La pareja de aficionados del Valencia retenida en Singapur está investigada por participar en una reunión pública y colabora en la misma con las autoridades, según aseguraron este miércoles ‘The Straits Times’, una de las cabeceras de referencia de la ciudad-estado asiática, y otros medios.
La información de este periódico expone que la investigación se centra en un presunto delito de participación en una reunión pública, que se explica como una reunión o manifestación sin aviso previo ni permiso para demostrar apoyo u oposición a opiniones o acciones de un tercero o dar publicidad a una campaña, y cita la ‘Public Order Act 2009’, el código por el que está siendo investigada la pareja, que habría podido atentar contra el apartado 2 del artículo 16.
Según la versión en línea de la página del Gobierno de Singapur respecto a la ‘Public Order Act’, actualizada al 9 de octubre de este mismo año, esta ley recoge que la mayor pena con la que podrían contar los españoles sería de 3.000 dólares singapurenses.
Así, esta ley recalca que se multará a “cada persona” que participe en una reunión pública o manifestación (“public assembly or public procession”) en caso de que se hubiera permitido dicha reunión o en el caso de que esta manifestación se realizara en una hora, día o lugar que difiriera respecto a la convocada.
Asimismo, la multa de 3.000 dólares podría ser de hasta 5.000, según recoge la ley, en caso de que una persona culpable reincida en este tipo de manifestación, que, según la normal, necesita de un permiso específico en el momento en el que dos o más personas circulen “para demostrar apoyo u oposición a las opiniones o acciones de cualquier persona, grupo de personas o cualquier gobierno” o “para dar publicidad a una causa o campaña”, caso que sería el de la pareja española.
Este mismo miércoles, la familia de los dos aficionados del Valencia retenidos en Singapur tras protestar contra la gestión en el Valencia CF del empresario local Peter Lim como máximo accionista del Valencia había pedido “discreción” para poder resolver su situación cuanto antes y con las menores consecuencias posibles.
Se trata de una pareja que tras casarse el pasado 28 de septiembre en Valencia viajó unos días después a Singapur. Desde este país, Dani C. colgó una serie de fotos y mensajes en las redes sociales en lugares emblemáticos y frente a una propiedad de Lim con una bandera con el lema ‘Lim Out’, con el que buena parte de la afición del club protesta contra la gestión del inversor desde hace años.
Además, también colgó un video en el que se ve cómo pega una pequeña pegatina en una puerta que, al parecer, es también de una propiedad del empresario, una acción que parece que ha sido la que ha desencadenado una investigación policial.
Cuando el pasado viernes ambos iban a abandonar Singapur con destino a Bali, fueron instados a regresar a su hotel, donde la Policía le retiró el pasaporte. Desde entonces, están en contacto con la Embajada de España en este país y a la espera de que se resuelva la investigación abierta, un tiempo en el que pueden moverse por el país pero no abandonarlo.
El día después de pasar a cuartos de final, España se despertó en Colonia, la ciudad del partido contra Georgia. Como siempre, viajó en avión hasta Stuttgart y llegó a su hotel de concentración, en Donaueschingen, para comer. Después, entrenó por la tarde, aunque sólo salieron al campo los suplentes el domingo. La rutina no cambia para el equipo. Lo que cambia, y mucho, es la percepción que de ellos tienen los rivales. Y el próximo es ni más ni menos que el anfitrión. Alemania, sus periódicos y televisiones, ponían ayer el foco, cómo no, en los dos chavales que marcan esta Eurocopa. Nico Willi
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Según algunos tratadistas, el origen del fútbol estaría en China, donde ya hace 2.300 años se practicaba un juego llamado Cuju, de 'Cu', patada, y 'Ju', balón de cuero. Servía para tener en forma a las tropas y derivó en dos modalidades: una de pura habilidad, otra con una portería en el centro del campo, una red sostenida por dos cañas en la que podían anotar los dos equipos indistintamente. Dando crédito a esa afirmación, se hace aún más extraño que China, con su descomunal demografía, no haya participado hasta ahora más que en un Mundial. Y no es que viva de espaldas al deporte por considerarlo algo occidental y ajeno (la prueba está en los Juegos Olímpicos). Ya los organizó en su propio suelo en 2008, y en los últimos, París 2024, obtuvo 40 oros, 27 platas y 24 bronces y quedó segunda, empatada en oros con Estados Unidos, que solo la superó en platas y bronces, 44 y 42 respectivamente.
