El ex futbolista británico Danny Murphy, de 47 años, ha desvelado que se volvió adicto a la cocaína cuando finalizó su carrera como jugador.
El ex internacional inglés conquistó con el Liverpool una FA Cup, una Copa de la Liga y una Uefa, se retiró en 2013 tras haber pasado por el Charlton, el Tottenham, el Fulham y el Blackburn Rovers.
Murphy se ha convertido en comentarista de televisión y trabaja para BBC Sport y otros medios.
“Cuando juegas al fútbol, la adrenalina te mantiene con visión de futuro y energía, pero cuando no hay fútbol los problemas se vuelven enorme”, asegura Murphy en el podcast de Ben Heath.
“Tuve un hechizo con la cocaína y fumé marihuana“, afirma el ex jugador, que reconoce haber sido adicto a esa droga. “Durante un tiempo lo fui. Llegué al punto de pensar que no podía hacer cosas sin ella. Lo cual era una tontería, por supuesto que podía”, continúa, según recoge la BBC.
“Al principio lo manejas, puedes hacerlo una vez a la semana, dos veces a la semana, incluso un tercer día adicional. Con el tiempo, se acumula y se apodera de ti”, confiesa Murphy.
El comentarista admite que recibió terapia para solucionar sus problemas y que después de un año “en un mundo de dolor” tras retirarse, sintió un “deseo de ser mejor que no tenía antes”.
Cuando estos días le piden al legendario David Ortiz que explique lo que piensa de Sohei Ohtani, dos veces seguidas MVP de la liga y ya para muchos el más grande beisbolista de todos los tiempos, a Big Papi se le encienden los ojos. Dice que nunca ha visto algo así, que es «un unicornio, una bestia», un «extraterrestre», algo sin precedentes. Un «tremendo tipazo, humilde, el mejor bateador del planeta y entre los 10 lanzadores más dominantes». Martínez sabe de lo que habla. Ha jugado contra los mejores de la historia y se ha ganado un puesto no solo entre ellos, sino entre los comentaristas televisivos.
Big Papi, como Pedro Martínez o Vladimir Guerrero (padre e hijo) representan mejor que nadie a todas esas generaciones de peloteros dominicanos, cubanos y venezolanos que han transformado las grandes ligas. Ahora en deportes como el baloncesto es normal que extranjeros, los Nikola Jokic, Luka Doncic o Victor Wembanyama compitan de tú a tú con los astros locales y los superen. En el béisbol la revolución llegó mucho antes. Pero lo de Ohtani es algo excepcional, único.
Batea como nadie, lanza como los elegidos, corre como los más rápidos, roba bases como los más pillos. Todo en uno. «Ohtani tiene la habilidad de controlar las dos posiciones. Por 700 millones, los Dodgers firmaron a dos jugadores en uno. Pero lo que él hace, sólo lo pueden hacer un asiático, por la disciplina de ellos. No pueden ser tan bueno sin esa disciplina», dice Big Papi. «La disciplina de este hombre lo es todo. Las rutinas de los jugadores son largas y complicadas, a mí no me daba tiempo y sólo era jugador de posición. Lo que él hace... de donde él viene, llega programado», insiste
El talento de Yamamoto
Los Ángeles Dodgers ganaron las Series Mundialel sábado pasado por segunda vez consecutiva, algo que nadie había logrado desde la era de los Yankees de finales del siglo pasado. Ohtani rompió récords, hizo cosas que nadie había hecho antes, pero el MVP de las finales no fue él, sino su compatriota Yoshinobu Yamamoto, que se subió al montículo del pitcher en la novena entrada del último partido, el lugar más solitario del planeta. Y lo hizo tras haber lanzado la noche anterior nada menos que 96 veces. Su brazo tenía que estar destrozado, los ligamentos al límite, pero Yamamoto, incluso lejos de su mejor momento, logró cerrar el partido.
Junto a ellos, celebró el trofeo el jovencísimo Roki Sasaki, la próxima generación. Primera vez que tres japoneses ganan un título de la MLB, pero probablemente no la última. Un deporte asociado siempre a EEUU, al Caribe, contempla ahora la eclosión de los asiáticos. Cuando se le pregunta a los expertos dicen que la progresiva japonización del juego es lógica. Que la pasión en Japón es extraordinaria. Que hay una liga muy competitiva, hay pasión, decenas de millones de fans y niños con guantes en sus casas, pero que tienen, sobre todo, «una cultura de la disciplina y la dedicación».
EDUARDO LIMAEFE
Hay estudios que han analizado cómo puede haber tantos buenos lanzadores japoneses. Explorando sus diferencias biomecánicas, cómo explotan más las piernas y caderas que los codos, lo que les permite recuperar más rápido entre partidos. O cómo su trabajo físico, más centrado en la elasticidad, la movilidad y el control del cuerpo entero (los vídeos de Yamamoto haciendo pino puente son espectaculares) que en las pesas. Nada importa más en los lanzadores que la longevidad y la recuperación, dada su exposición que suele conllevar el paso por quirófano.
