La gesta del "loco" Galbiati, el nuevo capo del Baskonia: "Vive en el pabellón"

La gesta del “loco” Galbiati, el nuevo capo del Baskonia: “Vive en el pabellón”

En la búsqueda de sus orígenes y tras el fiasco de la apuesta por Pablo Laso del curso pasado, el Kosner Baskonia recurrió a un técnico sin demasiado pedigrí y novato en la ACB. Paolo Galbiati venía con la vitola de sus buenos años en el modesto Aquila Trento, con el que, hace 12 meses, conquistó la Copa italiana. Un movimiento de riesgo sin muchos visos de triunfar, especialmente cuando el equipo perdió los seis primeros partidos de Euroliga y cinco de los nueve de Liga Endesa. "Creo que he sobrevivido un par de veces de ser despedido". Hoy, Galbiati es el rey de Vitoria.

Para saber más

Le cantan al ritmo de Bad Bunny -el «por la mañana café, por la tarde ron, Paolo Galbiati haznos campeón» se ha convertido en la canción del torneo- y le estampan (Kurucs) una tarta en la cara, promesa cumplida, tras un éxito insospechado. El pasado viernes cumplió 42 años («odio los cumpleaños y los tiros libres», pronunció en la previa). Es todo carisma. Expresivo, bromista, calienta en pantalón corto junto a sus pupilos antes de cada partido. Se ha metido en el bolsillo a una plantilla hecha de jugadores sin conexión, que ha cambiado varias veces durante el curso y ha sufrido varias lesiones. Y, por supuesto, a una afición que tiene nuevo 'capo'.

«Es un loco del baloncesto y un entrenador extraordinariamente trabajador, que vive en el pabellón y nos ha dado una visión diferente del juego que nos venía bien, porque muchas veces estas metido en tu forma de hacer las cosas y necesitas que venga gente de fuera», reconoció el eterno presidente, Josean Querejeta, en los micrófonos de DAZN. El cambio en la dirección deportiva, con el fichaje del jovencísmo Xevi Pons, gurú del Manresa, ha sido otro de los secretos del equipo vitoriano.

«Os lo dije, os lo dije. Es el momento de creer. Enhorabuena. ¡Bravo!», les lanzaba a sus jugadores en mitad de la pista, nada más conquistar el trofeo. «Esto es para toda la vida. Esto se va a quedar en vuestra memoria para toda la vida. Vais a estar conectados conmigo para siempre», después en el vestuario. Pero, más allá de su expresividad, Galbiati ha sabido reinventarse tácticamente para superar imposibles en el Roig Arena. Bien auxiliado por Pablo Pin, el eterno entrenador del Granada, ahora su ayudante. Primero a un Tenerife sin Marcelinho Huertas. Después a un Barça con el que perdía por 12 en el primer cuarto y por nueve en el segundo.

Y anoche, a todo un Real Madrid. Con una rotación de apenas ocho jugadores. Sin ningún pívot. Con Kurucs y Markus Howard lastrados físicamente. Teniendo que descartar a dos de sus extracomunitarios (Nowell y Kobi Simmons) y con la explosión de un fichaje al que hace unos días ampliaron el contrato dos meses más, impresionante Eugene Omoruyi. «Sus triples han sido desequilibrantes», le elogió Scariolo. "A las tres de la mañana estábamos hablando de qué hacer y los médicos estaban a esa misma hora terminando con los jugadores", explicó.

Aunque, si hubo dos nombres propios, fueron los de Luwawu-Cabarrot (28 puntos hasta que fue expulsado por cinco faltas) y, sobre todo, el de Trent Forrest, el merecidísimo MVP. El base estadounidense, que ha atravesado una lesión esta temporada, firmó una Copa brillante, con 28.7 de valoración media: 17.7 puntos, 7,3 asistencias, seis rebotes y 2,3 recuperaciones. Y una exhibición ante el Madrid: 22 puntos, 11 asistencias, nueve rebotes y 38 de valoración (récord de un jugador de Baskonia en la final).

«He trabajado mucho para unir el grupo. Con profesionales de este nivel no es fácil crear esta alquimia. Estoy muy feliz por esto», se congratulaba el lombardo después en la sala de prensa, donde conectó por videollamada con el británico Quinn Ellis (su pupilo en Trento), que acababa de ganar la Copa en Italia con el Olimpia Milano. Precisamente en la previa, Galbiati recordó sus orígenes y a su «maestro» Scariolo. Cuando él era en entrenador del junio en el Milán, su compatriota, «uno de los tres mejores entrenadores europeos de la historia», lo era en el primer equipo. El de Vimercate logró anoche la tercera Copa de su palmarés. Con 34 años la conquistó en su país (en 2018), con el Auxilium Torino, por primera vez en la historia del club. Allí había sido técnico asistente de Luca Banchi, primero, y de Larry Brown después.

"Tengo que dar las gracias a mucha gente. A mi familia, a mi novia, a Luis Scola, porque sin él yo no estaría aquí. Cuatro años antes fui relegado en Italia y él me ficho y el pasado verano alguno de Baskonia le llamó para preguntarle sobre mí. Y la última es un recuerdo a una persona fantástica que ayer no estaba aquí, la mujer del vicepresidente de Trento que es una mujer increíble y le mando un abrazo a su marido...", quiso destacar el héroe.

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

Actualizado

Como un sueño del que no despertar, una gesta que recordará el baloncesto y nunca olvidará Baskonia, la Copa de Paolo Galbiati, la Copa contra todo pronóstico. El equipo vitoriano, en una oda a la resistencia, desplumó al Real Madrid en la final como al Barça en semifinales: aguantando golpes como el mejor de los fajadores. El carácter Baskonia está tan de vuelta que ni resquicio al milagro le dejó al equipo de Scariolo, arruinado por la genialidad de pistoleros como Trent Forrest o Luwawu-Cabarrot. [89-100: Narración y estadísticas]

Para saber más

Para saber más

La séptima del Baskonia, 17 años después. Un título insospechado, porque hubo momentos en el comienzo de temporada en los que ni sencillo parecía estar de vuelta al torneo. Un mazazo para el Madrid, que se relamía tras la gesta en semifinales. Jugó con fuego una vez y se quemó a la segunda, incapaz de despegarse en todo el partido de un rival con menos piezas, con menos centímetros pero con el corazón más grande.

