Pablo Castrillo, ejemplo de perseverancia, estrena el casillero español en la Vuelta

Pablo Castrillo, ejemplo de perseverancia, estrena el casillero español en la Vuelta

En un día múltiplemente glorioso en la forma, el fondo y la sentimentalidad, Pablo Castrillo (Kern Pharma), oscense de 23 años, inauguró su palmarés profesional. Primera victoria para él y, de paso, para un español en esta Vuelta. Pablo mató muchos pájaros de un tiro en una jornada de, también, especial emotividad, horas después del fallecimiento de Manuel Azcona, uno de esos hombres casi anónimos para el gran público, que trabajan en silencio y ayudan desde la base a formar y forjar profesionales.

Azcona fue uno de los factótums del Kern Pharma, un modesto equipo de categoría continental que ha obtenido así su triunfo más importante. Las lágrimas de Castrillo y de toda su gente estaban, por tantos motivos, por tantas razones, plenamente justificadas y son plenamente compartidas por el mundo del ciclismo.

Entre la victoria de Castrillo en la etapa y la permanencia de O'Connor al frente de la general hubo una teoría y una práctica. Todas las etapas contienen una parte teórica y otra práctica. Es decir, una especulativa y otra real. A veces coinciden. Esta vez también. Y, prácticamente, punto por punto.

Veamos. Película teórica de la etapa más corta de la Vuelta (137,5 kms.), a excepción, claro, de las contrarreloj. Para empezar, escapada rutinaria, multitudinaria del día. O sea, una estampida más que una fuga. Unos cuantos de los que la forman tienen buen nivel, incluso excelente. Todos llegan juntos (¿con cuánta ventaja?) al pie de la Estación de Montaña de Manzaneda. En la subida, ataques y contraataques entre un grupo de penitentes en el que habrá un vencedor y un montón o un puñado de condenados. Escapada que termina deshaciéndose en jirones como un vestido que se rasga en harapos.

Siguiendo con la teoría, el grupo de notables empieza a su vez la ascensión y nadie se mueve un ápice porque al día siguiente hay un etapón en el que todos tienen mucho que ganar, que conservar o que perder.

... Y, bueno, un matiz, no fue tan grande la fuga: 10. Carlos Verona, Óscar Rodríguez, Jhonatan Narváez, Harold Tejada, Max Poole, Louis Meintjes, Mauro Schmid, Pablo Castrillo, Mauri Vansevenant y Marc Soler, un asiduo en estas lides, un recalcitrante, en el sentido elogioso de la palabra. Se está mereciendo con creces una victoria. Encabezado cansinamente por el Decathlon, en el pelotón no había parón. Había parálisis. Casi se podían oír los bostezos. Como consecuencia directa, la diferencia de los escapados crecía y crecía, asimismo apaciblemente. En pelotón no autorizaba la escapada: la alentaba. Más aún: la bendecía. Respetando la general, el Decathlon Ag2R del líder mantenía la cabeza. A su estela, el Bora Red Bull de Primoz Roglic. Pegado a él, los del Movistar de Enric Mas. Todos tranquilos, hoy entre bomberos no nos pisemos la manguera.

Tampoco se mataban los rebeldes, guardando fuerzas para el envite final. Sabían que nadie les pondría en peligro. Seis minutos, siete minutos, ocho minutos, nueve minutos, 10 minutos... Ribeira Sacra, orillas, cañones del Sil, río de antiguas riquezas áureas, carreteras a veces despejadas, a veces umbrías, belleza permanente, intacta. Llovía por el resto de España. Por Galicia, no. Lucía un sol clemente (25, 27 grados). Nada ocurría. Una etapa y dos carreras. La primera con 10 almas. La segunda, con todas los demás, pero reducida al interés de los favoritos. Una de las 10 almas llegó al cielo. Las otras nueve se quedaron en el purgatorio. En el pelotón, ni cielo, ni purgatorio, ni infierno. El limbo.

Hemos cumplido la duodécima etapa y hay 14 equipos de los 22 que no han ganado ninguna. Cunde el nerviosismo. En algunos casos, el pánico. Hay prisa. Hay miedo. Hay necesidad. Hay obligación.

La decimotercera etapa es de las de aúpa. Un puerto de 3ª, dos de 2ª y llegada en alto, en el de Ancares, de 1ª, por la inédita vertiente leonesa: 7,7 kms. al 9% de media, con rampas del 15%, y cinco últimos kms. al 12%. Una etapa muy exigente y llamada, ya a estas alturas, a ir moldeando la clasificación, como quien moldea una estatua hasta proporcionarle la forma definitiva.

