Quique Sánchez Flores es un recuerdo amable del valencianismo, pero Mestalla, que durante muchos minutos pensó por qué no estaba en el banquillo local, acabó celebrando que su equipo le sobreviviera. Al Valencia le tocó remontar en dos minutos del añadido, con un gol de Cömert y un penalti de Hugo Duro un duelo en el que el Alavés, con su orden, le puso contra las cuerdas. [Narración y estadísticas: 3-2]
Mestalla apenas acabó de ovacionar al entrenador visitante cuando el colegiado José Guzmán, armado con cámara y micrófono en una jornada experimental, señaló el punto de penalti por un leve pisotón de Guido a Toni Martínez. 30 segundos había estado la pelota en juego y, sin que el VAR interviniera, Lucas Boyé puso en ventaja al Alavés.
Al Valencia le tocaba jugar contracorriente y empezó a hilvanar el mejor juego de ataque de toda la temporada, con un Ramazani eléctrico entre líneas y conectado con Sadiq, que no tenía su noche. Todo el bagaje ofensivo que generaba el Valencia moría, de una u otra manera, en el nigeriano, torpón y desacertado. No cazó un centro perfecto de Thierry, que se coló hasta la línea de fondo sentando a JonnyOtto a base de recortes. Favoreció, eso sí, un disparo de Ugrinic que salvó la defensa babazorra. Quique había pedido calma a su equipo, que se arropó para contener y buscar sus opciones en contras como la que armó Ángel, cuyo centro al segundo palo no pudo rematar Otto. No se sintió intimidado el Valencia, que comenzó a buscar a Sadiq… y el nigeriano a fallar. Era capaz de desquiciar a los centrales y robarles la pelota, pero las piernas se le liaban cuando encaraba a Sivera, para desesperación de todo el estadio. Eso, cuando no caía en fuera de juego.
Por eso empezaron a pisar área Ramazani o Javi Guerra, con un tiro que taponó Tenaglia. Quizá persiguiendo a Sadiq se rompió Protesoni, lo que obligó a Quique a reordenar a su equipo y, desde ese momento, comenzó a inquietar más a un Valencia tan dominador como impreciso. Como el mal control de Guerra cuando se quedaba mano a mano con el meta del Alavés.
Se desquitó el joven centrocampista al inicio de la segunda parte en otro ataque elaborado que nació en un centro de Rioja que rechazó Sivera, cazó Ugrinic obligándolo a repeler por segunda vez y que Sadiq recuperó para servir el golpeo al canterano. No falló Guerra para poner el empate.
Se había engrasado el Valencia y veía Quique desde la banda cómo a sus jugadores les costaba superar la línea del centro del campo. Sin embargo, reaccionaron con sus cambios y aprovecharon los nervios de los locales, desesperados porque la falta de puntería les estaba arrebatando dos puntos cuando el partido habían logrado dominarlo.
El Alavés se agarraron a Sivera, que salvó un disparo seco de Ramazani, y a Lucas Boyé, que empezó a aparecer. El primer testarazo lo falló por cruzarlo en exceso, el segundo, no. En el 70 tenían la victoria en el bolsillo y en la grada, se encendió la traca del «Coberán, dimisión». Hasta pudieron marcar el tercero si Mariano no hubiera errado de manera inexplicable cuando estaba solo ante Dimitrievski.
La reacción del Valencia era imprescindible y la activó el banquillo mandando al césped a toda la artillería: Danjuma, Raba, Almeida y Hugo Duro para acorralar al rival. Y tuvo efecto en los ocho minutos de tiempo añadido que marcó el colegiado. Dieron la vida… a balón parado.
Unai Núñez remató un saque de esquina escupido por el palo que cazó de volea Cömert para poner el 2-2 en el 90+5. Aún quedaban tres minutos y, entonces, Pacheco impidió que Hugo Duro saltara a rematar un centro larguísimo desde la orilla izquierda y vio la roja por ello. El partido empezó con un penalti y acabó con otro en el 90+7 que el goleador valencianista transformó para cerrar una remontada que hizo explotar a Mestalla.