La 30ª Copa del Real Madrid tendrá que esperar, el despegue que no llega de la era Scariolo. Asomarse al precipicio y no caer ante el Valencia no fue para los blancos la lección necesaria. Y eso que fue el suyo un inicio eléctrico, justo lo contrario que 24 horas antes: un 13-2 en menos de tres minutos que mandó al rincón a los de Galbiati. Aunque de ese traspié se iban a levantar como un resorte. Y eso, no sucumbir, iba a ser la clave de todo lo demás.

Como si se sacudiera el polvo de los hombros, con Cabarrot a los mandos, el Baskonia remontó (parcial de 4-17). En ese tramo, el primer sustituido de Scariolo fue Hezonja, que se fue cabreado, sin saludar al técnico, en esa jugosa relación de amor-odio que mantienen. No iba a ser su noche.

La segunda unidad blanca iba a protagonizar el siguiente mazazo. Andrés Feliz, brillo silencioso, y Alex Len en la pintura (mucho mejor esta vez el ucraniano, que ni jugó en semifinales, que Garuba). Fue un parcial de 14-0 (40-30), ante un rival que buscaba soluciones y que logró mantenerse con vida al descanso pese a sus problemas defensivos y al desafío que le suponía Edy Tavares. Al Baskonia, que lleva toda la temporada buscando un pívot desde que se le marchara Samanic, se le lesionó hace unos días el único puro que tienen, Khalifa Diop.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.Kai FörsterlingEFE

La Copa en Valencia para ellos ha sido una prueba de superación, pero también un fin de semana en las nubes de antaño. No es que hubieran pasado 17 años desde la última final (el título de 2009 en el Palacio, contra Unicaja), es que incluso se había descabalgado varias veces de un torneo que está en su ADN. En el de su afición, sin la que nada se entiende. En la final no se iban a conformar, puro coraje de una entidad revitalizada.

A la vuelta de vestuarios siguió la resistencia vitoriana, haciendo gala de carácter pero también de talento. Cabarrot era una pesadilla y a cada golpe blanco se rebelaba el Baskonia. Uno tras otro. Con la energía de Garuba, pareció el enésimo demarraje (72-64), pero ahí la respuesta, los triples de Omoruyi, el temporero (tiene contrato de unos meses por la lesión de Sedekerskis) como héroe, para estar con mucha vida ya avanzado el acto final (79-81), como 24 horas antes contra el Barça. La fe del que no tiene nada que perder.

Los nervios blancos aparecieron en la recta de meta y eso que Cabarrot se marchó con cinco faltas. La primera canasta de Howard, las acciones increíbles de Forrest (¡rozó el triple doble!), los errores de Feliz y, sobre todo, los inolvidables tapones de Mamadi Diakite. Un campeón indestructible. Heroico.

Dos increíbles triples de Hezonja llevan al Madrid a la final en uno de los mejores partidos de la historia del torneo

Dos increíbles triples de Hezonja llevan al Madrid a la final en uno de los mejores partidos de la historia del torneo

No hay nada ni parecido. Existe la Copa para momentos como este. Para días como el sábado de semifinales, del prolegómeno del encuentro de las aficiones, una fiesta de la que presumir ante el mundo. Pero más todavía del baloncesto, de la emoción, de lo increíble. De un partido para el recuerdo, quizá el mejor que jamás deparó el torneo. Una obra de arte de por sí con el final más insospechado. De héroes convertidos en villanos y viceversa. Lo iba a ser Jean Montero y lo fue Mario Hezonja, dos triples para la leyenda. [106-108: Narración y estadísticas]

El Real Madrid estará en la final este domingo, aunque apenas lo vislumbró hasta el último suspiro. No restaban ni 20 segundos cuando Montero puso el 106-101, un triple que parecía un colofón. Ni mucho menos. Contestó Hezonja y el propio dominicano perdió el balón en el saque de fondo, para que el croata volviera a acertar, para aumentar el mito del equipo que jamás se rinde. En la última acción, el propio Montero, arruinado su último cuarto de 19 puntos, falló y el Valencia lloró un triunfo que saboreaba por puros méritos.

Porque los taronja batallaban contra mucho más que el Madrid. Ante sí, uno de esos días en los que dar la vuelta a la historia. En los que enfrentarse a la propia grandeza que el club conquista paso a paso, en lo deportivo y en lo institucional. Ahí el Roig Arena, para enseñar al mundo. O L'Alqueria, a su vera. Ahí el equipo de vuelta a la Euroliga y no sólo de comparsa, sino para codearse con los grandes continentales en sus alturas. Ahí el título de la Supercopa.

Pero la Copa en casa 23 años después... En esos Rubicones se demuestra el poderío, ante maldiciones como la del anfitrión, que no la levanta desde 2002. O la propia contra el Madrid, que en los seis precedentes coperos le desplumó, el último en las semifinales de 2024. Contra todo eso, la ambición. El colmillo. La puesta en escena del grupo de Pedro Martínez fue como una estampida. Tan voraz, que ni toda la experiencia del Madrid y de Scariolo en estos escenarios pudo contenerla. Si hubiera sido un combate de boxeo, a los blancos les hubieran contado hasta 10 y todo se habría acabado a los 10 minutos.

Campazzo, defendido por Badio.

Campazzo, defendido por Badio.ACB Photo

De los primeros compases de tanteo se pasó a un inverosímil monólogo taronja. Le llovían triples al Madrid, carreras, baloncesto sin preguntar. Maledon no se enteró de nada y Scariolo le mandó de vuelta al banquillo mientras caía la tormenta. En un momento, el Valencia mandaba por 18 puntos, un primer cuarto para recordar, toda la excelencia defensiva del Madrid ante el Unicaja despedazada (34-16).