Dunbar sonríe en Padrón mientras Roglic y Mas le dan otro mordisco a O'Connor

Dunbar sonríe en Padrón mientras Roglic y Mas le dan otro mordisco a O’Connor

Actualizado Miércoles, 28 agosto 2024 - 18:49

Undécima etapa. Quedan 10. Ben O'Connor pasó el ecuador de la Vuelta aguantando lo bastante como para acostarse de rojo y sufriendo lo suficiente como para, después de su reafirmación en la ardiente y seca Granada, volver a sembrar dudas en la verde y fresca Galicia. Todos los mejor clasificados (Roglic, Mas, Landa) le dieron un mordisco de casi 40". Bueno, todos no. Carapaz, pillado entre dos fuegos, se quedó entre dos aguas, nadando entre el grupo de Roglic y el de O'Connor.

Una escapada de 39 hombres condujo a un interés inesperado. El Israel, con cuatro elementos en su seno, se encontró con que George Bennett, decimosexto clasificado a 9:59 de O'Connor, podía entrar en, al menos, el top-10 cuando la fuga sobrepasó los seis minutos de ventaja con respecto al pelotón.

Bennett llegó a ser virtual tercero. El desencadenamiento de las hostilidades lo envió de nuevo al patio trasero. Primero por el empuje de Bora y Movistar. Luego con su propia fatiga en los kilómetros finales y con el zafarrancho del último puerto, chiquito pero matón. Los ciclistas habían salvado uno de 3ª (San Xusto) y otro de 2ª escalado dos veces (Aguasantas). El cuarto (Cruxeiras) armó la marimorena.

Estaba catalogado de 3ª categoría sólo porque es corto (5,2 kms.). Pero se empina al 7% de promedio, con tramos del 19%. El Bora entró en él a saco. Cuando sus ayudantes, sus gregarios (antes se decía "domésticos") le cedieron el paso, Roglic aceleró y se llevó con él, notoriamente, a Mas y Landa. Carapaz cedía. O'Connor más. Perdía arriba unos 30 segundos. Estaba solo, sin compañeros.

Los ocho kilómetros de descenso hasta la meta de Padrón vieron la lucha del deshilachado grupo cabecero por el triunfo de etapa, que sonrió al irlandés Eddie Dunbar (Jayco). Detrás, de entre los notables, Roglic, Mas y Landa. Un poco más lejos, Carapaz, que perdería 15" con relación a Roglic. Y tirando como un poseso de su pelotón, tratando de minimizar daños, O'Connor, que entregaría 37".

Esta es una Vuelta en tobogán y tiovivo con O'Connor y Roglic aguantando y cediendo, cediendo y aguantando. De momento, en sus altibajos, dominan la partida. Los demás (Carapaz, Mas, Landa) orbitan a su alrededor y alrededor de sí mismos, en un movimiento de traslación y otro de rotación. Vienen etapas importantes, la primera con la llegada en alto en la Estación de Montaña de Manzaneda, de 1ª. Que siga la fiesta. O el duelo.

Van Aert sella su triplete en la Vuelta tras culminar una fuga de 130 kilómetros por las Rías Baixas

Van Aert sella su triplete en la Vuelta tras culminar una fuga de 130 kilómetros por las Rías Baixas

Esta Vuelta de guerrillas se retroalimenta en su hábitat natural. Terreno sembrado de trampas en un recorrido de dientes de sierra en la primera cita con Galicia, un escenario propicio para las emboscadas en el que Wout van Aert se siente comodísimo. El belga, en las sinuosas carreteras próximas a las Rías Baixas, mostró su poderío tras consumar una escapada de 130 kilómetros. Tercera victoria para el fenomenal corredor del Visma. Si los anteriores triunfos los consiguió en al sprint, en Castelo Branco y Córdoba, este martes lo hizo tras aprovechar el impulso de una escapada nacida por el esfuerzo de Marc Soler, que terminó tercero.

La jornada, con un recorrido quebrado y sin descanso, fue controlada por el Decathlon de Ben O'Connor. El australiano manejó con acierto las mínimas acometidas de su adversarios. Carapaz, Yates, Enric Mas, Landa, Roglic y Carlos Rodríguez desaprovecharon una buena ocasión para limar distancia con un líder que cada vez se siente más identificado en su papel protagonista.

Tras el día de descanso y el traslado desde Granada a Ponteareas (cuna de los hermanos Delio y Emilio Rodríguez y de Álvaro Pino), los supervivientes de la ronda aliviaron su agobio con un gratificante descenso de la temperatura, de los 40 grados de Andalucía a los 27 de los parajes de Pontevedra. Todos se animaron en una excursión de 160 kilómetros que prometía sensaciones fuertes por el interesante perfil de la etapa: Subidas a cuatro puertos y un descenso de 20 kilómetros hacia la meta de Baiona. Una propuesta ideal para los aventureros. Un recorrido similar a esas palpitantes clásicas de primavera, con muros, toboganes y sin apenas zonas de recuperación. Esos desafíos que tan bien conoce Van Aert.

