El Real Madrid está atravesando una etapa de desconexión, como relajándose después de lograr el liderato en la ACB y la Euroliga, y preparándose para las fases decisivas. Pero cuando esas etapas se traducen en derrota tras derrota, se pone en peligro
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Baloncesto
España - Estados Unidos (88- 98)
AMADEU GARCÍA
@amd_garcia
Actualizado Domingo,
13
agosto
2023
-
23:53El conjunto de Scariolo, a pesar de la...
Este domingo se cumplieron tres años. Ese día Ibon Navarro (Vitoria, 1978) aterrizó en el aeropuerto de Málaga para encargarse de un histórico venido a menos. Poco antes, el vitoriano había sufrido el primer despido de su carrera tras encadenar cinco derrotas seguidas con el Andorra. En la Costa del Sol amaneció parecido, perdiendo tres, y sólo iba a ser capaz de ganar tres de las 10 siguientes noches. El resto es historia: tras 17 años de sequía, crisis y desencanto, el club de Los Guindos ha levantado cuatro títulos (Copa, Champions, Intercontinental y Supercopa) en dos temporadas. Pero es mucho más: es el equipo de moda, lleno tras lleno en el Martín Carpena, ambición, continuidad y un estilo tan único que «nos reconocerían aunque jugáramos de rojo». En plena euforia, las tribunas cantan su mantra: «¡Ibon tiene un plan!». A unos días de la Copa de Gran Canaria a la que acude como primer cabeza de serie (se enfrenta el jueves en cuartos al Joventut), el entrenador se sienta con EL MUNDO para desgranar su revolución.
Ibon desprende de artilugios su conversación. Es directo y analítico, nada de misterios ni pócimas mágicas. Ha hecho mucha mili antes de que el éxito le alcanzara. Jugador frustrado, con 16 años entrenaba a un grupo de niños con los que permaneció nueve temporadas y ahora son como «mis hermanos pequeños». Pura vocación, siempre se guio por el consejo de su tío, un clásico del baloncesto de formación en Vitoria: «No tengas miedo a probar con niños lo que harías en profesionales. La valentía». Se licenció en Ciencias Químicas, especialidad de química orgánica, trabajó una temporada en Colonia y con 30 años y empleo estable la Fundación Leia la vida le puso delante uno de esos trenes a los que subirse. Las probetas iban a esperar: «les dije a mis padres que dejaba la empresa». Se fue de asistente con Rafa Sanz a Tenerife, a LEB Oro.
«Queda poco del Ibon químico, de las probetas y esas cosas. Apenas la persona que gestionaba grupos. Pero me sigo considerando alguien muy normal, no he cambiado tanto», pronuncia mientras observa a su hijo Aritz, quien ha venido a pasar unos días con él a Málaga, «es del Unicaja en Valencia (allí vive con su madre), no te digo más», ríe.
Ibon Navarro, en el Carpena, antes de la Copa del Rey.Carlos DiazMUNDO
Fue ayudante de Spahija, de Ivanovic y de Scariolo en el Baskonia, hasta que en 2014 recibió la oportunidad en el club de su ciudad. Salvó al Manresa con el luego vivió un descenso en 2017. En Murcia disputó la Final Four de la Champions y en Andorra sufrió el único despido de su carrera tras casi cuatro cursos en el Principado. Por el camino fue asistente de Puerto Rico en un Centrobasket y seleccionador sub20 con España. Mucha mili. Hace unos días renovó hasta 2027, pero sabe que en un banquillo la estabilidad «no existe»: «Hay dos tipos de entrenadores, los que les han destituido y los que les van a destituir. Hasta a Obradovic le han echado».
Pero, ¿realmente Ibon tiene un plan?
Pues no sé si existe. En cualquier caso, no es el plan de Ibon. Hablábamos de los títulos, pero hacer reconocible el juego del equipo... Eso es un legado. Y lo otro es haber generado una filosofía de trabajo. Un método que el jugador, cuando llega, enseguida percibe y entiende: se le va a cuidar y se le va a exigir. Eso es el plan. A los veteranos conseguimos que se le pueda alargar la carrera, a los jóvenes se les hace crecer, se ayuda a los que quieren estar en Euroliga y ganar más dinero... Todo eso a cambio de que nos ayudéis.
¿Todo empezó en la Copa de Badalona hace dos años?
