El Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, ha abierto una actuación de oficio ante la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte para solicitar información sobre las actuaciones iniciadas tras los insultos racistas proferidos contra los jugadores Lamine Yamal, Ansu Fati y Raphinha durante el Real Madrid-Barcelona del pasado sábado.
La institución informó a través de un comunicado de que quiere conocer la valoración de la Comisión respecto al cumplimiento y posible adopción de medidas adicionales a las previstas en la Ley 19/2007 de 11 de julio contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, “incluyendo las posibles propuestas de instrucción de expedientes sancionadores”.
Esta investigación, añade, se una a otra actuación abierta por el Defensor del Pueblo que, en mayo de 2023, tras recibir varias quejas, “inició actuaciones ante el CSD por los insultos racistas recibidos por el jugador Vinícius Júnior en el Valencia-Real Madrid disputado en el estadio de Mestalla”.
¿De qué sirve una ovación? En la mayoría de escenarios, una estampida de aplausos lo es todo: el reconocimiento, el éxito. Pero en el tenis no es así. El tenis no es lugar para artistas; tan cruel resulta. Después de cada truco que asombra al público hay que ganar otro punto, y otro, y otro, y al final la magia queda enterrada por la derrota. En el tenis, una ovación no sirve para nada.
Corentin Moutet se presentó ante Carlos Alcaraz con su paleta de golpes de autor —sus dejadas, sus globos, sus liftados, sus tweeners, sus saques por abajo— y los aficionados se lo pasaron bien, vaya si se lo pasaron bien, pero el francés no tuvo opción. El marcador, que acabó reflejando un 6-2, 6-4 y 6-1 en dos horas y cinco minutos de juego, condenó su arte. A ratos, una tercera ronda del Open de Australia se convirtió en una exhibición y fue divertidísimo; ese será su consuelo. Si estaban durmiendo, miren los highlights, porque valdrán la pena.
DAVID GRAYAFP
Hubo múltiples intercambios para el espectáculo y los editores de los vídeos de las distintas televisiones tendrán donde elegir. El resto de puntos, eso sí, fueron dominados por Alcaraz. Su superioridad ante Moutet era tan evidente que podía escucharse; ni siquiera hacía falta abrir los ojos. Sus golpes sonaban como siempre, una detonación tras otra, mientras el francés emitía un ruido distinto, un murmullo. Si no inventaba, le faltaba fuerza. O, mejor dicho, inventaba porque le falta fuerza. De vez en cuando, Moutet soltaba su derecha desde el fondo de la pista y parecía peligroso, pero lo hacía tan pocas veces, era tan excepcional, que no suponía una amenaza real. El riesgo para Alcaraz estaba en la distensión.
Cuatro juegos consecutivos
El segundo set fue la evidencia. En los primeros 45 minutos de partido, todo estaba resuelto. Al número uno también le gusta entretener a los aficionados, pero su juego se basa en la potencia que el tenis actual exige y sus derechazos no encontraban respuesta al otro lado de la pista. Con 6-2 y 3-0 en el marcador, su clasificación para octavos de final era cuestión de tiempo. Pero entonces Moutet le tendió una trampa. Entre la tensión que genera un Grand Slam, en una pista multitudinaria como la Rod Laver, le invitó a bailar con golpes tan raros como un par de saques por abajo, y Alcaraz aceptó la oferta.
Entre el jolgorio del público, ambos empezaron a buscar el más difícil todavía. Y de repente, el español concedió cuatro juegos consecutivos, dos breaks en contra —del 3-0 al 3-4—, y tuvo que ponerse a trabajar de nuevo. Tampoco le costó recuperarse, pero tendrá que aprender de lo ocurrido. Hasta el final del partido podía divertirse, sí, pero lo más importante era la victoria. En la siguiente ronda le espera Tommy Paul, que no será tan ameno.
"No es fácil jugar contra alguien como Corentin, no sabes lo que vendrá. Lo bueno es que ha sido divertido para todos, habrá muchos 'highlights'", comentaba Alcaraz que bromeaba sobre la cantidad de dejadas que le había hecho Moutet. El francés le llevó a la red hasta 55 veces y, al final, aseguraba estar "exhausto": "Ha habido un momento en el que le he dicho a mi equipo que ya no me iba a correr más a las dejadas. Normalmente soy yo el que utiliza ese golpe, ahora veo lo que provoca".
Este martes ha comenzado el juicio en el Tribunal Superior de Dublín contra la estrella irlandesa de artes marciales mixtas Conor McGregor, acusado de violación y agresión sexual por una mujer identificada como Nikita Ní Laimnhin, que sitúa los hechos en un hotel de la capital irlandesa el 9 de diciembre de 2018, y que involucra además a otro hombre llamado James Lawrence.
La mujer reclama daños civiles contra ambos alegando que fue agredida sexualmente. Sin embargo, los abogados del excampeón alegan que se trata de un intento de extorsión, informa The Guardian.
El juez Alexander Owens ha señalado que el caso es de carácter civil, por lo que no implica una condena penal, sino una indemnización en el caso de que se demuestren los hechos.
Según ha detallado la mujer, ambos se conocían de antemano ya que, según su versión, son de la misma zona en Dublín y tenían amigos en común. En la reconstrucción de los hechos presentada por el abogado de la denunciante, Ní Laimhin y una amiga quedaron con el luchador esa noche, quien las recogió en su coche para ir a casa de Lawrence.
Acto seguido, según continúa, McGregor consumió cocaína con ellas y posteriormente se fueron a una suite de un hotel donde el boxeador supuestamente intentó mantener relaciones sexuales con ella a pesar de que esta se negaba.
Ante el tribunal, ella dijo que se sintió intimidada y que McGregor la inmovilizó en la cama sin escuchar sus negativas y ejerciendo presión sobre ella pese a que intentó persuadir al luchador mencionando que conocía a su mujer y familia.
Asimismo, el ginecólogo y testigo en el caso, el doctor Kane, alegó que la mujer presentaba lesiones tras el suceso en su cara, cuello y cuerpo y múltiples hematomas "consistentes con el esquema de los eventos descritos por la demandante".
Con todo ello, el juicio se espera que dure alrededor de dos semanas y durante este tiempo se presentarán testimonios adicionales y se evaluarán más pruebas para determinar si el especialista en artes marciales es o no responsable de los hechos que se le acusa.
AMADEU GARCÍA
@amd_garcia
Barcelona
Actualizado Miércoles,
9
agosto
2023
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