El arranque fue frenético, con los UAE hiperactivos. BrandonMcNulty y Marc Soler aceleraron para fracturar el grupo y provocar la escapada buena. Larga sucesión de hachazos, neutralizados por el Decathlon. No hubo tregua en el ascenso a Fonfría, con Soler, Van Aert y el belga William Junior Lecerf (gregario de Landa en el T-Rex) trabajando para consumar la fuga. Casi medio minuto de ventaja en el descenso, camino de la cota de Vilachán, con más de 100 kilómetros por delante, con el río Miño a distancia corta. Al trío de aventureros se unieron el alemán Juri Hollman (Alpecin) y el francés Quentin Pacher (Groupama). Seis minutos de renta a falta de 50 kilómetros, en el segundo alto de la jornada, poco antes del anuncio del abandono del italiano Ciccone.

En el inicio del Alto de Mougás, un puerto de primera categoría de casi 10 kilómetros al 6% de desnivel, Van Aert y Pacher abandonaron a sus compañeros de aventura. El pelotón viajaba estirado por las sinuosas carreteras de las Rías Baixas. El francés fue muy generoso e ingenuo. Colaboró con Van Aert sabiendo que el belga era muy superior en el sprint. Amagó con un ataque a falta de un kilómetro, pero su intentona fue inútil. Van Aert, sin aparente dificultad, aceleró y en sólo 20 metros descolgó al galo. El belga entró en la meta con el brazo derecho levantado y mostrando los tres dedos que le acreditan como el mejor cazador de etapas de la Vuelta. Antes de la llegada del pelotón, que apareció 5.30 minutos más tarde, tuvo tiempo para festejar el triunfo con su hijo y su esposa. Todos los focos para el belga, que todavía espera aumentar su fructífera cosecha.

Otro día a la expectativa de Carlos Rodríguez, que perdió a su gregario Laurens de Plus por Covid. El bicho sigue activo, Enric Mas y el resto de corredores del Movistar acudieron a la salida de Ponteareas con mascarillas. Todos en alerta por los contagios.

Este miércoles, cita con una jornada similar, con 166,5 kilómetros con salida y llegada a Padrón, con dos puertos de tercera categoría y dos de segunda. Fernando Escartín (director técnico de la carrera) aventura un día movido: ''La etapa muestra un terreno rompepiernas donde el pelotón tendrá complicado controlar a la escapada''. Pue eso, a disfrutar.

Nicolas Vinokurov, el discreto (y enchufado) hijo del jefe que sobrevive en la Vuelta

Nicolas Vinokurov, el discreto (y enchufado) hijo del jefe que sobrevive en la Vuelta

«Es un enchufado, el niño bonito del jefe». «Si no fuera por su padre no estaría aquí». El kazajo Nicolas Vinokurov (22 años) ya se ha acostumbrado a soportar los comentarios envenenados que escucha desde 2022, cuando ingresó en el Astana, el equipo dirigido por su padre: Alexandre Vinokurov, que fue campeón en ruta en los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, ganador de la Vuelta a España 2006 y tercero en el Tour de Francia de 2003 (sólo fue superado por los defenestrados Lance Armstrong y Jan Ullrich). La trayectoria del progenitor siempre estuvo agitada por la polémica: Fue sancionado con un caso de dopaje sanguíneo y acusado de comprar el triunfo en la clásica Lieja-Bastoña-Lieja de 2010. Se retiró en 2012 e inmediatamente después pasó a desempeñar el cargo de mánager general del equipo Astana.

El hijo del jefe sobrevive en la Vuelta ejerciendo un rol muy discreto. Ocupa el puesto 148 en la clasificación general, a un hora, 51 minutos y 53 segundos del líder Ben O'Connor. Es un integrante habitual del furgón de cola del pelotón, ese que en las jornadas de alta montaña pelea para no llegar fuera de control. El pasado domingo, con una dura travesía por las cumbres de Sierra Nevada y meta en Granada, terminó en el puesto 159, sólo cuatro llegaron más tarde que él. Su mejor resultado lo cosechó en la etapa quinta, con el puesto 28, que se resolvió al sprint de Sevilla. En el resto de citas no ha conseguido finalizar entre los 130 primeros. Un ciclista anónimo de la Vuelta, que huye del farolillo rojo y sólo acapara atención por el pasado de su protector. Antes de llegar a la Vuelta, que ayer disfrutó de su primer día de descanso, participó en la Vuelta a Burgos sin apenas notoriedad. Su mejor clasificación fue un decimoséptimo puesto en la última de las cinco jornadas de la carrera. Terminó en el puesto 100.

«Muchas personas piensan que sólo conseguí un contrato gracias a mi padre, pero no se fijan en los resultados. Tendré que seguir demostrando que valgo para esto, también tendré hacer frente a esas críticas», decía Nicolas a la web WielerFlits tras ganar una etapa en el Tour de Japón de 2023.

El hijo del patrón del Astana, nacido en Niza y criado en Mónaco, se estrenó como profesional en el Tour de Omán de 2022. Su hermano mellizo, Alexandre, milita en el segundo equipo de Astana. En su corta hoja de servicios, además del triunfo parcial en el Tour de Japón, figuran como notas más relevantes los campeonatos de ruta sub-23 de Kazajistán de 2022 y de 2023 y la segunda plaza en el Tour de Van del año pasado.

