Lo decía el comentarista durante la transmisión del Madrid-Messaggero del sábado: «Ferry hace algunos buenos movimientos, pero es una pena que no hayamos podido ver más de ellos». Y tanto. Pedro Barthe, al menos, estaba viendo en aquel preciso momento el susodicho buen movimiento, seguido de una canasta de Danny Ferry. Los telespectadores, no. Como tampoco vieron un triple de Antonio Martín. A cada vez estaban contemplando las -sucesivas- repetic
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Jugar sobre aviso tantas veces es una pequeña ventaja. Comprobar al Barça ninguneado y expulsado de la Copa la noche de antes fue el toque de atención que el Real Madrid necesitó para evitar sobresaltos, para asentar su tensión competitiva y no dejar resquicios a un Baxi Manresa que todo el mundo sabe cómo se las gasta. Será la undécima semifinal consecutiva para los blancos (ante Gran Canaria o Valencia), que tuvieron en la inspiración de Mario Hezonja (24 puntos, seis rebotes...) su motor. [92-69: Narración y estadísticas]
No fue un Madrid brillante pero sí eficaz. Los de Chus Mateo dejaron las florituras para más adelante y apelaron a la defensa, rotaciones, esfuerzos medidos, conscientes también de que, si todo iba bien, en poco más de 24 horas habría otra batalla. A su tranquilidad contribuyó el Manresa, al que le derrotó el rival y el escenario. No metió un triple (falló los 15 primeros) hasta bien entrada la segunda mitad y apenas hubo pinceladas del juego frenético que le ha convertido en la auténtica revelación de la liga. En esta Copa pregonada de las sorpresas, fue una pequeña decepción. Porque murió demasiado pronto.
Los de Diego Ocampo apenas resistieron 10 minutos. Ahí, en el amanecer, mostraron esas señas de identidad que le han llevado este curso a derrotar a Barça, Unicaja o Valencia. Se sacudieron el 7-0 inicial del Madrid con una ración de su ADN. En cierto modo, la salida contundente de los blancos era parte del guion. Saben de qué va esto de la Copa, de marcar territorio, de no dejar crecer a rivales que luego pueden causar problemas. Pero los de El Bages ya empiezan a ser también parte de la fiesta, han estado en tres de los últimos cuatro torneos, y contestaron con un 0-10 bravo.
Campazzo anota ante Saint-Supery, del Manresa.Elvira Urquijo A.EFE
Como lo fue luego su baloncesto valiente. Sus dos contra uno a todo el campo en defensa, sus saques rápidos en ataque y una intensidad por encima de sus posibilidades para mantener a raya al Madrid. Derrick Alston, hijo del atildado pívot ex de Barça, Madrid o el propio Manresa, se lució con un par de poderosos mates y los errores de Bruno Fernando (el peor de los blancos, con diferencia), desde el tiro libre y con las faltas, dejaron un primer cuarto en tablas. Resultó llamativo que Chus Mateo dejara fuera de la convocatoria a dos jugadores en idéntica posición, Rathan-Mayes y Dennis Smith Jr. Y acumulara hasta cinco interiores para que luego acabara jugando Hezonja de cuatro.
Porque Hezonja era la solución. Ante su talento, igual da el frenesí rival. Fue el croata el que sacó del laberinto al Madrid, 12 puntos en un abrir y cerrar de ojos, el temple del que se sabe poderoso. También, con la intimidación de Ibaka y su dominio de la pintura, ejerció de somnífero a las aspiraciones catalanas. El Manresa frenó en seco, se quedó en ocho puntos en el segundo acto y falló sus 10 triples de la primera mitad. Una canasta de Musa, recuperado para la ocasión de su lesión de tobillo, llevó a los equipos al vestuario con la máxima blanca (43-30).
Pero a la vuelta, pese a que amaneció el Madrid con una técnica a Musa y una antideportiva a Tavares en un minuto, todo se puso cuesta arriba para el Manresa. Llegó a perder de 23 y su pequeña reacción, don dos triples de Alex Reyes, la zanjó Hezonja, de largo el mejor. También Llull y dos triples más, como si no pasaran los años. Hace siete, en la última Copa en Gran Canaria, andaba el balear recuperándose de la grave lesión de rodilla que sufrió con la selección en el verano de 2017.
