La guerra de las marcas en los Mundiales: de la rivalidad cainita entre Adidas y Puma al conflicto global con Nike

La guerra de las marcas en los Mundiales: de la rivalidad cainita entre Adidas y Puma al conflicto global con Nike

«Por razones de piedad humana, la familia Adolf Dassler no hará comentario alguno sobre la muerte de Rudolf Hassler». Ese fue el escueto comunicado de la marca Adidas a la muerte del fundador de Puma, rival en una pugna que tuvo el Mundial como escenario mayor. Adidas y Puma fueron obra de dos hermanos enfrentados, cada uno de los cuales extrajo su fuerza de una rivalidad cainita.

Ambos nacieron en Herzogenaurach, localidad bávara consagrada a la fabricación de calzado. En eso trabajó Christoph Dassler, padre de dos hijos llamados Rudolf (1898-1976) y Adolf (1900-1978). Al regreso de la I Guerra Mundial, el menor, de temperamento introvertido, creativo y audaz, concibió la idea de diferenciarse fabricando calzado deportivo. Rudolf, locuaz y extrovertido, perfecto para las relaciones externas, le secundó. Se instalaron en una antigua herrería y en 1924 registraron su flamante empresa con el nombre Gebrüder Dassler Schuhfabrik. Lo pasaron mal en un país endeudado hasta las cejas por las sanciones que siguieron a la guerra hasta que les vino a salvar el nazismo con su exaltación de la raza aria y el congruente impulso a la práctica deportiva. Arrebatados por el entusiasmo general, ambos se afiliaron en 1933 al partido nazi.

Para saber más

Los Juegos de Berlín-1936 coronaron su éxito. Josef Waitzer, el entrenador nacional de atletismo, eligió sus zapatillas de clavos; Jesse Owens las probó, sustituyó las que traía de Estados Unidos y con ellas consiguió sus cuatro oros. En una Alemania en alza, se había confirmado la visión de futuro de Adolf: el deporte crecía exponencialmente y los dos hermanos habían llegado antes que nadie para calzar a sus practicantes.

Tacos recambiables

Así hasta que llegó la guerra. Rudolf, el más entusiasta del nazismo, se alistó. Adolf se quedó en la fábrica, porque las autoridades valoraron su capacidad organizadora. Eso sí, tuvo que mudar el objetivo y de la fabricación de calzado pasó a la de repuestos para el ejército. La dirigió con su reconocida eficacia y pasó la guerra en Herzogenaurach, mientras su hermano era zarandeado de un frente a otro. Cuando las cosas empezaron a ir mal, Rudolf consideró a Adolf un comodón emboscado y le escribió: «No dudaré en pedir el cierre de la fábrica para que asumas una ocupación que te permita ser jefe y, como deportista de élite que eres, debas llevar un arma». Tras la guerra, Rudolf pasó un año en prisión mientras que a Adolf le dejaron tranquilo.

El mayor siempre sospechó que su hermano le había presentado en sus declaraciones como un peligroso filonazi. Puesto en libertad, se estableció por su cuenta en una nave al otro lado del Aurach, el río que atraviesa la ciudad, y en 1948 registró su empresa con el nombre de Ruda (de RUdolf y DAssler), que pronto cambiaría por Puma, la palabra quechua que designa al felino de los Andes, adoptada por el alemán. Adolf creó la marca Adidas, sumando su apodo, Adi, y el inicio de su apellido.

Como ambos prosperaron, terminaron por ser los grandes empleadores de la hasta entonces apacible ciudad, que se dividió en todo: los dos bandos compraban en distintas tiendas, no compartían bares ni restaurantes... La prensa nacional la llamó la ciudad de los cuellos doblados, aludiendo a que cuando dos se encontraban miraban los zapatos del otro, para saber de qué lado estaba. Adidas se apuntó el primer gran tanto en el Mundial Suiza-1954 al proporcionar a la selección alemana unas botas con tacos recambiables, gracias a los cuales Alemania ganó la final calzando los largos sobre el césped del Wankdorfstadion a los hasta entonces invencibles húngaros capitaneados por Puskas, que se resbalaban con los suyos. Aquel partido pasó a la historia como El Milagro de Berna.

