La campeona mundial reinante de los 100 metros, Sha’Carri Richardson, fue arrestada el pasado fin de semana por presuntamente agredir a su novio en el Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma.
Richardson fue acusada el domingo de violencia doméstica en cuarto grado, según el informe policial al que ha tenido acceso The Associated Press (Ap).
El jueves, corrió en la ronda preliminar de los 100 metros femeninos en los campeonatos de atletismo de Estados Unidos en Eugene, Oregón. Tiene un pase automático para los campeonatos mundiales en septiembre en Tokio como campeona defensora.
Richardson, de 25 años, ingresó en la Entidad Correccional del Sur (SCORE) en Des Moines, Washington, a las 6:54 de la tarde el pasado domingo y fue liberada el lunes a la 1:13 de la tarde.
“USATF está al tanto de los informes y no está comentando sobre este asunto”, dijo USA Track and Field en un comunicado.
El agente de Richardson no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios por correo electrónico.
El informe policial indicó que un oficial fue notificado por un supervisor de la Administración de Seguridad en el Transporte sobre un disturbio entre Richardson y su novio, el velocista Christian Coleman.
El oficial revisó las imágenes de las cámaras y observó a Richardson extender su brazo izquierdo, agarrar la mochila de Coleman y tirarla. Luego, Richardson pareció interponerse en el camino de Coleman mientras él intentaba rodearla. Coleman fue empujado contra una pared.
El informe añadió que Richardson pareció lanzar un objeto a Coleman, que la TSA indicó que podrían haber sido auriculares.
“Me informaron que Coleman no quería participar más en la investigación y se negó a ser una víctima”, escribió el oficial en el informe policial.
Richardson ganó los 100 metros en los campeonatos mundiales de 2023 en Budapest y terminó con la plata en los Juegos de París el verano pasado. También ayudó al relevo 4×100 a obtener una medalla de oro olímpica.
En 2021 tuvo un resultado positivo por marihuana en las pruebas olímpicas de Estados Unidos y no compitió en los Juegos Olímpicos de Tokio.
«Tengo la sensación de ir un poco de novatillo», avanza Eusebio Cáceres (Onil, 1991) en los preámbulos de una entrevista en la que él mismo entra en materia antes incluso de empezar: «Es que he descubierto la técnica que me está ayudando a saltar otra vez. No hace ni un mes. Hace nada estaba saltando 7,60 metros...».
Con 34 años cumplidos, en Torun será la 27ª internacionalidad del Saltamontes de Onil. Aquel apodo que bautizó a un chico que era un filón, una promesa como no se recordaba, subcampeón mundial juvenil. Un atleta que enredó en su propio laberinto, estancado por dolencias y lesiones, en marcas que en vez de avanzar, retrocedían. Vueltas por lugares de entrenamiento, por los mejores técnicos -desde hace unos meses está con el gurú Iván Pedroso- y quizá ya nadie esperaba a Eusebio. Que siguió persiguiendo el salto de una vida, tantas veces a centímetros de la gloria (cuarto en unos Juegos y en un Mundial).
Y, de repente, hace unos días, un 8,19 para proclamarse, por octava vez, campeón de España indoor. Nunca había saltado tanto bajo techo, su mejor marca global desde 2019. Un penúltimo baile que merece una explicación antes de acudir a Torun con una mezcla de prudencia por el poco tiempo que lleva con los cambios técnicos y la ambición que siempre le caracterizó. «He estado muchísimo tiempo sin saber saltar, me pegaba con el foso», resume.
Pregunta. Cuente, ¿qué es eso que ha encontrado?
Respuesta. He estado con entrenadores muy buenos. Y todos tienen su método, pero al final se parece todo mucho técnicamente. La sensación es que todos coincidían y que el problema no era de la técnica en sí, sino mío, un problema natural, por decirlo así, de una lesión que tengo en la espalda, un poco torcida. Y tengo que hacer una alineación, forzarlo muchísimo. Algo que me resulta muy incómodo, una retroversión antinatural.
Cáceres, en el podio del Campeonato de España de atletismo.RFEA
P. ¿Y cómo lo descubrió?
R. A base de introspección. Viendo vídeos del pasado. Recordando las sensaciones que he tenido durante toda mi vida, de saltos que no he chocado, de momentos en los que he visto que el salto salía y sin embargo se perdía la velocidad. También ha sido un poco de prueba y error. Al final he conseguido esa posición donde aprovecho toda la velocidad, ese salto que ha estado durmiendo tanto tiempo. He dado con la tecla.
P. ¿Siente que ha vuelto a sus inicios?
R. Sí y no. Porque esa naturalidad que tenía antes se perdió por la lesión y ahora lo estoy forzando muchísimo. Una lesión que está en la conexión de la espalda a la cadera, se llama espondilolistesis. En su momento me dijeron que estaba a un nivel como para dejar el deporte. Pero yo siempre me he sentido bien en el momento en el que estoy fuerte.
P. ¿Cómo asimiló ese saltó de 8,19 en el Campeonato de España?
R. Me ha dado cierta tranquilidad. Siempre he sido muy pesado, siempre he pensado que era capaz de hacer saltos buenos. Yo sabía que tenía que haber alguna manera de recuperar las sensaciones.
P. ¿Llegó a desesperar?
R. Ha habido momentos de todo. No voy a decir que ha sido fácil, todo lo contrario. Tampoco voy a decir que ahora porque me esté saliendo haya valido la pena. Hubo muchos momentos muy malos, muy buenos y hay que tirar para adelante con todo. En mi caso, yo no hago esto simplemente por ambición, sino porque me gusta, me encanta competir, me encanta darlo todo, me encanta entrenar.
