Desde la previa, con un homenaje a Sergio Llull, hasta el final de la prórroga, la quinta disputada por el Real Madrid en una semana, no hubo margen para el aburrimiento en el Wizink Center. Los blancos, liderados por Walter Tavares (18 puntos, 19 rebotes), Facundo Campazzo (19 puntos, siete asistencias) y el propio Llull (16 puntos), superaron su pésimo inicio para someter al Valencia Basket en el periodo extra, al que se había llegado tras una asombroso triple de Jared Harper. [Narración y estadísticas (96-86)]
Sólo la fatiga terminó por desalentar al equipo de Alex Mumbrú, lastrado por las ausencias de Kevin Pangos y Semi Ojeleye, pero con su solidez habitual en el trabajo defensivo. Las desatenciones del Madrid, con cinco pérdidas y pésimos porcentajes en el lanzamiento, provocaron el primer amago de ruptura visitante (16-24, min.10).
En el entorno de esa renta se movió el partido hasta la segunda parte, iniciada con un cuarto de hora de retraso por un problema en el marcador. La primera ventaja local, en más de 20 minutos, pudo concretarse tras dos acciones de Dzanan Musa, pero un parcial de 0-5 frenó el despegue.
Davies y Tavares
Dos canastas de Brandon Davies, otras dos de Josep Puerto y una más de Stefan Jovic impulsaron a un bando valenciano que aún así no pudo desbocarse por culpa de dos triples de los Sergios, uno de Llull y otro de Rodríguez (64-67, min.35). Surgió entonces una vez más la figura de Davies, con cinco puntos en fila que no tuvieron consecuencias al transformar Mario Hezonja un 3+1. A falta de 3:22, y con tiempo muerto en pista, el desenlace era indescifrable (70-70).
Chris Jones ayudó a los suyos a enchufarse con cinco puntos, pero no pudo evitar que se entrase al último minuto con igualdad a 77. La rompió con un triple Campazzo y pudo poner la guinda Tavares si hubiera logrado sentenciar bajo el aro.
No lo hizo y el Valencia se puso a uno con cuatro segundos por delante gracias a dos libres de Jones. Hezonja cumplió desde la misma distancia en el otro aro, pero un asombroso triple sobre la bocina de Harper trajo consigo la prórroga. La destapó Llull con cinco puntos, solo contrarrestados por dos de Davies. Eso facilitó a los locales llevar la iniciativa y jugar con más tranquilidad, algo decisivo ante un Valencia precipitado y desacertado desde la larga distancia.
Hay una tradición en el baloncesto que a veces genera injusticias. Para designar al mejor jugador de un torneo internacional -el premio de MVP- se pregunta a todos los periodistas presentes en el pabellón, pero nunca se espera a que acabe la final. Para preparar la entrega de trofeos y no incordiar a los cronistas, se les pasa un papelito unos 10 o 15 minutos antes del pitido definitivo, al principio del último cuarto, y éstos eligen a quien consideran. Ya tienen argumentos de sobra: antes se han jugado muchos partidos y muchos minutos de la final. Pero en ocasiones lo que pasa después desfigura el galardón. Este domingo, Guillermo del Pino no fue escogido MVP del Eurobasket sub-18 y la tropelía sólo se entiende si se conoce ese protocolo. Porque lo que hizo el base español en los últimos 30 segundos de la final ante Francia es para darle todos los premios posibles, del partido, del campeonato, del año.
Con la selección perdiendo de seis puntos, Del Pino decidió que celebraría una victoria y eso hizo. Anotó un triple con un paso atrás y un rival justo delante, penetró para encestar una bandeja con un rectificado, metió un tiro libre, falló otro adrede y a falta de sólo tres segundos acertó con el triple que significaba el triunfo. En total, nueve puntos consecutivos. En definitiva, la locura.
FEB
En pleno centro de la pista del Belgrado Arena, todos sus compañeros le abrazaron y le mantearon aunque Ian Platteeuw fuera el escogido como mejor jugador del torneo. Con trofeo o sin, el héroe fue Del Pino y, en consecuencia, el centro de todas las preguntas: ¿Quién es Guillermo del Pino? Es un base de 1,96 metros de 18 años y también muchas más cosas. Por un lado, un resumen de las bondades de la cantera del baloncesto español. Por el otro, un nuevo ejemplo de que algo falla en los clubes del país.
¿Por qué no jugará en España?
Porque Del Pino lleva destacando en categorías inferiores desde niño, de hecho fue elegido MVP del Eurobasket sub-16 de 2023, pero no jugará en Liga Endesa como mínimo hasta dentro de cuatro o cinco años. Quizá no lo haga nunca. Él mismo renunció hace unos meses. De Córdoba y formado en la cantera del Coto Córdoba, llevaba ya temporadas asombrando en el Unicaja de Málaga, incluso debutó con 17 años recién cumplidos en la Champions League, pero se echó atrás cuando llegó el momento de firmar un contrato profesional. En lugar de intentar hacerse un hueco en el equipo que dirige Ibon Navarro, prefirió volver al Coto Córdoba, a la segunda FEB -antigua LEB Plata- y esperar llamadas desde Estados Unidos. Llegaron, claro, y el próximo curso Del Pino formará parte de una de las mejores universidades de la NCAA, Maryland.