Hasta 2.000 millones de dólares
Los jugadores, desde el campo, dicen en realidad que todo es cuestión de cabeza. De disciplina. De ser capaces de dominar las rutinas imposibles de un juego caótico. Se concentran, se aferran al plan y no dejan que las distracciones, los nervios, se interponga. Ohtani tiene a todo su país detrás, añadida a la presión del deporte profesional, o a los escándalos personales, después de que su amigo e intérprete fuera condenado por robarle millones de dólares aprovechando su buena fe. Y nada de eso, ni las lesiones, le han perturbado.
Han pasado 30 años desde que Hideo Nomo llegó por primera vez a Estados Unidos, precisamente con los Dodgers. Y han pasado 24 desde la irrupción de Ichiro Suzuki, que fue rookie del año y será el primer japonés del Hall de la Fama.
Mark J. TerrillAP
En la liga profesional estadounidense hay ahora mismo 12 jugadores nacidos en Japón. Sin contar siquiera a Yamamoto y Ohtani, estrellas como Seiya Suzuki, Kodai Senga, Tomoyuki Sugano, Yusei Kikuchi y Kenta Maeda tienen contratos que combinados rozan los 2.000 millones de dólares. Y la cantera parece inagotable. Hasta el manager de los Dodgers, Dave Roberts, nació en Okinawa, ya que su padre era militar allí.
Las virtudes de la escuela japonesa
Los estudiosos del juego dicen que una de las grandes diferencias entre americanos en general, del norte o del Caribe, y asiáticos es la paciencia. Y ésta es fruto de esa disciplina mencionada. El béisbol estadounidense es mucho más físico, con muchísimos más partidos, y más agresivo. Los bateadores intentan sacar del estadio todas las bolas, mientras que la escuela de pensamiento japonesa boga por cansas y desesperar al pitcher. Esperar todo lo que sea necesario.
Hiro KomaeAP
Japón lleva años esperando este momento. Son los grandes dominadores del béisbol internacional en las últimas décadas, incluyendo Juegos Olímpicos. Es el deporte nacional y nadie ha invertido más que ellos, fuera de EEUU. Los clubes japoneses disponen de los mismos dispositivos que los norteamericanos, y pueden captar y formar talento de una forma más sistemática. El béisbol es un deporte de momentos estelares y un país extranjero los está monopolizando.
El ciclista esloveno Tadej Pogacar, que el domingo ganó por tercera vez el Tour de Francia con seis victorias de etapa, ha renunciado a participar en los Juegos de París 2024 para descansar, anunció este lunes el comité olímpico esloveno.
"El seleccionador del equipo masculino de ciclismo ha revelado los nombres de los ciclistas que participarán en los Juegos Olímpicos de París de este año. Desgraciadamente, Tadej Pogacar no está entre ellos", informa el comité esloveno. Pogacar "ha cancelado su participación por estar demasiado cansado", agrega el organismo en su comunicado de prensa.
En los últimos días, el corredor de 25 años no había digerido bien que la Federación Eslovena de Ciclismo dejara fuera de su lista olímpica a su pareja, Urska Zigart. Pogacar había admitido estar "enfadado" y "sin palabras" por esa cuestión, en un mensaje publicado en las redes sociales.
Preguntado sobre los Juegos Olímpicos el domingo, día en el que se coronó por tercera vez en el Tour de Francia, Pogacar desvió la atención mencionando que tenía como "sueño" llevar algún día el maillot arcoíris de campeón del mundo.
Tras la renuncia olímpica, su meta parece estar en el Mundial de ciclismo en ruta de septiembre en Zúrich, para buscar esa 'triple corona', después de haber ganado ya este año el Giro de Italia y el Tour de Francia. Solo dos hombres cumplieron ese objetivo en el pasado, Stephen Roche y Eddy Merckx.
Pogacar había sido campeón del Tour en 2020 y 2021, pero en los dos últimos años (2022, 2023) el triunfador en la ronda gala había sido el danés Jonas Vingegaard. El esloveno reconquistó el trono este año, en una edición donde fue muy superior y en la que llegó a apuntarse seis victorias de etapa, la última el propio domingo, en una contrarreloj entre Mónaco y Niza.
Eslovenia sufre un golpe importante en sus aspiraciones en el ciclismo de los Juegos Olímpicos. Tampoco contará en París 2024 con su otra estrella nacional, Primoz Roglic, que abandonó a mitad del Tour tras una caída y que no había sido incluido en la lista eslovena anunciada a principios de julio.