El equipo azulgrana, con dos goles de Lewandowski y uno de Cancelo, supera a un Celta que llegó a ponerse 0-2 en Montjuïc y se encarama provisionalmente al liderato
Joao Cancelo tras anotar el gol de la remontada ante el Celta.Toni AlbirEFE
El Barça tuvo que apuntarse a la épica para encaramarse al liderato. Dos chispazos consecutivos de Lewandowski y uno de Cancelo, en la recta final del partido, acabaron por sentenciar a la derrota a un Celta que llegó a ponerse 0-2 en Montjuïc y que amenazó claramente con romper la buena racha que habían estado firmando los barcelonistas en casa. A pesar de que los de Rafa Benítez ahogaron a los azulgrana casi hasta la desesperación, la calidad individual de sus jugadores fue en esta vez el factor determinante al que pudo agarrarse para darle la vuelta a una situación que llegó a parecer casi irremediable.
El Celta se plantó en el césped de Montjuïc dispuesto a incomodar hasta el extremo al ataque del Barça y aprovechar cualquier pérdida de los barcelonistas para asaltar su portería a la contra. Y el plan, a decir verdad, le salió muy bien en los primeros 45 minutos del duelo. El equipo de Rafa Benítez fue el que protagonizó los acercamientos más claros al área rival y sacó oro de una recuperación rápida que Stand Larsen, antes de que se cumplieran los primeros 20 minutos del partido, se encargó de convertir en el 0-1.
Y aún podrían haber sido peor las cosas para los locales en este primer acto si Ter Stegen no hubiera sacado una gran mano ante un remate de cabeza de noruego que bien podría haber sido el 0-2. El alemán, de hecho, firmó también una intervención notable en el arranque del encuentro para evitar que su gran némesis, Iago Aspas, rompiera su prolongada mala racha anotadora y sumara un tanto más a los nueve que acumula ante el germano.
El 0-1 no fue la única mala noticia del primer tiempo para el Barça. De Jong, renqueante por un golpe en el tobillo derecho, tuvo que dejarle su sitio a Gavi antes del descanso. En la reanudación, Xavi buscaría un revulsivo con la entrada al terreno de juego del jovencísimo Lamine Yamal El Celta, no obstante supo mantenerse fiel al estilo que tan buenos resultados le había dado en la primera mitad del encuentro. E, incluso, supo aprovechar las ansias azulgrana para aumentar las distancias en el marcador. Douvikas, relevo de Strand Larsen, puso el 0-2 poco después de que Bamba obligara a Ter Stegen a enviar un duro remate de Bamba a córner.
El Barça, contra viento y marea, mantuvo la fe. Y eso, a la postre, acabaría por propiciar que le diera la vuelta al marcador en la recta final del duelo. Y en apenas ocho minutos. Lewandowski, por partida doble y tras asistencias de Joao Félix y Cancelo, ponía el empate en el luminoso para que el propio defensa cedido por el City sellara la remontada apenas un minuto antes de que se cumpliera el tiempo reglamentario. Los visitantes, pese al golpe, tuvieron alguna oportunidad aún para, al menos, llevarse un punto. La fortuna, con todo, les dio la espalda.
«Que nazca algo del caos que sembré», escribió ella misma cuando transitaba por el abismo. Sandra Piñeiro (Boiro, 1996) rememora sus nubes negras con una franqueza que pone los pelos de punta. El lado tenebroso del deporte, el que no se quiere ver pero ahí está. La anorexia adueñándose por completo de una remera de elite, ganadora por dos veces de la Bandera de la Concha con el Club Orio Arraunketa Elkartea. «Poco a poco, estaba matándome, me iba consumiendo», recuerda ahora, ya todo superado, de vuelta a sus 70 kilos (llegó a bajar de 50), al apetito, y con tantos horizontes, retos que le devuelven a la vida. El pasado 21 de abril completó el IRONMAN 70.3 de Valencia y a mediados de julio afrontará el más difícil todavía, la distancia completa (3,8 kilómetros de natación, 180 de ciclismo y un maratón) en Vitoria.
Sandra es pura vitalidad, pero ahí está su historia como lección, como ejemplo y como aviso. Cuando pidió ayuda y escapó de sus propia mente, resurgió la salud, la física y especialmente la mental, y sus ganas de todo. Probó crossfit, hizo carreras de montaña, aprendió a escalar -«cuatromiles, tresmiles, todos los Pirineos me los conozco de pe a pá...»- y ahora le apasiona el triatlón. También se ha empeñado en ayudar a los demás, en visibilizar un tabú que en su caso estuvo a punto de arruinarlo todo. Además de trabajar como entrenadora y readaptadora en San Sebastián, colabora con la Fundación Juntos e Invulnerables, para que los niños no tengan que atravesar por lo que ella pasó.
