Paula Badosa vuelve a demostrar que sabe superar obstáculos. Jugadora de grandes momentos, las lesiones le han detenido a menudo. Ahora se encuentra en una situación poco menos que idílica: fuerte, segura, competitiva y estable, después de cambios frecuentes dentro de su equipo. Hubo de hacer frente a una decisión difícil, como fue renunciar a los Juegos Olímpicos para mejorar su ránking en torneos de menor jerarquía. Cuando el servicio le funcio
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Hace nada, entre los primeros rayos del verano, Paula Badosa era una tenista desesperada que maldecía su suerte en una de las pistas pequeñas de Roland Garros, donde estaba a punto de perder, otra vez perder, qué hartita estaba ya de perder. Por culpa de una fractura de estrés en su espalda llevaba más de un año de calvario, de dolores y derrotas hasta llegar a caer al número 140 del ranking WTA. ¿Volvería a la élite? Aquella noche en el Grand Slam parisino parecía imposible. Ante la británica Katie Boulder, en primera ronda, lloraba sobre la pista y reclamaba al cielo unas soluciones que, de repente, llegaron. Sí, llegaron. Un milagro. O simplemente su tenis. Liberada del dolor gracias a la infiltración de corticoides que acababa de inyectarse, remontó, ganó y desde entonces es otra Badosa. Más alegre, más decidida y, sobre todo, más ganadora.
Con el título en el WTA 500 de Washington y las semifinales en el WTA 1000 de Cincinnati, en la presente gira norteamericana de cemento sólo dos tenistas, la estadounidense Jessica Pagula y la bielorrusa Aryna Sabalenka, han brillado más que ella. Pese a ser la cabeza de serie número 27, en el actual US Open entre es la séptima favorita para las casas de apuestas yankees y el lunes en primera ronda pasó por encima de la suiza Victoria Golubic con un 6-0 y 6-3. ¿Cómo se ha producido un cambio tan repentino?
JOHN G. MABANGLOEFE
"Paula ahora está recogiendo los frutos de un trabajo que duró muchos meses. Antes ni ella misma podía ver ese resultado", analiza el fisioterapeuta Roberto Martín, jefe de la clínica Ignition de Getafe y responsable de la rehabilitación de Badosa, que vivió el suplicio junto a ella. Porque desde el principio sabía que iba para largo y desde el principio sabía que en el deporte de élite no hay paciencia suficiente para cruzar por algo así.
Los detalles de su lesión.
"En el tenis la parte baja de la columna vertebral sufre mucho por la hiperextensión necesaria para el saque y los giros constantes y la primavera del año pasado Paula sufrió una fractura por estrés en esa zona, entre las vértebras L4 y L5. Si te rompes el fémur o el cúbito te puedes recuperar relativamente rápido, pero en la columna vertebral el proceso es muy lento. Ella tuvo que estar parada, reforzar toda la musculatura para recuperar estabilidad y al final del proceso, cuando la fractura estaba ya consolidada, sufrió una inflamación en esa misma zona. Fue muy dolorosa y muy limitante y ahí vivió los momentos más duros", recuerda Martín, con el WTA 1000 de Madrid en abril como peor momento en la memoria. En la Caja Mágica, en casa, Badosa quería brillar de nuevo y perdió a las primeras de cambio ante la también española Jessica Bouzas. Según ha admitido recientemente, entonces "tocó fondo".
Y sólo en Roland Garros, después de su segunda infiltración -la primera fue en marzo antes del WTA 1000 de Indian Wells-, empezó a ver la luz. "Paula trabajó muchísimo para volver. Llegamos a encadenar sesiones diarias de trabajo manual de tres horas, usamos todas las terapias posibles, desde la cámara hiperbárica a la luz roja pasando por el magnetolith, un campo magnético mucho más potente que las magnetoterapias antiguas. Ella puso todo de su parte para volver y ahora está volviendo a disfrutar de su juego", comenta Martín que formó equipo para la recuperación de Badosa con el doctor Javier Ferrato, el preparador físico David Antona o Daniel de la Serna, director clínico del Instituto Español de psiconeuroinmunología.
