El 29 de octubre, el barro colapsó la vida de Valencia arrastrándolo todo a su paso. La provincia aún supura dolor y lágrimas, pero el fútbol regresa a Mestalla como sentido homenaje y vía de escape emocional, como alivio para un pueblo que lucha por alzarse, justo como lo hace su equipo también desde el fondo de la clasificación. Ante el Betis, el reto es mayúsculo: convertir en energía y goles toda la carga emocional acumulada en estos días hor
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Para crecer en el fútbol no es necesario echarse en brazos de grandes accionistas, locales o extranjeros. También hay quienes resisten y pelean por mantener un modelo en el que los aficionados, los socios, sigan teniendo todo el control. Y no, no son el Real Madrid, el FC Barcelona, el Athletic u Osasuna, sino clubes más modestos que ascienden desde las categorías de barro buscando plantarse en las profesionales. Puede que el camino sea más largo, pero también más satisfactorio. Unionistas de Salamanca es el ejemplo que ha llegado más alto.
Nació en 2013 tras la desaparición de la histórica Unión Deportiva Salamanca y ha ido creciendo guiado por una gestión eficiente y el apoyo de una masa social con un enorme sentimiento de pertenencia que quedó huérfana. «Es fruto de aquel trauma, de ver que nuestro equipo se liquidaba, que intentamos salvarlo, pero el dueño sólo miró por sus intereses. Entonces entendimos que un equipo no podía depender del capricho de una persona», cuenta Roberto Pescador, hoy presidente pero miembro de la directiva desde la fundación.
En ese intento de rescatar a su club optaron primero por la vía más habitual: buscar otro comprador que hiciera frente a las deudas. Contactaron con un empresario británico, directivo de la empresa del entonces presidente del Newcastle, Mike Ashley, dispuesto a invertir un millón de libras. «Pero Pepe Hidalgo ya tenía otros planes y dejó que el equipo fuera a liquidación», recuerda. Ese golpe -«unido a la rebeldía de la juventud», reconoce-, les llevó a fundar Unionistas. «Sin empezar a competir teníamos 1.000 socios. Tras el primer año superamos los 2.000. Hubo que ganarse la confianza pero los resultados se iban dando», explica Pescador. Aún recuerda los rumores a los que se enfrentaron: «Que si nos íbamos a quedar el dinero de los abonos, que si nos estábamos haciendo de oro... Esos eran los continuos comentarios al principio y los entiendo, porque la mayoría de gente se acerca al fútbol para eso».
Se disiparon conforme se iban encadenando ascensos hasta llegar a Primera RFEF, donde están consolidados, con las cuentas saneadas y siendo protagonistas en la Copa del Rey. Recibieron al Real Madrid en 2020 y en la pasada edición, eliminaron al Villarreal, y se plantaron en octavos de final ante el Barça. «Es cierto que nos hemos creado un nombre y que estos resultados llevan a mirar más allá y han dado a conocer nuestra filosofía», admite con orgullo.
Por eso no han faltado ofertas de compra. «Cada temporada hay llamadas de inversores para comprar el club. Y todos reciben la misma respuesta: no se vende. Estamos abiertos a inversiones, pero sin ceder nunca el control, que estará siempre en manos de los socios a través de una directiva a la que fiscalizan. Aquí nadie tiene acciones y todo se decide en asambleas», advierte.
Unionistas crece sin prisas, con dos millones de ingresos y un gasto de medio en la plantilla frente a gigantes como el Deportivo que superaba los cinco, pero no descartan llegar a Segunda. ¿Se puede llegar con esta estructura horizontal y democrática? «Creo que es posible. Sólo tendríamos que profesionalizar un poco más la estructura del club, pero en cuanto a decisiones, seríamos como el Athletic o el Osasuna».
Adiós a las Sociedades anónimas y un consejero de la afición
La actual Ley del Deporte aprobada en diciembre de 2022 recoge dos reclamaciones que protegen a los aficionados frente al régimen de Sociedades Anónimas Deportivas.
La primera es que ya no es obligatorio transformarse en empresa para jugar competiciones profesionales, sino que se podrá hacer bajo la forma jurídica de club deportivo.
La segunda, recogida en el artículo 71, es que en los consejos de las SAD debe haber «al menos un consejero independiente que deberá velar especialmente por los intereses de los abonados y aficionados». Especifica la ley que no debe verse «condicionado por relaciones con la sociedad o su grupo, sus accionistas significativos o sus directivos».
Georgia lleva dos años en el mapa del fútbol europeo detrás de los nombres de Khvicha Kvaratskhelia y Giorgi Mamardashvili. Su brillo en el Nápoles y en la portería del Valencia ha hecho volver la vista al campeonato de un pequeño país de 3,7 millones de habitantes, la mitad que la Comunidad de Madrid, que se envuelve en su bandera para, por primera vez en su historia, disputar una Eurocopa.
Los georgianos proclamaron su independencia de la Unión Soviética en 1991 y aplastaron una invasión de Rusia en 2008, pero su fútbol ha sido conquistado por españoles. La base del logro de una selección que enloqueció al país en la tanda de penaltis de la repesca ante Grecia tiene su origen en España y en los éxitos que encadenó la Selección Española de 2008 a 2012, cuando el tiqui-taca asombró.
Jugadores y técnicos eran reclamados y Georgia fue una de las ligas receptoras. Allí desembarcaron dos ex entrenadores de la cantera del Barça: Álex García, que dirigía al juvenil y hoy es segundo de García Pimienta, y Andrés Carrasco, cuya misión era crear la academia del Dinamo de Tiflis por encargo de su propietario, el empresario Roman Pipia, dispuesto a hacer crecer al equipo que vio campeón de la Recopa en 1981 y, sobre todo, a la selección de su país. Hoy el 70% de la selección que en Alemania dirige el francés Willy Sagnol creció en esa academia, empezando por los dos estandartes.
