El judo español se quitó de golpe en París todos sus complejos, tanta maldición pasada. Pero a la medalla de bronce de Fran Garrigós no le pudieron seguir ni la de Tristani Mosakhlishvili en -90 kilos ni la de Ai Tsunoda en -70, ambos quintos, ambos bien cerca en sus primeros Juegos. Este jueves, Niko Shera apurará las opciones nacionales.
Había sido una mañana para la ilusión. El judoca de origen georgiano, nacionalizado por carta de naturaleza en 2022, derrotó primero a Komronshokh Ustopiriyon, de Tadjikistan, con un wazari. En octavos a Erlan Sherov (4º), de Kirguizistan. Y en cuartos al brasileño Rafael Maceda.
Pero se le estropeó la tarde. Primero, en semifinales, llevó hasta el límite al número uno del ránking mundial, el georgiano Lasha Bekari, campeón olímpico en Tokio. Un duelo fiero y dinámico en el que varias veces se salvó el español de wasari.
Y después, en la lucha por el bronce, sucumbió contra el griego Theodoros Tselidis, con un warari tempranero que no pudo remontar el judoca valenciano.
Ai Tsunoda, en acción.Eugene HoshikoAP
Bien cerquita de la medalla se quedó también la jovencísima Ai Tsunoda, una de las perlas del judo español (tres veces campeona del mundo junior), en su primera participación olímpica. Hija de judocas, su padre japonés, su madre francesa, la ilerdense perdió en la repesca por el bronce, tras ganar a la japonesa Saki Niizue, campeona del mundo.
Lo hizo con un ipon fulminante de la austriaca Michaele Polleres, subcampeona olímpica, cuando no habían transcurrido ni dos minutos de combate. Finaliza quinta Tsunoda que por la mañana, tras dos victorias iniciales, había caído en cuartos contra la número uno del mundo, la croata Barbara Matic.
El comienzo del Tour parecía un enredo permanente para Remco Evenepoel, despistado y enfadado con el mundo, dejándose un tiempo absurdo mucho antes de que llegara la alta montaña. En la contrarreloj de Caen (33 kilómetros), terreno propicio, se desquitó con una enorme victoria, aunque no le dio para alcanzar el maillot amarillo. Ese volvió a Tadej Pogacar, a apenas 16 segundos del belga, un minuto y cinco segundos mejor que Jonas Vingegaard, el gran derrotado del día. [Narración y clasificaciones]
La crono de Caen era una prueba de fuego, más que para sacar conclusiones de cara a la general final, para poner al día otra de las intrahistorias de esta batalla legendaria que mantienen Pogacar y Vingegaard. Evidentemente, con Evenopoel como tercero en discordia y máximo favorito, pues sólo una vez en su carrera (en la última etapa del pasado Tour, con final en Niza) había perdido con alguno de los dos en la lucha contra el reloj.
En la batalla personal entre el esloveno y el danés no podía haber más igualdad, seis enfrentamientos, tres victorias para cada uno. En la retina quedó aquella de Combloux en 2023, cuando Vingegaard firmó una exhibición como no se recuerda para encaminar un triunfo final que iba a sellar al día siguiente en La Loze. Esa afrenta, 1:38 de diferencia, la grabó a fuego en su amor propio Pogacar, que se tomó revancha en las dos de 2024, que preparó a conciencia, mejorando su aerodinámica en invierno en el velódromo Luis Puig de Valencia.
Pogacar, camino de Caen.MARCO BERTORELLOAFP
El último combate se había producido en junio, en el Criterium Dauphiné. Ahí, derrotados por Evenepoel, Vingegaard volvió a imponerse, sacando 28 segundos en los 17 kilómetros entre Charmes sur Rhone y Saint Péray. Una ventaja preocupante que Pogi relativizó: "He quedado lejos de Jonas pero no es algo que me estrese nada. Estoy seguro de que cuando llegue el Tour de Francia no voy a perder tanto tiempo". Y en Caen, día soleado y falto de viento, un recorrido completamente plano para volar y exprimir la aerodinámica, el esloveno cumplió su profecía.