Pero, escribió Baudelaire, "no se puede ser sublime ininterrumpidamente". Y el Madrid cuenta este tipo de guerras por puñados. Iba a tardar un suspiro no en remontar, pero sí en meterse al partido. El segundo cuarto fue como bajar el telón y que apareciera otro escenario. Entre Campazzo y Hezonja, un parcial de 2-16. Que no se entendería si en cada rebote (ocho en ese tramo, cuatro ofensivo), en cada acción de las que requieren agresividad, no hubiera estado en cancha Usman Garuba. Determinante.

Fueron 20 minutos frenéticos, emocionales, de un nivel altísimo. El golpe y la respuesta. Que sólo se empañaron por la última acción, cuando Kameron Taylor, que había estado torturando al Madrid (más todavía que Reuvers y sus triples), cayó de mala manera y se torció su tobillo derecho.

Milagrosamente, ahí estaba a la vuelta en la pista el ex de Unicaja. Cuando, después de otro par de triples (Campazzo y Hezonja), todo volvió a empezar (58-58). La remontada culminada al poco con otra canasta del croata, complemente ya en erupción. Y las sensaciones conquistadas, porque pese a los apuros, lo que pasaba ahora tenía más que ver con la propuesta de Scariolo. Al menos hasta que De Larrea, qué fenómeno, alzó la voz. La tarde en el Roig Arena, al cabo, era un vaivén, un intercambio de tortazos (Maledon también había espabilado), en busca de un desenlace a la altura.

Que pareció encarrilar Jean Montero, pidiendo su parte de protagonismo. Exigiéndola. 10 puntos seguidos del dominicano, al grito de MVP, rugiendo el Roig Arena, otra vez la iniciativa local y un marcador del que, ahora sí, empezar a creer (97-86 a falta de cinco minutos). Los tiros libres tampoco ayudaban al Madrid, que se vio un poco más contra las cuerdas con otro dos más uno de Montero, puro flow, imparable sobre el precipicio.

Una obra monumental, digna de un jugador al que no se le intuye cielo. Pero el Madrid siguió apretando, el amor propio. Y un final de agonía, de frotarse los ojos, de ángeles y demonios. Dos triples de Hezonja y un error de Montero. De vencedores y derrotados. Todos en pie ante ellos.

El milagro de Kevin Punter sofoca la rebelión del UCAM Murcia

El milagro de Kevin Punter sofoca la rebelión del UCAM Murcia

Nadie contaba con él, una lesión muscular hace unos días que le hacía perderse la Copa del Rey. Una baja de esas para las que no hay reemplazo. Pero como un milagro, Kevin Punter renació para la gran cita. No sólo eso, lo hizo a lo grande, el factor decisivo que sofocó la rebelión del UCAM Murcia. Los de Sito Alonso hicieron sudar al Barça más de 35 minutos, le tuvieron realmente contra las cuerdas en varias fases, pero en el desenlace les abandonó el acierto, el ímpetu y la manera de frenar el buen puñado de talentos que tan bien maneja Xavi Pascual.

Para saber más

Se las verán los azulgrana este sábado (21.00 h., DAZN) en semifinales contra el Kosner Baskonia, duelo de equipos lastrados físicamente pero que sobrevivieron a un viernes de emoción. Clásicos coperos en una cita con enorme premio, regresar a una final. Para el Barça sería hacerlo dos años después, aunque no la levanta desde 2022 en Granada.

El emparejamiento más disputado y vibrante de cuartos fue el último plato. Como se sospechaba. Porque, por mucho que un púgil fuera el Barça y el otro un casi recién llegado (era apenas la tercera presencia en la Copa para el UCAM), nadie puede fiarse de un colectivo que se identifica a sí mismo con el tejón de la miel, el animal más fiero del panorama, pese a las apariencias.

Las apariencias son las de un equipo humilde, el menor presupuesto de los ocho del Roig Arena, con un entrenador que en su día fue despedido del propio Barça poco antes de una Copa. De una afición poco acostumbrada a estas alturas. De fichajes que son riesgos, tipos puestos en duda por los que casi nadie apuesta. La realidad, es un colectivo que muere por la causa de Sito Alonso. Que hace dos años se plantó en toda una final de la ACB. Y que este año ya había tumbado en dos ocasiones al propio Barça, entre otros.

Y que se situó en el duelo sin complejos, haciendo lo que mejor sabe: elevar la temperatura a base de intensidad. El UCAM iba a morir matando, cada balón dividido una guerra, en cada rebote la vida, pese a que los tocados del Barça estuvieran listos en la hora de la verdad. Incluso Kevin Punter, con el que (casi) nadie contaba, y que amaneció con siete puntos casi seguidos. Un serio aviso de lo que estaba por venir. Fue un toma y daca constante, una sucesión emocionante de golpes.

Porque, a los primeros intentos de demarraje azulgrana, respondió tácticamente Sito Alonso. Dos tiempos muertos que zanjaron el asunto y la irrupción de Dylan Ennis, tres triples consecutivos que dispararon al UCAM. Otro de Kelan Martin sobre la bocina, a tabla, desató la euforia de una afición llegada en masa. Su equipo se iba al descanso por delante (42-44).

Y no se iba a arredrar a la vuelta de vestuarios, donde aconteció un intercambio pletórico, ante el que mantener el nivel de los talentos del Barça. Y lo hizo (56-62 fue su máxima en ese tramo), y el tiempo y los nervios, parecía, empezaron a contar de su lado. Aunque el Barça y su experiencia en estos terrenos le hacían seguir siendo amenaza, momento ahora de Willy, Punter y Joel Parra, para recobrar la iniciativa y las sensaciones con un parcial de 10-0.