Con ellos llegaron poco después un puñado de futbolistas , entre ellos Xisco Muñoz, campeón de Liga con el Valencia en 2002, que fue primero jugador y luego como técnico del Dinamo. "No teníamos ni ciudad deportiva para entrenar, pero había una intención de hacer crecer el fútbol y el presidente quería apostar por la gente joven del país", recuerda el técnico, hoy en Eslovaquia, que ganó dos campeonatos en el Dinamo.
Uno de esos 'cruzados' que defenderá a Georgia en su primera Eurocopa nació al fútbol con esa mentalidad española. "Yo jugaba en la academia de Dinamo de Tiflis con 12 años tuve un director que ha influido muchísimo en la manera de entrenar y de jugar al fútbol en Georgia. He crecido con la mentalidad y el estilo de juego español". Lo cuenta a EL MUNDO Giorgi Kochorashvili, centrocampista del Levante UD, que se convirtió en el primer futbolista georgiano que daba el salto a una de las cinco grandes ligas en dos décadas. "Desde Shota Arveladze nadie lo había hecho y ese primer paso fue complicado, porque salí con 18 años de mi país y hasta los 21 no pude debutar. Sin embargo, es una demostración de que es posible. De esa convicción de que se puede ha llegado Mamardashvili, con su altísimo nivel, o Khvicha Kvaratskhelia a Nápoles... Los jugadores empiezan a salir y todos estamos creciendo", explica.
Ese director que marcó a Kochorashvili es Andrés Carrasco. "Nuestra idea fue fundar la academia para conseguir un estilo, una identidad. Yo llevaba 13 años en el Barça y vimos que era factible aplicar ese 4-3-3 allí, porque su nivel físico era bueno y había muchos jugadores de calle con los que se podía trabajar con un perfil técnico interesante", explica en conversación desde Tiflis, donde acaba de renunciar a entrenar al Dinamo. Chicos con capacidad de uno contra uno para los perfiles, que no perdieran la pelota y que fueran capaces de jugar a dos toques. Eso, e inteligencia en el campo. Ambas cosas se las vio a Kochorashvili y, sobre todo a Kvaratskhelia. "Era luchador, muy trabajador, porque esa capacidad de trabajo es lo que te hace especial en Georgia. Pero nadie veía su talento. En las pruebas que hicimos no lo mostró y hubo mucha gente que dudó. Yo me la jugué porque creía que lo merecía", relata sin ver el techo del jugador que asombró al Diego Armando Maradona. "Era imposible predecir que iba a tener un impacto tan grande. El paso más difícil fue el de Rusia al Nápoles pero fue progresando y el factor sorpresa le ayudó", explica.
Para Carrasco, ha sido "vital" que hayan dado el salto a ligas más competitivas. "Es la primera vez que apenas hay jugadores en la selección que no estén en Rusia o en Georgia". En España ha costado, tanto que Mamardashvili fue ofrecido en un email que media Primera División rechazó, en la Premier apenas recuerdan la experiencia del talentoso y anárquico Georgi Kinkladze en el City a mitad de los 90 y miran al mediocentro del Watforf Chakvetadze, y es en Francia donde mejor están anidando desde el joven goleador Mikautadze en el Metz a Davitashvili en el Burdeos.
Georges Mikautadze, delantero del Metz francés.AFP
"El fútbol del país tiene visibilidad porque hemos venido jugadores a España, Italia o Francia. Ese reconocimiento ayuda a que la gente se anime más a buscar talento en Georgia. No es que antes no hubiera buenos jugadores, pero no daban el salto a un equipo europeo para jugar, aprender y crecer. Quedándote en Georgia puedes mejorar, pero hay que ver más allá y rodearte de gente que está a un nivel top. Jugar en una de las cinco grandes ligas te da muchísimo", advierte Kochorashvili.
"Como se han criado españolizados están más adaptados a nivel cognitivo al fútbol de primer nivel cuando dan el salto. Ése ha sido el éxito de Andrés, acercarlos al fútbol profesional", añade Xisco, convencido de que en esta Eurocopa pueden ser una sorpresa. "Hay jugadores que con 21 años ya llevan 100 partidos y están dispuestos a no dejar pasar ninguna oportunidad. Lo van a dar todo por su país y saldrán a jugar envueltos en su bandera y haciendo patria", advierte.
No serán nueve entre Mamardashvili y Kvaratskhelia. "Está claro que él es el gran ídolo, una estrella de las que nacen pocas veces, pero en Georgia jugamos en equipo. Él nos ayuda muchísimo con su talento y nosotros a él para que dé su mejor versión en cada partido", puntualiza 'Kocho'.
Son un equipo tras la idea que les propone Willy Sagnol, a quien siguen con fe ciega. "La parte mental la controla muchísimo, que es algo muy importante en el fútbol más allá del físico y la táctica. Nos da mucha libertad y eso nos hace sentirnos muy fuertes y disfrutar de cada momento que vivamos ante Turquía, Chequia o Portugal". Ése es el partido al que todo el mundo mira, se lamenta Kochorashvili recordando que es el último de la fase de grupos.
No tendrán los 'cruzados' georgianos el apoyo de los 60.000 aficionados que llenaron la gradas del estadio nacional en la repesca ante Grecia, pero sienten lo vital que es para el país poder darles una alegría. En medio de una crisis política por la influencia rusa y la limitación de derechos que conllevaría, "para la gente será una forma de desconectar. Somos un país pequeño que sueña a lo grande y estamos listos para esta aventura".
Inma LidónEnviada especial SevillaEnviada especial SevillaActualizado Jueves,
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