Cruyff, con dos rayas en la camiseta de Adidas, en el Mundial de 1974.

Cruyff, con dos rayas en la camiseta de Adidas, en el Mundial de 1974.FIFA

Adolf introdujo tres tiritas de cuero desde la abertura de la bota a la suela a fin mejorar la sujeción, y al poco tuvo la idea de pintarlas de blanco para identificar la marca sin necesidad de imprimir el nombre. Rudolf hizo algo parecido: una pieza partía del talón hacia la parte delantera del pie, y se desviaba hacia abajo, ensanchándose, hasta unirse con la suela, en forma de stick de hockey. Y también la blanqueó. Poco a poco, empezaron a verse, desde Suecia-1958, jugadores con ese tipo de distintivos, y no sólo de esas dos marcas, sino de otras preexistentes en cualquier país, que también querían identificarse. En el fútbol, por rescoldos de la época amateur, aún estaban prohibidos los rótulos publicitarios, pero las botas eran algo demasiado personal y los signos identificativos no eran explícitos, así que colaba.

La aparición de los respectivos hijos, Armin el de Rudolf y Horst el de Adolf, no rebajó las hostilidades. Horst bloqueó un envío de Puma a Melbourne-1956, y a su vez llevó zapatillas Adidas que regaló a los atletas, inaugurando esa estrategia de marketing de regalo. Armin traicionó a Horst en vísperas de México-1970 vulnerando un pacto en torno a Pelé. Habían acordado no pujar por él a fin de frenar la escalada de gastos, pero Armin le contrató y le convenció para que antes del saque se agachara a atarse las botas a fin de chupar cámara.

Empezó una batalla por todo el mundo con reflejo en el fútbol barrial, en el que discutíamos sobre las botas. En 1973, España se jugó el pase a Alemania-1974 en un desempate en Frankfurt ante Yugoslavia, y un enviado de Adidas convenció a nuestros jugadores de utilizar sus botas a cambio de 400 dólares por cabeza. España perdió y aquí los usuarios de Puma se lo echaron en cara a los de Adidas.

Nike, Rush y el Sunderland

De las botas se pasó a la vestimenta cuando el fútbol abrió la mano a los distintivos, aún sin logo: tres rayas en las mangas y en el calzón en el caso de Adidas, una franja gruesa en el de Puma. Toda selección importante llegó a tener empotrado un comercial de cada una de las marcas. Para Holanda fue un problemón, pues Cruyff tenía contrato de botas con Puma. La Federación le insistía en que la camiseta era de su propiedad, y Cruyff replicaba: «Sí, pero la cabeza que asoma por encima es mía». En Alemania-1974 el tira y afloja terminó en que se hizo quitar una de las tres rayas. Con los años, su hijo Jordi recuperó una de aquellas camisetas y la guarda de recuerdo.

Adidas fue tomando ventaja y digamos que a la larga ganó la batalla, sobre todo con la exclusiva del balón, que data de México-1970, y hasta se convirtió en uno de los patrocinadores oficiales de la FIFA. Fue el triunfo de la investigación y la innovación, frente al agresivo marketing de grandes estrellas de su rival. Para clubes, federaciones y jugadores, aquella pugna fue una bendición: pasaron de pagar por la ropa deportiva a tenerla gratis y pronto a cobrar por ella, en una subasta sin techo.

Pero a Adidas le surgió un nuevo rival: Nike. Marca nacida en Oregón, se dio a conocer a primeros de los setenta a través de Steve Prefontaine, un fondista con singular atractivo que falleció trágicamente a los 24 años en accidente de carretera. En principio, Nike mostró poco interés por el fútbol, en el que no sonó hasta 1982, cuando captó al galés Ian Rush, entonces una figura emergente en el Liverpool, y al tiempo vistió al Sunderland. Pero era un enemigo peligroso, creador de lo que pasaría a conocerse como marketing de emboscada. En los JJOO de Atlanta-1996 batió a Reebok, su marca americana rival, patrocinadora oficial del COI, con una acertada estrategia: inundó de vallas la ciudad, instaló a 150 metros de la Villa Olímpica su Nike Center, un magnífico hospitality donde los atletas podían recibir libremente a parientes, periodistas y amigos (en la villa no era posible), dotó de unas icónicas zapatillas doradas a Michael Johnson, oro en 400, e inundó el estadio de banderines con su logo, que regalaba a los espectadores. Lució más que su rival, sin estar entre los patrocinadores. Reebok llegó a demandar al COI, sin éxito, por no haberlo impedido.