Fue un fin de semana especial por muchas cosas. El problema de Darío Brizuela con su hijo [recién nacido, estaba ingresado en la UCI]. Todo el mundo le decía que se tenía que quedar en Málaga y él decidió ir. Se lesionaron Yankuba y Lima. Pero llegamos allí y disfrutamos mucho, un estado de flow en el que sale todo. Esa semana habíamos hecho una sesión de coaching que nos vino muy bien, nos liberó de la tensión competitiva y nos hizo ver la parte buena. Es probable que fuera el principio de todo lo que vino. Pero la gente dice que el Carpena empezó a llenarse después de esa Copa y no es verdad. Siento que la conexión con la afición ya había empezado un poco antes. Por lo que el equipo transmitía a nivel de pelea, de jugar buen baloncesto.
Después llegaron tres títulos más, el liderato histórico de la Liga Regular... ¿Siente que este Unicaja, pase lo que pase ya, será recordado?
Ese es el objetivo de cualquier deportista. No sabemos cuando esto se acabará, pero seremos recordados. En un momento complicado para el club, llegó este grupo de jugadores y lo cambió todo. Esto es algo muy bonito. Pero vamos a ver si podemos dejar algo más... Esa es la clave, el 'algo más'. También creo que el legado de verdad es haber recuperado la gente, que vuelva a no haber entradas... Antes venían a ver al rival y ahora la atracción es venir a ver al Unicaja.
Ibon Navarro, durante el último partido del Unicaja.Eliseo TrigoEFE
En todo este tiempo apenas han cambiado jugadores en su plantilla.
La parte buena de esa continuidad es evidente: los jugadores se conocen mucho, a veces simplemente con mirarse les vale, no tienes que preocuparte por la química. Lo malo es el hastío. Que parezca que siempre es lo mismo. Cuando yo entro al vestuario, a veces parezco Hommer Simpson con los platillos, sé que los jugadores no están allí porque ya saben lo que les voy a decir. Me falta llevar la nariz de payaso para llamar su atención (ríe). Es luchar contra la rutina. Pero que la gente no piense que somos el mismo equipo. Porque no somos las mismas personas. Las personas cambian y en tres años, mucho más. La clave es no encasillar a tu compañero, que no piensen 'éste en los partidos grandes quiere hacer esto, éste desconecta contra los pequeños...'.
¿Y cómo se trabaja eso?
Me fijo en sus caras, en cómo reaccionan cuando un compañero hace algo. Esas son las cosas que no aparecen en los high lights ni en las redes sociales. Lo vemos y lo hablamos con ellos. Se trata de manejar personas. Mi éxito es hacer que encajen.
Lee libros de autoayuda y recurre al coaching con sus jugadores.
Lo empecé a hacer en Andorra. Yo trabajo personalmente con uno de ellos. Vino a ayudarme con el grupo, porque estaba un poco deprimido. Nos vino bien, nos dio impulso. Son actividades para desarrollar la química de equipo, la cohesión, el conocimiento mutuo, el empatizar, el ponerte en la piel del otro. Esto es importante, no sólo con los jugadores entre sí, también que se pongan en la piel del fisio. Que la gente salga de su burbuja para entender la reacción de otros. Pero no te puedo contar más detalles, hay una alianza por la cual no puede salir nada de lo que hacemos ahí (ríe).
Ibon Navarro, en las gradas del Carpena.Carlos DiazMUNDO
Empatizar, ser buena persona. ¿Eso un entrenador lo tiene en cuenta?
Mis amigos son muy buenas personas, pero nunca podrían jugar en Unicaja. Evidentemente, seleccionamos a los jugadores por sus talentos y cualidades. Aunque tenemos mucha información, no podemos saber si son buenas o malas personas hasta que no están aquí. Intentamos casar las personalidades, que no haya dos roles que choquen. Y, por último, también es una cuestión de suerte, de que las personas encajen, hasta de que sus parejas encajen... Esto es fundamental. Las que hacen que los jugadores después de los partidos se vayan a cenar juntos son sus parejas.
Cuatro títulos, pero también algunas decepciones importantes. La Final Four en Málaga, la Copa del año pasado, las semifinales de la ACB contra el Murcia...
