El Fluminense dio la gran sorpresa en Charlotte al eliminar al Inter de Milán, finalista de la Champions League (2-0), en los octavos del Mundial de clubes. Otra decepción para los nerazzurri, que cierran la temporada sin un trofeo tras liderar durante muchas jornadas la Serie A y ser humillados por el PSG en la final de Múnich. El equipo carioca se impuso con goles de Germán Cano y Hércules, prolongando el gran momento del fútbol brasileño en el torneo. [Narración y estadísticas (2-0)]
Todo le salió mal al Inter, visiblemente agotado físicamente tras una larga temporada, que se topó con una heroica defensa del Fluminense a pesar de tener mucha posesión. Con un calor abrasador (32 °C) y con menos de 20 000 espectadores en el Bank of America, con capacidad para 74 000, los italianos hubiesen necesitado delanteros mucho más inspirados para inquietar a una zaga liderada por Thiago Silva (40 años) y Fabio, el más veterano del torneo (44).
El guardameta detuvo los disparos de Federico Di Marco (min. 11) y Lautaro Martínez (min. 79 y 81) y se sintió favorecido por los palos, que escupieron los intentos del argentino (min. 82) y del italiano (min. 90+6). Thiago Silva, ex del Milan, pareció muy motivado por la idea de jugar una mala pasada al gran adversario de los rossoneri.
La apatía de Marcus Thuram, en alarmante baja forma, también benefició al Fluminense. El internacional bleu apenas dejó una volea (min. 24) y pareció aún renqueante de su reciente lesión en el muslo. Fue sustituido en el minuto 65.
Nicolo Barella pareció el único que se mantuvo a flote, mientras que el Fluminense se apoyó en la técnica de Jhon Arias para sembrar el pánico. El colombiano dispuso de un par de formidables derechazos, ambos neutralizados por Yann Sommer (min. 30, min. 61). La decepción es inmensa para el Inter, pero el Fluminense mostró más coraje y, sobre todo, contó con más recursos físicos para continuar su aventura en el torneo.
Thomas Craig, jugador de la selección australiana de hockey, ha sido arrestado en París mientras intentaba comprar cocaína, según informan fuentes policiales y de la fiscalía.
El detenido, quien, a sus 28 años, participó en la derrota de su país ante Países Bajos en cuartos de final del torneo masculino de hockey, fue sorprendido por los agentes cuando intentaba realizar "una transacción de cocaína" a la entrada de un edificio de la capital francesa. Así, Craig estaba en posesión de "aproximadamente un gramo de cocaína" que acababa de comprar.
El vendedor, de 17 años que también fue detenido, llevaba en su poder varios estupefacientes, entre ellos "75 pastillas de éxtasis", cocaína y drogas sintéticas, según las fuentes policiales. Ambos permanecen bajo custodia policial.
La estrella de los 'Kookaburas', nombre con el que se identifica al equipo australiano, estaba en la segunda participación en unos Juegos Olímpicos, después de que en 2021, en Tokyo, consiguiese alzarse con la medalla de plata.
"¡Así, sufriendo, se crea el equipo!". Y tanto que había sufrido. En su primer partido bajo la dirección de Pablo Bouza, la selección masculina de rugby ganó a Países Bajos (18-20) después de que los locales fallaran un tiro a palos con el tiempo agotado. Las palabras de Bautista Güemes, uno de los veteranos, a sus compañeros abrazados en círculo contenían una segunda verdad. El equipo se está creando, está en construcción.
Mes y medio más tarde, la selección española ha acabado tercera en el Campeonato de Europa, el nivel siguiente al Seis Naciones. Tras esa angustiosa victoria en Amsterdam y otra más holgada contra Alemania(27-5), España se ha medido a tres quinces que disputaron el último Mundial. Plantó cara a Georgia antes de ser avasallada al final (38-3), dominó muchos minutos a Portugal pese a la derrota (33-30) y este domingo se ha impuesto a Rumanía en un encuentro que empezó mal y remontó con meritoria autoridad (33-40). Una actuación global que devuelve la ilusión a los aficionados.
"El seleccionador se enfoca mucho en el grupo, que estemos unidos", afirmaba hace unos días Güemes. El argentino Pablo Bouza dirige esta etapa. La anterior, conducida por Santiago Santos, se cerró con el éxito deportivo de la clasificación para dos Mundiales y el desastre de las descalificaciones posteriores por la alineación irregular de jugadores nacidos en el exterior. La columna vertebral se basa ahora en jóvenes talentos de la prolífica cantera española. Parte están enrolados en clubes franceses, algunos en los equipos filiales de 'promesas'. El nuevo capitán, Mario Pichardie, sólo 23 años, demostró su liderazgo contra Rumanía.