Que resultó completamente clave, porque el Barça, la sabiduría de Xavi Pascual, encontró su resquicio, la debilidad por donde tumbar al rival con un puñado de buenas defensas, de acciones decisivas de Punter y Will Clyburn. A falta de dos minutos, habían puesto la máxima (86-76), cuando ya sólo DeJulius respondía y Sito Alonso se desesperaba. Porque se le escapaba de las manos el sueño. Sólo fueron tumbados en la recta de meta, aunque se marchan de Valencia con la cabeza bien alta y la promesa de que no tardarán en volver.

Devontae Cacok, un campeón de la NBA en Murcia: "Mucha gente dudó de mí. Eso me motiva. Sólo quiero demostrar que se equivocan"

Devontae Cacok, un campeón de la NBA en Murcia: “Mucha gente dudó de mí. Eso me motiva. Sólo quiero demostrar que se equivocan”

«Sólo pienso en el presente. He aprendido eso». Devontae Cacok (Chicago, 1996) repasa la historia de su vida y todo son giros inesperados. El penúltimo le llevó a Murcia, un campeón de la NBA en el modesto UCAM. A las órdenes de Sito Alonso se reencuentra consigo mismo, ese pívot de apenas dos metros, pura fiereza, que domina pinturas. Y que afronta la Copa (hoy, 21:00 horas, en cuartos contra el Barça), sin ningún complejo: ya han derrotado dos veces esta temporada a los azulgrana.

Para saber más

Para saber más

Cacok, padre haitiano, madre jamaicana, es el chico que se rompió la muñeca jugando al fútbol americano y acabó probando en el baloncesto, un deporte que desconocía. «Era malísimo, terrible. En mi primer año promedié 0,5 puntos», recuerda. Es el joven que, años después, recién salido de la Universidad de North Carolina-Wilmington y sin ser drafteado, se encontró encerrado en la burbuja de Disney World compartiendo existencia con LeBron James y ganando un anillo con los Lakers. El pívot que se destrozó la rodilla en un partido de Euroliga en Belgrado en 2023 y tardó 20 meses en volver a jugar. Es el padre y marido que se aficionó, durante la baja, a la fotografía y el vídeo (no se separa de sus cámaras) y que ha encontrado en la insospechada Murcia una ciudad desde la que volver a despegar.

«Sólo quiero demostrar a todos que se equivocan. Mucha gente dudó de mí cuando firmé, porque llevaba mucho tiempo sin jugar, lo cual es comprensible. Pero esa duda me motiva», desafía quien, todavía en la búsqueda de su nivel anterior a la lesión con la Virtus de Bolonia (no pasa de 17 minutos en pista), promedia 12,2 puntos y 4,8 rebotes, líder de valoración del grupo salvaje de Sito Alonso, un técnico al que venera. «Desde el primer momento en que lo conocí, supe que él y yo tendríamos una buena conexión. En un partido reciente estaba frustrado conmigo mismo, no defendía. Y me sustituyó. Y sabía exactamente por qué me estaba cambiando. No porque fallara mis tiros, sino porque no estaba defendiendo. Me gusta eso. Porque no le importa quién sea, nos hace responsables a todos por igual. Lo adoro, es mi hombre», elogia al técnico que obra el milagro del UCAM -«somos físicos, duros incómodos para el rival»- un equipo de presupuesto bajo que busca un perfil de jugador como Cacok. Tipo de los que el resto no se fían (DeJulius, Forrest, Raieste...).

Cacok acude desde un calvario. «En Murcia estoy agradecido y bendecido. Ver lo que estamos logrando, sabes que es más grande que el baloncesto. Porque ahora veo todo desde otra perspectiva. Ya no doy nada por sentado. Pasé por un enorme estrés: durante cuatro meses no podía hacer nada por mí mismo. Mi madre me tuvo que acompañar, no podía ni bañarme, ni caminar. Momentos duros», acude a aquel 28 de diciembre de 2023, cuando todo se detuvo en Belgrado. Momentos de incertidumbre hasta que le confirmaron el peor de los escenarios. «Lo más difícil para mí fue cómo me informaron sobre lo que me hice. Después del partido, sabía que tenía algo mal en la rodilla. Pero me hicieron una ecografía y dijeron que todo estaba bien, que podría jugar en un par de días. Les dije de hacerme una resonancia para asegurarnos y ahí me comunican que mi temporada ha terminado. Esa parte fue la más difícil. Era lo último que esperaba y me pilló desprevenido», pronuncia con amargura. El proceso con la Virtus, que a final de esa temporada dio por terminado su contrato, fue amargo: «sucedieron muchas cosas fuera de la cancha, fue muy frustrante». Tuvo que intervenir el Comité de Conciliación y Arbitraje de la Lega y Cacok se quedó sin equipo en plena fase de recuperación.

Fue el momento crítico de una carrera ya para presumir. Porque Devontae ya guarda en su memoria una experiencia de la que contar a los nietos. En su vitrina luce un anillo de la NBA. El anillo más especial de la historia, el de la burbuja de Florida en plena pandemia. «Era mi año de novato. Había pasado de una universidad pequeña a uno de los mercados más grandes del mundo, Los Ángeles. Estaba rodeado de LeBron, Anthony Davis, Rajon Rondo.... Fueron dos meses de locura, pero valió la pena», repasa. Cacok apenas disputó un encuentro ese curso, 20 más la temporada siguiente y otro puñado con los Spurs después. Pero en su retina guarda las vivencias con LeBron. «Fue surrealista. Nunca piensas que estarás jugando en el mismo equipo que Lebron James. Me costó acostumbrarme al principio, pero después de un tiempo, simplemente... ya sabes, son personas normales, también pasan por cosas normales, y simplemente observas, ves su ética de trabajo, ves cuánto esfuerzo requiere llegar a un nivel superior. Aprendí mucho de él: ser constante con tu cuerpo, con tu juego y ser duro».