JOHN G. MABANGLOEFE
Porque la tenista, que ya no comía alimentos con gluten, tuvo que reajustar su dieta para evitar la inflamación de los intestinos -que repercutiría a la espalda- y hacer otros cambios en su rutina. Entre Dubai, donde reside habitualmente, y Madrid, donde estaban sus doctores, la española encontró su camino para intentar volver al lugar donde lo dejó, en aquel número dos del ranking WTA. Su palmarés asegura que el US Open no es el mejor Grand Slam para ascender -nunca ha llegado a tercera ronda-, pero ahora es otra. Más alegre, más decidida y, sobre todo, más ganadora.
"Ahora está recuperada de su lesión de espalda. Evidentemente debe seguir trabajando esa zona y siguiendo las pautas de trabajo, pero ahora puede centrarse ya en su juego y en volver a disfrutar del tenis", finaliza Martín ante la resurrección de Badosa, de su llanto hace nada en Roland Garros a su brillo estos días en el US Open.
Paula Badosa, con una actuación impecable, encabezó este lunes el desembarco de la delegación española en el US Open con un balance desigual y tantas clasificaciones como eliminaciones.
Ocho tenistas españoles (dos mujeres y seis hombres) arrancaron este lunes en Flushing Meadows y la mitad de ellos hicieron las maletas a las primeras de cambio. Entre los que estarán en la segunda ronda destaca Badosa (n.29), que arrancó con excelentes sensaciones fulminando a suiza Viktorija Golubic (n.73) por 6-0 y 6-3 en una hora y nueve minutos.
La catalana que viene de firmar un gran verano en pista dura en Norteamérica (título en Washington y semifinales en Cincinnati), se medirá a continuación a la estadounidense Taylor Townsend (n.48) y tratará de superar por primera vez la segunda ronda en el 'grande' neoyorquino.
La otra española en competición era Marina Bassols (n.114), que en su primer partido en el cuadro principal de un 'grand slam' cayó frente a la checa Barbora Krejcikova (n.8 y campeona de la última edición de Wimbledon).
En el cuadro masculino, a la espera de que Carlos Alcaraz (n.3) debute este martes, tres representantes españoles se sacaron el billete para la segunda ronda. Así, Roberto Carballés (n.55) sufrió pero terminó derrotando al británico Jan Choinski (n.276) por 6-2, 6-3, 5-7, 6-7(5) y 6-3 en más de cuatro horas y media. Su próximo rival será el chino Juncheng Shang (n.72).
Otro español que también tuvo que dejarse todo en la pista para no caer eliminado fue Pedro Martínez (n.43), que sometió al polaco Maks Kasnikowski (n.194) por 6-7(6), 6-1, 6-2, 3-6 y 7-6(6) en cuatro horas y 21 minutos. El siguiente reto para Martínez será el australiano Alexei Popyrin (n.28). También participará en la siguiente ronda Roberto Bautista (n.67), que doblegó al italiano Luca Nardi (n.90) por 7-5, 7-6(3) y 7-6(5) en tres horas y 16 minutos. A Bautista le espera un importante desafío con un duelo ante el estadounidense Ben Shelton (n.13).
En cambio, Pablo Carreño (n.213) perdió frente al francés Arthur Cazaux (n.91), Alejandro Davidovich (n.59) cayó contra el australiano Rinky Hijikata (n.62) y Albert Ramos (n.122) no pudo con el italiano Matteo Berrettini (n.44).
Djokovic
El US Open descorchó su edición de 2024 sin apenas sorpresas ni resultados llamativos en una jornada en la que los principales favoritos no fallaron. Así, el serbio Novak Djokovic (n.2) y la estadounidense Coco Gauff (n.3) arrancaron la defensa de sus títulos del año pasado en Queens sin ningún tipo de problema.
También avanzaron a la segunda ronda otros aspirantes destacados para llegar muy lejos como la bielorrusa Aryna Sabalenka (n.2), la mencionada Krejcikova, el alemán Alexander Zverev (n.4), el ruso Andrey Rublev (n.6) o el noruego Casper Ruud (n.8).
