El jugador de los Philadelpia Sixers Joel Embiid, MVP de la pasada temporada en la NBA, ha confirmado que sufre parálisis de Bell justo después de anotar 50 puntos, su récord en un partido de playoffs, en el triunfo de su equipo frente a los New York Knicks.
En la previa al duelo surgieron informaciones sobre la posibilidad de que el jugador nacido en Camerún hubiera recibido tratamiento por esa dolencia que debilita los músculos de la cara.
Tras el triunfo 125-114 sobre los Knicks, Embiid desveló que está sufriendo esta enfermedad desde antes del choque entre su equipo y Miami Heat el 17 de abril.
“Creo que empezó uno o dos días antes del partido de Miami”, explicó el jugador de los Sixers. El jugador comentó que había sufrido migrañas y notado debilidad muscular, en especial en el lado izquierdo de su cara.
“Es bastante molesto”, aseguró Embiid, quien llevaba gafas oscuras al responder a la prensa tras la victoria de su equipo. “Ha sido difícil. Pero no me doy por vencido. Voy a seguir peleando todo. Es desafortunado, así es como lo veo. Pero no es una excusa. Tengo que seguir empujando”, agregó.
Se desconocen las causas exactas que le han provocado la parálisis de Bell. Algunas fuentes médicas consideran que puede ser una reacción provocada por una infección viral.
Los síntomas suelen mejorar en unas semanas y la mayoría de los afectados se recupera por completo en unos seis meses.
La dolencia llega en un año difícil en lo físico para Embiid, que se operó la rodilla izquierda en febrero y retornó a las canchas para encaminar a su equipo a los playoffs.
Baloncesto
EFE | EL MUNDO
Actualizado Viernes,
3
noviembre
2023
-
13:57Un espectador la insultó en repetidas ocasiones mientras arbitraba un partido...
Tyrone Muggsy Bogues (Baltimore, EEUU, 1965) es un icono de la NBA. Un tipo que derribó barreras y esquivó prejuicios como si avanzara entre trincheras. Un base que hizo historia a pesar de no alcanzar los 160 centímetros, un avanzado a su época, los noventa, que se hizo camino entre gigantes cuando el baloncesto todavía no era cosa de bajitos. Con una simpatía desbordante, el ex jugador de Bullets, Hornets, Warriors y Raptors atiende a EL MUNDO desde Valencia, donde acudió como embajador de la NBA.
Hace 39 años disputó el Mundial de España. ¿Qué recuerda? ¿Qué supuso para ti?
Respuesta. Por entonces me consideraban un poco una pequeña mancha negra. Pero fue una experiencia increíble, ganar el oro como jugador universitario todavía, algo muy especial. Ninguno de nosotros tenía ni idea de cómo aquello iba a cambiar nuestras vidas. Estábamos haciendo historia, fuimos los últimos jugadores universitarios en ganar una medalla de oro con EEUU. Después perderían en la final de Seúl 1988 (y el Mundial de 1990) y luego decidieron mandar a nuestro Dream Team a Barcelona.
Es muy recordada su defensa sobre Petrovic, un base casi 40 centímetros más alto.
¡Sí! Era imparable. En ese momento, él, Sabonis, Oscar Schmidt, eran considerados los Michael Jordan de Europa. Petrovic ha sido uno de los mejores anotadores de la historia. Viendo el partido previo a enfrentarnos, él metió 40 puntos. Intentaba estudiar sus tendencias, cómo le gustaba tirar... Él día que nos enfrentamos el entrenador (Lute Olson) me dio esa misión. Y yo lo esperaba con ansias porque sabía que era un tipo al que le encantaba tirar, driblar... Sentí que si podía interrumpir todo eso, frustrarlo un poco, tendríamos una oportunidad mayor para ganar. Y eso fue exactamente lo que hice. Lo frustré, nunca vio a un tipo como yo en defensa. Estoy seguro de que eso supuso un cambio que él tuvo que hacer. Hablamos de todo esto cuando estaba en Nueva Jersey. Que descanse en paz. Fue una bendición conocerle.
El baloncesto ha cambiado, los pequeños lo dominan. ¿Tu carrera hubiera sido más sencilla ahora?
Creo que tiene más que ver con la mentalidad que yo tenía. Gente como yo o Spud Webb marcamos un estándar, hicimos ver que era posible.
