Jon Rahm tiene otra cita este domingo con la historia. Tras su ronda de -3, el español miraba incrédulo en la zona de prensa las pantallas con la clasificación, intentando descubrir nombres de jugadores que ni sospechaba que tendrían una opción de victoria. No se recuerda un final de major tan apretado como el que se vivirá el domingo en Filadelfia.
El jugador de Barrika tendrá la opción de conseguir el último reto que al golf profesional masculino le ha sido esquivo, el PGA Championship, único major sin un nombre español grabado en su peana. Sería el undécimo grande y el tercero de ‘Rahmbo’, el primer campeonato de la PGA para el golf español. Sergio García estuvo cerca en dos ocasiones, pero Tiger Woods y Pedraig Harrignton evitaron que llegara a concretarse.
Rahm (-4) culminó la tercera jornada con 67 golpes. Pese a que en el 18 cometió el único tripateo de toda la semana, (al español se le escapó un putt final de un metro). Incluso con error, terminó empatado en el liderato, hasta que llegó el sólido final de Alex Smalley (-6), profesional norteamericano sin ninguna victoria profesional en su palmarés, que saldrá el domingo con dos golpes de ventaja. La presión será enorme para el neoyorquino de 29 años, nunca ha sido líder a falta de 18 hoyos en un torneo. Sus méritos profesionales se limitan a 11 veces metido en el top-5 de un evento del PGA Tour, pero nunca resistió la presión para darse una opción real de victoria. Mañana la tendrá por primera vez y podrá inspirarse en un torneo que en el pasado ha dado ganadores sorprendentes como John Daly, Shaun Micheel, Y.A Yang o Rich Beem, todos ellos lograron ganarlo sin estar entre los 100 mejores jugadores del mundo. Smalley es el numero 78.
Rahm comanda en la segunda posición un grupo con -4 de hasta cinco jugadores. El alemán Matti Schmid, el canadiense Nick Taylor, el inglés Aaron Rai y el sueco Ludvig Åberg.
Con -3 y a tres golpes del líder, saldrán Rory McIlroy, que volvió a meterse en el torneo gracias a 66 golpes, Patrick Reed, Maverick McNealy o Xander Schauffele. En definitiva, hay 22 jugadores que saldrán con una diferencia de solo 4 golpes, 30 jugadores están a cinco impactos; son las diferencias más estrechas en los 108 años de historia del PGA Championship.
La tercera jornada fue la más benévola. La PGA de América decidió dulcificar las posiciones de bandera del sábado, lo que aumentó considerablemente los resultados bajo par, aunque la jornada dejó claro que en Aronimik cada birdie se suda.
Quizás no haya dicho su última palabra el otro español superviviente, David Puig, que firmó una ronda sobre par de 71 golpes. Un eagle en el hoyo 16, rompió por completo la inercia negativa y le dejó con un resultado global de -1, a cinco de la cabeza del torneo, con nada que perder y mucho que ganar. Si hay algo que le gusta al jugador catalán es jugar agresivo. David Puig volverá a estar acompañado el domingo por Scottie Scheffler, número uno del mundo, a partir de las 18:05 de la tarde en España.
Jon arrancó con birdie la jornada con un meritorio putt de algo más de siete metros. En el par 3 del hoyo 5 embocaría otro desde unos 10. Sin cometer errores, aprovecharía el primero de los pares 5, hoyo 9, para restar el tercer golpe del día. Tras fallar la salida del 11 y cometer bogey, aprovechó un buen hierro en el par 3 del hoyo 14 para lograr un nuevo birdie y restó de nuevo en el segundo y último par 5, hoyo 16. La pena fue el epílogo con el error en el 18. Ese golpe le privó de un puesto en el partido estelar; saldrá justo por delante a las 20:25, hora peninsular española, junto al canadiense Nick Taylor. La mejoría en el juego del español fue notable, sobre todo desde el tee de salida, clave para poder fabricarse mejores opciones de birdie.
Terminó Rahm encantado con su juego, con la preparación del campo de Aronimink y con la posibilidad de hacer historia para el golf español. “Hay muchas cosas que serían importantes”, relataba al referirse con los periodistas a una posible victoria. “Lo que significaría para España en cuanto a títulos del Grand Slam, siendo el único que falta…”. Y si hay algo que gusta al golfista de Barrika es cumplir retos y hacer historia
"Toda mi familia está orgullosa de mí y me apoya en todas mis decisiones. Mi abuelo está contento de que esté en Argelia". Luca Zidane (27 años) se encuentra feliz de jugar en la Copa de África, cita en la que figura como uno de los principales reclamos mediáticos, y de ser una de las piezas valiosas de una seleccción llamada a ejercer un papel protagonista en el campeonato que se celebra en Marruecos.