Un pasado del que presumir, otro del que aprender. Giros y más giros. Por eso Devontae no quiere anticiparse a nada. Ni siquiera a escenarios que le devuelvan a la Euroliga. O a la propia NBA. "¿El futuro? Con mi lesión y todo eso, he decidido sólo mirar al presente. Hoy estoy en Murcia y voy a darlo todo. Seguiremos adelante y luego veremos qué pasa. Sé que mentalmente es bueno pensar así, sentir así y estar preparado. Lo que tenga que pasar, pasará".

Como aviones en el Roig Arena: el Real Madrid aplasta a Unicaja y buscará contra el Valencia la final

Como aviones en el Roig Arena: el Real Madrid aplasta a Unicaja y buscará contra el Valencia la final

Como si hubiera estado esperando este momento meses. «Se acerca lo que siempre me ha gustado», avisó Sergio Scariolo antes de viajar a Valencia, recordando no tan viejas gestas. Hasta ahora fue tiempo de sucesión de partidos, viajes, victorias, derrotas, vaivenes... Rutina. Hojas del calendario que arrancar hasta la primera hora de la verdad, el olor a napalm, la Copa del Rey. Un título que reconquistar. Y entonces, se desata la furia de un equipo construido a lo grande. [100-70: Narración y estadísticas]

Para saber más

En el Roig Arena fue como si Mike Tyson saltara al ring. No hubo ni media duda en el Real Madrid, directo al mentón del Unicaja, el campeón, el mismo rival que el domingo pasado le había llegado a desconcertar en el Martín Carpena (18 arriba en la primera parte), pese a la remontada posterior. Quizá esa fue una de las claves, la fórmula de Ibon Navarro desvelada, el truco del prestidigitador de Copas. El caso es que, al descanso, su Unicaja estaba roto, en la lona. Frustrado. Maniatado. Sin rastro esta vez de Sulejmanovic, ni de Cobbs. Mucho menos de Duarte (secado Abalde). Se había quedado en 28 puntos, ante un oponente que se multiplicaba, como si tuviera súper poderes.

Fue primero el dominio de Tavares, que ya lo condiciona todo. Después el veneno de Trey Lyles, que te mata suavemente. Aceleró Theo Maledon y un parcial de 14-0 dejó tiritando al campeón (la final ganada a los blancos en Las Palmas también estaba en la mente de muchos, la revancha como acicate), tan diferente al que fue. Llegó el momento de la reinvención malagueña, piezas perdidas en el mercado (Kameron Taylor, Osetkowski, Tyson Carter, Yankuba Sima...), otros cuantos lesionados (Tillie, Tyson Pérez, Kravish...) y una búsqueda del origen que no siempre es sencilla.

Al comienzo del segundo acto intentó reaccionar Unicaja, un triple de James Webb, otro de Kalinoski... Pero el Madrid defendía, reboteaba y corría. Se sentía cómodo. Inabordable. Como aviones. Estiró aún más la cuerda de un marcador flagrante (50-26 llegó a mandar). Hasta en pista apareció, cual Cid, un Alberto Díaz lastrado físicamente, con el que nadie contaba. Cualquier cosa para intentar la reanimación.

El mismo Real Madrid al que se le señalaba por su inconsistencia defensiva. Por encajar 100 puntos un día sí y otro también. Hasta a su gurú de la zaga, Luis Guil, se puso en cuestión allá por enero. Ver para creer, aunque la evolución necesitará ser refrendada, más pronto que tarde este mismo sábado ante el amenazante Valencia Basket. Con un puñado de argumentos ofensivos más que este Unicaja y el apoyo de las tribunas.

La segunda parte no cambió la tónica. Unicaja se había esfumado. No le quedaba ni orgullo en el fondo de su mochila. Sin acierto, pero también sin ánimos. Perdía balones ante un Madrid que disparaba flechas, que no iba a soltar la presa. Deck, Hezonja y Llull elevaron todavía más la distancia, sonrojante ya (69-34). Ya todos pensaban entonces en el descanso del día después, las semifinales uno, las heridas el otro, con tanto camino aún en la temporada este Unicaja. El Roig Arena hacía la ola mientras los dos rivales intercambiaban canasta esperando al final. Porque la fiesta de la Copa nunca para. Y la máxima fue de esas que hacen desempolvar los libros de los récords (94-57).

Todo había sido del Madrid: el rebote, el control, el acierto, la energía. Sólo Kramer y Alex Len se quedaron sin anotar. Apenas James Webb y Balcerowski se salvaron en los andaluces.

Dani Miret, entrenador del Joventut: "Con Ricky me ha tocado la lotería"

Dani Miret, entrenador del Joventut: “Con Ricky me ha tocado la lotería”

Cuando el Asisa Joventut ganó su última Copa, en 2008 en Vitoria, Ricky Rubio comandaba en la pista con 17 años a un equipo inolvidable con Rudy Fernández como MVP, y el que ahora es su entrenador, 22 entonces, vibraba en la grada como un aficionado más. Dani Miret (Badalona, 1985) no quería perderse a su compañero en la clase de inglés, Pau Ribas, con quien después se hizo una foto. "Le dije: 'Mira, yo fui el primer loco que dije que veníamos aquí a ganar'", recuerda quien ahora apela a "ese punto de locura" para dar la sorpresa en el torneo del Roig Arena, que los verdinegros descorchan contra el anfitrión. Del cadete al primer equipo, el jovencísimo técnico repasa cómo están siendo estos meses con Ricky a sus órdenes.

Pregunta.- Líderes en la Champions League (la Final Four se disputará en el Olimpic de Badalona) y firmes en ACB. ¿Se puede llegar mejor a la Copa?

Respuesta.- Llegamos bien. Ganar el último partido antes del torneo (en Zaragoza) era un objetivo. Estamos haciendo una temporada donde los objetivos de equipo los hemos conseguido pronto, como clasificarnos para la propia Copa, avanzar en la BCL, donde estamos a un partido de cuartos de final. Estamos en una buena dinámica y sacando unos resultados notables.

