El estadounidense Gervonta Davis ha retenido su título mundial de peso ligero de la AMB al vencer por nocaut a su compatriota Frank Martin este sábado en Las Vegas.
Frente a Martin, que hasta entonces estaba invicto con 18 victorias en otros tantos combates, Davis utilizó su potencia para dominar a su rival antes de enviarlo a la lona en el octavo asalto.
Tras empujar a Martin contra las cuerdas con una sucesión de golpes, “Tank” utilizó un devastador gancho de izquierda para dejar definitivamente fuera de combate a su compatriota de 29 años en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas.
Con esta victoria, Gervonta Davis, de 29 años, amplía su récord de imbatibilidad a 30 victorias (30-0), 28 de ellas por KO.
La primera vez que se subió a un ring, Andrea Lasheras (Barcelona, 1994), temblaba. «¿Qué hago yo aquí? No vuelvo a hacer esto jamás». Cuando se bajó, la plenitud le recorría: «No lo cambio por nada del mundo». El golpe más fatídico en el boxeo es aquel que no se ve venir. También en la vida. A Andrea, púgil por vocación, estudiante de arquitectura y mosso d'esquadra en el Raval, le aguardaba un gancho de los que tumban a gigantes. Un control rut
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Antonio Barrul habla como boxea, a una velocidad de vértigo. Asesta frases certeras, un poco a la manera de Mohamed Ali. «En el ring soy violento, tengo mucha raza, a mí no me echa para atrás nada ni nadie». Es un súpergallo en plena ascensión, un chico con un objetivo claro, ahí al fondo, ser campeón del mundo. Aunque antes tenga que recorrer un camino que apenas es un esbozo aún. Ya es campeón de España y defenderá en breve su título Iberoamericano, después debe venir Europa y, por fin, «cumplir mi sueño».
Pero Antonio también es un gitano orgulloso de serlo. Más todavía de la labor social que junto a su padre realizan en el 'Club de boxeo fuerte y constante' de su León natal, punto de encuentro de jóvenes que esquivan otros golpes, los de la propia vida. Sabe bien de lo que habla.
Y Antonio, en fin, es también aquel joven que un día se levantó en un cine mientras veía con su mujer y sus hijos Garfield, y que encaró valiente al energúmeno que maltrataba a su pareja. Decidió no mirar a otro lado y sus golpes se hicieron virales, fue denunciado. «Pero lo volvería a hacer mil veces: a la mujer no se la puede tocar», reivindica quien boxeó con guantes morados, compromiso ético contra la violencia hacia las mujeres.
Barrul, junto a su padre Vicente, en un entrenamiento.Peio García/ICAL leónMUNDO
Fue un primero de mayo de hace dos años y lo recuerda como si fuera ayer. Pese al aluvión mediático, no pretende olvidarlo. Porque hubo críticas a su violenta intervención y algunas dolorosas. «Pero gracias a ese suceso que me pasó la gente me conoce. Ahora realmente están viendo la clase de persona que soy, los proyectos que tengo en mi vida. Tengo que dar gracias a ese mal momento. Hoy soy un referente para los jóvenes. A las mujeres hay que tratarlas como princesas, como se merece. A una mujer no se la puede tocar. Si no la quieres, apártate de su vida. Pero no le puedes hacer lo que pasó ese día», protesta.
Pregunta. ¿Lo volverías a hacer?
Respuesta. No es que piense si lo volvería a hacer: todo el mundo tendría que hacerlo. No que sólo se levante una persona. Hay que frenar esa acción.
P. ¿Cómo lo recuerdas?
R. Como era el día del espectador, nos fuimos al cine. Como a los cinco minutos de película, vemos a una pareja discutiendo. Ella se apartó unas butacas más atrás. Pero al rato él se levantó y la empezó a insultar. Se veía su cara agresiva, desencajado. Cogí a mis niños y los aparté, para que no vieran eso. Siguieron los insultos y el revuelo. Vi que él la enganchó por el cuello y la zarandeó en la butaca.
Antonio hace una pausa, como masticando aquella rabia que no se apaga. «Yo me levanté y lo único que le dije es que qué estaba haciendo. Que era un cine, una película para niños, que lo único que tenía que hacer era marcharse. Me vio pequeño, joven y me empezó a increpar, a insultarme, a faltarme al respeto. No le quería hacer daño. Pero todos tenemos un límite. Seguía insultándome, amenazándome, mi mujer llorando. Le dije: ¿Tú crees que es normal lo que le has hecho a tu mujer?'. Avisé para que llamaran a seguridad, pero no venía nadie... Al final le di lo que él me estaba pidiendo. Era su merecido".