Bogues, en su reciente visita a Valencia.NBA
¿Qué le impulsó a querer triunfar en un deporte en el que el tamaño es tan importante?
¿Sabes? La gente me decía que no podía, que no debía, que el baloncesto era un deporte para jugadores altos. Pero yo siempre he creído que es para todos, para altos y bajos. No dejar que nadie me dijera lo que no podía hacer hizo brotar en mí un sentimiento de querer mostrar a la gente de lo que era capaz. Siempre tuve esa mentalidad, jugando contra los mejores. Si era capaz de ganarles, deberían respetarme, incluirme entre ellos.
Crecer en Baltimore no fue fácil. Rodeado de delincuencia, tu padre fue a la cárcel y a usted incluso le llegaron a disparar. ¿Cómo superó todo eso?
Crecer en Baltimore fue un desafío. Cada vez que salía de la puerta de mi casa era un desafío. Crecer en ese entorno, enfrentarte a todo aquello, pudo disuadirme o distraerme. Pero había algo más poderoso que me llamaba, que me decía que debía seguir persiguiendo mi sueño. Y sabía que si me mantenía confiado en las cosas que estaba haciendo, si seguía teniendo éxito contra los jugadores a los que me enfrentaba, en algún momento tiraría abajo esa puerta y me empezarían a ver como un pequeño dios jugando al baloncesto. También tuve la suerte de tener buenos entrenadores, que dieron valor al impacto que yo estaba teniendo en la pista y creyeron en las cosas que era capaz de hacer. Así fui capaz de romper todas esas barreras.
Su imagen con Manute Bol (2,31 metros) fue icónica. ¿Cómo fue esa temporada rookie en los Bullets, con él de compañero??
Fue una bendición jugar con Manute. Incluso aunque la gente nos mirase desde dos perspectivas diferentes, pero realmente disfrutamos juntos. Creo que nos complementamos. Porque podía arriesgar con mi defensa en el perímetro, sabía que tenía un respaldo, un taponador para proteger la canasta. Manute también era muy gracioso, tenía un espíritu muy divertido, se reía de sí mismo. Siempre bromeaba sobras las cosas que hacía cuando estaba en Sudán, decía que mató un león con una lanza. Siempre lo recordaba. Lo echo mucho de menos, a diario. Era un gran competidor, un gran jugador, pero lo más importante, era un gran amigo.
¿Quién es su jugador favorito en la actualidad?
¡Eso es fácil! Steph Curry. Es como un pequeño sobrino para mí, debido a la relación que tuve con su padre a lo largo de los años. Lo he visto crecer junto a mis hijos, le he visto florecer, a él y a su hermano Seth. Steph ha llevado el baloncesto a una nueva dimensión. Es considerado el mejor tirador de la historia de la NBA, alucinante. Nunca pensé que ese niño al que le daba un pequeño paseo en avión en el vestuario se convertiría en eso. Ha sido genial presenciarlo. Estoy agradecido por la oportunidad de poder llamarlo amigo.
¿Alguien le dijo alguna vez que quizá el baloncesto no era para alguien tan bajito como usted?
Por supuesto. Empezó cuando tenía siete años, pero se me quedó grabado. Yo también practicaba lucha libre y mi entrenador me dijo: "Deberías dejar de jugar al baloncesto". Tenía que centrarme sólo en la lucha, porque el baloncesto es sólo para jugadores más altos. "Eres muy bueno en la lucha, has sido campeón estatal. ¿Por qué querrías pasar por ese tipo de drama?" Esas críticas por mi tamaño siempre me molestaron. Lo respetaba como entrenador de lucha y quizá sólo trataba de persuadirme, pero me irritó mucho. No fue el único, otras personas me decían: "¿Por qué haces esto? No deberías jugar al baloncesto. Eres demasiado pequeño". Y siempre les decía que no. La gente siempre te dice quién podrías ser, quién deberías ser, pero tú sabes quién quieres ser. Siempre me mantuve firme. Y creo que por eso he podido tener esta carrera.
¿Qué espera de sus Hornets para la próxima temporada?
Se han hecho muchos cambios en la plantilla. Y todavía pude haber más, así que tendremos que ver cuál es el resultado final. Acabamos de fichar a varios bases, hemos incorporado a Colin Sexton, a Spencer Dinwiddie y seguimos teniendo a Lamelo Ball, así que va a ser interesante. También necesitamos algunos hombres grandes que los acompañen.