P.- Hace 10 días derrotaron al Valencia. Pero es el anfitrión y uno de los grandes favoritos.

R.- Las opciones pasan, primero de todo, porque el Joventut se crea realmente que puede ganar. Esto se percibe y esto se transmite. Estar mentalizados de que será a través de un partido difícil, largo. En casa, una de las claves fue que empezamos ganando 10-2 y a partir de ahí, fue para nosotros más fácil dominar el partido y jugar con nuestro estilo. Esto puede ser que sea diferente, entonces necesitamos un punto de locura, un punto de mentalidad, donde lo de ganar sea una cosa que nos obsesione.

P.- Jugar con su presión.

R.- Es cierto que el Valencia es un equipo que está hecho para competir bien en la Euroliga, para conseguir grandes objetivos y esto puede ser complicado para ellos. Tener que ganar siempre es complicado. Tenemos que resultar un rival muy incómodo, especialmente testarudos en querer ganar. Solamente pensar en eso.

P.- Han perdido a Sam Dekker, uno de los referentes. ¿Ha sido complicado manejar su salida?

R.- Cada año el roster es diferente, los roles son diferentes. No estábamos siendo capaces de sacar su rendimiento. De cara a la Copa, el poder llegar con esta incógnita despejada ha sido un win-win para ambas partes, porque él tampoco estaba cómodo, tenía problemas físicos... Y esto hacía que las dos partes estuviesen perjudicadas. Estamos buscando otra pieza en el mercado, pero seguimos siendo un equipo de mucho nivel.

Miret, con los jugadores del Asisa Joventut.

Miret, con los jugadores del Asisa Joventut.ACB Photo

P.- Y mientras llega el fichaje, los jóvenes. Ruzic, Niebla... Ese ADN no va a cambiar en la Penya.

R.- Los tenemos. Michael hizo un partidazo contra Valencia. También Diego. La historia del club ha demostrado que los jóvenes son claves en que podamos ser competitivos. Nuestra fortaleza es seguir creyendo en ellos, sacando rendimiento en situaciones como la actual, colocándolos en los momentos en que nos puedan ayudar.

P.- ¿Cómo ha trastocado su filosofía esa nueva amenaza llamada NCAA?

R.- Es un cambio de contexto que nos perjudica. Con Ruzic podemos ver un ejemplo positivo, porque es un chico que hace una apuesta muy grande por continuar en el Joventut teniendo opciones de marchar a la NCAA. Multiplicando su sueldo. Hay jóvenes que sacrifican la parte económica por el baloncesto. Es un boom histórico y nosotros nos tenemos que reinventar. Encontrar fórmulas, como con Rubén Prey (cedido en St. John's). Se trata de poner una semilla en ellos, de que sigan siendo el Bressol, para que el día de mañana podamos seguir teniendo este factor diferencial, recuperar jugadores que tienen este ADN. Ian Platteeuw se ha marchado a la NCAA, pero si todo va como esperamos, va a tener una buena evolución y cuando tenga 24 o 25 años, pues esperemos que pueda volver al Joventut y hacer aquí una buena carrera. Nosotros seguiremos siendo siempre una cantera importante y potente.

P.- Han pasado unos meses desde la vuelta de Ricky. Se le ve feliz, líder. ¿Cómo está siendo la experiencia?

R.- Para mí, muy positiva. Yo lo digo: es una gran suerte coincidir con el Ricky jugador y con el Ricky persona, porque él siempre suma. El objetivo número uno que es que él disfrutara de volver a jugar al baloncesto aquí en Badalona. Lo estamos consiguiendo. Estamos consiguiendo que él vibre. No quiero mencionar ni que él pudiese estar aquí estando mal... Pero él lo ha controlado muy bien, se ha preparado muy bien, las dos partes han tenido paciencia y ahora estamos viendo un gran Ricky, competitivo y con un impacto multifactorial que para la afición y para todo el mundo es un placer. Somos la envidia de muchos.

P.- ¿Presiona tener un jugador de esa dimensión a sus órdenes?

R.- Es que Ricky me ayuda, con todos, con los jóvenes y con los no tan jóvenes. Las temporadas son muy duras, tienen altibajos, es como que vamos en un barco y siempre hay marea y tormenta. Tener a alguien dentro de tu barco con esta experiencia, con estos valores y con este nivel, ayuda mucho. Para mí como entrenador, es un reto. Creo que me hace mejor. Yo juego mi papel con normalidad, entrenarle como a uno más, porque es lo que él quiere. Cuando lo tienes que cambiar, sabes que es tan bueno que no va a poner una excusa, ni un problema. Eso es un poco el engaño que puedo tener, porque normalmente las dificultades de entrenar una estrella así son otras, pero él es capaz de poner al equipo primero. De, en caliente, tener una buena respuesta. Y en frío, estar pensando en cosas que son más importantes para el equipo que para él mismo. Hay muchos jugadores del mundo que lo que hacen es mirar por sus números, por su juego. Esto es todo lo contrario. También intento ayudarlo a disfrutar, que el equipo siga con fluidez. Soy consciente de que celebramos pocas cosas en el mundo del deporte. Y yo celebro mucho el poder tener el equipo que tenemos, con veteranos como Ricky, Tomic, Guillem, Hanga... Esto es un lujo. Disfrutémoslo.

P.- El destino había guardado juntar a Tomic y Ricky juntos en el final de sus carreras.

R.- Con Ricky nos ha tocado la lotería. Y con Ante, porque no son jugadores que la Penya pueda acceder en el mercado. Es muy bonito, porque hacen cosas que son para grabarlas y recordarlas durante años. Conectan y se respetan. Mejor imposible.

P.- ¿Qué imagen de Ricky fuera de la pista no va a olvidar?