La denuncia interpuesta contra él fue archivada por el juzgado. Y Antonio siguió con su vida, que es también un ejemplo. Deportivo y personal. En diciembre, en el Palacio de los Deportes, lleno hasta la bandera, de su León natal, noqueó al colombiano Fran Mendoza en el cuarto asalto para lograr el título Iberoamericano: «Un rival que tenía 20 victorias y una sola derrota. El número seis del mundo. Le gané en cuatro rounds, un KO brutal. Hice una finta con la mano, me incliné, esperé a que bajara a su derecha y le crucé el golpe. Yo sabía que ese golpe no lo iba a aguantar. Lo teníamos estudiado: el croché de izquierda era el golpe. Creo que estamos para grandes cosas». «Si sigo ganando este título, puedo estar entre los 15 primeros del mundo, lo que me daría opciones de pelear por el título mundial. Ese es mi sueño. Pero siempre he dicho de ir paso a paso», explica. Su próxima parada es la defensa de ese título, en unas semanas en el Gijón Arena.
Para preparar los grandes combates, El Volcán viaja a Gijón junto a su entrenador Olivier Sánchez. Se separa de su familia, meses fuera de casa. «Sólo vuelvo los fines de semana para coger esas fuerzas que hacen falta, porque yo soy muy familiar. Y luego otra vez toda la semana solo, centrado en comer, dormir y entrenar». También de su padre, Vicente Barrul, ex campeón de España. Y mucho más que eso. En su barrio, Vicente, que compaginó su carrera con el trabajo «en el pladur y después en un matadero», que tuvo que superar un ictus, es un héroe. «De niño yo veía todo lo que había en el barrio. Muchas familias desestructuradas. Mi padre y mi madre siempre han sido luchadores de la vida. Él decidió montar un gimnasio para hacer una labor, para intentar devolver todo lo que le había dado el boxeo», relata de unos comienzos nada sencillos. «Nos metimos en una nave de patada, porque en ningún sitio nos alquilaban un gimnasio. No querían», relata de aquellos prejuicios, de las explicaciones de su padre: «¿Qué prefieres, ver a los niños, fumando, bebiendo, liándolas? Porque al final la juventud lo malo lo coge muy rápido, lo bueno le cuesta mucho». Finalmente les dejaron una pequeña sala en un polideportivo, «70 metros cuadrados llenos de ilusión y de amor». «Después, mi padre dijo: mejor pedir perdón que permiso. Cogimos todo el local, 300 metros».
Antonio Barrul y sus tres hijos.Peio García/ICAL leónMUNDO
El club presume de 12 campeones de España y de mucho más que boxeo. «Mi padre consiguió traer unos cuantos profesores de apoyo escolar. Dice que son ángeles, porque vienen voluntarios. Había mucho absentismo. Hicimos una pequeña fundación en la que los niños, antes de entrenar, tienen la obligación de hacer sus deberes y sus estudios. Si no, no pueden entrenar. Los niños, imagínate, enamorados del boxeo. Porque mi padre lo transmite no con disciplina, sino con amor. Y ahí estamos. Todos los barrios de León, allí paran. Es como un punto de encuentro. Algunos ni entrenan: se sientan, hablan, hacen sus deberes».
Pregunta. ¿A ti el boxeo también te ha apartado de otras cosas?
Respuesta. Al 100%. También conocí en el gimnasio a mi mujer. Y me cambió la vida. Porque solo pensaba en ella y en el boxeo. Si no, al final te descarrilas. Mucha gente cercana ha tenido problemas.
P. Sube al ring con la bandera gitana.
R. Hay que romper prejuicios. Hay personas buenas y personas malas, nada más. No se trata de razas, de etnias, de color de piel. Hay que mirar el corazón de la persona. Yo soy boxeador, mi hermano es enfermero. Tuvo un cáncer con 12 años, un linfoma, estuvo fatal. Cuando se recuperó, quiso devolver todo lo que habían hecho por él. Ahora trabaja en el hospital de León, es enfermero y es gitano. Yo soy boxeador, soy gitano, campeón de España. Mi padre tiene un gimnasio lleno de niños, hace una labor social. Es gitano. Claro que se puede. Y eso es lo que hay que hacer ver a las nuevas generaciones. Sólo hacen falta oportunidades.