En cambio, la griega Maria Sakkari (n.9) se retiró por lesión y el danés Holger Rune (n.15) se estrelló en tres sets contra el estadounidense Brandon Nakashima (n.50). Además, este lunes se vivió un momento muy especial con el adiós del torneo neoyorquino de dos tenistas con espléndidas carreras que están a punto de retirarse: el austriaco Dominic Thiem, campeón del US Open en 2020, y el argentino Diego Schwartzman.
La tenista española Paula Badosa, nacida hace 26 años en Nueva York, regresó esta semana a la ciudad donde pasó sus años de formación para visitar a la Kings County Tennis League (KCTL), un programa apoyado por Laureus que trabaja con niños residentes en las viviendas sociales de Brooklyn y sus alrededores.
Dirigido por un equipo de empleados y voluntarios, el proyecto utiliza el tenis y otras actividades educativas fuera de la cancha para promover el desarrollo de los jóvenes. Además, su trabajo con sus socios ayuda a proporcionar apoyo y orientación a los estudiantes y sus familias en su esfuerzo por asegurarse un futuro mejor.
Al renovar espacios de juego poco utilizados, crear nuevas pistas, proporcionar equipamiento y poner en marcha una amplia variedad de programas, la organización consigue eliminar las barreras físicas y económicas para poder jugar al tenis.
Paula Badosa, en Brooklyn.
Badosa, que volverá esta semana a Flushing Meadows para disputar el US Open, pudo de esta forma comprobar el impacto del trabajo que se lleva a cabo para mejorar la vida de los jóvenes al pasar el día con algunos de los niños participantes. La española les transmitió consejos en el marco de un entrenamiento y les proporcionó una valiosa visión de lo que se necesita para convertirse en un atleta de élite.
"Ha sido un privilegio estar aquí en KCTL, aprendiendo más sobre el trabajo que Laureus está haciendo, utilizando el deporte para ayudar a los jóvenes en una ciudad que significa mucho para mí", destacó la tenista española.
El director ejecutivo de la organización, Joe Ceriello, también quiso señalar que el hecho de que "conocer a deportistas de primer nivel como Badosa está conectando con la misión de la Kings County Tennis League de despertar el potencial de los chicos".
La tenista española Paula Badosa, que ganó este domingo su primer torneo desde enero de 2022, calificó su triunfo en el WTA 500 de Washington como "uno de los más grandes" de su trayectoria.
"Creo que quizá es el momento más especial (de mi carrera), particularmente por todo lo que pasé (...). Tuve que seguir creyendo en mí misma", dijo la tenista española en una rueda de prensa.
"Por supuesto, Indian Wells siempre estará ahí pero esta es una situación diferente. Aquí luche mucho contra mí misma y contra mis pensamientos. Creo que esta es una de las victorias más grandes de mi carrera", añadió.
Badosa (n.62), que participó en Washington con una 'wild card', se impuso en la final a la checa Marie Bouzkova (n.29) por 6-1, 4-6 y 6-4 en dos horas y 24 minutos. El partido fue suspendido en dos ocasiones por mal tiempo.
Es el primer título para la catalana desde Sídney en 2022 y supone su cuarto trofeo en una vitrina que también incluye Belgrado (2021) e Indian Wells (2021). Además, lleva un cuatro de cuatro en finales de la WTA.
Tras sufrir un calvario de lesiones y malos resultados que la alejaron de la élite, Badosa recuperó la sonrisa en Washington y ascenderá al puesto 40 de la WTA, por lo que será la española con un ránking más alto en la actualidad.
"Significa mucho (este triunfo). Fue un día muy duro para mí porque de verdad quería ganar este título pasara lo que pasara. Fue muy emocional y finalmente lo conseguí", afirmó.
"Lo que he aprendido es que soy más fuerte de lo que pensaba. Si creo y voy a por ello, llegan buenas cosas como un título. A veces he dudado de mí misma. Creo que no debería hacer eso. Necesito seguir creyendo y ojalá no sea el último", desarrolló.
Badosa, que en el pasado Wimbledon mostró una clara mejoría llegando hasta los octavos de final, indicó que ahora se encuentra en un muy buen momento.
