La selección española femenina de baloncesto, con parcial desfavorable de 7-0 en los últimos 5 minutos, firmó este jueves su primera victoria en el Preolímpico de baloncesto de Sopron (Hungría) ante Canadá (55-60), con lo que recupera sus esperanzas en la lucha por estar en los Juegos Olímpicos de París, lo que se aseguraría si gana este domingo a Hungría.
España llegó al minuto 35 con un parcial desfavorable de 55-53; pero una fuerte defensa provocó el desacierto ofensivo de las canadienses y dio lugar a que el conjunto español sumara su primer triunfo, tras la derrota sufrida este jueves ante Japón (75-86).
Fue una victoria con sabor a esperanza. Una España más enfocada, con más ritmo y precisión en los tiros libres, que fue capaz de digerir en menos de 24 horas la derrota ante las asiáticas y de llevarse a la cancha la fórmula secreta que les enseñe el camino a París.
Casas fue quien impuso el ritmo del combinado español en el arranque, con una persistencia difícil de controlar sobre unas rivales atascadas y con dificultades en llegar al aro (0-11, minuto 6). El español Víctor Lapeña se vio obligado a revertir sus cartas y pidió el primer tiempo muerto; que surtió efecto y permitió acortar las distancias (12-11).
Pero nada les quitaba a las españolas la idea de estar en los Juegos Olímpicos, ni siquiera el hecho de que se estuvieran enfrentando a las medalla de bronce en la AmeriCup 2023. La agilidad y energía de las chicas de Miguel Méndez no las dejó ir al descanso en desventaja (25-36, m.20), con Queralt Casas (9 puntos) y Megan Gustafson (9) como pieza clave.
El parón, que debería haber supuesto un soplo de aire fresco para el conjunto español, acabó minando sus fuerzas. El dúo norteamericano formado por Colley y Alexander comenzó a hacerse notar al enlazar nueve puntos seguidos, sin dar espacio a las ‘rojas’ (34-36, m.8).
Un parcial de 23-9 (m.30) a favor de las canadienses hizo saltar las alarmas en las de Méndez, que presentaban señales de desgaste. Ni los 16 puntos que llevaba la nacionalizada Megan Gustafson les tranquilizaron. Con los nervios a flor de piel, apenas tenían control, pero lo cierto es que no iban a rendirse a 10 minutos de conseguir la victoria que les devolvería la esperanza.
Ambos equipos tuvieron en la defensa su mejor arma y en el ultimo cuarto España supo como manejarla. Cuando el electrónico marcaba 50-49 (m.38) España se puso las pilas e hizo una increíble remontada.
Europa, la razón de ser del Real Madrid, su destino obligado, no supuso reacción. Este nuevo Madrid en busca de rumbo y crecimiento sumó su tercera derrota seguida del curso, otro borrón, otro palo en la rueda para su despegue, ante un Bayern agresivo y mordaz, liderado por la clase de Shabazz Napier, uno de esos NBA que alegran la Euroliga. [97-89: Narración y estadísticas]
Las alarmas ya están encendidas, pese a que no van ni dos semanas de competición. Fue un mercado de riesgo, una renovación más profunda de lo habitual, y Chus Mateo sabe que no puede permitirse un equipo sin alma. Intentó ponerse serio tras un mal arranque, firmó unos alegres minutos después del descanso, pero acabó tan desquiciado como Campazzo en la última jugada, en la que fue expulsado por protestar de mala manera una falta que no pitaron cuando buscada a la desesperada la prórroga.
Todo en el estreno del espectacular SAP Garden, donde flotaba en el ambiente el navajazo en Coruña y la final de la Supercopa perdida. Y el Bayern, también reinventado con Gordon Herbert y hasta cinco caras nuevas, pronto supo agrandar la herida con su baloncesto de cara.