Nicolas sabe que le queda mucho aprender y que el debut en la Vuelta le sirve como una experiencia muy enriquecedora. Sus objetivos son llegar hasta la clausura de Madrid, curtirse profesionalmente y ayudar a Harold Tejada y a Lorenzo Fortunato, los líderes del Astana en la Vuelta. Él es un hijo agradecido y con ganas de mejorar: «Mi padre sabe mucho de este deporte y siempre intenta ayudarme. A veces es muy estricto, si cometo un error me castiga por ello más rápido que a mis compañeros, porque sabe que podría haberlo hecho mejor. Pero otras veces también es muy amable», ha reconocido este corredor que atesora como gran virtud en el sprint en rampa. Todo apunta a que intentará abrirse camino como clasicómano. Su padre también sabe mucho de eso.

Adam Yates reina en las cumbres de Granada y ratifica su candidatura al podio de la Vuelta

Adam Yates reina en las cumbres de Granada y ratifica su candidatura al podio de la Vuelta

Adam Yates fue en Granada el O'Connor de Yunquera, aunque sin el premio del rojo. Solitario vencedor, puso en jaque la general, pero no la cambió en los dos primeros puestos. Produjo una convulsión, pero no un vuelco. Todo cambió para que nada cambiase. Al menos, en la cumbre de la tabla. Pero, incluso así, la etapa fue un homenaje al ciclismo y, en su planteamiento, desarrollo y desenlace, sin haber alterado la clasificación hasta dinamitarla, la ha dejado un poco más abierta. Un poco menos autoritaria.

Etapa imponente por su trazado y, sobre todo, a causa de los corredores, que son siempre quienes convierten las carreras, sean cuales sean sus recorridos, en un muermo o en un festival. Etapa grandiosa. Cada vez que se produce una de este calibre se habla de "ciclismo a la antigua". Pero es también "ciclismo a la moderna". Es también "ciclismo a la contemporánea". Es también "ciclismo a la eterna". El ciclismo de ayer, de hoy, de siempre.

Hubo rebeldes que desafiaron la teórica superioridad de O'Connor y Roglic, la lucha entre ellos dos, para tratar de asaltar el liderato o, al menos, colocarse lo suficientemente cerca como para, en lo que queda de Vuelta, optar al triunfo. Hubo inconformistas porque Adam Yates, David Gaudu y Richard Carapaz hicieron una apuesta heroica. Yates y Gaudu habían partido de la madrugadora escapada del día, tan numerosa (26 hombres) que, más que una escisión del pelotón, era una reproducción, y no precisamente en miniatura.

El francés estaba a 6:30 de O'Connor. El británico, a 9:27. La escapada-reproducción llegó a tener 5:30 de ventaja. El Puerto de El Purche, de 1ª categoría, largo, reseco, 1.476 metros de altitud, 89 kms. al 7,6% de media, con su cumbre erguida a 96 kms. de la salida y a 82 de la llegada dejó la fuga en los huesos y también puso al pelotón a dieta. Por delante sobrevivían dos UAE (Yates y Vine) y Gaudu (Groupama-Française des Jeux).

Richard Carapaz (Education First), a 6:44 de O'Connor, había abandonado el gran grupo en busca de un lugar al sol en la general. En la primera subida a Hazallanas, de 1ª, con 1.655 metros de altitud, 7,1 de longitud y un porcentaje medio de 9,5% con picos de 20%, fue agarrando a los náufragos de la escapada inicial y dejándolos tirados.

Yates, con ese estilo tan suyo, muy tieso sobre la máquina, la cabeza alta y la espalda rígida, dejó a Gaudu y Jay Vine. Coronó en cabeza. Carapaz había atrapado a Gaudu y Vine, y, perseguía, junto a un atormentado Pablo Castrillo, al que le precedía en la etapa y a los que iban por detrás, pero por delante en la general.

Esa general, con él, Yates y Gaudu, estaba cambiando, puesto arriba, puesto abajo, de forma virtual. Pero quedaba tanto camino por andar, por pedalear, que eso, significando mucho, no aseguraba nada en la vida real. La segunda ascensión a Hazallanas vio, de nuevo, a Yates en cabeza. Luego, a algo más de dos minutos, pasó Carapaz. Casi a cuatro, Gaudu. Por detrás, en un gesto casi insólito, Enric Mas, osado, se había desprendido de la reducida tropilla de ilustres y, en unión de Vine, cruzaba a continuación.