Lo que me ha gustado es que el equipo ha aprendido cosas de las grandes derrotas. Porque a todo eso le pusimos remedio para que no nos pasara después, por ejemplo en la final Four de Belgrado. Más que lamentarme de haber perdido, es importante sacar alguna lección. Y a veces no ocurre, simplemente no has tenido un buen día y el rival sí. Punto. Otras veces has fallado por nervios, por tensión, has dejado de hacer cosas que sueles. Es que ganar es muy difícil. Y cuando lo normalizas, el día que pierdes es algo extraordinario. Es imposible educar a la afición. Porque el deporte va de eso, de emociones, de pasión.
¿Se sienten más cerca que nunca de Madrid y Barça?
No sé si estamos cerca de romper el binomio. Pero sí que, hasta que la Euroliga no acabe, vamos a estar cerca. También Valencia, Tenerife... Luego, cuando llegan los playoffs, ya se centran en la liga, no tienen distracciones ni mentales ni físicas. Y ahí es difícil. A cinco partidos hay poco margen a la sorpresa. Tienen muchos jugadores, con mucha experiencia.
Y, de repente, Pierre Oriola desapareció del mapa. Aquel pívot, rápido de mente y de manos, que birló una Liga al Real Madrid con el Valencia. Aquel por el que el Barça pagó un millón de euros y llegó a ser su capitán. Y aquel que, sobre todo, fue campeón del mundo en 2019, titular con España en la final del Wukesong. "Tener que aceptar que ya no estaba al mismo nivel fue duro", repasa ahora, 34 años todavía, de nuevo pleno tras un calvario de problemas en la espalda. De vuelta con el Baxi Manresa y, quien se lo diría, con la selección en la que estuvo por última vez en el verano de 2021, a las puertas de los Juegos de Tokio, "una etapa ya cerrada", que ha abierto una llamada de Chus Mateo para el doble enfrentamiento contra Ucrania (hoy, a las 14:00 h., el primero en Riga).
Pregunta.- Casi cinco años después de la última vez, ¿se le pasaba por la cabeza volver con la selección?
Respuesta.- En mi mente no estaba volver. Era una etapa ya cerrada, llevaba muchos años sin venir. Por lesiones, por el cambio generacional... Chus me escribió. Había bajas como la de Osobor y contaba conmigo para esta Ventana. Mi respuesta fue que sí, que quería venir. Después hablamos y me explicó la idea. Desde el principio le dije que sí, súper ilusionado.
P.- ¿Y cuál es esa idea?
R.- Jugamos contra Ucrania, un equipo muy físico, muy alto. Con dos pívots por encima de 2,15 metros. Necesitamos experiencia y yo, aunque no sea muy alto, aporto ese físico, ese jugar duro. Eso me pidió.
P.- A Chus no le conocía, ¿cuál ha sido la primera impresión?
R.- Me había enfrentado contra él. Me he encontrado a una persona muy cercana con los jugadores, muy justo, súper positivo, con muchas ganas de trabajar, creando muy buen proyecto. Cuando hay que trabajar se trabaja, pero los entrenos son divertidos.
Oriola y Chus Mateo conversan durante un entrenamiento.ALBERTO NEVADO / FEB
P.- No está aquí sólo por veterano, también por su rendimiento en Manresa (9,5 puntos y 4,6 rebotes en 13 partidos, en menos de 18 minutos).
R.- El que valoren cómo estoy jugando, después de años complicados... La lesión, los cambios de equipo, la falta de regularidad... Me ha hecho mucha ilusión. Para mí también es una forma de dar un golpe encima de la mesa, de cerrar un círculo que se quedó como allí en el aire. Eran muchos años sin venir.
P.- Antes de fichar por Manresa, fue campeón de la Liga mexicana con Fuerza Regia de Monterrey.
R.- Me separé de mi familia, fui a un país que no conocía, a una cultura nueva. Que terminase con el título fue espectacular. Cuando ganas, las cosas se ven mucho mejor y vienes con toda la energía positiva. Me trataron súper bien. Desde un principio ellos me valoraron muchísimo, confiaban y creían que yo les podía ayudar. Y así fue. Al principio me costó mucho entender que es una liga muy diferente, pero me fui adaptando y conseguí ser importante.
P.- En 2022 el Barça, del que era capitán, le rescindió el contrato. Llegó a reconocer que después de la lesión no volvió a ser el mismo.