Sin Hezonja, Mateo varió su quinteto con la introducción de Eli Ndiaye (repitiendo el guion de las dos últimas Final Four) y sin el señalado Rathan-Mayes (que dejó fogonazos de calidad, aunque falló cuatro tiros libres imperdonables). Pero pronto se comprobó que el arranque de la Euroliga en Múnich no iba a servir para reencontrarse con la fluidez. Dos derrotas seguidas nublan la confianza, más cuando el remozado Madrid necesita cimientos desde los que crecer. Pero este Bayern post Laso encontró facilidades que quizá no esperaba.
Defensa
Los blancos olvidaron la lección número uno, la de defender. Pérdidas, faltas de concentración y el Bayern acribillando desde el perímetro, especialmente mortal Napier. Sólo Musa, como queriendo arreglar el desaguisado que costó la derrota en Coruña el domingo, contestaba. Mateo hizo debutar en la temporada al olvidado Hugo González y fue la segunda unidad la que propició la primera reacción, con un triple desde el medio del campo sobre la bocina de Rathan-Mayes.
Pero el inicio del segundo acto fue volver a las andadas, a la desidia defensiva, con Carsen Edwards como un demonio y Voigtmann descolocando a todos con sus lanzamientos y sus rebotes ofensivos. La ventaja llegó a ser de 11 tras una canasta de Booker y ahí, de nuevo, el toque a rebato. Otro golpe de orgullo comandado por Campazzo y Tavares para cerrar la herida antes del descanso (52-51).
Fue otro Madrid a la vuelta, como no podía ser de otra forma. Y pronto se notó en el marcador su salto defensivo. Un parcial de 0-13 para cambiar la dinámica. Campazzo se adueñó completamente del escenario, una lección magistral de dominio, baloncesto diversión con puntos y asistencias y su clásica conexión con Tavares. Sólo cuando se tomó un descanso -el contraste con Feliz es abismal todavía- pudo el Bayern respirar.
Pero cuando la corriente parecía a favor, emergió un Bayern tremendo en el comienzo del acto definitivo. Un 24-4 (cinco triples y la electricidad de Carsen Edwards y Napier) para encender todas las alarmas, para tirar todo el trabajo por tierra, pues ni el desesperado arreón final pudo evitar el peor de los augurios, una derrota para empezar la Euroliga, tan fastidiosa como para sacar de sus casillas a Campazzo, el líder que comprueba como su excelencia no le sirve a su equipo.
«Sólo pienso en el presente. He aprendido eso». Devontae Cacok (Chicago, 1996) repasa la historia de su vida y todo son giros inesperados. El penúltimo le llevó a Murcia, un campeón de la NBA en el modesto UCAM. A las órdenes de Sito Alonso se reencuentra consigo mismo, ese pívot de apenas dos metros, pura fiereza, que domina pinturas. Y que afronta la Copa (hoy, 21:00 horas, en cuartos contra el Barça), sin ningún complejo: ya han derrotado dos veces esta temporada a los azulgrana.
Cacok, padre haitiano, madre jamaicana, es el chico que se rompió la muñeca jugando al fútbol americano y acabó probando en el baloncesto, un deporte que desconocía. «Era malísimo, terrible. En mi primer año promedié 0,5 puntos», recuerda. Es el joven que, años después, recién salido de la Universidad de North Carolina-Wilmington y sin ser drafteado, se encontró encerrado en la burbuja de Disney World compartiendo existencia con LeBron James y ganando un anillo con los Lakers. El pívot que se destrozó la rodilla en un partido de Euroliga en Belgrado en 2023 y tardó 20 meses en volver a jugar. Es el padre y marido que se aficionó, durante la baja, a la fotografía y el vídeo (no se separa de sus cámaras) y que ha encontrado en la insospechada Murcia una ciudad desde la que volver a despegar.