R.- Me impacta cómo él es capaz de conectar con la gente desde la normalidad. Después de haber hecho la carrera que ha hecho, que tenga la paciencia o el valor de tener una conversación con Henry [Drell], de querer escuchar a Henry para entender por qué este chico en este sitio toma una decisión o la otra. Quiero decir, lo fácil para él sería echarle una bronca a cualquiera. Y a mí me impacta cómo se sienta después de un mal partido con alguien y tiene la empatía de estar a su lado, de escucharlo y decir: '¿Qué necesitas? Yo te voy a ayudar'. Hace de mentor, desde el respeto. En el momento adecuado, desde la intimidad. Realmente es una persona increíble.

P.- En aquella Copa de 2008, la Penya ganó al Valencia, el Madrid y, en la final, al Baskonia. ¿Le suena?

R.- Perfecto. Todas estas cosas me valen, me parecen bien y estamos, convencidos e ilusionados.

El extraño sorteo para la Copa del Rey: "No me parece muy serio"

El extraño sorteo para la Copa del Rey: “No me parece muy serio”

El pasado 13 de diciembre, la borrasca Emilia iba a poner, de rebote, patas arriba un evento que se celebraría más dos meses después. Ese fin de semana, jornada 10 de la Liga Endesa, el temporal impidió que se disputasen dos partidos. En el Roig Arena, el Valencia-Casademont Zaragoza. Y en Gran Canaria, el Dreamland-Kosner Baskonia. La borrasca y el inasumible calendario. En el sorteo celebrado este lunes, hubo un asterisco.

Un lío propiciado porque el encuentro entre canarios y vitorianos todavía no se ha podido celebrar: se disputará el 8 de febrero, no sin 'mover' otro par de partidos. Y, dependiendo de ese resultado, los de Paolo Galbiati serán (si ganan) o no (si pierden) cuarto clasificado y cabeza de serie, arrebatándole (o no) la posición al UCAM Murcia. Por lo que en dicho sorteo, celebrado en el Teatre Martin i Soler - Palau de les Arts Reina Sofia de la capital levantina, el Barça no sabe si se las verá con los murcianos o con los vitorianos. Tampoco La Laguna Tenerife.

Una situación insólita, de complicadísima resolución (para el Zaragoza-Valencia sí se encontró acomodo en el calendario antes del fin de la primera vuelta) que ha propiciado alguna crítica. "Maravilloso, súper, mucha inquietud, mucha sorpresa... muy serio todo, me parece", comentó Ibon Navarro, entrenador del Unicaja, que defiende título, añadiendo: "No sé si se podría haber arreglado de otra manera, no estoy en la ACB, seguramente no. Pero no me parece muy serio". "La situación es un poco extraña sin saber que rival vamos a tener", valoró Jordi Trias, representante del Barça en el sorteo.

Finalmente, su equipo no se vio perjudicado por esta circunstancia. Los malagueños se las verán en cuartos con el Real Madrid, el líder. Por ese lado del cuadro también se disputa el Valencia (anfitrión)-Joventut. La Copa del Rey se disputará por primera vez en su historia en el asombroso Roig Arena de Valencia, entre el jueves19 y el domingo 22 de febrero.

Los problemas del Real Madrid que deja en evidencia la Copa: la inconsistencia de los 'Brates', fichajes que no aportan y más derrotas de las tolerables

Los problemas del Real Madrid que deja en evidencia la Copa: la inconsistencia de los ‘Brates’, fichajes que no aportan y más derrotas de las tolerables

La temporada del Real Madrid está siendo un tobogán con demasiados descensos. Y no es costumbre. «Este escudo, esta camiseta, no te permite ir perdiendo tantos partidos», admitía Alberto Abalde hace unos días en este periódico, esperanzado sin embargo en que la Copa fuera el punto de inflexión de otras veces. Pero lo que parecía diseñado para ser el comienzo del despegue ha acabado resultando el peor de los desengaños.

Para saber más

Para saber más

Restaban más de cinco minutos cuando Juan Carlos Sánchez, un manojo de nervios en el túnel que conducía a las entrañas del Gran Canaria Arena, tiró la toalla. No recordaba el directivo encargado de la sección de baloncesto blanca a su equipo barrido de tal forma en una final. Ante un rival completamente hechizado en los últimos tiempos, sí, pero que no deja de ser inferior en presupuesto y experiencia competitiva. Lo ocurrido en la final de Copa confirma una sospecha, los blancos no son lo que eran. Y mucho se van a tener que poner las pilas de aquí a final de temporada para que esto no sea el principio del fin de una era.

Están los resultados y luego están las sensaciones. El Madrid ha perdido los dos títulos en juego en lo que va de curso, Supercopa y Copa, ambos ante el Unicaja. Recuperó el liderato de la ACB recientemente, pero su paso por la Euroliga está siendo un calvario. En las ocho jornadas que restan deberá ganar la mayoría de los partidos para no meterse en un buen lío; ser cabeza de serie ya es una quimera y parece abocado al play in. La Final Four se antoja lejos y no hay tiempo que perder: dos terribles exámenes en unos días, el clásico en el Palacio y la visita al campeón Panathinaikos.

Los jugadores del Madrid, tras la derrota en la final de Copa.

Los jugadores del Madrid, tras la derrota en la final de Copa.Ángel Medina G.EFE

Serán pruebas de fuego y quien sabe si Chus Mateo se jugará un puesto que, a principios de diciembre, en la primera crisis, le tuvo más fuera que dentro del equipo. El técnico, que desde el comienzo mantiene un discurso apelando a la «paciencia» y destacando lo mucho que perdió su colectivo con los cambios de este verano («Es un año más complicado que otros y tenemos algún déficit más, pero hay que seguir intentando competir», volvió a pronunciar tras la derrota), tiene su parte de culpa y ahí están los errores en la final, la poca imaginación táctica para contrarrestar el ímpetu malagueño, el empeño en Musa y Hezonja...