Ronaldo, con las botas de Nike, tras la final del Mundial de 1998.

Ronaldo, con las botas de Nike, tras la final del Mundial de 1998.MUNDO

En 1993 Nike fichó a Mia Hamm, la mejor futbolista del momento, asociándose así al auge del fútbol femenino, y en el Mundial Estados Unidos-1994 calzó a Brasil, que saldría campeona. Brasil y su mística marcaron desde entonces la estrategia futbolística de Nike, que en 1996 firmó un contrato de patrocinio integral con el país del jogo bonito, que continuas renovaciones han ido extendiendo hasta 2030. En vísperas de Francia-1998, rodó un felicísimo spot de los brasileños jugando al fútbol en un aeropuerto cuyo recuerdo aún tenemos todos fresco. Ronaldo sufrió un raro episodio epiléptico la tarde de la final, pese a lo cual jugó. Ganó Francia, equipada por Adidas, que lanzó un mensaje de represalia: «El Mundial no se gana en los aeropuertos, sino en el campo». Y en la opinión pública quedó el runrún de si la marca habría presionado de forma insana a Ronaldo para jugar esa final. Antes de Japón y Corea-2002, Nike rodó El Torneo Secreto, con 24 estrellas y filmado en 13 países. Brasil ganó aquel Mundial con dos goles de Ronaldo frente a la Alemania de Adidas. Cada final hacía oscilar en un 5% arriba o abajo la cotización de las dos empresas, según el resultado.

De Tapie a Gulden

El pulso ha seguido desde entonces, con Puma como tercera en discordia y numerosas marcas de diversos países (Hummel, Kappa, Marathon, Umbro, Le Coq Sportif, Merooj, Kelme, Uhlsport...) aspirando a medrar en esa guerra. Nike sigue abrazada a Brasil y, en la vieja línea de Puma, concentra estrellas: Haaland, Mbappé, Vinicius, Foden, Lautaro Martínez, Rodri, Cristiano... En Qatar 2022 batió por primera vez a Adidas en número de selecciones vestidas (13-7); con vistas al inminente, Adidas, que a su vez mantiene a Messi, gana (13-11) entre las 42 clasificadas, a espera de las repescas. Puma resiste con 10. Pero Nike acaba de dar el peor golpe a Adidas al firmar con Alemania para después del Mundial de este verano, rompiendo un lazo que databa de aquel lejano 1954, del Milagro de Berna. Todo un asalto a la retaguardia de la icónica firma.

La vida sigue. Adidas dejó hace tiempo de ser una empresa familiar. Metida en apuros, en 1990 la compró Bernard Tapie, aquel tramposo presidente del Olympique de Marsella, que la llevó a la bancarrota. Volvió a manos alemanas, Herbert Hainer la reflotó y por un tiempo incluso captó a Reebok, para fortalecer su posición en Norteamérica. Entre sus últimos ejecutivos ha estado Frank Dassler, nieto de Rudolf, lo que explica lo lejos que queda aquel pleito familiar bávaro de tintes sicilianos, aunque la rivalidad sigue: en 2023 Adidas arrebató el CEO a Puma, Bjorn Gulden, un ex futbolista noruego que disparó un 24 % la facturación.

Puma es hoy la octava mundial del sector, que encabeza Nike, seguida por Adidas. En lo que respecta al Mundial, el Adidas-Puma ha pasado a ser el Adidas-Nike. De duelo familiar bávaro a conflicto global que aparece donde menos se espera. A Fidel Castro le veíamos en chándal de Adidas, a Nicolás Maduro nos lo mostraron esposado con el de Nike.