No ganó, porque el mejor del mundo en eso es Remco. Pero Pogacar, segundo en la etapa, se quedó a sólo 16 segundos del campeón olímpico y mundial, que voló a 54 kilómetros hora. Ambos dieron un golpe tremendo a Vingegaard, hundido desde la salida, dejándose 1:21 con Evenepoel y 1:05 con Pogacar, para un total de 1:13 ya de desventaja en tan sólo cinco etapas del Tour.
Una crono con varios nombres propios más. En el lado positivo, Iván Romeo y Pablo Castrillo, séptimo y décimo de la etapa. En el sorprendente, Vauquelin, quinto a 35 segundos de Evenepoel. Y en el decepcionante, ninguno como Enric Mas quien se dejó medio Tour, el 37º a 2:57. Cayó del sexto puesto al 13º de la general.
Eli John Ndiaye tiene 20 años, ha jugado dos Final Four como titular y dentro de no mucho podrá estar a las órdenes de Sergio Scariolo en la selección española. Lo que era una promesa, otra más de la cantera blanca, es ya toda una realidad. Uno de los jugadores más en forma de este Real Madrid que olvida su mal arranque en el WiZink, donde el Estrella Roja no fue capaz de competir en toda la noche. [95-72: Narración y estadísticas]
Pudo parecer una victoria de trámite más dentro del infatigable calendario del baloncesto continental, un triunfo abultado y cómodo en el Palacio, seis de seis en casa que no es poco con los apuros de hace unos días (a domicilio aún no sabe lo que es ganar el Madrid). Pero enfrente, aunque no lo pareciera, estaba el equipo revelación de la Euroliga en su arranque, un Estrella Roja que hace unos días llevó al Barça al límite de la prórroga en lo que era su única derrota hasta anoche. No hubo nada de eso porque los de Chus Mateo mostraron las versión más parecida a lo que quieren llegar a ser.
Más allá de que la pelota acabara entrando o no, la circulación blanca pretendía la alegría, siempre que había posibilidad un pase más, todos implicados en el ataque estático que viene siendo el principal problema. Encontró rápido al rey Tavares, poderoso ante Plavsic (no estaba por lesión Bolomboy, tampoco jugó Nedovic), especialmente por alguien que no se prodiga demasiado en eso de proveer al compañero. Porque Hezonja suele ser más un finalizador: cuando se fue al banquillo al comienzo del segundo acto acumulaba cinco pases de canasta y el Madrid volaba 13 arriba (23-10).
Campazzo anota ante el Estrella Roja, en el WiZink.JUANJO MARTINEFE
Cuando el croata se tomó un respiro, a la vez que Campazzo y Tavares, lo notó el ritmo del Madrid. Reaccionó el Estrella Roja galopando a lomos del infinito talento de Teodosic (no pierde la magia camino de los 38), pero fue apenas un espejismo. No tardó en regresar el dominio, la intensidad defensiva, las canastas tras asistencias. Y el protagonismo de Eli Ndiaye, un chico que hace tiempo perdió la timidez, que se siente importante y que está aprovechando la ausencia de Garuba para hacerse importantísimo. Los blancos dejaron al Estrella Roja en menos de 30 puntos al descanso y llegaron a dominar por 18 (38-20).
A la vuelta siguió la tónica y la ventaja en aumento. Ndiaye, crecidísimo, alcanzando sus topes con el Madrid, era capaz de dedicarle un triple al banquillo serbio, de implicarse totalmente en ataque (algo que le costaba) y de, como siempre, se factor en defensa con su envergadura y su intensidad. Cuando Vinicius y Camavinga aparecieron por el WiZink, mediado el tercer acto, estaba ya todo visto para sentencia.
Hubo una pequeña reacción de los de Sfairopuolos, liderada por el pequeño Dos Santos, pero era demasiado el lastre que tenían encima. Mateo insistió con Ibaka. Al pívot, con sus luces y sus sombras, le sigue costando adaptarse y sentirse cómodo en el engranaje blanco. Y su papel de suplente de único suplente de Tavares (al menos hasta el retorno de Garuba) se antoja fundamental en el futuro. Esfuerzo y empeño no le faltan a Serge, pero es como si echara de menos la frescura y el dominio de sus mejores días en la NBA.
En la calma de la paliza, en la fiesta de las 26 asistencias, hubo descansos, espacio para Hugo González y para el debut en Europa de Sidi Gueye, el espigado talento de 16 años, el enésimo chico con porvenir de la cantera blanca.