"Armar un equipo, crear una identidad" es el objetivo declarado por Bouza para este 2024. No sólo implica trabajo deportivo. Los ratos libres se aprovechan para hacer actividades juntos. "Se crean más vínculos; si no, sé cómo uno me la va a pasar pero no le conozco", señala Álvaro García, capitán hasta agosto de la selección sub20 y ya asentado en la absoluta. Cuenta cómo los sub20, que se clasificaron para el mundial de su categoría, pactaron unos valores en los que se refugiaban cuando un partido se torcía. Siente que, sin haberlo verbalizado, el XV del León comparte "el compromiso, me dejo el hombro por el equipo, y ser disciplinados".
Placaje de Alvar Gimeno al rumano TomaneChristophe Petit PessonEFE
Álvaro pide con frecuencia consejo a Del Hoyo y Ovejero, internacionales con más kilómetros que a la vez son sus competidores por el puesto de talonador. "Hay muy buen rollo, mi librito de apuntes se está llenando". Acude a la experiencia ajena porque en varios aspectos nota el salto de categoría. "La melé es una de las fases más complicadas; el ritmo de juego es distinto; y la parte física, no es lo mismo jugar entre gente que tiene 20 años que entre gente que tiene treintaypico", apunta. La melé es también la faceta del juego en la que el XV del León se ha visto más superado en estos cinco partidos. La solución no será inmediata. Hacen falta kilos de músculo y sobre todo horas de vuelo.
Durante el torneo la selección española ha mejorado en defensa, especialmente en la propia 22. "Nos encontramos cómodos", resume el apertura de origen argentino Bautista Güemes. El grupo también ha crecido en los contactos. De retroceder en el primer partido contra Países Bajos a imponerse en el pick and go -percusiones sucesivas- en la primera mitad contra Portugal y a hacer así dos ensayos, ambos de Pichardie, a los antaño abrasivos delanteros rumanos.
Sin embargo, esa dureza que va adquiriendo el quince de Bouza suele debilitarse a partir del minuto 60. El seleccionador tampoco ha dado hasta ahora muchos minutos a los hombres del banquillo. "Puedes jugar a lo que quieras, pero si delante no aguantas un partido entero, los equipos empiezan a flaquear", describe Álvaro García. Su compañero Bautista Güemes coincide. "Hay un momento en que nos empezamos a caer y por eso necesitamos subir el aspecto físico para aguantar los ochenta minutos al 110%". Destaca el compromiso común de seguir avanzando al margen de las concentraciones. "El físico es un poco nuestro debe, tenemos que trabajar, siento que cada uno lo va entrenar mucho más", añade.
La solución óptima a este problema supera a los propios jugadores y afecta en realidad a todo el calendario de competiciones. El seleccionador se ha mostrado partidario de un acuerdo con los clubes para que los internacionales lleguen más descansados a los partidos de 2025, cuando se disputará la clasificación para el el mundial de Australia 2027. Pero ese pacto parece muy difícil con los clubes franceses, ya bastante remisos a prestar a sus profesionales.
La selección celebra el tercer puesto en el Campeonato de EuropaChristophe Petit PessonEFE
En las cinco semanas de trabajo el equipo se ha esforzado en reducir las pérdidas de balón y en rearmar el maul de touche, una plataforma ofensiva que la selección de Santos practicaba de memoria y que, por la renovación, ha perdido efectividad. "Es un fuerte nuestro y vamos a seguir aunque tengamos gente joven, en categorías inferiores trabajamos mucho eso", afirma Álvaro García, convencido de que volverán a sumar ensayos avanzando en formación. Su pronóstico, expresado el pasado jueves, se cumplió el domingo contra Rumanía.
En el Campeonato de Europa ha destacado la calidad y peligrosidad de los tres cuartos españoles, veloces ejecutores de la mayoría de los ensayos. "Queremos rucks rápidos, mover la pelota, y hacer al otro equipo, más pesado, que se canse. En la inferioridad física podemos correr, tenemos jugadores que manejan muy bien la pelota", explica Bautista Güemes.
En los dos últimos partido la selección de Bouza tuvo tanta o más posesión de balón que Portugal y Rumanía, otra señal de progreso. "El engranaje es más fluido cada vez", subraya Álvaro García, quien elogia la experiencia que aporta un puñado de veteranos. Güemes, 33 años, destaca que a los recién llegados sólo les falta "rodaje" y apela al legado. "Estamos para acompañar y luego dejarlos que sigan", subraya.