Sandra relata su historia no tan lejana en EL MUNDO, como muestra de hasta donde puede llevar la mente cuando todo se enturbia. Sus inicios en el remo en Galicia, en el club Cabo de Cruz su Boiro natal, «la primera y única chica», ya con ese «punto obsesivo por el deporte» que lo ponía incluso por delante de los estudios. De ahí a Riveira y pronto «el sueño de venir a remar al País Vasco, que era como jugar la Champions League en fútbol. Ganar la Concha, ganar la Liga... las competiciones más importantes en el mundo de las traineras», aunque ya entonces había brotado algo peligroso dentro de ella.
Piñeiro, en la carrera del IRONMAN 70.3 de Valencia, en abril.@ironmanspainMUNDO
«El problema psicológico con la comida venía de más atrás. Yo era una niña que se refugió en el deporte, encontré ahí un punto de paz y de control dentro del descontrol que tenía, de la mala gestión emocional de problemas en casa. Nació una relación tóxica: me gustaba, me hacía feliz, pero había algo que no era sano con él. Eso es lo que más me costó ver», se inculpa, aunque admite que a los 10 años ya la habían subido a una báscula y enciende la crítica hacia esos entrenadores, sobre todo en deportes minoritarios, «que hacen de Dios, sin conocimientos ni capacidades, jugando con la salud de las personas». Cuando dio el gran salto y fue fichada por Orio, donde pudo compatibilizar con sus estudios y prácticas de la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, la «obsesión fue a más». «En mi cabeza ya no había otra cosa que no fuese entrenamiento y restricción de comida. No comer, cada vez tenía que pesar menos. Menor peso, mayor rendimiento...», detalla.
Y llegó el infierno. «Normalizar cosas que no son normales». Y mejor escucharla despacio.
«Evitaba los eventos sociales, salir a cenar, porque sabía que iba a haber comida. Medía siempre las calorías a los alimentos, todo tenía que ser verde. Pensaba que entrenar más era sinónimo de rendimiento: cuanto más sufres, más te castigas, mejor. Es una rueda en la que te aíslas de tu entorno y cada vez estás más encerrado con esa voz obsesiva de tu cabeza. y encuentras una satisfacción, porque piensas que estás ganando con esa fuerza de voluntad la batalla a tu cabeza. Y te empoderas. Dices, qué fuerte soy, lo que soy capaz de hacer. Estás atentando contra tu salud, pero te cuesta verlo de forma racional».
Sandra Piñeiro, en San Sebastián.Jose Ignacio UnanueAraba
«Si sabía que había pesaje, vomitaba. Pensaba 'me da igual comer hoy, porque vomito y ya está'. Me dolían las manos de vomitar, me hacía heridas. Todavía tengo las cicatrices en los nudillos. Ves que tus compañeras también normalizan esas conductas. Estar dos días sin comer. Crees que tienes el control. Pero en realidad es la voz que tienes en tu cabeza la que te está obligando a hacerlo».
«Tenía miedo a toda la comida, al arroz, la pasta.. Pesaba la fruta y me comía la más pequeña, la que menos azúcar tenía... Nivel muy obsesivo. Lo único que veía comer bien era lechuga y tomate. Unos garbanzos, arroz con pollo... era inconcebible».
Piñeiro, durante la bici del IRONMAN 70.3 de Valencia, en abril.@ironmanspainMUNDO
«Hubo episodios duros. Hay uno que fue bastante fastidiado [Resopla]. Ahí ya llevaba sin comer unos días... Vomitaba agua. Estás tan obsesionada que hasta el peso del líquido tienes que expulsarlo. No quieres nada que pese dentro de tu cuerpo. Llegas a vomitar hasta 10 veces en un día. Estaba desnutrida, me levantaba de la cama y me temblaban las piernas. No sé ni cómo llegaba a entrenar, iba como un esqueleto, un muerto andante».
Sandra, que en 2019 se hizo viral en un episodio en plena competición que recuerda con mucho cariño -se le rompió el remo y, tras el pánico, siguió balanceándose con sus compañeras para mantener el ritmo hasta acabar ganando aquella regata-, tocó fondo. «Te planteas el querer morir. Es un sufrimiento y un dolor tan grande que no quieres estar», admite. Pero fue capaz de ir en busca de auxilio, en la Asociación de Anorexia y Bulimia de Gipuzkoa. Conoció a su psicóloga y «empezó el proceso con mi entrenador, mi médico y mi nutricionista, un trabajo sinérgico». Y hasta escribió un libro, 'Remando en la oscuridad', con las anotaciones que tenía en su diario del tiempo de recuperación. Una herramienta que su psicóloga le aconsejó que, si lo daba a conocer, podría ayudar a mucha gente, porque «es una enfermedad tabú, de la que cuesta hablar y pedir ayuda. Hay miedo a sentirte juzgado».
«Todo eso ocurrió en mi último año de remo, en 2021. Tuve que parar unos meses, había bajado tanto la masa muscular que tenía riesgo de fallo cardíaco», se sincera. Se retiró y aprendió a hacer «todo lo que siempre me ha apetecido, desde una forma saludable y de ocio». Completar un Ironman, con el lema de su Fundación en el pecho, es también una forma de darle visibilidad a la importancia de la salud mental. Porque Sandra aún sigue teniendo sus «días malos», pero ahora ya posee las «herramientas» para no volver a eso que ella llama «mundo requeteoscuro».