Las lagunas en el panorama idílico de Laporta: de la oleada de dimisiones a los 815 millones de deuda

Las lagunas en el panorama idílico de Laporta: de la oleada de dimisiones a los 815 millones de deuda

Actualizado Martes, 14 enero 2025 - 23:49

Joan Laporta protagonizó una esperada rueda de prensa en la que quiso dar un repaso a la actualidad del Barça, en todos los sentidos. Aseguró que la documentación para mantener las inscripciones de Dani Olmo y Pau Víctor fue presentada «en tiempo y forma», dijo que cuentan con una «tesorería robusta», atizó a la oposición por una moción de censura que, finalmente, se quedó en nada y, además, sacó pecho por el nuevo contrato con Nike y la venta de la explotación de asientos VIP del futuro Spotify Camp Nou. También argumentó que todo lo ocurrido fue un ataque dirigido a manchar la reputación del club y acusó a algunos medios de haber participado. Su discurso dibujó una situación idílica en la que, no obstante, surgen numerosas lagunas.

LAS DIMISIONES

Dijo el dirigente que «nos han querido liquidar», se refirió a los «desestabilizadores de fuera», pero «la junta y los ejecutivos nos hemos hecho fuertes». La realidad, sin embargo, es que, a lo largo de su mandato, se ha producido un goteo de dimisiones. Varios miembros de la junta y altos ejecutivos han dejado su cargo. Jaume Giró, de hecho, ni siquiera llegó a formar parte de ella como vicepresidente económico y quien si lo hizo, Eduard Romeu, presentó su dimisión el pasado marzo por «incompatibilidad con su plena dedicación a su labor profesional». Mateu Alemany, director de fútbol, también se marchó, en su caso con una historia de ida y vuelta con un breve regreso. En los últimos días, quien ha hecho oficial su dimisión es Juli Guiu, vicepresidente responsable del área de marketing y una de las figuras clave en el acuerdo con Spotify.

LA DEUDA

«Se ha gestionado bien y así se debe gestionar un club», señaló Laporta, que se refirió a una «tesorería robusta» en el Barcelona. El club, sin embargo, no ha corregido todo lo esperado la deuda heredada durante su mandato. De acuerdo con los últimos números presentados por el club, ascendería a 815 millones de euros. La deuda neta, con un patrón aceptado por LaLiga, mientras, se sitúa en 560 millones de euros. La oposición ha llegado a señalar que los números alcanzarían realmente los 1.300 millones. El nuevo contrato con Nike, según señala Laporta, es el más alto del mundo del fútbol. La venta de la explotación de asientos VIP, no obstante, ha permitido reconducir el fair play financiero de tal manera que, tras varios años lejos de ella, el Barça ha podido regresar a la fórmula del 1-1 para fichar.

EL CASO NEGREIRA

Laporta se refirió a un relato «apocalíptico» contra el Barça. «No es causalidad que, cuando el Barcelona vuelve a emerger en el liderazgo del mundo del fútbol, diversos actores con sus correspondientes apoyos mediáticos unen sus esfuerzos para imponer un relato ignominioso que no tienen nada que ver con la realidad. Este modus operandi ya sabemos de qué va, porque se repite cíclicamente».

Olvidó el presidente que muchas de esas críticas llegaron por el caso Negreira. El pago de ocho millones de euros al que fuera vicepresidente de los árbitros continúa salpicando al club. La instrucción sigue en marcha, por lo menos, hasta el próximo 1 de marzo y aún hay muchas sombras que rodean al caso y que necesitan ser perfectamente aclaradas. El cambio de juez instructor, no obstante, atrasará el desenlace, aunque ya sin Laporta como imputado.

Laporta, con el trofeo de la Supercopa, el domingo en Yeda.

Laporta, con el trofeo de la Supercopa, el domingo en Yeda.EFE

También fue un golpe duro para la entidad, en otro sentido, el impago por parte de Libero de la parte pendiente de la operación Barça Vision. Algo que, quizás, animó a LaLiga a pedir pruebas de solvencia en la operación de los asientos VIP para inscribir a Dani Olmo y Pau Víctor.

