El jugador de los Dallas Maverics Luka Doncic es la última estrella del deporte norteamericano al que roban en su casa, según comunicó, Lara Beth Seager, socia del base esloveno a varios medios de comunicación, este sábado. Seager dijo que no había nadie en casa en el momento del incidente la noche del viernes, y Doncic presentó un informe policial.
Se robaron joyas valoradas en aproximadamente 30.000 dólares, informó el diario Dallas Morning News, según un informe policial interno que obtuvo.
Doncic, de 25 años, originario de Eslovenia, es el sexto deportista profesional conocido en Estados Unidos cuya casa ha sido robada desde octubre. Entre ellos están los destacados quarterbacks de la NFL, Patrick Mahomes de Kansas City y Joe Burrow de Cincinnati, junto con el tight end de los Chiefs, Travis Kelce.
Los otros fueron el alero de los Bucks de Milwaukee, Bobby Portis, y el base de los Timberwolves de Minnesota, Mike Conley Jr.
La NFL y la NBA emitieron alertas de seguridad a sus jugadores después de los robos, algunos de los cuales ocurrieron cuando los jugadores estaban fuera con sus equipos para juegos de visitante.
La alerta de la NFL indica que las casas de los deportistas profesionales de varios deportes se han convertido en “objetivos cada vez más frecuentes de robos por grupos organizados y hábiles”.
Burrow lamentó la pérdida de privacidad al tener que reconocer que fue víctima de un robo.
El incidente en la casa de Doncic ocurrió dos días después de que el jugador que ha sido cinco veces All-NBA sufrió una lesión en la pantorrilla izquierda en la derrota el día de Navidad contra los Timberwolves. Se espera que la lesión mantenga a Doncic fuera de las canchas durante aproximadamente un mes.
Le ha costado unas semanas, sonreír al fin, disfrutar de lo que para cualquiera hubiera sido el sueño de una vida, jugar en los Lakers. A Luka Doncic el traspaso a Los Ángeles le cogió con el pie cambiado, no lo pudo disimular ni en su flamante presentación al lado de quien todo lo tramó, el General Manager Rob Pelinka. Porque ni siquiera lo sospechaba, porque suponía abandonar lo que ya sentía como casa, el equipo al que había llevado a las últimas Finales de la NBA, y porque el movimiento no dejaba de poner bajo sospecha su condición física y su ética de trabajo.
Pero una vez asimilado, sólo era cuestión de tiempo que todo empezara a fluir, que dos genios como Luka y LeBron James se encontraran en la pista. Su cuarta noche, nada menos que ante los Nuggets el pasado sábado, pareció demasiado perfecta. Un triunfo incontestable en la cancha del equipo de Nikola Jokic, el que tanto les venía frustrando, el mismo que expulsó a los Lakers de los pasados playoffs en primera ronda (y también de los anteriores: el balance, terrible, era de 13 derrotas en sus últimos 14 choques). Doncic anotando 32 puntos (más 10 asistencias, siete rebotes...), algo que no lograba desde el 15 de diciembre, en apenas 30 minutos.
«Por fin me sentí yo mismo, por eso estuve sonriendo», confirmó el esloveno. Este pequeño Big Bang tiene una intrahistoria. Emocional, con los consejos de JJ Redick sobre la actitud en la pista de Doncic, el «momento apagón», en palabras del técnico. Y física: según desveló el gurú Sams Charania, durante los días del All Star (que Luka no disputó por haberse perdido más partidos de la cuenta por su lesión en el gemelo), trabajó concienzudamente en su cuerpo. Esa semana de concentración en un pabellón en la localidad mexicana de Cabo San Lucas (Baja California) estuvo acompañado por Scott Brooks, base NBA noventero y uno de los entrenadores ayudantes de los Lakers. El objetivo, estar a punto para lo que resta de una temporada en la que sólo hay un objetivo: «Ganar el campeonato».
«Cada día será mejor»
Ante los Nuggets, Doncic no sólo fue Doncic en los números (cuatro triples de nueve, cuando en sus tres partidos anteriores había fallado 21 de 24). «Ese es el Luka que conozco. El asesino», se felicitó un Redick impresionado por cómo su nuevo jugador ha conectado con sus compañeros. Y con el que desde el primer momento parece haber una química que Luka sigue buscando en la pista con LeBron: «Tenemos mucho que mejorar en eso, pero cada día será mejor». «Soy un receptor abierto nato y él es un quarterback nato, así que encaja perfectamente. He estado corriendo por la cancha toda mi vida y él ha estado lanzando grandes pases toda su vida. No es difícil conseguir ritmo cuando tienes ese tipo de conexión. Todo se trata del contacto visual», explicó James.
Todos se congratularon al comprobar la versión más desatada del ex madridista, celebrando, gesticulando e incluso protestando a los árbitros. «Una vez que comenzó a anotar esos triples con paso atrás, empezó a gritar y ladrar, ya sea a los aficionados, a nosotros o a él mismo», se felicitó LeBron.
Doncic saluda a JJ Redick, su entrenador.David ZalubowskiAP
Los Lakers, cuartos en el Oeste (pugnan por acabar segundos, inalcanzables ya los Thunder) quieren sumar su tercera victoria seguida y este martes reciben a unos Mavericks sin Anthony Davis en el Crypto Arena. Será una de las noches más especiales en la carrera de Doncic, la primera vez en su vida que se enfrente a un ex equipo (más allá del amistoso de Dallas en el Palacio de Madrid). La hora de comprobar si la inercia es real, si Doncic es ya Doncic. Si podrán más los sentimientos hacia Kyrie Irving y los ex compañeros con los que tanto labró o las ganas de reivindicarse ante el señalado Nico Harrison, el General Manager que optó por su salida antes de entregarle una renovación histórica y millonaria.
Un duelo en el que LeBron, a sus 40 años, se acercará todavía más a otra marca histórica. Con 49.894 puntos (sumando los conseguidos en temporada regular y playoffs), está a sólo 106 de ser el primer jugador en alcanzar los 50.000 en la historia. Cuestión de días.
Empieza la NBA y sólo nos queda Santi Aldama, con un papel, además, un tanto frustrante: es fijo en la rotación de Memphis, pero en tres años más adecuados que brillantes no ha encontrado acomodo como titular junto al intocable (cuando está sano) Jaren Jackson ni tiene visos de irlo a hallar tras la llegada del novato Zach Edey, el pívot puro que él no es. Hace no tanto, apenas ocho años, 10 jugadores españoles hacían las Américas. Y no 10 cualqu
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