"No podía parar de llorar"
"Quiero probarme un poco más pero creo que estoy en el camino. Lo más importante es que estoy motivada y mi cuerpo está respondiendo. Sí, podemos decir que estoy de vuelta", admitió con una sonrisa.
Por último, Badosa, que a lo largo de su carrera ha hablado de manera muy honesta sobre salud mental y la presión que sufren los deportistas, explicó cómo se sintió tras perder el segundo set y ver además cómo el partido era suspendido por la lluvia nada más empezar la tercera manga. "Salí de la pista llorando mucho. No podía parar de llorar. Mi equipo no sabía qué hacer porque lloraba sin parar", describió.
"Intenté tranquilizarme. Eso me ayudó a liberar mis emociones porque estaba muy nerviosa. A veces quiero ganar tanto que no me puedo controlar. Es un poco lo que pasó en el tercer set. Entonces, tras llorar durante no sé cuánto tiempo, me relajé, me calmé, cambié. Me dije: 'Paula, es solo un set, simplemente da todo lo que puedas (...)'. Funcionó muy bien, aproveché mis oportunidades y estoy muy orgullosa de cómo lidié con eso", detalló.
Paula Badosa se quedó a las puertas de los cuartos de final de Wimbledon tras perder en tres sets con la croata Donna Vekic (2-6, 6-1, 4-6) en un desconcertante partido, interrumpido tres veces por la lluvia y peleado hasta el final con el espíritu luchador de su mejores tiempos, antes de caer en la espiral de las lesiones.
Badosa tardó en encontrar su lugar en la pista y estuvo el primer juego a merced de Vekic, número 37 en el ranking de la ATP, que se impuso con claridad a su rival con sus mismas armas: el poderoso primer saque y el juego agresivo desde el fondo de la pista. La tenista española, que venía de disputar una épica maratón de casi tres horas frente a la rusa Daria Kasatkina (14 cabeza de serie), no lograba concentrarse y claudicó dos veces consecutivas al saque hasta ceder un 2-6 en menos de media hora de juego.
Hubo que esperar a una primera pausa por tormenta (después de un aplazamiento inicial de dos horas) para que fuera Badosa quien se reencontrara a sí misma cuando volvió a salir el sol hasta marcar un inapelable 5-1 a su favor en el segundo set, mientras Vekic caía en los claroscuros que definieron toda la desesperante jornada en el All England Club.
Los gritos de "¡Vamos, Pau!" llenaron la pista número dos de Wimbledon, a la misma hora en que Alcaraz disputaba su partido con Humbert bajo techo en la central. Badosa se vino arriba en la segunda fase del partido, propulsada por saques de hasta 188 kilómetros por hora e imprimiendo un ritmo apremiante a su juego.
El desenlace, por fin
Pero el duelo en la pista número 2 quedó nuevamente suspendido en su mejor momento. Alcaraz ya había asegurado su pase a cuartos, cuando Paula Badosa volvía a la pista con la misión de rematar el segundo set con la misma racha de buen juego. Lo consiguió poniendo el broche al 6-1 con otro "ace".
Vekic no dio sin embargo su brazo a torcer y consiguió romperle de nuevo el servicio a la salida del tercer set. Remontó Badosa y el marcador se puso en 3-3, y en un inquietante 3-4 a favor de la croata cuando volvieron a cerrarse los cielos y la juez de pista ordenó la tercera suspensión.
Badosa volvió por sus fueros al saque en la tercera y última fase, hasta volver a igualar el marcador con un 4-4 que marcó la recta final. La española se dejó atenazar por los nervios en el momento clave y dejó escapar los dos últimos sets con las lágrimas a flor del piel, mientras Vekic volvía a dictar su juego desde la línea de fondo.
El regreso a Wimbledon ha tenido para la jugadora española una altísima carga emocional, despés de un año marcado por las lesiones. Cuando los médicos le detectaron la fractura por estrés de una vértebra, llegaron a recomendarla que dejarla la alta competición. A base de tenacidad, la tenista de 26 años ha recuperado sin embargo la mejor versión de sí misma en el All England Club: "No es la primera vez, pero llegar a la segunda semana en Wimbledon ha significado ya mucho para mí".