En mitad del frenesí de un calendario del que todo el mundo se queja pero contra el que nadie hace nada, un pequeño parón puede descolocar las inercias. Lo superó el Real Madrid, media plantilla repartida por el mundo con los compromisos de selecciones nacionales, con su quinta victoria consecutiva. Hace nueve días tumbó al Hapoel en Bulgaria y ayer al Anadolu Efes en Estambul. Partidos ásperos, triunfos trabajados y un pequeño empujón para la clasificación en Euroliga. [75-81: Narración y clasificaciones]
El paradigma de la victoria fue Usman Garuba, el rey del esfuerzo. Se marchó de la cancha sin lanzar a canasta. Ni una vez. Pero no hubo nadie tan determinante. En un choque que no estaba hecho para Tavares (el Efes, con Poirier lesionado para largo, optó por los hirientes Smits y Osmani), cargado además pronto de faltas, el de Azuqueca emergió en los minutos finales con una defensa impresionante. Siempre el primero en la ayuda, valiente en los tapones, insuperable en los unos contra uno y dominante en el rebote. Ante eso se apagó el equipo local, plagado de bajas y todavía asimilando el despido de Igor Kokoskov.
Esa reacción la temía Sergio Scariolo, partido trampa, rival deprimido pero talentoso con entrenador interino (Trifunovic). Que plantó cara desde el comienzo. Y al que sólo el paso adelante defensivo blanco en la segunda mitad acabó por rendirle. Porque el Madrid se reencontró con el acierto desde el perímetro (11 de 25), pero no fue su tarde más lúcida en ataque, viviendo de los puntos de Hezonja (22) y de pequeños destellos de Maledon, Okeke y Lyles.
La primera mitad fue una especie de extraño intercambio de canastas. Como dos púgiles sin verdadera intención de hacerse daño con sus golpes. Un tanteo de ritmo lento, punto arriba y punto abajo hasta el descanso. Y eso que había amanecido el duelo con la estruendosa aparición de dos tipos que son puro talento ofensivo. Dos pistoleros con ganas de rock and roll.
Mario Hezonja, tan irregular en este inicio de curso, el mejor de largo en el último triunfo blanco, la semana pasada ante el líder Hapoel, asestó los 10 primeros puntos del Madrid. Pero encontró respuesta en el francés Cordinier y sus fulgurantes penetraciones.
Esa igualdad se iba a mantener, más dañino el Efes en la pintura, con esos falsos pívots, tan versátiles, que son Roland Smits y Ercan Osmani. Dominando también el rebote. Encontraban puntos sencillos entre otras cosas porque Tavares, tras sus dos faltas rápidas, no volvió hasta la segunda parte. Una contra de Cordinier cerró los primeros 20 minutos ante un Madrid demasiado obtuso ofensivamente.
Curiosamente, Chuma Okeke imitó a la vuelta de vestuarios la puesta en escena anterior de su compañero Hezonja. El ex NBA, apagado últimamente después de unos buenos apuntes en el inicio de curso, despegó con 10 puntos consecutivos, otra vez para mantener la balanza en una batalla que no terminaba de decantarse ni de tener dominador. Y que iba a presenciar otro intercambio eléctrico, pues Smits y Osmani (una pesadilla) golpeaban y Hezonja respondía, ahora con otros 12 puntos de carrerilla.
El cuarto triple de Osmani sin fallo iba a ser el último acercamiento turco (72-74). Campazzo se sacó de la manga la respuesta, cuando ya Garuba frustraba cada ataque rival. Al propio Osmani le frenó un rato antes con un potentísimo tapón. En el enredo de los últimos ataques, ya el Efes sólo iba a anotar cuando estaba rendido (se quedó en 34 puntos en la segunda mitad). Es el tercer triunfo a domicilio en Europa del Madrid.