El hijo menor de uno de los futbolistas más brillantes de la historia de Francia e ídolo del madridismo, se estrenó el pasado miércoles en el torneo como titular. Su estreno fue notable y sus intervenciones propiciaron la victoria de Argelia por 3-0 ante Sudán, con dos goles de Riyad Mahrez y uno de Ibrahim Maza. Zinedine Zidane estuvo en el palco viendo el partido. Hoy (18.30 horas), la formación magrebí se jugará la primera plaza del grupo E ante Burkina Faso, que ganó 2-1 a Guinea Ecuatorial.
Luca Zidane es portero desde niño, cuando su padre y su hermano mayor, Enzo, lo colocaban en esa posición durante los partidos de fútbol en familia. Se formó en la cantera del Real Madrid , pudo elegir entre España y Francia, pero prefirió Argelia, el país de origen de sus abuelos paternos. El pasado 19 de septiembre, la FIFA hizo oficial su cambio de nacionalidad deportiva.
El portero del Granada (esta temporada ha disputado 14 encuentros y encajado 18 goles ) ha conseguido la titularidad de Argelia un par de meses después de incorpararse a la selección para disputar los partidos de clasificación para el Mundial de 2026, contra Somalia y Uganda. El técnico, el bosnio Vladimir Petkovic, confió en él tras a lesión de Alexis Guendouz, titular desde 2023, que milita en el Mouloudia de Argel.
El hijo del ex internacional galo compite ahora con Anthony Mandréa, portero del Caen, un club de la tercera división de Francia, y con Oussama Benbot, arquero del USM Alger.
En las últimas semanas, los responsables de la selección argelina han protegido al portero del Granada del revuelo que rodea su estatus y, sobre todo, su apellido. "Luca es como todo el mundo, como todos los jugadores. Se ha integrado bien. Es nuevo con nosotros, no se complica la vida, intenta darlo todo por el equipo. Y no creo que preste mucha atención al ruido mediático... Bueno, es cierto que su nombre es una carga pesada", aseguró el capitán Riyad Mahrez, estrella de la selección, bigoleador y decisivo en el estreno contra Sudán.
Luca Zidane apenas se ha expuesto ante la prensa. Durante la primera concentración en el pasado octubre dijo: "Estoy muy contento de estar aquí. Es un orgullo para mí y lo daré todo al 100 % para que el pueblo argelino se sienta orgulloso", informa Afp. Ahora, Luca peleará por la conquista de la Copa África, un título que Argelia ya logró en 2019.
«En ese momento la aparición de un pibe en el seleccionado brasileño no era para mí nada especial. Además, entró en el segundo tiempo. Recién al final me enteré de su nombre. Le decían Pelé. La historia de esa Copa Roca fue la acostumbrada para las selecciones argentinas. El equipo que ganó el Sudamericano de Lima en abril de 1957 fue liquidado con las ventas al exterior de Rogelio Domínguez, Maschio, Angelillo y Sívori. Por eso en julio ya se armó otro cuadro con gente nueva. De todos modos, este fue el primer partido y lo sacamos bien. Argentina aguantó atrás y un rato antes de terminar el primer tiempo ya ganábamos 1-0 con gol de Labruna. Ellos no podían llegar y en el segundo seguimos igual. Parecía que terminaba así. Pelé no tocó ninguna pelota. Pero en esta jugada se escapó uno de ellos y le pegó muy fuerte. Yo tuve que tirarme y no alcancé a retenerla. Ahí apareció Pelé, antes de que pudieran taparle. Todo fue muy veloz y la definió bien tocando con derecha. Por suerte, a los dos minutos el Gitano Juárez marcó un golazo y terminamos ganando dos a uno. Ahora que veo la foto y me voy dando cuenta de lo que significó ese negrito en el fútbol mundial, me asombro. ¡Pensar que ese pibe era Pelé...!»
Así describió el mítico Amadeo Tarzán Carrizo el debut de Pelé con Brasil, todavía con dieciséis años, el 7 de julio de 1957. En menos de un año, el 29 de junio de 1958, aquel chiquillo, ya con diecisiete, se proclama campeón del mundo en Suecia y regresaba a su país con seis goles en cuatro partidos. Su éxito lo saludaba así Nelson Rodrigues en su seguidísima columna semanal en Última Hora: «(...) Pelé, un menor de edad total, un menor en toda regla, que no puede entrar a ver una película de Brigitte Bardot. Para recibir el sueldo, para recibir los billetes con que le pagan, su padre tiene que actuar en su nombre. Pues bien, Pelé asombró al mundo. No se limitó a marcar goles, trató de adornarlos, de darles el mayor lustre posible (...)».