Paula Badosa observa. Su rival, la checa Brenda Fruhvirtova, de sólo 17 años, se marcha a los vestuarios, se resguarda allí un rato largo y al regresar vuelve a pedir la asistencia del fisioterapeuta. El partido se para, se para y se vuelve a parar. Paula Badosa, al final, se cabrea. "Aprende pronto esta renacuaja", suelta a su gente y luego remata: "Se las sabe todas". La española, carente de ritmo de competición desde hace meses, jugando infiltrada por sus problemas de espalda, advierte el riesgo de las pausas, pero al final resuelve igualmente con una victoria.
En segunda ronda de Wimbledon gana a Fruhvirtova por 6-4 y 6-2 y se coloca otra vez en tercera ronda donde se enfrentará este sábado a la rusa Daria Kasatkina, una de las tenistas más en forma del circuito. Reciente campeona en el WTA 500 de Eastbourne, este jueves superó a la británica Yuriko Lily Miyazaki con un doble 6-0 desalentador. Alcanzar los octavos de final, su techo histórico en el Grand Slam londinense, será todo un reto para Badosa, pero el trabajo ya está hecho.
Con su triunfo sobre Fruhvirtova, la española saltó 10 puestos en el ranking WTA -del 93 al 83- y aceleró su camino para regresar entre las mejores. Con su triunfo sobre Fruhvirtova, sobre todo confirmó que mentalmente ya vuelve a ser quien fue. Después de la peor racha de su vida en 2023 y de un inicio de 2024 realmente crudo, era lo que necesitaba. De aquella derrota ante Jessica Bouzas en la primera ronda del Mutua Madrid Open a la resurrección.
"A veces te tienes que pegar la hostia"
"A veces te tienes que pegar la mayor hostia para salir adelante. Madrid fue un punto de inflexión. Ahora sí que me veo preparada", explicaba ayer en el All England Club, donde ya apareció rodeada de un equipo al completo, con médico y fisioterapeuta propio. Hace sólo un mes, en Roland Garros, Badosa confiaba tan poco en sus posibilidades que sólo viajaba con ella su entrenador, Pol Toledo. En su primer partido en París, de hecho, llegó a recriminarle al técnico que le hubiera animado a inscribirse al torneo, quería marcharse de allí, apartarse otra vez de las pistas de tenis. Pero aquel día venció y también el siguiente y en tercera ronda le peleó el primer set a Aryna Sabalenka, la segunda mejor tenista del mundo. Fue la luz al final del túnel. Ahora Badosa está de vuelta.
"Estar fuera del 100 es otro circuito porque ya no entras en los 'Grand Slam', no juegas en las pistas grandes y yo quiero jugar estos partidos. Cuando has saboreado lo de arriba volver atrás es difícil de gestionar si no tienes humildad", aceptó después de volver a ocupar la pista 17, una plaza inhabitual para ella. Lejos de la presión de la gira de tierra batida, donde defendía muchos puntos, la española vuelve a crecer con la gira americana de cemento como objetivo. Después de su renuncia a los Juegos Olímpicos de París, su crecimiento pasa por un final de año notable que le permita disfrutar sin estar pendiente del ranking -y de wildcards, torneos menores...- en 2025.
«Estoy en el camino. Es un proceso largo, pero estoy intentando disfrutar del camino. Mi tenis está ahí y, si me respeta la espalda, ojalá pueda volver arriba», reclamaba Paula Badosa y en ese condicional está ahora su carrera. Si le respeta la espalda, si le aguanta el físico, si su cuerpo le permite seguir. La española, ahora 139 del ranking WTA, ya confesó que estaba jugando infiltrada en Roland Garros, como hizo en el Masters 1000 de Roma, que su fractura en la cuarta vértebra le martiriza, pero si puede convivir con ese dolor, le sobra tenis para discutir a las mejores. Aquella Badosa que fue número dos del ranking WTA en 2022 sigue sobre la pista.