Eusebio Cáceres.EFE
P. ¿Siente que la gente dudó?
R. Que la gente tenga dudas y demás es algo lógico. Es decir, nadie está tanto tiempo, ni siquiera uno mismo, aguantando, pensando que es capaz de volver a tener una sensación que tenía hace 12 o 13 años.
P. Ocho años después vuelve a un Mundial indoor. ¿Qué espera de Torun?
R. El nivel está muy alto. Tentoglou ha saltado 8,50 en varios Mundiales. El búlgaro [Saraboyukov] ha hecho 45, el italiano [Furlani], 40. Ahí van a estar las medallas. Yo estoy entrenando de esta manera un mes, queda mucho por pulir. Es una manera de correr y saltar muy forzada. Todo esto es lo que tengo que decir, pero te puedes imaginar lo que pasar por mi cabeza. Es una final directa y voy a por todas.
P. ¿Se acostumbró a que le mencionen siempre eso de los cuartos puestos?
R. [Ríe] Es normal. Si he quedado cuarto es porque los demás fueron mejores, por un centímetro o por 20.
P. ¿Con el paso de los años, cambió mucho sus rutinas?
R. Sí y no. Tengo simplemente más conocimientos, pero la idea y la ambición es prácticamente la misma. Me siento igual que con 20 años, igual de tontico, de querer ir a por todas.
Cientos de personas despidieron este sábado a la atleta ugandesa Rebecca Cheptegei, que murió el pasado día 5 en Kenia después de que su ex novio, presuntamente, le prendiera fuego, en un funeral con honores militares oficiado en Uganda.
El sepelio de Cheptegei, de 33 años y sargenta del Ejército de Uganda, se ofició en el distrito de Bukwo (este), hogar de sus ancestros en el este de Uganda, cerca de la frontera con Kenia.
Soldados portaron el féretro de la deportista, cubierto con la bandera ugandesa, colocado bajo una carpa junto a su foto y dos coronas de flores.
Entre otras autoridades estuvieron presentes el ministro keniano de Deportes, Onesimus Kipchumba Murkomen, y el viceministro ugandés del ramo, Peter Ogwang.
"Su muerte, que sacudió no sólo a Uganda y a la comunidad atlética sino a toda la región de África oriental, debería sacudir nuestra conciencia para hacer más para poner fin a la violencia de género en el deporte, y lo haremos", afirmó Murkomen.
También asistieron deportistas como el ugandés Joshua Cheptegei, campeón olímpico de 10.000 metros en los pasados Juegos de París, donde la difunta participó en la prueba de maratón, en la que acabó en el cuadragésimo cuarto puesto.
El atleta lució un polo negro en el que se veía una fotografía de Rebecca Cheptegei y el mensaje "Di no a la violencia de género".
Acudieron igualmente dirigentes de la Federación de Atletismo de Uganda, que donó a la familia de la maratoniana 10.259.000 chelines ugandeses (cerca de 2.500 euros).
La atleta recibió sepultura después de que el presunto autor de su muerte, el keniano Dickson Ndiema Maranganch, muriera este lunes en el hospital de Eldoret (oeste de Kenia) en el que estaba ingresado desde la semana pasada tras, presuntamente, quemar viva a la maratoniana y sufrir él mismo graves quemaduras.
Maranganch, con quien Cheptegei mantuvo una relación sentimental y del que llevaba tiempo distanciada, falleció en el mismo lugar en el que murió la deportista, el Hospital Universitario y de Referencia Moi de Eldoret, meca del atletismo en el este de África.
Según las investigaciones preliminares de la Policía, Maranganch, que estaba internado en la unidad de cuidados intensivos (UCI), roció a Cheptegei con cinco litros de gasolina y le prendió fuego tras una disputa en la casa de la deportista en el condado de Trans-Nzoia, en el oeste de Kenia.
Al parecer, entró en la casa el domingo, 1 de septiembre, cuando la atleta estaba con sus dos hijos -fruto del matrimonio con otro hombre- en la iglesia y la atacó a su regreso.
Cheptegei sufrió quemaduras en el 80% de su cuerpo que afectaron sus órganos vitales y Maranganch en el 30%, según el hospital.
De acuerdo con su familia, este es un caso de violencia machista que podría haberse evitado si la Policía hubiera actuado a tiempo contra el presunto maltratador de la deportista.
Falta de apoyo gubernamental
"Las agencias gubernamentales nos han fallado porque informamos con suficiente antelación sobre su seguridad, ya que este hombre solía seguirla incluso hasta Uganda, pero no actuaron con rapidez. Era evidente que su vida estaba en peligro", aseguró el padre de la corredora, Joseph Cheptegei.
La última denuncia la habían puesto apenas dos días antes del presunto ataque de Maranganch, dijo el padre.
Según la familia, Rebecca Chepetgei y su antigua pareja sentimental habían discutido en el pasado en relación con la propiedad de la casa de Trans-Nzoia, de la que Maranganch había intentado expulsar a la corredora.
Su muerte causó una gran consternación y provocó manifestaciones de condena en Kenia y Uganda, especialmente, pero también en el resto del mundo.
Al menos otras dos atletas, Agnes Tirop y Damaris Mutua, han perdido la vida en incidentes de violencia machista en Kenia desde 2021.