A este equipo en construcción le queda media docena de partidos para completar la puesta a punto antes de luchar por la ansiada clasificación para Australia 2027. "España no sólo va a competir, sino que lo va a lograr", sentencia Güemes. Para él, superviviente del último fiasco, sería un sueño cumplido. "Si estamos acá, es por algo".
La clasificación, en 2025
La aspiración española de acudir a un mundial de rugby por primera vez desde 1999 se ve favorecida por el aumento de los equipos participantes, que en Australia 2027 subirán de 20 a 24. Eso puede suponer al menos una plaza más en el torneo clasificatorio europeo, que se disputará a lo largo del año 2025. No se ha anunciado aún cómo se desarrollará.
Para Francia 2023, las selecciones del llamado Campeonato de Europa compitieron por dos plazas directas y una de repesca. Si se confirmara el aumento, ocho selecciones lucharían ahora por al menos cuatro puestos. Georgia vuelve a ser favorita para conquistar el primero. Con Rusia aún excluida, Portugal, Rumanía y España serían candidatas a los otros. La amenaza para todos es el avance de Países Bajos.
Tadej Pogacar sustituye la emoción por el asombro sin reservas. La incertidumbre, por la admiración sin límites. Despoja a la carrera de esa competitividad entre iguales o entre similares que la convierten en una incógnita de cara al resultado. En la subida a la primera de las dos cotas encadenadas de segunda categoría, la de Domancy, forzó la marcha sin alzarse sobre los pedales y dejó tirado en el acto a Jonas Vingegaard. Por detrás, ya había cedido Remco Evenepoel, que viajaba en compañía de Lipowitz, Jorgenson y Wellens.
La subida no era nada del otro mundo: 2,4 km, a nueve de la meta, al 8,6% de promedio. Pero fue suficiente. Pogacar no tuvo oposición, no tuvo contestación, no tuvo rivales. Alcanzó a Alex Baudin, superviviente de la fuga del día, y lo mandó al desguace. En la segunda cota, la de Cry (2,7 km al 8%), que coronaba el trazado de la jornada, alzó los brazos con la alegría del vencedor y la naturalidad de la frecuencia. Vingegaard llegó a 1:01. Luego, diseminados. Lipowitz a 1:22, Jorgenson a 1:30, Evenepoel a 1:50, etc. Pogacar se viste de amarillo por delante de Vingegaard, a 0:43; Lipowitz, a 0:54; y Evenepoel, a 1:23.
La etapa, 127 km., la más corta en línea de las ocho del Criterium Dauphiné, hizo, bajo el impulso de Lipowitz, una selección en el Mont Saxonnex, el primer puerto de primera de esta edición del Dauphiné. Mantuvo la escapada de Michael Leonard y Baudin, y depuró el pelotón dejándolo compuesto por una treintena de unidades.
Pensando en la imponente etapa del sábado y la tremenda del domingo, la de este viernes entre Valserhone y Combloux no parecía destinada a establecer ya diferencias entre los grandes. Pero Vingegaard, Evenepoel y compañía se han rendido a las primeras de cambio. Aparentemente sin lucha. O sin la suficiente, aplastada por la impotencia. Se diría que sin rebeldía, aunque la superioridad de Pogacar es tal que minimiza las reacciones y los gestos ajenos, dando a impresión de que la resignación se impone en todos por encima del espíritu y el deber de lucha.
Tadej obtiene su novena victoria de la temporada (43ª del equipo UAE) y la 97ª de su historial. No es descabellado pensar que, entre el sábado, el domingo y la general, llegue esta misma semana a las 100. Ha propinado un contundente golpe moral a Vingegaard y, sobre todo, a Evenepoel, que sigue sin ofrecer garantías en la montaña, aunque la de este viernes no asustase demasiado. Cuesta admitir que en una etapa de, en el fondo, medio tonelaje, Tadej haya barrido de un solo y casi desdeñoso escobazo a sus adversarios. Esto no puede acabar aquí y así.
El sábado nos trae tres colosos de categoría especial: la Madeleine, la Croix de Fer y Valmeinier, donde concluye el recorrido. Un trazado digno de las grandes jornadas del Tour. Necesitamos confiar en una reacción de los primeros (segundos) tenores.
Necesitamos confiar en que no haya terminado todo. Las diferencias no son muchas, es cierto, pero se antojan irrecuperables. Hay un monstruo en el pelotón que come ciclistas.