En tercera ronda del Grand Slam francés lo confirmó ante la bielorrusa Aryna Sabalenka, su mejor amiga en el circuito y su mejor rival, pues comparten estilo de juego. Perdió por 7-5 y 6-1 en una hora y 16 minutos, pero demostró que no se ha olvidado de moverse, de golpear, de luchar como hizo antes de que empezara su calvario. «El año pasado estaba en casa viendo Roland Garros por la tele, tumbada en el sofá, y estoy agradecida por esta oportunidad. He jugado un buen primer set», analizaba y en efecto.
BERTRAND GUAYAFP
El marcador engaña, como tantas otras veces, pero Badosa pudo vencer a la actual número dos del mundo, la campeona del último Open de Australia. En el primero tuvo un 3-5 con saque a favor para llevarse el periodo. Hasta ese momento se había visto una Badosa pletórica. Al contrario que en sus duelos de primera y segunda ronda ante Katie Boulder y Yuliya Putintseva, entró en la pista con una concentración plena. El patrón de juego estuvo definido desde entonces: dos tenistas pegando golpes desde el fondo de la pista, a ver quién pegaba más duro, a ver quién pegaba más fuerte. Sabalenka, maestra en la materia, cometió algunos fallos y Badosa le castigó y le castigó y le castigó. Con el saque como condena y no como privilegio, la española convirtió las tres opciones de break que tuvo mientras la bielorrusa dejaba pasar hasta ocho en ese periodo.
El momento de Sabalenka
Luego el partido cambió por completo. Frente a la cima de la victoria, Badosa se frenó y, ante el abismo de la derrota, Sabalenka aceleró. La actual número dos de la lista, la única que discute el dominio de Iga Swiatek, demostró los motivos de ese estatus y a base de golpes, ¡bum!, ¡bum!, ¡bum!, ¡bum!, lo giró todo. Del 3-5 se pasó al 7-5 y Badosa, ya desanimada, sólo pudo salvar la honra en el segundo set. Pese a todo se mostró serena. «En ese momento decisivo me han empezado a caer winners por todos los lados, me he puesto un poco nerviosa y una jugadora del nivel de Alyna te hace pagar estos fallos», reconoció la española, tranquila tras el encuentro. Si en las dos rondas anteriores había pasado de la angustia a la euforia y de la euforia al cabreo, este sábado fue en el primer set la Badosa concentrada que levantaba títulos.
Le ayudaba no tener nada que perder, pues no era la favorita. La ayudaba verse en un escenario como la Philippe Chatrier, una pista central que no pisaba desde la primera ronda de hace dos años ante Fiona Ferro, una pista central que se llenó para animarla. Ahora disputará el dobles mixtos con su pareja, Stefanos Tsitsipas, parte de su recuperación, según indicó. «Tenemos una relación muy bonita. El tenis puede ser muy duro y se vuelve más humano, más divertido, si lo compartes con alguien a quien quieres», exponía Badosa, atada ahora mismo a un condicional. Si el físico le aguanta, le sobra tenis para discutir a las mejores.
David Goffin alzó la voz: «Algunos seguidores están aquí para molestar y no para animar. Los jueces de silla deberían intervenir, hoy uno me ha escupido un chicle. Muchos jugadores se quejan, hay ese sentir en el vestuario». Iga Swiatek, la número uno del mundo, le replicó dirigiéndose a la grada de la Philippe Chatrier: «Por favor, no gritéis durante el juego. Esto es serio para nosotras, estamos jugando por mucho dinero y puntos. Espero no convertirme ahora en una de esas jugadoras que no les gustan y a las que la abuchean». Y finalmente Novak Djokovic, también número uno, cerró la denuncia: «Quiero que los aficionados animen, que canten, pero a veces se pasan de la raya, es irrespetuoso. He vivido lo que vivió Goffin y apoyo sus quejas, hay que plantar cara a esos espectadores».