El problema, claro está, se arrastra de la planificación. Los fichajes que llegaron no mejoraron a los que se fueron. Especialmente dañino fue el adiós tardío de Gerschon Yabusele rumbo a la NBA, pero se echa de menos el poderío de Vincent Poirier (clave en la Copa pasada del Carpena) como recambio de lujo para Tavares, y, cómo no, la magia de Sergio Rodríguez y la sabiduría competitiva única de Rudy Fernández.

Ni Ibaka, ni Andrés Feliz, ni Garuba ni mucho menos Rathan-Mayes, pese a la «paciencia» pedida, han dado el paso adelante necesario en estos meses. Algunos cumplen, otros ni aparecen y con el canadiense se tiró la toalla hasta desaparecer de las convocatorias. La excusa de los refuerzos tampoco vale, pues recientemente llegaron Dennis Smith Jr. (que tampoco contó para ninguno de los partidos de la Copa) y Bruno Fernando, un pívot cotizadísimo pero al que aún no se ha visto pleno.

Al Madrid, que evidentemente extraña a Gaby Deck, ya no le falta físico ni profundidad de plantilla. Le falta química y buen baloncesto. Ni Campazzo, pese a su empeño en la final, ni Tavares están como en sus momentos de dominio más altos, y los Brates no aportan la consistencia y el liderazgo que se les presume por calidad, contrato, experiencia y responsabilidad. Brillan, pero no parecen hacer ganar al equipo. La final fue sintomática para ambos. Musa, mostrando su desesperante dimisión cada vez que le llega un partido importante: no metió ni una canasta. Y Hezonja, al que durante todo el torneo se le vio tomando las riendas del colectivo, tanto en ascendencia como en juego, traicionado por esa cabeza tan especial: cruzado, fallón (uno de ocho en triples), individualista... Y desaparecido durante la entrega de trofeos.

Una pitada al ministro, la emotiva llamada de Ibon y la pizza del MVP Kendrick Perry: “Era un trotamundos. He encontrado mi casa en Málaga”

Actualizado Lunes, 17 febrero 2025 - 01:13

Los festejos en la pista del Gran Canaria Arena se alargaron cuando Alberto Díaz, quien no pudo acabar la final por lesión (tampoco Jonathan Barreiro), levantó la Copa para Unicaja por segunda vez en tres años. Antes, hubo una doble y sonora pitada para Ángel Víctor Torres, Ministro de Política Territorial y Memoria Democrática y ex presidente del Gobierno de Canarias. La emoción de las familias, la comunión con la afición y 'Tú bandera' entonado por la charanga y cantado a capela por todos. Los pelos de punta. En contraste con las caras largas del Real Madrid, dos finales perdidas seguida contra el mismo rival.

Para saber más

Para saber más

En la sala de prensa aparecieron Kendrick Perry, con gafas de sol y una caja de pizza en sus manos -«lo siento, ha sido un fin de semana largo»-, e Ibon Navarro, recién pasado por la ducha y la bañera de agua helada en el vestuario. Y tosiendo, claro. «Así no me curo nunca el catarro», bromeaba el técnico de moda, el tipo que ha revolucionado el baloncesto nacional y que un rato antes, en la pista y en las entrañas del pabellón, realizó una emotiva vídeo-llamada con su hijo Aritz.

Ibon Navarro, celebrando el título con sus jugadores.

Ibon Navarro, celebrando el título con sus jugadores.Elvira Urquijo A.EFE

El buen rollo se palpaba. Es uno de los grandes secretos de la plantilla de Unicaja. «Es lo que es este equipo, cada día aparece uno», decía el vitoriano, señalando a su flamante MVP, 27 puntos y seis asistencias para desarbolar a todo un Madrid, con Facundo Campazzo enfrente. «A veces el entrenador tiene que no molestar demasiado. Somos gestores de personas. Eso es más complicado de dar con la clave de un partido», reconocía Navarro.

Eran los dos grandes protagonistas de la noche. Dos tipos hechos a sí mismos. Ibon en los banquillos, desde equipos modestos -descenso con Manresa, despido de Andorra- hasta los títulos con Unicaja. Kendrick en la pista, 11 equipos en 10 temporadas tras salir de EEUU. «No es ningún secreto que he sido un trotamundos. Desde mi primer año he dicho que quería un sitio donde ser feliz, encontrarme cómodo y convertirlo en mi casa. Me ha costado un tiempo, pero no solo he encontrado una casa en Málaga, hemos conseguido grandes cosas», explicaba quien también logró el trofeo de jugador más valorado en la última Final Four de la Champions League, ganada por los malagueños al Tenerife en la final de Belgrado (17 puntos aquel día).

Antonio Martín y Angel Víctor Torres, con Alberto Díaz.

Antonio Martín y Angel Víctor Torres, con Alberto Díaz.Elvira Urquijo A.EFE

El base, nacido en Florida y no drafteado en 2014 por la NBA, empezó su carrera fuera de EEUU nada menos que en Sydney, Australia. Hungría, Macedonia, Rusia, Francia, Serbia, Eslovenia, Grecia y Montenegro fueron los países visitados, cada año en un club diferente, hasta su fichaje por el Unicaja en junio de 2022, meses después de Ibon, cuando todo empezó. También es internacional por Montenegro. Le encanta cocinar y el clima de Málaga le recuerda al de su tierra. Recientemente renovó hasta 2027. «Yo quiero ganar más trofeos para este club y esta ciudad», se arrancó en un más que buen castellano.

«Aquí tienes 14 jugadores que compraron el sistema del entrenador desde el primer día. No es fácil. Somos un equipo veterano, tienes que sacrificarte un poco en beneficio del equipo y lleva tiempo, pero cuando lo haces bien, te lleva al éxito», exponía el estadounidense que reconoció que Unicaja «es un equipo es especial». «Cualquiera podría ser el MVP. Yo solo he tenido la suerte de anotar algunos tiros más de lo normal. Somos un equipo talentoso y todos los trofeos que estamos ganando son mérito del equipo».