Roglic no reaccionaba. OConnor tampoco. Los demás bastante hacían con aguantar. Pero, después de todo, el esloveno y el australiano gozaban de cierta ventaja cronométrica. No tenían que cebarse. Ya se vería en los 23 kms. de descenso y llano que quedaban hasta la meta. En la bajada se produjo un hecho que pudo ser decisivo en el presente e incluso en el futuro de Enric Mas. Su bicicleta hizo un extraño. Perdió contacto con el suelo, amagó una pirueta, culebreó, coceó... Enric, entre la pericia y el milagro, se hizo con ella y pasó el peligro, aunque no el susto. ¿Qué habría sucedido si el mallorquín, con su historial de percances y miedos, se hubiese caído? ¿Cuánta gravedad de tipo físico y psicológico hubiera implicado el trastazo? Por suerte, nunca lo sabremos. Enric, además, ya en meta, se lo tomó como un presagio favorable. El sobresalto le ha reforzado la moral.

Yates, enorme, alzó los brazos. Luego llegó Carapaz. A continuación, el ramillete de favoritos. O'Connor, en un gesto de campeón, peleó y se llevó el sprint. Y, de paso, los cuatro segundos de bonificación. Está entero. Posiblemente Roglic también. Pasó un día regular, pero sigue en la pomada. Carapaz, tercero ahora, se interpone en el podio entre Mas y Landa. Pero todos están en un pañuelo.

Al décimo día, lunes de caridad después de este domingo de pasión, la Vuelta descansará y se trasladará con hombres, armas y bagajes al, por fin, fresco norte. A Galicia. El martes de resurrección abrirá entonces una ristra de días exaltantes que irán depurando una carrera que, una vez más, empieza de nuevo.

Roglic relanza La Vuelta y gana en las brutales rampas de Cazorla

Roglic relanza La Vuelta y gana en las brutales rampas de Cazorla

Roglic ganó. O' Connor flaqueó. Mas creció. Sintetizado, fin del resumen. Ahora, pormenorizando, el esloveno, entre la diferencia en la victoria y la bonificación, le arañó, no, le arrancó casi un minuto al australiano y está ahora a 3:49. El español asciende al podio en un día en el que Joao Almeida, reventado, se despidió de sus ilusiones. Landa, tercero en la meta, es ahora quinto en la general.

Otra vez, y van unas cuantas, empieza otra Vuelta. De manivela. Mejor de tuerca. En una etapa por terrenos elevados, pero carreteras sin excesivas brusquedades, con un puerto de segunda perdido por el recorrido, y presidida por 4,8 kms. brutales al 7,1% de media y con picos del 20%, en la cima de Cazorla, el esloveno fue el rey. Se ciñó una corona de metal precioso y le impuso a O'Connor, aún líder, con ventaja, pero tembloroso, una de espinas. Roglic, en ese epílogo de fuego a, otra vez, casi 40º, tiró de los restos dolientes del pelotón de ilustres y lo hizo añicos. Sólo le aguantó Enric Mas, cuya derrota en la línea de llegada es de las que valen por uno de esos triunfos que no acaba de abrochar.

Roglic, desbocado, rebasó a Oier Lazkano, Harold Tejada y Luca Vergallito, despojos supervivientes de los escombros de una fuga de ocho héroes con gloria y sin premio, y anunció con cohetería que está aquí, que ha vuelto sin, ya se ve, haberse ido. No hay más que hablar. No hay más que esperar, primero, a la etapa dominical y, luego, que venga lo que tenga que venir. Y no por obra del azar, sino del hombre. Del ciclista. De los ciclistas.

Cazorla enseñó su rampa

Federico García Lorca, de cuyo asesinato se cumplieron 88 años el pasado día 18, hace una semana, escribió: "Cazorla enseña su torre y Benamejí la oculta". En la Vuelta, la jienense Cazorla enseñó su rampa y la cordobesa Benamejí quedaba a 246 kms. al sudoeste. A mitad de camino entre ambas espera la lorquiana Granada, donde la carrera tendrá, dicho está, este domingo una prueba determinante. La lírica dará paso a la épica.

Granada, en su quebrado paisaje y sus tres ascensos de primera apiñados en la segunda mitad de la etapa, promete la, también segunda gran batalla general de la Vuelta, después de la del Pico Villuercas y, en explosiva brevedad, ésta de Cazorla. Roglic ascendió entonces, en Villuercas, a un liderato que perdería, dos días después, en Yunquera, a manos de Ben O'Connor y su solitaria proeza. Las circunstancias son ahora distintas.

O'Connor que parecía un líder sólido, se ha tambaleado sin llegar a caer. Quizás tuvo un día regular en una cuesta breve pero especialmente ruda. Quizás el calor, que de un modo u otro afecta a todos, le jugó una mala pasada. Veremos.

La carrera no se circunscribe solamente a él y Roglic. Ahora mismo sí, porque encabezan la general. Es la guerra entre las actuales primeras potencias. Pero hay otros combates, otras escaramuzas y otros nombres con distintas aspiraciones y capacidades. Sujetos todos a los azares de la carretera.

Ahora, a pensar en Granada, colofón de una de las etapas reina. Ante lo que nos promete, recordamos, después de Lorca, al poeta mexicano Francisco de Icaza: "No hay en la vida nada peor que ser ciego en Granada".