La atleta paralímpica Susana Rodríguez junto a su guía Sara Pérez, ha logrado su séptimo título mundial en la categoría PTVI del Campeonato del Mundo de Triatlón Paralímpico de Wollongong (Australia).
La gallega fue la más rápida de la categoría de deportistas ciegos totales de este sábado con un tiempo total de 01:04:42. Así, Rodríguez añade su séptima victoria en el campeonato mundial tras las cosechadas en 2012, 2018, 2019, 2021, 2022 y 2024, como informa Efe.
En categoría masculina, el menorquín Nil Riudavets ganó la medalla de bronce en la prueba PTS4 (categoría para deportistas con discapacidad física moderada que compiten de pie), con un tiempo de 01:00:56. Por delante sólo se encontraron los franceses Alexis Hanquinquant y Pierre-Antoine Baele, oro y plata respectivamente.
Mientras, en PTS3 (la categoría para deportistas con discapacidad física significativa que compiten de pie), el guadalajareño Dani Molina consiguió la medalla de bronce con un acumulado de 01:09:19, en una prueba dominada por los británicos Henry Urand (oro), y Ryan Taylor (plata). Molina ya consiguió una medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de París 2024.
La 37 edición de la Copa América, que tendrá por primera vez en su historia como sede la ciudad de Barcelona, apura la cuenta atrás. A partir del próximo jueves arranca un evento en el que la emoción sobre el agua se mezcla también con una serie de eventos dinamizadores en tierra que, de acuerdo con un estudio encargado por la Fundació Barcelona Capital Nàutica a la Universidad Pompeu Fabra hecho público el año pasado, el único que existe hasta el momento, puede llegar a tener un impacto económico superior a los 1.200 millones de euros. No en vano, se considera que esta prueba, la competición náutica más importante del mundo, es el tercer evento deportivo con mayor impacto para su anfitrión, por detrás de los Juegos Olímpicos y los Mundiales de fútbol.
Los gastos de organización, por supuesto, también son enormes. En total, se calcula que la inversión es de unos 1.115 millones de euros, de los cuales 195 corresponderían a gastos de organización y 231 serían los que invertirían todos los equipos participantes, contando tanto los seis del evento principal como los seis más que se les unen tanto en las categoría juvenil como en la femenina, novedad en esta edición. Los 689 restantes corresponderían a los gastos derivados de las visitas previstas para el evento. Unas cifras que, a pesar de que se toman con mucha cautela, podrían rondar los 2,5 millones de visitantes a lo largo de los dos meses en los que se prolongará el evento. A nivel de empleo, además, las previsiones también son muy positivas, dado que se contempla la creación de unos 19.000 puestos de trabajo.
La proximidad geográfica de cuatro de los países que cuentan con representación en el evento principal, Francia, Italia, Suiza, Reino Unido, el auge del turismo procedente de Estados Unidos en las últimas fechas, la nutrida representación de ciudadanos neozelandeses en Europa y el valor intrínseco de Barcelona como destino turístico hacen que, ahora mismo, sea muy difícil precisar cifras exactas de visitantes. No obstante, la organización ha trabajado mucho para que todos aquellos que quieran vivir las emociones de la Copa América lo más cerca posible del mar, pero sin dejar de pisar la tierra, lo tengan realmente muy fácil. Este mismo jueves ya se pondrán en marcha los espacios específicos para acoger a todos los visitantes que lleguen a lo largo de todos estos días a la ciudad atraídos por la náutica.
Desde el día 22 al 25 de agosto, mientras dure la regata preliminar, y a partir del 29 de agosto y hasta el final de la competición, con el arranque de la Copa Louis Vuitton, que decidirá el rival del Team New Zealand en la lucha final por el trofeo, estarán abiertos el Village, situado en el emblemático Moll de la Fusta y que dispone de un aforo máximo de 8.500 visitantes, y las dos fan zones, de tamaño más reducido y ubicadas en la plaza del Mar y las inmediaciones del Bogatell. Todos estos espacios contarán con pantallas gigantes para seguir las regatas, servicios para los visitantes, barras de bar y diferentes propuestas gastronómicas, hasta un total de 40 diferentes, que irán rotando a lo largo de las semanas que dure la competición y que se centrarán al máximo en ofrecer productos de proximidad.
En el Village, donde se llevarán a cabo eventos como las entregas de premios, además, se habilitará un espacio para que se elaboren a la brasa tanto pescados comprados diariamente a la cofradía de pescadores como carnes y verduras adquiridas en el cercano mercado de La Barceloneta.
Todo, además, aderezado con diferentes eventos culturales, diseñados para captar y mantener la atención de un número de visitantes diarios que, de acuerdo con las previsiones, crecerá desde los 10.000 en el arranque hasta los 100.000 en cuanto la competición de la Copa América afronte su momento más decisivo, a mediados o finales del próximo mes de octubre.