Para saber más
China tiene selección desde 1913, cuando se estrenó con una derrota por 2-1 ante Filipinas en los llamados Juegos del Lejano Oriente. Entonces era todavía la República de China, no la República Popular China, su nombre oficial a partir del triunfo de Mao en 1949. Antes nunca se inscribió en el Mundial, aunque sí en el torneo de fútbol de los JJ. OO. Berlín 1936, donde cayó a la primera ante Gran Bretaña, y después tampoco lo hizo hasta 1981. Incluso estuvo desafiliada de la FIFA entre 1958 y 1979, porque esta mantenía a Taiwán con el nombre de República de China.
Solo cuando Taiwán pasó a ser inscrita como China Taipéi se afilió la República Popular China, para nosotros China a secas. Consciente del auge del fútbol y su importancia en las relaciones internacionales, se inscribió para España 1982 y la verdad es que estuvo cerca de clasificarse. Tras pasar muchos filtros llegó a la liguilla final asiaoceánica de cuatro, con Kuwait, Nueva Zelanda y Arabia Saudí, que daba dos puestos. Ganó Kuwait, China y Nueva Zelanda quedaron empatadas en el segundo puesto y se enfrentaron a partido único en Singapur, donde ganó Nueva Zelanda 2-1. No fue un mal principio, pero luego China rebotó sucesivamente en su intención de clasificarse para México 1986, Italia 1990, Estados Unidos 1994 y Francia 1998.
Pero existía el empeño de subirse al tren del fútbol y en 1994 se creó una liga profesional (lo anterior era un campeonato de empresas), llamada Jia A. Y lograría por fin clasificarse para el Mundial de 2002, el primero celebrado en Asia y también el primero en ser compartido por dos países, Corea y Japón. Aparte de las organizadoras, clasificadas de oficio, Asia dispuso de otras dos plazas.
Un trotamundos
La clasificación llegó de la mano de Bora Milutinovic, un yugoslavo trotamundos, único seleccionador hasta la fecha que ha dirigido a cinco selecciones en otros tantos Mundiales consecutivos, de las que China sería justamente la quinta. Fue jugador del Partizán, como sus hermanos Milo, una leyenda, y Milorad. Bora era un buen medio, con físico y buen sentido. Mandaba, organizaba, tenía madera de entrenador. Como no le daba para ser internacional, le dejaron salir al exterior con 22 años y eso le permitió recorrer mundo desde pronto: Winterthur, Mónaco, Niza, Rouen y finalmente la UNAM de México, los célebres Pumas. Allí mismo empezó a entrenar, pasó por el San Lorenzo y el Udinese, regresó a México, donde fue encargado de la selección para México 1986. Preparó un equipo competente y movilizó en el país un optimismo patriótico. Salvó la fase de grupos ganando a Bélgica e Irak y empatando con Paraguay; luego eliminó a Bulgaria en octavos y cayó en cuartos ante Alemania, por penaltis, lo que vino a ser una derrota sin reproche. Se hizo popular en todo el mundo por su jovialidad locuaz en cualquier idioma al que fuera desafiado.
A Italia 1990 acudió al frente de Costa Rica. También superó la fase de grupos derrotando a Escocia y Suecia y perdiendo ante Brasil, y aunque perdió en octavos ante Checoslovaquia, había elevado el listón histórico de Costa Rica. Así que no fue raro que para Estados Unidos 1994 se le encargara la selección de las barras y estrellas por recomendación directa de Beckenbauer a Kissinger. Montó un buen equipo casi de la nada tras una concentración de meses en Mission Viejo por la que circularon 60 jugadores. También pasó el grupo, empatando con Suiza, ganando a Colombia y perdiendo con Rumanía, y cayó en octavos honorablemente ante Brasil, 1-0. Un papel muy digno. El siguiente paso fue Nigeria en Francia 1998, con la que también salvó el grupo ganando a España (¿recuerdan el fatídico error de Zubizarreta?) y a Bulgaria, y perdiendo contra Paraguay. En octavos la eliminó Dinamarca.
Un gran especialista en la Copa del Mundo, en suma, al que con toda lógica e ilusión contrató China con vistas a Corea y Japón 2002. La clasificación tuvo dos fases: primero diez grupos de cuatro, luego dos de cinco con los diez campeones. En la primera se quitó de delante a Indonesia, Maldivas y Camboya con seis victorias y un agregado de 25-3. En la segunda sobrevivió a Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán, Qatar y Omán con seis victorias, un empate, una derrota y 13-2 como marcador agregado. La clasificación matemática el día que batieron a Omán desató manifestaciones de euforia en las calles. Aquello equivalía a romper el aislamiento de siglos y comparecer en el escenario internacional. Milutinovic fue elevado a héroe y los responsables de la Televisión Nacional enviaron un grupo de periodistas y realizadores a visitar Inglaterra, Alemania, Italia y España para estudiar las transmisiones. Incorporaron la pareja narrador-comentarista y la práctica de introducir gráficos y datos estadísticos.