O'Connor aprovecha la impotencia del pelotón para culminar una fuga, ganar la etapa y asaltar el liderato de la Vuelta

O’Connor aprovecha la impotencia del pelotón para culminar una fuga, ganar la etapa y asaltar el liderato de la Vuelta

Inesperadamente, a lo bello y a lo bestia, hubo cambio de líder. Primoz Roglic cedió el rojo a Ben O'Connor, australiano, 28 años, del Decathlon Ag2R. Rojo pasión ardiente para O'Connor. Rojo sangre derramada para Roglic.

¿Hemos dicho cedió? No. El rojo le fue arrebatado de un tirón a un Roglic sorprendido, aturdido, aunque no, obviamente, noqueado. La Vuelta ha dado la vuelta. Ha dado un giro, pero no, necesariamente, un vuelco. Entre lo temporal y lo definitivo puede caber un mundo, que está esperando, amartillado, en las grandes etapas, aún vírgenes, de la prueba.

Pero, en cualquier caso, la carrera ha tomado un sesgo impredecible y adquirido un interés inusitado. Sobre ella, entre la amenaza y la ilusión, según quién la interprete, temiéndola o cortejándola, planea la sombra de Javalambre, en aquella etapa que acabó significando en 2023 la victoria de Sepp Kuss. Y siempre, de un modo u otro, está Roglic por medio. Su historia se repite y corre el peligro de hacerlo como farsa.

En una zona de tradición y lujo taurinos, Ronda y su serranía, el australiano realizó una faena portentosa, de maestro sobrado de poderío y arte. Y la remató con una escapada hasta la bola en todo lo alto. Voló, desbocado, hacia el Alto de las Abejas, mientras los ases del pelotón, encabezados por Primoz, mostraban una impotencia hija de la perplejidad y seguían perdiendo tiempo kilómetro a kilómetro.

Así salió, más rebelde que respondona, una etapa incómoda, durilla, de constantes subidas y bajadas, de ondulaciones picudas, con la meta en un largo repecho de 3ª. Y la montaña no parió un ratón, sino un gigante. Un aspirante a ganar la carrera, que empezó la jornada en la vigesimotercera posición a 1:56 de Roglic y la terminó en la primera con el esloveno a 4:51. O'Connor no es ningún piernas. Cuarto en el Tour de 2021 y en el Giro de este año, ha dado un salto de eso, de gigante, en el curso de una ceremonia de magia.

Etapa demasiado exigente para que el magro elenco de sprinters se la tomara en serio y demasiado blanda para que el amplio abanico de ilustres se la tomara a la tremenda. Etapa, pues, adecuada para el éxito de una fuga, predispuesta al triunfo de los valientes, especímenes humanos que a la suerte le caen simpáticos. Audaces fortuna iuvat.

Y eso sucedió. En el puerto del Boyar, de 1ª, que se coronaba a 73 kms. de la salida y, todavía, a 112 de la llegada, se armó la marimorena. Los dimes y diretes; los ataques y contraataques; los movimientos, los latigazos nerviosos, espasmódicos de la masa móvil de corredores cristalizó en una escapada de 30 elementos. Luego los 30 se quedaron en 13. Una fuga lo suficientemente numerosa y de nivel como para asegurar que el vencedor de la etapa saldría de sus filas. Ahí estaban O'Connor, Gijs Leemreize, Jay Vine, Cristian Rodríguez, Pelayo Sánchez, Chris Harper, Marco Frigo, Pablo Castrillo, Mauri Vansevenant, Urko Berrade, Florian Lipowitz...

O'Connor y Leemreize se disociaron de sus compañeros antes de la subida al Puerto del Viento. Frigo, Berrade y Pelayo trataron (en vano) de unirse a ellos. O'Connor se desprendió de Leemreize en el Puerto Martínez, también de 3ª. Y, a partir de ahí, exhibición en solitario, incontenible, una obra de autor entre la exquisitez y la fuerza. Ese tipo de manifestaciones ruteras que hacen Evenepoel, Pogacar, Van der Poel y compañía.

O'Connor no está a esa altura ni lo estará. Pero ahora mismo no es aventurado afirmar, con toda la cautela del mundo, pero también con toda la justificación, que se ha ganado la gracia de ser considerado un outsider a tiempo completo y con pleno derecho a llevarse una Vuelta reiniciada, reanimada, reconstituida. Una Vuelta que, tras unas etapas aplastadas por el calor, ha revivido estimulada por el fuego.

Así se sobrevive a una etapa extrema de calor: 200 bidones de agua, 80 kilos de hielo y chalecos refrigerantes

Así se sobrevive a una etapa extrema de calor: 200 bidones de agua, 80 kilos de hielo y chalecos refrigerantes

Actualizado Martes, 20 agosto 2024 - 22:20

''Esto es un horno'', advierte Enric Mas. "Todos sufrimos con este calor'', exclama el belga Wout van Aert. Escalar una montaña con tramos de 20% de desnivel con una temperatura de 40º grados, como sucedió el pasado martes en Pico Villuercas, es un riesgo para la salud. La deshidratación amenaza a unos corredores que este miércoles parten de Extremadura y enfilan hacia el brasero de Andalucía. Llegada a Sevilla y máxima alerta en el pelotón hasta el domingo, cuando concluye el periplo andaluz, con el ascenso las cumbres de Sierra Nevada.