«Sólo quiero demostrar a todos que se equivocan. Mucha gente dudó de mí cuando firmé, porque llevaba mucho tiempo sin jugar, lo cual es comprensible. Pero esa duda me motiva», desafía quien, todavía en la búsqueda de su nivel anterior a la lesión con la Virtus de Bolonia (no pasa de 17 minutos en pista), promedia 12,2 puntos y 4,8 rebotes, líder de valoración del grupo salvaje de Sito Alonso, un técnico al que venera. «Desde el primer momento en que lo conocí, supe que él y yo tendríamos una buena conexión. En un partido reciente estaba frustrado conmigo mismo, no defendía. Y me sustituyó. Y sabía exactamente por qué me estaba cambiando. No porque fallara mis tiros, sino porque no estaba defendiendo. Me gusta eso. Porque no le importa quién sea, nos hace responsables a todos por igual. Lo adoro, es mi hombre», elogia al técnico que obra el milagro del UCAM -«somos físicos, duros incómodos para el rival»- un equipo de presupuesto bajo que busca un perfil de jugador como Cacok. Tipo de los que el resto no se fían (DeJulius, Forrest, Raieste...).
Cacok acude desde un calvario. «En Murcia estoy agradecido y bendecido. Ver lo que estamos logrando, sabes que es más grande que el baloncesto. Porque ahora veo todo desde otra perspectiva. Ya no doy nada por sentado. Pasé por un enorme estrés: durante cuatro meses no podía hacer nada por mí mismo. Mi madre me tuvo que acompañar, no podía ni bañarme, ni caminar. Momentos duros», acude a aquel 28 de diciembre de 2023, cuando todo se detuvo en Belgrado. Momentos de incertidumbre hasta que le confirmaron el peor de los escenarios. «Lo más difícil para mí fue cómo me informaron sobre lo que me hice. Después del partido, sabía que tenía algo mal en la rodilla. Pero me hicieron una ecografía y dijeron que todo estaba bien, que podría jugar en un par de días. Les dije de hacerme una resonancia para asegurarnos y ahí me comunican que mi temporada ha terminado. Esa parte fue la más difícil. Era lo último que esperaba y me pilló desprevenido», pronuncia con amargura. El proceso con la Virtus, que a final de esa temporada dio por terminado su contrato, fue amargo: «sucedieron muchas cosas fuera de la cancha, fue muy frustrante». Tuvo que intervenir el Comité de Conciliación y Arbitraje de la Lega y Cacok se quedó sin equipo en plena fase de recuperación.
Fue el momento crítico de una carrera ya para presumir. Porque Devontae ya guarda en su memoria una experiencia de la que contar a los nietos. En su vitrina luce un anillo de la NBA. El anillo más especial de la historia, el de la burbuja de Florida en plena pandemia. «Era mi año de novato. Había pasado de una universidad pequeña a uno de los mercados más grandes del mundo, Los Ángeles. Estaba rodeado de LeBron, Anthony Davis, Rajon Rondo.... Fueron dos meses de locura, pero valió la pena», repasa. Cacok apenas disputó un encuentro ese curso, 20 más la temporada siguiente y otro puñado con los Spurs después. Pero en su retina guarda las vivencias con LeBron. «Fue surrealista. Nunca piensas que estarás jugando en el mismo equipo que Lebron James. Me costó acostumbrarme al principio, pero después de un tiempo, simplemente... ya sabes, son personas normales, también pasan por cosas normales, y simplemente observas, ves su ética de trabajo, ves cuánto esfuerzo requiere llegar a un nivel superior. Aprendí mucho de él: ser constante con tu cuerpo, con tu juego y ser duro».
Un pasado del que presumir, otro del que aprender. Giros y más giros. Por eso Devontae no quiere anticiparse a nada. Ni siquiera a escenarios que le devuelvan a la Euroliga. O a la propia NBA. "¿El futuro? Con mi lesión y todo eso, he decidido sólo mirar al presente. Hoy estoy en Murcia y voy a darlo todo. Seguiremos adelante y luego veremos qué pasa. Sé que mentalmente es bueno pensar así, sentir así y estar preparado. Lo que tenga que pasar, pasará".