EL CONTRATO CON NIKE

Aseguró el presidente que «con Nike hemos firmado el mejor contrato del fútbol». «Esto también desmiente a los que dicen que el club está mal gestionado», añadió, en tono retador. Sus números no han sido desgranados. Y, además, para que se cerrara, hizo falta la intervención de un mediador, Darren Dein, abogado y representante de futbolistas que ya tuvo su papel en el acuerdo firmado con Spotify, cuyos servicios fueron remunerados tanto por la entidad como por la firma deportiva. El Barça, en este caso, le abonó un 1,65% del acuerdo en concepto de comisión y la multinacional, un 1,25%.

LOS ASIENTOS VIP

Según explicó el dirigente barcelonista durante su comparecencia, se ha vendido la explotación de 475 asientos VIP de los alrededor de 9.000 que tendrá el futuro Spotify Camp Nou, por 30 años, a cambio de 100 millones de euros. El club seguirá cobrando por la comercialización de esos asientos, a precio de mercado, mientras que los inversores tendrán derecho a aplicarle un recargo o revender sus derechos de explotación a terceros. Se trata de dos firmas de inversores, una de Qatar y una de Emiratos Árabes. Pero, por el momento, el resto de detalles permanecen en la sombra y eso ha llegado a suscitar una serie de dudas que el dirigente trató de disipar con su explicación, a la que le faltó, en cada uno de sus puntos, la más mínima autocrítica.

El Barça logra un principio de acuerdo con Nike para aliviar su crítica situación financiera

El Barça logra un principio de acuerdo con Nike para aliviar su crítica situación financiera

Actualizado Viernes, 8 noviembre 2024 - 22:37

El Barcelona y Nike han alcanzado un principio de acuerdo que podría reportar al club azulgrana el patrocinio deportivo más elevado de los existentes, según han informado a EFE fuentes de la negociación. El contrato podría ser firmado de manera inmediata, después de que el presidente del Barcelona, Joan Laporta, haya convocado de urgencia este viernes a la directiva de forma telemática para comunicar las condiciones y el equipo dirigente haya aceptado las mismas.

Hace unos meses Laporta se refirió al acuerdo como "el más importante del mundo en el ámbito futbolístico", aunque no han trascendido las cifras. Ahora falta que los dirigentes de la multinacional estadounidense también aprueben las condiciones pactadas para cerrar el acuerdo, que está "prácticamente ultimado", según pudo saber EFE, y que podría producirse ya la próxima semana como muy pronto.

La información fue adelantada por RAC1 y confirmada por EFE de fuentes de toda solvencia. El acuerdo con Nike expiraba en 2028 y se produce después de que el Barcelona dispusiera de una importante oferta procedente de Puma e incluso se hubiera planteado fabricar y distribuir su propia ropa. Todo ello llevó a un contencioso entre Barça y Nike que acabó en los tribunales y la justicia le dio la razón a la marca deportiva.

'Signing bonus'

A principios de temporada, Laporta explicó en una comparecencia que se habían mejorado las condiciones del acuerdo y aseguró que "cuando se firme" sería "el mejor contrato del mundo del fútbol". "La firma nos habría permitido el 1:1 y fichar sin problemas, pero nosotros trabajamos por conseguir el mejor contrato para el Barça y ahora estamos en ese proceso de negociación", aseguró entonces.

Ahora el acuerdo está a punto de cerrarse y cuando se haga permitirá al Barcelona un gran respiro económico, después de las apreturas en los últimos años.

Pese a que no han trascendido las cifras y con el prorrateo del signing bonus (bonificación por firma del nuevo contrato), le podría suponer al Barcelona unos 120 millones de euros por temporada. El acuerdo iría en aumento a partir de 2028, que es cuando finalizaba el actual contrato, y el incremento sería sustancial a partir de 2028 y hasta 2038, fecha de finalización.

En la negociación entre ambas partes se barajaba el reparto del ecommerce, ahora en poder de Nike. El Barça negociaba la posibilidad de controlar la venta electrónica, lo cual incrementaría la facturación en este sentido. En todo caso, una vez alcanzado el acuerdo, los socios de la entidad serán los que deban aprobar el compromiso entre ambas partes.