Trabajo extra para los médicos y preparadores físicos de los equipos antes y después de las etapas. Extraordinarias medidas de hidratación y de técnicas de enfriamiento para combatir el calor asfixiante. Los ciclistas, al margen de los enormes esfuerzos que realizan en las horas centrales del día, están expuestos a la agresión solar en brazos, piernas y espalda. Al menos, la cabeza la tienen protegida por el casco. "Con las altas temperaturas hay que contrarrestar el estrés térmico. La solución es enfriarse, aplicar soluciones frías en la cabeza, muñecas y cuello", explica el doctor Antonio Escribano, catedrático de nutrición deportiva de la UCAM de Murcia y especialista en endocrinología, nutrición y medicina deportiva, informa Efe.

Para hacer frente a estas temperaturas extremas, las escuadras han potenciado los recursos de suministro de agua. El Movistar, la formación de Enric Mas y Nairo Quintana, utilizará en cada etapa 200 bidones de agua y 80 kilos de hielo, casi el doble de la cantidad habitual. Lo esencial es que los corredores mantengan estable la temperatura corporal, para ello utilizan chalecos refrigerantes, cubitos de hielo anudadas en medias y maillots transpirables. La deshidratación baja el rendimiento y puede provocar la pérdida de orientación.

En las jornadas habituales, los corredores suelen consumir hasta 1,5 litros de líquido por hora. El agua llega en bidones de medio litro que les proporcionan los coches de los equipos y los auxiliares situados en zonas estratégicas de las carreteras. Ese consumo de agua en etapas con las de esta semana puede multiplicarse por cinco. Los auxiliares se suelen situar cada 20 kilómetros, pero en jornadas abrasadoras pueden hacerlo cada 10 kilómetros.

''El consumo de agua y líquidos reponedores no debe descuidarse antes, durante y después de la etapa. Hay que anteponerse a la sed, evitarla, ir por delante, porque cuando la sed aparece es que ya hay deshidratación. El consumo de agua depende del peso de cada corredor, pero el mínimo es de cuatro litros. Ante todo hay que beber con frecuencia y con antelación, luego mojarse todo lo que se pueda y también suplir el agua con bebidas isotónicas", advierte el doctor Escribano.

Roglic, con 'foto finish', vence al precipitado Van Eetvelt en el primer e infernal asalto de montaña de la Vuelta

Roglic, con ‘foto finish’, vence al precipitado Van Eetvelt en el primer e infernal asalto de montaña de la Vuelta

El rugoso cemento abrasa en el callejón. Los gladiadores se retuercen para avanzar y mantener la verticalidad en una pared interminable de 3.000 metros. Los pulmones explotan, las venas se hinchan con el ácido láctico y la vista se nubla en una escalada agónica. Una ristra de corredores serpentea de manera descompensada, soportando un brutal castigo. El primer asalto de montaña de esta Vuelta es una ofrenda al dolor.

En ese tormento, algunos, como Primoz Roglic, encuentran instantes de placer. El esloveno vence en la cúspide de Pico Villuercas, un puerto con unas rampas infernales de hormigón que sella la primera criba de una ronda sin rey y con muchos príncipes. Liderato para el tres veces conquistador de la ronda, que bate a Lennert van Eeetvelt en el último suspiro. Resolución por foto finish en el primera cima. El belga, en la misma línea de llegada, se precipita en la celebración de la etapa, levanta el brazo derecho y es sorprendido por un golpe de riñones del veterano corredor del Red Bull-Bora. Jornada espléndida para Roglic, pero también para Enric Mas, muy sólido en toda la subida, y para Mikel Landa, que en un ascenso progresivo caza a los mejores y tiene el coraje de lanzar el sprint. Frustrante día para Richard Carapaz y Adam Yates, que ceden 1.30 minutos.

Después del tríptico portugués, el pelotón respira hondo en la salida de Plasencia para afrontar una jornada de 170 kilómetros fracturada con cuatro puertos. En el valle de Jerte, entre balcones de cerezos, el grupo se estira antes del ascenso a Cabezabellosa, cerca del imponente Mirador de la Memoria, persiguiendo a los fugados Bruno Armirail (Groupama), Sylvain Moniquet (Lotto), Filippo Zana (Jayco), Pablo Castrillo (Kern Pharma) y Mikel Bizkarra (Euskaltel).