P.- Estaba en la cresta de la ola, arriba del todo. En el Barça, que era un sueño para mí, el club de mi vida. Con la selección, ganar un Mundial. Todo era positivo y llegó un varapalo fuerte como la lesión. Tener que irme del Barça fue bajar unos peldaños en mi carrera. Tenía que solucionar ese problema físico. Después, también termino yéndome de Girona porque no estoy al nivel. Me tuve que ir a Grecia (AEK) y volver a empezar aquí en Manresa. Y otra vez en verano esperando a que salga algo. Creo que el punto de inflexión fue Lleida el año pasado. Durante estos años he estado trabajando el tema mental [con el coach Adrià Carmona], creyendo en mí, echándole muchas horas de trabajo fuera del equipo. Cosas que la gente no ve.
P.- Un campeón del mundo buscándose equipo.
R.- Fue difícil a nivel mental. Todos tenemos nuestro ego y tuve que entender que no estaba al nivel físico que exige una selección para ir a un Eurobasket o unos Juegos. O para jugar Euroliga. Ese momento fue muy duro. También se creó un murmullo con la lesión, de que ya no era el mismo, de que ya no volvería a ese nivel. Cuando consigues acoplar todo mentalmente, te lo tomas de otra manera, lo ves diferente. Ahora mismo estoy en uno de los mejores momentos de mi carrera a nivel mental y a nivel físico. Y creo que también una de las claves de tomarme mi vida baloncestística diferente es el nacimiento de mi hijo Roc, que va a cumplir dos años en junio. Me he reconciliado con el baloncesto y me he dado motivos a mí mismo para creer, para seguir disfrutando los años que me queden.
Pierre Oriola.ALBERTO NEVADO / FEB
P.- Con 34, ¿cómo ve el futuro después de todo esto?
R.- Año a año. Yo ahora lo que quiero es terminar bien en Manresa, porque estoy muy feliz. Y el año que viene veremos. Siempre he creído que quiero retirarme yo y que no sea el baloncesto el que me retire. No tener la sensación de que el baloncesto me está dejando ir. Y, cuando estuve lesionado y los años después, era así. Ahora tengo la conciencia tranquila de decir: "Lo he intentado todo".
P.- Recuerdos del Mundial. ¿Con el paso del tiempo siente que fue una historia increíble?
R.- Totalmente. Tengo dos momentos grabados. En la primera fase, creo que contra Irán. La única canasta que mete Marc en ese partido, es la ganadora. Casi perdemos. Después, todo lo contrario. Nos enfrentamos a Serbia e Italia, dos muy buenas selecciones, con toda su artillería. Y les ganamos fácil. Después, el momento clave fue cuando ganamos Australia, la sensación en el vestuario era: "Vamos a ser campeones del Mundo". Llegar allí y ver a Sergi, a Marc, a Ricky, al mismo Víctor, a los que llevaban tantos años, tan tranquilos, fue como "es que vamos a ganar el oro".
P.- La vida de Oriola no es sólo baloncesto.
R.- Tengo muchas inquietudes. Tengo una empresa con dos socios que intenta ayudar al deportista a llevar su vida fuera, a asesorarlo en el tema de inversiones, comprar inmuebles, diferentes maneras de poder estructurar su vida. Que el golpe no sea duro con la retirada. Porque en nuestra carrera tenemos la suerte de ganar un muy buen dinero durante un periodo corto de tiempo.
P.- Y su pasión por el teatro.
R.- Actué cuando era pequeño. Estaba en un grupo en mi pueblo. También cuando Juancho me invitó a su película, aunque fueron 10 segundos. Y alguna que otra cosita. Nunca me he metido de lleno, pero me apasiona.
P.- En la cancha, de alguna u otra forma, interpretáis un papel. Y no hablo de flopping.
R.- [Ríe] Sí, a mí me ha pasado muchas veces, con gente que no me conoce en las distancias cortas, en lo personal, que me dice: "Hostia, qué diferente eres cuando estás en pista". Ahí he llegado a ser odiado, porque voy a todas, soy duro, protesto.... Pero como persona soy muy diferente.
P.- ¿Siente eso, que ha sido un jugador diferente? Por su forma de decir las cosas.
R.- Yo sé que muchas veces me he metido en fregados y no me he mordido la lengua, sobre todo en la etapa en el Barça. Pero creo que siempre he intentado tener respeto para todo el mundo. Con los años he ido siendo más políticamente correcto. Pero el problema que tiene esta sociedad, y no solo en España, es que cuando alguien habla, de política, de cine, de educación, de lo que sea, no respetamos la opinión del otro. O creamos una crítica destructiva. Por eso la mayoría de los deportistas no nos mojamos. Es difícil.