El seleccionador en aquel Mundial, Milutinovic.GETTY
China llegó al campeonato nimbada de un aura de misterio y como vaga promesa de equipo revelación, pero fue un desastre: tres partidos (Costa Rica, 2-0; Brasil, 4-0; y Turquía, 3-0), cero goles a favor, nueve en contra. Solo Arabia Saudí quedó peor. Pasados los años, conocí a Milutinovic en Qatar, donde estaba como asesor para el Mundial. Me comentó que China daba, y sigue dando, jugadores técnica y físicamente buenos, pero carentes de iniciativa personal.
Al menos aquella presencia mundialista dejó un fruto: la Jia A mutó en Superliga, con 16 equipos en lugar de 12, una segunda división llamada League One, mejores estadios y la contratación de técnicos y jugadores extranjeros. Pero la selección no prosperó. Arie Haan fracasó en el intento de llevarla a Alemania 2006; para Sudáfrica 2010 se intentó con el yugoslavo Vladimir Petrovic y en 2011 contrataron a José Antonio Camacho, pero tampoco se consiguió el acceso a Brasil 2014. A Camacho le asombraba la falta de picardía y nervio de sus jugadores: «Empezaba los partidillos con un balón a tierra y lo dejaban botar tres veces antes de meter el pie». El periodista Javier Matallanas, que viajó allí, escuchó de uno del equipo del seleccionador la teoría del «hijo único», restricción que China mantuvo desde 1979 hasta 2015 como medida de control demográfico. El auxiliar de Camacho relacionaba esa crianza como hijo único con la falta de competitividad y sentido de la colaboración que detectaba en sus jugadores. Matallanas lo escribió en España, el informe llegó a China y Camacho se vio en apuros ante preguntas de la prensa, molesta por ese asunto, que no había salido de él.
En 2013 accedió al poder Xi Jinping, que apostó muy fuerte por el fútbol con un proyecto a largo plazo para ganar el Mundial de 2050 y con la intención de organizar alguno antes. Hizo del fútbol asignatura obligatoria en los colegios, multiplicó el número de academias con el objetivo de llegar a 50.000 y 50 millones de fichas, animó a las familias pudientes a pagar becas a sus hijos en países donde pudieran adiestrarse en fútbol y dio un nuevo impulso a la Superliga, que se convirtió en una especie de nuevo El Dorado por el que desfilaron grandes figuras, aunque muchos en el tramo final de su carrera, un poco al modo de lo que ahora ocurre en Arabia. Allí fueron Óscar, Tévez, Hulk, Witsel, Jackson Martínez, Lavezzi, Carrasco, Drogba, Anelka... El plan tenía características peculiares: no se podía importar porteros y por cada extranjero en el once tenía que haber un sub'23 local. Se produjo un gran boom, pero la burbuja pinchó por gastos excesivos y corrupción económica y deportiva. Símbolo del derrumbe fue el hundimiento de la superconstructora Evergrande, propietaria del campeonísimo Guangzhou, ocho veces campeón de la Superliga, que llegó a tener 30.000 jugadores en su academia. Hoy simplemente no existe.
José Antonio Camacho, como seleccionador chino en 2012.EFE
Mientras, pasaron por la picadora de seleccionadores los italianos Fabio Cannavaro y Marcelo Lippi, este tras rehusar Gregorio Manzano, al que se lo ofrecieron cuando llevaban un empate y cinco derrotas en la clasificación a Rusia 2018. Para el Mundial por venir contrataron a otro yugoslavo trotamundos, Branko Ivankovic, que metió a Irán en Alemania 2006 y ganó la Superliga con el Shandong Luneng. Ivankovic sucedía a Li Tie, exjugador legendario, mundialista de 2002 y que llegó incluso al Everton, aunque apenas jugó. Después de fracasar en el asalto a Qatar 2022 fue condenado a 20 años de cárcel porque se supo que había comprado el cargo por 300.000 dólares al secretario de la Federación, también encarcelado.