La España de los meritorios es el ejemplo de Pierre Oriola, un veterano que llevaba cinco años olvidado de (y por) la selección, que acude a la llamada con la misma dosis de ilusión que de liderazgo. Algo parecido se podría decir de Ferran Bassas o de Oriol Paulí. Esta España de tipos para los que no hay hueco en la Euroliga ni tampoco en las Américas, es el descaro de Álvaro Cárdenas, un base del que nadie parecía saber nada. Los puntos de Jaime Fernández y Francis Alonso... Y, sobre todo, el soplo de aire fresco que ha traído Chus Mateo con su llegada. [66-86: Narración y clasificaciones]
"No escucharéis una excusa", pronuncia el seleccionador, al que ni las ausencias ni las lesiones apartan de su objetivo (hubo recuerdo para los caídos de gravedad, Great Osobor y Miqui Salvó). De hacer de su España un equipo reconocible, competidor, bravo. Todo eso que se vio en las dos primeras victorias y se corroboró en el más difícil todavía, ante la invicta Ucrania en su exilio de Riga. La selección de Chus Mateo es un torrente de baloncesto. Es un equipo al que da gusto ver. Que disfruta y hace disfrutar.
La segunda parte de España en el Xiaomi Arena fue una obra maestra. Una declaración de intenciones. Un baño de baloncesto colectivo para dar otro paso más hacia el Mundial de Qatar. Pese a que muchos (o la mayoría) de los que lo lograron no vayan a estar allí.
Jaime Fernández, ante Ucrania.Alberto NEvado / FEB
Y eso que a la selección le costó entrar en el partido. Horario extraño, pabellón desangelado y un rival incómodo. La frialdad exterior, cubierta Riga de la nieve que no ha dejado de caer en todo el invierno, se trasladaba a la cancha. Donde Fran Guerra fallaba canastas solo bajo el aro y Santi Yusta, que no deja de ser el claro referente, cometía también algún error difícil de explicar. Tampoco ayudó la segunda falta de Oriola en un abrir y cerrar de ojos. Ucrania, con sus gigantes y sus tiradores, con Kovliar y con su juego físico y el apoyo del poco público del exilio en las tribunas, se sentía definitivamente más cómoda.
Y cosechó las primeras ventajas (23-17), ante el carrusel de cambios de Chus Mateo, intentando dar con la tecla. Fue ahí cuando, del fondo del banquillo, surgió la primera solución ofensiva. Porque a España le costaba un mundo cada canasta, con cero amenaza en la pintura y poco perímetro. Fue Ferran Bassas, uno de esos veteranos que siempre han estado dispuestos en cada llamada de la selección, el que emergió con poderío.
Con el descaro de haber estado siempre bajo el radar, sin ir más lejos esta misma temporada, donde salió del Andorra rumbo al Baxi Manresa, para demostrar que le sigue quedando mucho baloncesto. No acudía a una Ventana desde hacía tres años y, sin complejos, espabiló a la selección con tres triples sin fallo y alguna asistencia que era como oxígeno para un equipo bloqueado. Fue un 0-8 de parcial que permitió a España igualar y, a pesar de las incomodidades, evitar más dudas.
La mejor España, sin embargo, estaba a la vuelta de vestuarios. Y qué España. Con Oriola y Paulí, y una pareja tan móvil, agresiva y con puntos en las manos como Cárdenas y Jaime Fernández, la selección encontró su ADN. Intensidad, diversión, frenesí desde la defensa. Fue madurando a Ucrania, sintiéndose cómoda. Más pujanza ahora desde el banquillo, un triple del especialista Alex Reyes y otro (el cuarto sin fallo) de Bassas. Era un festival que coronó Francis Alonso desde el perímetro. Cerró entonces un cuarto al que nadie debió poner fin, un parcial de 1-21 para dejar tiritando al Xiaomi Arena, el escenario de la fase final del último Eurobasket.
Ya no había dudas, España estaba en modo avión. Festejaba cada acción defensiva, dominaba el rebote, tenía acierto (15 de 27 en triples) y no dudaba. La segunda parte de Oriola había sido una master class. Ucrania, desesperada, tendrá que buscar la revancha el lunes en Oviedo.