Cuando jugaba en la Universidad de Kansas, un año después de llegar a Estados Unidos y dos después de empezar a jugar al baloncesto en su natal Yaoundé (Camerún), Joel Embiid hacía creer a sus compañeros que con seis años tuvo que «entrar en la jungla, matar un león y cargarlo en la espalda hasta mi aldea para demostrar que era un hombre». Eso fue poco antes de comenzar lo que él mismo bautizó como El Proceso. Desde que fue elegido en el número tres del draft del 2014 hasta su debut en la NBA tuvieron que pasar 853 días (más de dos años), dos operaciones de tobillo mediante.
Eso, las lesiones, han sido la pesadilla del gigante africano, que se ha perdido más de 400 partidos en la liga hasta que esta semana los Sixers anunciaron lo que todo el mundo temía: no iba a jugar más en el resto de la temporada por sus problemas, ahora, en la rodilla izquierda, la misma que también se operó en febrero de 2024 (y mucho antes, en 2017, lo que le impidió ser nombrado rookie del año). Fue después de que el alero de los Warriors Jonathan Kuminga le cayera encima. Quizá en el momento de más dominio de toda su carrera, pues hasta ese día , Embiid había anotado más puntos que minutos jugados, algo que ningún jugador había logrado desde Wilt Chamberlain hace más de 60 años.
Desde entonces, parones, cirugías, descansos, inyecciones y un estado físico bastante precario que, evidentemente, repercutió en su rendimiento. Hasta la alarmante preocupación de ahora. Se diría que todo el futuro de Embiid está en el aire. «Estamos trabajando con expertos médicos para determinar el plan de tratamiento exacto», informó la franquicia de Pensilvania. Pronto se deslizó que incluso valora seriamente intentar el «retiro médico», una decisión que debe tomar un médico seleccionado por la propia NBA y la Asociación de Jugadores, y un mecanismo que le permitiría ahorrarse parte de la boyante extensión de contrato que le firmó hace sólo unos meses: tres años más por 193 millones de dólares (para un total de 301 en cinco). Embiid, que cumplirá 31 años en unos días, asoma como un negocio ruinoso: le deben 248,1 millones durante las próximas cuatro temporadas.
Embiid, en el banquillo de los Sixers.Matt SlocumAP
Los Sixers lo hicieron pensando en los cielos alcanzados por el chico que creció formándose para ser profesional del voleibol, pateando un balón de fútbol y soñando con jugar en el Real Madrid (del que es un fanático, hasta viajar a alguna de sus recientes finales de Champions League y celebrar cada triunfo blanco con euforia en las redes sociales), siete veces All-Star y MVP de la NBA en la temporada 2022-2023 -para destronar a Nikola Jokic promedió 33,1 puntos, 10,2 rebotes y 4,3 asistencias, aunque en sólo 66 partidos-, un año después de ser el primer pívot desde Shaquille O'Neal en dominar la liga en anotación. Desde aquel cénit todo ha sido una travesía en el desierto y no sin polémicas, desde su atribulada elección para jugar con el USA Team los pasados Juegos Olímpicos (se había comprometido con Francia) a su sanción de tres partidos este comienzo de curso por empujar a un periodista. Al parecer, el columnista de The Philadelphia Inquirer hacía mención a Arthur, el hermano de Joel fallecido a los 13 años en Camerún en un trágico accidente de tráfico.
Embiid, en acción contra los Raptors.Matt SlocumAP
Aquel lejano Proceso, que también incluía al equipo de Filadelfia -estuvo seis años sin pisar unos playoffs-, tampoco culminó en lo colectivo. Pese a las expectativas, no logró no acercarse a unas Finales (como en 2001 con Allen Iverson). Y lo que debería ser presente vuelven a ser cuentas de futuro. Con el curso arruinado (en verano se habían hecho con Paul George), los de Nick Nurse pierden y pierden y ya piensan en el siguiente draft, en la posibilidad de que ahí les caiga ese fenómeno que viene llamado Cooper Flagg. Para eso, la lotería del draft les tiene quedar una de las seis primeras elecciones; si acaban del siete en adelante, será para los Thunder en una acuerdo que se arrastra desde 2020, cuando Al Horford fue enviado a Oklahoma Danny Green.