En el nuevo y por ahora último asalto, China salvó una fase de nueve grupos de cuatro equipos, pero en la siguiente, tres grupos de seis, quedó eliminada tras ser quinta (los dos primeros iban al Mundial, los dos siguientes a una repesca), solo por delante de Baréin, y tras Japón, Australia, Arabia Saudí e Indonesia, con tres victorias y siete derrotas, y un -13 en el marcador agregado. Sufrió un lacerante 7-0 ante Japón. El día de la derrota decisiva ante Indonesia, que llevaba 30 años sin ganar a China, se levantó una ola de indignación colectiva. «A mayores expectativas, mayor decepción», escribió el analista Sha Yuansen en The Paper. Dado que a este Mundial van 48 equipos (ocho asiáticos más otra posible plaza en repesca), se esperaba que esta vez, sí. La red social Weibo, que cubre allí la función de X, bloqueada, tuvo 130 millones de visualizaciones en su etiqueta 'La selección queda fuera del Mundial 2026', con duros comentarios y recuento de todas las falencias del fútbol chino, que alcanzaban a jugadores, seleccionadores, estructura, dirigentes y, sobre todo, corrupción. La mayoría abogaba por no intentarlo más.
Ahora se ha nombrado seleccionador a Shao Jiayi, compañero del encarcelado Li Tie en Corea y Japón 2002, y que llegó a jugar con discreto éxito en Alemania. Por la razón que sea, China no da jugadores de la categoría de los japoneses o coreanos. Y, para hacer el misterio más insondable, las chicas sí son habituales del Mundial: han estado presentes 10 veces y fueron subcampeonas en Estados Unidos 1999.
La keniana Ruth Chepngetich firmó este domingo un nuevo récord del mundo femenino en el Maratón de Chicago, en el que se coronó campeona por tercera vez en su carrera con una marca de dos horas, nueve minutos y 55 segundos.
Chepngetich, de 30 años, dominó el Maratón de principio a fin y rebajó el registro de la etíope Tigst Assefa (2h.11.53) logrado en Berlín en 2023.
En categoría masculina, el keniano John Korir triunfó con un tiempo de 2h.02.42.
Fue un día glorioso para el atletismo de Kenia, que firmó un doblete en Chicago, donde el año pasado Kelvin Kiptum estableció el récord del mundo masculino: dos horas y 35 segundos.
Chepngetich dedicó su victoria y su récord a Kiptum al acabar la prueba. Ahora, tanto el récord de maratón en categoría masculina como femenina se establecieron por las calles de Chicago.
La atleta keniana reconocía el pasado viernes a EFE que llegaba con gran confianza a Chicago, al asegurar que "nunca" había tenido "mejor preparación" para esta prueba.
En 2022, cuando firmó su doblete, se quedó a catorce segundos del récord mundial y este domingo dio un paso más con un magistral monólogo por las calles de la Ciudad del Viento.
"Regreso por cuarta vez, así que ya conozco muy bien el recorrido. Antes de la carrera te da un poco de tensión, pero todo se va cuando empiezas a correr", decía Chepngetich a EFE.
Y la atleta keniana comenzó con un estilo elegante y un ritmo asombroso que, en los primeros 20 minutos, bastaría para cerrar la prueba en dos horas y siete minutos.
Corrió pegada a las liebres y a los 30 kilómetros lucía casi dos minutos de ventaja sobre el grupo de sus primeras perseguidoras.
Mantuvo un ritmo impecable, con aparente facilidad y gran concentración, y siguió apretando hasta el final. Encaró la única subida real de este maratón en la calle Roosevelt, a pocos metros de la línea de meta, y llegó al parque Grant en solitario.
Levantó las manos al cielo y por primera vez paró el cronómetro antes de la barrera de las dos horas y diez minutos. Nada más terminar, recibió una bandera de Kenia y siguió corriendo para ir a celebrar su éxito junto a los miles de aficionados presentes en la zona de la meta.
Korir
En categoría masculina, como se esperaba, nadie pudo acercarse a las dos horas y 35 segundos de Kelvin Kiptum, que el año pasado escribió en Chicago una página para la historia del atletismo mundial.
Su memoria fue honrada este fin de semana por la organización y muchos corredores manifestaron su dolor por el trágico fallecimiento del keniano.
Korir dominó la prueba y pisó el acelerador a los 33 kilómetros para tomar una ventaja de cerca de 90 segundos sobre Amos Kipruto. La defendió con autoridad hasta el final y paró el cronómetro en 2h.02.42.
El Maratón se abrió a las 07.21 h. con la salida de la prueba en silla de ruedas, en la que el suizo Marcel Hug encadenó su tercer título consecutivo en Chicago.
En categoría de silla de ruedas femenina también triunfó una deportista suiza, Catherine DeBrunner, quien firmó su segunda victoria consecutiva en la Ciudad del Viento después de llevarse cinco medallas de oro en los Juegos Paralímpicos.
Su marca, de 1h.36.12, es un nuevo récord en Chicago.