Un año de la nada a la gloria, que no sería como en tantos casos transitoria, sino imperecedera. Aquel chico se llamaba Edson Arantes do Nascimento y era hijo de João Ramos do Nascimento, ex futbolista con el apodo de Dondinho al que una lesión de rodilla despeñó del Fluminense al humildísimo Baquinho, de Três Corações, y Celeste Arantes, que detestaba ese deporte que dejó lisiado y sin oficio ni beneficio a su marido. La familia salía adelante con dificultades; el pequeño Edson contribuía voceando periódicos y lustrando zapatos para aportar unas monedas.
Cuentan los historiadores de Pelé que Dondinho lloró desesperado junto a la radio cuando Brasil perdió la final del Maracanazo. Sufrió aquella derrota como si le hubieran arrancado la piel. Si Brasil hubiera ganado esa final al menos podría pensar el resto de su vida que un trocito de esa gloria le pertenecía, pero no se le dio. Junto a él estaba su pequeño Edson, de nueve años que, impresionado por las lágrimas de su padre, tuvo un arranque de gallardía: «Papá, no llores. Yo ganaré el Mundial para Brasil y para ti». El tiempo hará verdad esa ingenua promesa. Para ello habrían de unirse varias circunstancias: su genética, un bien urdido complot entre el padre y un ex internacional, la audacia de Vicente Feola y la coincidencia con una gran generación.
El chico jugaba en baldíos, con pelotas de trapo, hasta que llegó al Baquinho, el club aficionado en el que el maltrecho Dondinho arrastró sus últimas rengas carreras. El equipo lo entrenaba como distracción Walter Brito, mundialista en Italia 1934, con buenas relaciones en el mundo del fútbol. A espaldas de la madre, el padre y Walter le consiguieron al chico una prueba en el Santos, donde gustó. De vuelta, doña Celeste puso el grito en el cielo, justo ahora que Edson había entrado en una fábrica de zapatos con dos dólares al día, todo un porvenir. Ella siempre le decía que su obsesión por el fútbol le convertiría en un pelé, un pelado, un pobre (de ahí su apodo, aunque otra versión asegura que de pequeño pronunciaba así el nombre de Bilé, el meta del Baquinho, su primer ídolo, y que le vino de ahí). Pero nada podía frenar la ilusión del chiquillo, respaldada por el aval de un tipo tan acreditado como Walter Brito, así que fichó por el Santos. Allí le prepararon un plan para fortalecerle y con 16 años debutó en un amistoso contra el Corinthians, en el que marcó. De entonces conserva el Santos un telegrama de Porto Alegre pidiendo la cesión de un interior; le ofrecieron al novísimo Pelé y al veterano Pagão, y la respuesta fue: «Pelé desconocido, envíen a Pagão».
Pelé, con el 10, marcando uno de los goles en la final contra Suecia.EFE
Pelé no tardó en brillar en el ambiente paulista y conquistó Río en un torneo entre el Santos, el Flamengo, el São Paulo, Os Belenenses y el Dinamo de Zagreb, donde le hizo tres goles a Os Belenenses y uno a los demás. De seguido llegó el ya comentado debut en la selección, ante Argentina en Maracaná.
Para el Mundial Suecia 1958 se formó un revuelo en Brasil sobre si Pelé sí o Pelé no. Se había alcanzado la clasificación sin él, y delanteros buenos sobraban. Feola tenía que compartir la decisión con un comité técnico que completaban Paulo Carvalho, propietario de Rádio Record y muy impuesto en fútbol, y Hilton Gosling, sicólogo de profesión, que tenían dudas al respecto. Poco antes de salir hacia Europa la selección jugó contra el Corinthians, a cuyo ídolo local, Luizinho, no le habían convocado por su escaso físico (le apodaban Pequeno Polegar, o sea, Pulgarcito) y sin embargo llevaban a ese mocoso llamado Pelé, aún sin rematar en estatura ni en peso. El ambiente cerril favoreció que Ari Clemente, el defensa-matón corinthiano, le sacara del campo por un patadón.
Aún así, Feola le llevó a Suecia con un tratamiento de toallas calientes en la rodilla. No pudo jugar los amistosos previos, y el primer partido, ante Austria, la delantera la formaron Joel, Didi, Mazzola, Dida y Zagallo. Ganó Brasil 3-0, con solvencia. Esperado como un equipo pinturero, inestable y frágil que no contaba en los pronósticos, sorprendió con un orden táctico nuevo: Feola cambió la WM (3-2-2-3), de uso universal, por un 4-2-4 que asentaba la defensa con un cuarto hombre y adelantaba a un interior junto al delantero centro. La media se despoblaba, pero el sabio juego en largo de Didi permitía transiciones rápidas.