Christophe EnaAP
Roland Garros no es una caldera. Está muy lejos del ruido de cualquier partido de fútbol, de baloncesto, está lejos incluso del ambiente de la antigua Copa Davis. Pero los tenistas están acostumbrados al silencio absoluto. Y éste en París a veces se rompe, cada vez más. En su partido de segunda ronda ante Casper Ruud en la Suzanne Lenglen, Alejandro Davidovich se encontró con una aficionada que le daba indicaciones siempre que se acercaba al lateral a secarse el sudor y, al final, el español avisó del palique al juez de silla. El árbitro no hizo nada. Pero la mujer, entonces sí, avergonzada, calló. El debate es casi tan antiguo como el mismo tenis, pero con tantos deportes ruidosos, con gritos del público en cada jugada y música de los altavoces en cada parón, cada vez es más conveniente. ¿Realmente puede sobrevivir el silencio?
Más allá de Wimbledon, donde el mutismo está tan arraigado como vestir de blanco y comer frutas con nata, el US Open siempre ha dejado fluir el bullicio y el Open de Australia lleva el mismo camino. En las últimas ediciones, de hecho, permite la libre circulación de los aficionados -sin tener que esperar a entrar y salir en los descansos- e incluso ha montado un bar, el AO Courtside Bar, desde el cual se puede seguir la acción de la pista 6. El follón es considerable. El éxito del establecimiento, también.
El alcohol prohibido (un poco)
«Nos encanta que haya emoción y que la gente se exprese. Pero seremos inflexibles en cuanto al respeto por los tenistas y el desarrollo de los partidos. Si no te portas bien o lanzas cosas a los jugadores, te expulsaremos», amenazaba Amelie Mauresmo, directora de Roland Garros, en un encuentro organizado expresamente con los enviados especiales de otros países. El objetivo era frenar la idea de que el Grand Slam parisino es un desmadre y, para eso, anunció una medida: ley seca, prohibido el alcohol. En un principio parecía que no habría más cerveza, ni champán, ni vino en todo el recinto, pero en realidad sólo se ha vetado su venta en el interior de los estadios. La mayoría de aficionados comen y beben fuera antes de entrar a las pistas así que el veto es limitado.
Si hay un problema no será la solución. Pero... ¿Realmente hay un problema? En dirección contrario a Goffin, Swiatek o Djokovic, otros tenistas ya han comentado que el alboroto no les molesta, más bien todo lo contrario. Paula Badosa, que ha jugado sus dos partidos en las pistas pequeñas anexas a la Suzanne Lenglen, donde hay ruido por todos lados, defendió la libertad del público de gritar. «Ella [Swiatek] tiene suerte de jugar todos los partidos en la Philippe Chatrier, donde no molesta el ruido de otras pistas. Pero, dicho eso, a mi no me molesta el público, todo lo contrario. Me motiva. Hace unos años fue muy difícil jugar sin público por culpa del covid y ahora estoy muy contenta con afición», aseguró la tenista que este viernes se enfrentará a Aryna Sabalenka (sobre las 14.00 horas, Eurosport) precisamente en la Philippe Chatrier, la pista central.
CAROLINE BLUMBERGEFE
En su misma línea se han pronunciado la mayoría de tenistas estadounidenses, siempre entregados al show, como Coco Gauff:«La mayoría de aficionados son respetuosos y yo cuando veo un partido como espectadora también quiero hacer ruido. Entiendo que sea difícil si alguien grita de repente, pero a mí me gusta que haya bullicio». ¿Realmente puede sobrevivir el silencio?
En la menuda pista 9 de Roland Garros todo se oye y por eso cuando Paula Badosa replica a su equipo el público se entera. «Millor no em diguis res!», reclama, es decir, «¡Mejor no me digas nada!». Su entrenador, Pol Toledo, le había pedido que arriesgara con el revés, ella había arriesgado con el revés y la pelota casi acaba fuera del recinto. El error no impediría la victoria de la española este jueves ante la kazaja Yuliya Putintseva por 4-6, 6-1 y 7-5 y su pase a tercera ronda, pero sí confirma una certeza: el tenis tiene una revolución pendiente.