«Salir del Unicaja fue una de las cosas más complicadas que he hecho en el baloncesto. Es verdad que tenía una oferta para seguir en dinámica del primer equipo, pero era muy a largo plazo, de cuatro o cinco años, y pensé en mi futuro. Lo que yo quería era irme a Estados Unidos, a la NCAA, entonces no me convenía quedarme en el Unicaja. Si hubiera firmado con el Unicaja no me habría podido ir», reconocía en el podcast Dunkers y, como él, otros.
Pese a la creación de la nueva Liga U para retener talento en España, la mayoría de promesas españolas siguen marchándose a la NCAA llamados por los altos contratos económicos que ofrecen las universidades y por la ausencia de oportunidades en casa. El propio Ian Platteeuw, MVP del Eurobasket sub-18, abandonará el Joventut de Badalona para jugar en la Universidad de Davidson, como también harán Mario Saint-Supery, Rubén Domínguez y tantos otros. España ya tiene un nuevo héroe, pero no tiene premio y lo que es peor su futuro está muy lejos.
«Sólo pienso en el presente. He aprendido eso». Devontae Cacok (Chicago, 1996) repasa la historia de su vida y todo son giros inesperados. El penúltimo le llevó a Murcia, un campeón de la NBA en el modesto UCAM. A las órdenes de Sito Alonso se reencuentra consigo mismo, ese pívot de apenas dos metros, pura fiereza, que domina pinturas. Y que afronta la Copa (hoy, 21:00 horas, en cuartos contra el Barça), sin ningún complejo: ya han derrotado dos veces esta temporada a los azulgrana.
Cacok, padre haitiano, madre jamaicana, es el chico que se rompió la muñeca jugando al fútbol americano y acabó probando en el baloncesto, un deporte que desconocía. «Era malísimo, terrible. En mi primer año promedié 0,5 puntos», recuerda. Es el joven que, años después, recién salido de la Universidad de North Carolina-Wilmington y sin ser drafteado, se encontró encerrado en la burbuja de Disney World compartiendo existencia con LeBron James y ganando un anillo con los Lakers. El pívot que se destrozó la rodilla en un partido de Euroliga en Belgrado en 2023 y tardó 20 meses en volver a jugar. Es el padre y marido que se aficionó, durante la baja, a la fotografía y el vídeo (no se separa de sus cámaras) y que ha encontrado en la insospechada Murcia una ciudad desde la que volver a despegar.
«Sólo quiero demostrar a todos que se equivocan. Mucha gente dudó de mí cuando firmé, porque llevaba mucho tiempo sin jugar, lo cual es comprensible. Pero esa duda me motiva», desafía quien, todavía en la búsqueda de su nivel anterior a la lesión con la Virtus de Bolonia (no pasa de 17 minutos en pista), promedia 12,2 puntos y 4,8 rebotes, líder de valoración del grupo salvaje de Sito Alonso, un técnico al que venera. «Desde el primer momento en que lo conocí, supe que él y yo tendríamos una buena conexión. En un partido reciente estaba frustrado conmigo mismo, no defendía. Y me sustituyó. Y sabía exactamente por qué me estaba cambiando. No porque fallara mis tiros, sino porque no estaba defendiendo. Me gusta eso. Porque no le importa quién sea, nos hace responsables a todos por igual. Lo adoro, es mi hombre», elogia al técnico que obra el milagro del UCAM -«somos físicos, duros incómodos para el rival»- un equipo de presupuesto bajo que busca un perfil de jugador como Cacok. Tipo de los que el resto no se fían (DeJulius, Forrest, Raieste...).
Cacok acude desde un calvario. «En Murcia estoy agradecido y bendecido. Ver lo que estamos logrando, sabes que es más grande que el baloncesto. Porque ahora veo todo desde otra perspectiva. Ya no doy nada por sentado. Pasé por un enorme estrés: durante cuatro meses no podía hacer nada por mí mismo. Mi madre me tuvo que acompañar, no podía ni bañarme, ni caminar. Momentos duros», acude a aquel 28 de diciembre de 2023, cuando todo se detuvo en Belgrado. Momentos de incertidumbre hasta que le confirmaron el peor de los escenarios. «Lo más difícil para mí fue cómo me informaron sobre lo que me hice. Después del partido, sabía que tenía algo mal en la rodilla. Pero me hicieron una ecografía y dijeron que todo estaba bien, que podría jugar en un par de días. Les dije de hacerme una resonancia para asegurarnos y ahí me comunican que mi temporada ha terminado. Esa parte fue la más difícil. Era lo último que esperaba y me pilló desprevenido», pronuncia con amargura. El proceso con la Virtus, que a final de esa temporada dio por terminado su contrato, fue amargo: «sucedieron muchas cosas fuera de la cancha, fue muy frustrante». Tuvo que intervenir el Comité de Conciliación y Arbitraje de la Lega y Cacok se quedó sin equipo en plena fase de recuperación.