El quinteto se entiende bien y aventaja en tres minutos al pelotón en el alto de Piornal, una cota de primera categoría fronteriza entre las cristalinas gargantas de Jerte y los campos de la Vera, con una larga sucesión de curvas. Tras el descenso, los fugados caminan rápido en dirección a Jaraíz de la Vera y Almaraz. El Red Bull-Bora de Primoz Roglic asume las labores de caza por terrenos de pimentón y tabaco, con el Visma de Sepp Kuss y UAE de Joao Almeida a la expectativa, dejándose llevar hasta el alto de Miravete, un tercera que sirve de aperitivo para el tormento de Pico Villuercas, la cima con la carretera más elevada de Cáceres, con una altitud de 1.600 metros. Un risco que preside la zona del Santuario de Guadalupe al que se accede por un estrecho sendero hormigonado que exprime a unos corredores agobiados por los insoportables 40º grados de la comarca cacereña. Traspaso permanente de hielo y bidones de agua entre gregarios y jefes de fila. Sufrimiento para Wout van Aert, que se rinde en las primeras estribaciones del coloso extremeño.

Máxima exigencia en un puerto largo (14,6 kilómetros), con una pendiente media de 6,2%, pero con una zona infernal de tres kilómetros con un firme irregular con rampas del 20%. Un obstáculo enorme para Pau Miquel, el sprinter del Kern Phama, que ayer cumplió 24 años, y para Luis Ángel Maté, el abuelo de la Vuelta (40 años), que estrenó el maillot de lunares de líder de la Montaña. Un muro que separa el trigo de la paja.

En las rampas más pronunciadas, tras la neutralización de los bravos Armirail y Castrillo, se fractura el grupo de favoritos con una aceleración de Pavel Sivakov. Luego salta Felix Gall y tras él Roglic, Mas y Van Eetvelt. Por detrás sufren Carlos Rodríguez y Carapaz, con Landa y Almeida dosificando esfuerzos. El vasco y el portugués consiguen alcanzar a los fugados en los metros finales y pugnan por una etapa que Van Eetvelt pierde por precipitación. Doble premio para Roglic, feliz en la fiesta del sufrimiento.

Enric Mas: ''Las ausencias de Pogacar, Evenepoel y Vingegaard benefician a la Vuelta y también a mí''

Enric Mas: ”Las ausencias de Pogacar, Evenepoel y Vingegaard benefician a la Vuelta y también a mí”

Afronta su séptima Vuelta a España con la incomodidad de no haber culminado la obra. Enric Mas (Artá, 1995) ha sido segundo en tres ocasiones, quinto, sexto y 71º en su debut (2017). A sus 29 años, el balear se encuentra en un periodo sereno, sin las urgencias del pasado, esas que le presionaban para ser el heredero de la generación de oro del ciclismo español. Se ha quedado en una situación intermedia entre los veteranos y esos jóvenes que arrasan con todo. A pesar de la numerosa competencia, él asegura que busca el podio de la Vuelta. El mallorquín atiende al periodista en un rápido encuentro telefónico en el inicio de una Vuelta que este martes presenta la primera etapa de alta montaña, un oportunidad para mostrar sus galones de líder en el Movistar.

¿Qué objetivos se ha marcado para esta Vuelta?
Entrar en el podio y ganar una etapa.
El podio incluye tres plazas. ¿No aspira a la primera?
Mi objetivo es el podio y conseguir una etapa.
¿Las ausencia de los galácticos Pogacar, Evenepoel y Vingegaard benefician o perjudican a la organización y desarrollo de la Vuelta?
Esas ausencias benefician a la Vuelta. La no presencia de ellos genera más espectáculo, porque todo queda más abierto. Sin ellos, todo es menos monótono. Cuando Tadej está presente en las carreras todo cambia debido a su superioridad. Es un auténtico 'crack'.
¿Las ausencia de los galácticos Pogacar, Evenepoel y Vingegaard benefician o perjudican a Enric Mas?
Sus ausencias también me benefician a mí, porque sin ellos mis opciones y oportunidades aumentan. Con sus bajas crece el número de candidatos.
La relación de aspirantes a conquistar esta edición de la Vuelta es amplísima, lo nunca visto en las últimas temporadas.
Sí, hay un grupo numeroso de corredores con opciones. Para mí, el principal es Primoz Roglic, que ya ha ganado la carrera en tres ocasiones.
¿Roglic es superior a Sepp Kuss, último ganador de la ronda?
Primoz es superior. Es un gran corredor, muy bueno en todos los terrenos. Yo le pongo como el gran candidato para el final en Madrid.
¿En esta edición de la Vuelta tiene subrayadas algunas etapas?
Me gustan las etapas de Lagos de Covadonga y las de Sierra Nevada. A ver si puedo hacer algo importante en ellas.
¿Usted ya tiene 29 años, considera que aún le queda margen de mejora en este ciclismo dominado por unos chavales precoces y sin complejos?
Claro que tengo margen de mejora, todavía puedo avanzar y eso lo sé porque cada año tengo mejores números, como reflejan los entrenamientos y los trabajos realizados.
¿Cómo son esos números?
Son números.
¿Ha sido segundo de la Vuelta en tres ocasiones, qué le falta para ser primero?
Pues no lo sé.
¿Le falta suerte?
No lo sé.