Pese a que los técnicos pueden dar instrucciones desde las gradas a las mujeres desde 2020 -antes podían hacerlo bajando a la pista- y a los hombres desde 2022, la comunicación es mínima en casi todos los casos. En la Philippe Chatrier, Nenad Zimonjic, nuevo entrenador de Novak Djokovic, le lanzaba una indicación y él miraba a su palco, ponía la oreja, cerraba un poco los ojos y se concentraba para entender algo que seguramente no entendía. Tampoco importó mucho. Al final ganó por 6-4, 6-1 y 6-2 a Roberto Carballés, pero quizá la propuesta de Zimonjic le habría ahorrado algún esfuerzo.
«Es un poco decepcionante para los que amamos este deporte y lo consideramos muy táctico. Imagínate poder dar indicaciones a un ajedrecista durante una partida. La permisión del 'coaching' durante los partidos no se está aprovechando en absoluto. Actualmente sólo se dicen cosas genéricas, palabras de ánimo, pero podría servir para mejorar aspectos específicos. Podría cambiar el juego totalmente. Estoy seguro que llegará», apunta en conversación con EL MUNDO el analista Craig O'Shannessy, impulsor del cambio que vendrá.
Como experto en táctica, trabajó con Djokovic entre 2017 y 2019 y en los últimos años ha impulsado una empresa de análisis que colabora con varios torneos y federaciones. Hay alguna compañía más, como la que dirige el ex tenista argentino Franco Davin, pero su papel todavía es secundario. Todos los entrenadores les reclaman las estadísticas en directo, la mayoría las observan durante el partido, pero raro, muy raro, es quien las utiliza para aconsejar a su pupilo. «Formamos la primera generación de analistas y, de momento, nuestro trabajo se utiliza para explicar qué ha pasado, a posteriori, no para cambiar lo que está pasando. Para mi el futuro es que haya un analista en cada palco y que éste directamente dé instrucciones al jugador», expone O'Shannessy, muy optimista con el porvenir de su oficio.
Las reticencias del circuito
Porque el tenis, un deporte atado a las tradiciones como pocos, todavía reniega de la importancia del 'coaching'. En primer lugar porque estuvo prohibido durante décadas y quien se saltaba la norma estaba muy mal visto, sobre todo en los países anglosajones. Y en segundo lugar porque es muy difícil que funcione. Son dos o tres segundos de intercambio, normalmente entre los ánimos del público, y el jugador no siempre está receptivo.
«Una indicación puede ayudar a ganar un partido, pero esa comunicación tiene que estar trabajada. Más que palabras, deben ser gestos. Por ejemplo, tocarte el hombro izquierdo si quieres que saque por la izquierda, indicarle con las manos que juegue más largo o que haga más dejadas. Hay jugadores que no hacen ni caso y entrenadores que no saben controlar sus emociones y ponen más nervioso a su pupilo», señala Javi Fernández, responsable de la Tennis Group Academy de Marbella y actual técnico de Mario González, jugador de la quinta de Carlos Alcaraz que intenta hacerse un hueco en el circuito.
"Lo más aconsejable es que animen"
«Hay muy poco tiempo y el jugador está concentrado, por eso el coaching durante el partido es complicado. Lo más aconsejable es que los entrenadores animen, que transmitan su apoyo al jugador, pero que no den muchas instrucciones. Si no, puede llegar lo que llamamos parálisis por análisis. Si en tres segundos indicas al tenista que juegue más profundo, que ataque más al revés y que salte más en el saque, lo normal es que luego cometa una doble falta. Como mucho una indicación y si puede ser comunicación no verbal, mejor», añade Miguel Crespo, doctor en psicología y entrenador de entrenadores como responsable del Departamento de Educación de la Federación Internacional de Tenis (ITF), que pese a todo cree que «el tenis evolucionará en ese sentido», más si vuelven a cambiar las reglas.
Stefanos Tsitsipas, este miércoles, en Roland Garros.CHRISTOPHE PETIT TESSONEFE
Ahora los entrenadores pueden hablar, pero sólo cuando el tenista está en su lado y no en todos los torneos. Los Grand Slam acceden, pero algún Masters 1000 todavía se resiste. «Shut up!», es decir, «¡Cállate!», le exigía Stefanos Tsitsipas a su padre, Apostolos, este miércoles en pleno partido ante el alemán Daniel Altmaier, que también terminaría ganando. Realmente el tenis tiene una revolución pendiente.