Fue el momento crítico de una carrera ya para presumir. Porque Devontae ya guarda en su memoria una experiencia de la que contar a los nietos. En su vitrina luce un anillo de la NBA. El anillo más especial de la historia, el de la burbuja de Florida en plena pandemia. «Era mi año de novato. Había pasado de una universidad pequeña a uno de los mercados más grandes del mundo, Los Ángeles. Estaba rodeado de LeBron, Anthony Davis, Rajon Rondo.... Fueron dos meses de locura, pero valió la pena», repasa. Cacok apenas disputó un encuentro ese curso, 20 más la temporada siguiente y otro puñado con los Spurs después. Pero en su retina guarda las vivencias con LeBron. «Fue surrealista. Nunca piensas que estarás jugando en el mismo equipo que Lebron James. Me costó acostumbrarme al principio, pero después de un tiempo, simplemente... ya sabes, son personas normales, también pasan por cosas normales, y simplemente observas, ves su ética de trabajo, ves cuánto esfuerzo requiere llegar a un nivel superior. Aprendí mucho de él: ser constante con tu cuerpo, con tu juego y ser duro».
Un pasado del que presumir, otro del que aprender. Giros y más giros. Por eso Devontae no quiere anticiparse a nada. Ni siquiera a escenarios que le devuelvan a la Euroliga. O a la propia NBA. "¿El futuro? Con mi lesión y todo eso, he decidido sólo mirar al presente. Hoy estoy en Murcia y voy a darlo todo. Seguiremos adelante y luego veremos qué pasa. Sé que mentalmente es bueno pensar así, sentir así y estar preparado. Lo que tenga que pasar, pasará".
A finales de noviembre, Achille Polonara cumplirá 34 años. Y, como un regalo anticipado de la vida, hace unos días pudo incluso salir a la calle, escapar del hospital y celebrar el cumpleaños de su hija Vittoria, que se llama así porque nació en la capital alavesa, donde el ala-pívot jugó para el Baskonia de 2019 a 2021. Un triunfo para quien desde junio afronta el partido más difícil de su carrera, una batalla contra una leucemia mieloide.
El pasado 25 de septiembre, el de Ancona fue sometido a un transplante de médula -lo recibió de una mujer estadounidense compatible al 90%- en el hospital Sant'Orsola-Malpighi de Bolonia. Era el tercer y definitivo paso contra la enfermedad. Antes, en junio, pasó por sesiones de quimioterapia en Valencia. Y a comienzos de agosto recibió un nuevo ciclo. Pero tras el paso por el quirófano todo se complicó para Polonara, que sufrió una embolina que le ha tenido 10 días en coma. "Las posibilidades de sobrevivir son muy bajas", confesó Erika Bufano, la esposa del internacional italiano. "Me dijeron que tenía un 90 % de probabilidades de morir. Cuando estaba en coma, me parecía estar en otra ciudad", ha contado el propio jugador.
Junto al periodista Niccolò Devitiis, Achille ha ido relatando su terrible proceso en el programa La Iene. Sin miedo a publicar en redes sociales las fotos que dan fe sobre su paulatino debilitamiento físico. Fue el pasado 16 de julio cuando la Virtus de Bolonia, el club en el que militaba, anunció que su jugador había sido diagnosticado con leucemia mieloide, después de varias revisiones médicas a causa de una mononucleosis. Polonara ya sufrió, en octubre de 2023 (jugaba entonces en el Zalgiris de Kaunas), un cáncer testicular por el que tuvo que ser sometido a una cirugía. En apenas dos meses regresó a las canchas.
"No me acuerdo de mucho, era como estar dormido. Pero no os liberáis tan fácil de mí. Me siento muy afortunado de estar aquí...", dijo Polonara. Erika Bufano no se separó de su lado en todo el proceso. Admitió que le hablaba todos los días durante el estado de coma y que tuvo que mentir a sus dos hijos, a los que dijo que a su padre se le había roto el teléfono y por eso no respondía. "No era creyente, pero he rezado mucho estos últimos días. Le decía: 'Por favor, no me dejes, te necesito'. Ha sido un milagro", dijo su esposa
Pese a su enfermedad, el ala-pívot, formado en la cantera del Teramo Basket, firmó este verano por el Dinamo Sassari sardo, en el que ya militó entre 2017 y 2019.