El posterior 0-0 ante Inglaterra encendió alarmas. Una derrota en el tercer partido ante la URSS podría dejarles fuera. Así que Feola, apoyado por Nilton Santos, Bellini y Didi, convenció a sus colegas del comité de cambiar la delantera. Joel, que luego pasaría por el Valencia, dejó su plaza a Garrincha, y Mazzola hizo lo propio con Pelé, ya recuperado. Vavá ya había jugado ante Inglaterra por lesión de Dida y se mantuvo. Nacía una delantera legendaria: Garrincha, Didi, Vavá, Pelé y Zagallo. Todo con protestas de Hilton Gosling, que en su informe dijo de Pelé: «Es obviamente infantil. Carece del espíritu de lucha necesario». Y a Garrincha le puso prácticamente de deficiente mental.
Aquella delantera funcionó. Vavá no era un exquisito, pero sí un ariete incordiante, alrededor del cual Pelé flotaba como una mariposa y picaba como una abeja. Garrincha hizo locuras en la banda. Ganó Brasil con dos goles de Vavá, sendos tiros al palo de Pelé y Garrincha e innumerables paradas de Yashin. Contra Gales, en cuartos, volvió Mazzola al eje del ataque, en detrimento de Vavá, pero Pelé y Garrincha se mantuvieron. Hubo nueva exhibición, aunque el gol se retrasó hasta el 65, cuando Pelé recibió una entrega de cabeza de Didi, controló con el pecho, se giró bruscamente desconcertando a su marcador con un breve toque y cuando llegaba a cerrarle otro defensa remató duro junto al palo. Fue a la red, besó el balón y le abrazaron varios compañeros, apelotonados en un rincón de la portería, felices por su éxito y deslumbrados por la maniobra.
Contra Francia en semifinales, regresaría Vavá, a costa de Mazzola, porque su fútbol primario resultaba mejor complemento en el grupo de malabaristas. (Mazzola jugaría luego durante años en Italia con su apellido, Altafini. Lo de Mazzola era el apodo, perdida una 'z', con que se le conoció en Brasil por su origen italiano y su parecido con el gran Valentino Mazzola, fallecido trágicamente).
Pelé, durante un amistoso con Brasil.AP
Francia llegaba con copete de favorita y la pequeña sociedad Kopa-Fontaine en pleno rendimiento, pero se encontró con una exhibición portentosa de todo Brasil y sobre todo de Pelé, que despachó un hat-trick en veinte minutos. El resultado fue 5-2. El mismo marcador se dio en la final, ante los suecos, dos de los cuales, Gren (37 años), y Liedholm (36), duplicaban en edad a Pelé. Cuando este nació, Gren ya era internacional.
Marcó por delante Suecia con gol elegantísimo del milanista Liedholm, dando paso a un continuo ataque de Brasil, que al descanso ya había remontado con dos tantos casi idénticos: desborde de Garrincha, centro raso al borde del área chica y remate de Vavá, uno con cada pie, lo único que los distingue. Antes y después, una lluvia de ocasiones, entre ellas un zurdazo al poste de Pelé, desde fuera del área.
Tras la pausa se reanuda la tormenta de juego, y a los diez llega una jugada mágica que discute de tú a tú con el gol de Maradona a los ingleses en 1986. El lateral Nilton Santos, metido en el campo de Suecia y recostado a la izquierda, envía el balón al área, donde está Pelé, apretado entre dos rivales. Salta con agilidad, contacta el balón con el pecho para hacerlo pasar sobre la cabeza de Börjesson, para de inmediato hacerle un nuevo sombrero, este con el pie, a Gustafsson. Sobre el punto de penalti, mano a mano con el meta Svensson y antes de que el balón toque el suelo remata de empeine, duro y abajo. Una maniobra fugacísima en un metro cuadrado que anonada a tres rivales y eleva el marcador a 1-3, fuera ya del alcance de Suecia. Luego Zagallo marcará el 1-4, y a su gol siguieron los de Simonsson, que más adelante ficharía por el Madrid como pretendido sucesor de Di Stéfano, y finalmente otro de Pelé, casi sobre el pitido final del árbitro, de cabeza, con un golpe de parietal, cruzando al otro palo. Resultado final, 2-5. Pelé llora en los brazos del veterano meta Gilmar, mientras Garrincha, ante la euforia, pregunta si no hay que jugar una segunda ronda contra los mismos. Casi se apena, de tanto como se estaba divirtiendo. Brasil nunca perderá un partido con los dos en el equipo, toda una desautorización para el doctor Hilton Gosling.
¡Brasil Campeão! Ahora podían desempolvar los diarios brasileños el titular que quedó arrumbado en 1950. El niño de Três Corações había cumplido su promesa y el viejo Dondinho lloró esta vez de felicidad. L'Equipe hace una encuesta entre especialistas en la que Pelé sale como el jugador más cotizado del certamen, con una valoración de 100.000 dólares, por delante de Garrincha (90), Kopa, Fontaine y Vavá (80), y Didi (75). Doña Celeste pudo perdonar a su marido y al viejo Walter Brito aquel complot para llevarse al chico de casa.