Los drones que revolucionan los Juegos Olímpicos de invierno: vértigo en primera persona, un zumbido con polémica y una década de prohibición

Los drones que revolucionan los Juegos Olímpicos de invierno: vértigo en primera persona, un zumbido con polémica y una década de prohibición

Se lanza el trineo por el circuito de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, coge velocidad y, en la curva más salvaje del descenso, vértigo puro a 140 kilómetros por hora, ahí está un dron. Justo detrás del deportista, como si fuera su sombra. Los espectadores de todo el mundo pueden ver cómo gira, cómo desciende, cómo frena y, más allá, casi sentir lo mismo que siente él. Bienvenidos al futuro.

Para saber más

Los actuales Juegos no solo se recordarán por la superioridad de Johannes Klæbo o la desgracia de Lindsey Vonn; también se recordarán por un ruidito. Un runrún agudo que acompaña en las bajadas de bobsleigh, skeleton y luge, en las curvas del esquí alpino o en los descensos de los saltos de trampolín. Es el sonido de los drones de vista subjetiva (FPV) de alta velocidad que utiliza Olympic Broadcasting Services (OBS), el brazo audiovisual del Comité Olímpico Internacional (COI), para transmitir en HD toda la acción.

«Queremos que el espectador sienta el dinamismo de los deportes», explica Mark Wallace, director de contenidos de OBS. Y el espectador lo siente, vaya si lo siente. «Es lo que espera hoy en día cuando consume un evento deportivo, más aún si son unos Juegos Olímpicos», resume Pierre Ducrey, director deportivo del COI.

En la era de la sobredosis de entretenimiento y la atención dispersa, el deporte necesita sorprender. Para eso están los 25 drones del COI: 10 tradicionales para panorámicas y 15 FPV diseñados a medida para meterse en la acción.

Un campeón del mundo de piloto

Uno de los más destacados es el que se utiliza en las pruebas de trineo, diseñado por la empresa holandesa Dutch Drone Gods. Pesa solo 243 gramos -como un iPhone- frente a los mastodontes de 10 kilos que se utilizaban hace una década. Cuenta con hélices protegidas y baterías capaces de soportar temperaturas bajo cero. Cada unidad es responsabilidad de un equipo formado por tres especialistas -piloto, realizador y técnico- con la experiencia necesaria para operar en condiciones extremas.

ODD ANDERSENAFP

Por ejemplo, detrás de algunos de sus vuelos está Ralph Hogenbirk, fundador de la compañía y campeón del mundo de drones. Conocido como Shaggy, hace unos años llegó a construir el dron más rápido del mundo, capaz de alcanzar los 350 km/h y de perseguir a un monoplaza de Fórmula 1 de Red Bull. Ahora, en cambio, persigue a lugers por pistas estrechas. Lo hace hasta 50 veces al día. «Es el trabajo más difícil que he realizado», admite en The Atlantic. Espacios reducidos, cero margen de error y millones de personas mirando en directo.

Pero toda revolución tiene sus detractores. Algunas televisiones se han quejado del zumbido de los drones en las retransmisiones, aunque desde el COI aseguran que solo han recibido dos quejas formales. En redes sociales como X hay quien ha comparado el ruido con las vuvuzelas del Mundial de Sudáfrica 2010, aunque quizá la parte más peliaguda de estos artilugios sea el posible peligro que suponen para los atletas.

En 2015, en una prueba de la Copa del Mundo celebrada en Madonna di Campiglio, Marcel Hirscher esquivó por milímetros la caída de un dron -que entonces pesaba mucho más que los actuales-. La Federación Internacional de Esquí (FIS) prohibió su uso durante años y no levantó la veda hasta hace dos temporadas, después de múltiples pruebas. Hoy, con dispositivos más avanzados y protocolos estrictos, el COI defiende que la seguridad es total. Los deportistas, en su mayoría, respaldan el avance.

KIRILL KUDRYAVTSEVAFP

El alemán Felix Loch, triple campeón olímpico de luge, es tajante en declaraciones a AFP: «No te fijas en el dron. Dan imágenes claramente diferentes, que están súper bien. Hay que decirlo: es algo realmente bueno lo que han hecho con esto». Su compatriota Emma Aicher, que suma dos medallas de plata en estos Juegos Olímpicos, también opina que los drones no distraen: «Para nosotros, las imágenes que ofrecen son realmente buenas. No me doy cuenta del dron, está muy lejos».

En el futuro todo es posible

El camino hasta aquí ha sido progresivo. En los Juegos Olímpicos de Sochi 2014 vivieron un tímido debut; en Pekín 2022 se pusieron a prueba; y en París 2024 aparecieron en verano en disciplinas como el BMX o el skate. Pero ha sido en Milán-Cortina cuando han alcanzado su madurez.

Ahora el futuro asoma ya en Los Ángeles 2028. Si aquí funcionan, dicen en el COI, allí serán protagonistas absolutos. ¿Puede un dron FPV seguir a un velocista durante los 100 metros lisos? ¿Y girar junto a una gimnasta que ejecuta un triple mortal? ¿Llegarán a meterse en un partido del Dream Team? El olimpismo ha abierto otra puerta que ya no se cerrará.

kpd