P. Vio a su padre en un ring.
R. Los recuerdos de mi infancia son muy buenos. Vi a mi padre ganar su primer campeonato de España. En Valladolid, en 2005. Yo estaba nervioso. Recuerdo pedirle a Dios: 'Que gane mi padre, que gane mi padre'. Esos nervios no los he vuelto a sentir nunca.
P. ¿Ni cuando tú peleas?
R. No, no. A mí me gusta lo que hago. Me gusta subir al ring y enfrentarme con otro hombre. Y a ver quién es más fuerte, a ver quién es mejor.
P. ¿De niño boxeaba?
R. No tanto como mis hijos ahora. A mí lo que me gustaba era pelear. Me pegaba en el colegio todos los días, con quien fuera, siempre con los grandes. Todos los días estaba castigado. Como viera que abusaran de un amigo, ahí iba yo, pin pan. Así me hice fuerte.
P. ¿Cuándo tuvo claro que quería ser profesional?
R. Estuve hasta los 12 años haciendo gimnasia artística. Fui a cinco campeonatos de España, en uno quedé subcampeón. Pero mi padre abrió el gimnasio y ya era imposible que yo siguiera, porque mi amor hacia el boxeo creció de una manera mágica.
P. ¿Recuerda su primera vez en un ring?
R. Me subí, sonó la campana y pim, pum, pim, pum. No paraba de tirar golpes y gané por KO en el segundo asalto. Él ya tenía cuatro o cinco combates y yo ninguno. Pero sentía que era fácil. Cuando eres niño no tienes miedo.
P. Y ahora, ¿sientes miedo?
R. Quien diga que no tiene miedo es un mentiroso. Yo siento miedo, adrenalina, ganas de ganar, luchar por mi familia que está a pie de ring. Pero hay que controlarlo, porque sólo es deporte. Los golpes que más duelen son los de la vida.
La fiscalía francesa inició una investigación tras la denuncia de acoso cibernético que presentó la campeona olímpica de boxeo Imane Khelif tras el aluvión de críticas y acusaciones falsas sobre su sexo durante los Juegos Olímpicos, según confirmó este miércoles la oficina del fiscal de París. El abogado de la atleta, Nabil Boudi, presentó el viernes pasado la denuncia ante la unidad especial de la oficina del fiscal de París que combate los discursos de odio en línea.
Boudi indicó que la boxeadora fue objeto de "una campaña misógina, racista y sexista" en su camino a ganar la medalla de oro en la categoría de peso welter femenino y que llevó a que se convirtiera en una heroína en su natal Argelia y dio atención global al boxeo femenino.
Para saber más
La oficina del fiscal recibió la denuncia y su Oficina para Combatir Crímenes contra la Humanidad y Discursos de Odio abrió la investigación bajo los cargos de "acoso en internet basándose en su género, insultos públicos basados en su género e incitar públicamente a discriminar e insultos públicos en base a su origen".
Khelif fue empujada a una confrontación global, sin su consentimiento, sobre identidad de género y regulaciones en el deporte tras su primera pelea en París, cuando su rival italiana Angela Carini se retiró después de apenas unos segundos de combate, citando el dolor por los golpes iniciales. Las acusaciones falsas de que Khelif es transgénero y un hombre surgieron en línea y el Comité Olímpico Internacional tuvo que salir a defenderla y denunció a aquellos continuaron propagando información incorrecta. Khelif aseguró que aquellos que propagaron ideas erróneas sobre ella "perjudica la dignidad humana".
Grandes personalidades
Entre aquellos que desinformaron en línea sobre la atleta están el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, Elon Musk o J.K. Rowling. Khelif denunció a redes sociales, incluyendo "X", en lugar de un perpetrador específico, una fórmula común bajo las leyes francesas que deja a criterio de los investigadores determinar qué persona u organización podrían ser culpables. La oficina del fiscal de París no dio nombres específicos.
En Argelia, su exentrenador Mustapha Bensaou indicó que la denuncia de la boxeadora en Francia fue iniciada por las autoridades argelinas y deberá "ser una lección en la defensa de los derechos y honor (de los atletas) en Argelia y en todo el mundo". Además, continuó, "todos los involucrados serán juzgados por violar la dignidad y honor de Imane", aseguró Bensaou en una entrevista con The Associated Press. Y añadió: "Los ataques contra Imane fueron diseñados para romperla y perjudicar su moral. Gracias a dios triunfó".