desenlace, otra vez adelantando por el bronce casi en la misma línea de meta (se quedó a pocas centésimas de la plata). «Después de esa última carrera, me emocioné muchísimo, rompí a llorar mirando atrás y viendo el fin de semana».
El japonés Toshikazu Yamanishi y la italiana Antonella Palmisano lograron este domingo la victoria en la tercera edición del Gran Premio Internacional Madrid Marcha, que se ha desarrollado por la Gran Vía sobre un recorrido de 10 kilómetros ante multitud de aficionados y que antes de su inicio ha brindado un homenaje al campeón olímpico Álvaro Martín.
Toshikazu Yamanishi, doble campeón mundial de 20 km marcha, se ha presentado en Madrid como uno de los grandes favoritos y sobre el asfalto de la Gran Vía ha dominado la carrera de principio a fin hasta parar el crono en 40:00, entrando a la meta en solitario.
El nipón, que no pudo defender su bronce olímpico en París ya que fue descalificado en las pruebas previas de selección, ha demostrado el gran momento de forma que mantiene dando un recital en Madrid sin dar opción a sus rivales en el circuito urbano homologado de un kilómetro, al que dieron diez vueltas, por la Gran Vía madrileña entre la Plaza de Callao y el edificio de Telefónica.
"Estoy contento porque me he sentido realmente bien y he podido hacer un muy buen registro, en un año un tanto especial. No pude competir en los Juegos Olímpicos de París, pero creo que eso, al mismo tiempo, me ha servido para poder ganar en Madrid, que es un sitio especial, como lo es también la Gran Vía", ha dicho Yamanishi, al término de la prueba.
El podio femenino, con la italiana Antonella Palmisano en el primer puesto.ZIPI ARAGONEFE
Segundo ha concluido el italiano Francesco Fortunato, bronce en los últimos Europeos de Roma, que ha hecho 40:18, y tercero ha finalizado el español Diego García Carrera, que ha registrado 40:44 y ha sido uno de los marchadores más aclamados por la afición española, que también ha visto entrar en meta Marc Tur, séptimo (42:18), y Álvaro López, octavo (42:26).
En la categoría femenina, la 'reina' en la Gran Vía madrileña ha sido Antonella Palmisano, campeona olímpica en 2020 y vigente campeona europea. La italiana, que se retiró en el kilómetro 13 en los Juegos Olímpicos de París y fue sexta junto a Massimo Stano en el relevo mixto, ha liderado la prueba también desde el principio y ha entrado en meta en 44:02.
Por detrás, segunda a más de un minuto, la ucraniana Mariia Sackaruk (45:03), y tercera la costarricense Noelia Vargas (45:17). La primera española ha sido Raquel González, cuarta con 46:35, mientras que la colombiana Sandra Lorena Arenas, plata en Tokio, ha sido quinta con 47:03.
La organización del Gran Premio Internacional Madrid Marcha Silbö Telecom ha querido brindar un homenaje al español Álvaro Martín, poseedor de la triple corona de oros (mundial, europea y olímpica), que ha recibido el cariño del mundo de la marcha y de numerosos aficionados que han acudido a la Gran Vía madrileña y que no han dejado de pedirle fotos y autógrafos.
El extremeño, con su habitual cercanía, ha respondido atendiendo a todos ellos. "Hoy es un día especial por este reconocimiento y también porque es la primera competición que veo desde fuera tras mi retirada. Me siento bien, satisfecho y realizado", ha dicho el deportista de Llerena, al que han obsequiado con una placa y que ha sido el encargado de dar el pistoletazo de salida.
Los que no terminaron la prueba fueron el español Paul McGrath y el sueco Perseus Karlstrom, que se retiraron en la primera vuelta, y la española Laura García Caro, que lo hizo en la sexta.
La primera edición de esta competición la ganaron en 2022 la china Shijie Qieyang y Perseus Karlstrom y la segunda la china Jiayu Yang y el italiano Francesco Fortunato.