Los Seattle Seahawks destrozan a los New England Patriots y logran su segunda Super Bowl

Los Seattle Seahawks destrozan a los New England Patriots y logran su segunda Super Bowl

Los Seahawks de Seattle han destrozado este domingo a los New England Patriots logrando la segunda Super Bowl de su historia. Un partido soñado para el equipo de Mike Macdonald, que dominó desde el primer minuto al último. Que reivindicó su papel de favorito, tras haber sido el mejor conjunto durante toda la temporada. Que anuló completamente a la estrella rival, el jovencísimo quaterback Drake Maye, superado, anulado, desesperado. Que impuso su ritmo, su defensa, un ataque machacón. Que consumó, 11 años después, una venganza servida más que fría, tras la derrota dolorosísima en la final de 2015.

El partido, jugado en California, nunca estuvo en disputa, y el resultado final, 29 a 13, ni siquiera hace del todo justicia. Pudo ser peor, mucho peor, por la extraordinaria defensa de los ganadores, una de las exhibiciones más importantes de las últimas décadas. Los Patriots, sin ideas, sin brazo, sin piernas ni estrategia, no lograron anotar hasta el último cuarto. Hasta el tercero sólo había logrado completar ocho pases, tantos como despejes. Maye recibió seis placajes, una cifra demoledora para una estrella emergente que se quedó esta semana sólo a un voto de ser nombrado MVP de la NFL. Por no hablar de tres pérdidas de balón, la última de las cuales fue interceptada por Uchenna Nwosu para el touchdown que redondeó la masacre.

Los Patriots sólo tuvieron un destello en todo el partido, un touchdown en el último cuarto para intentar recortar distancias y soñar con un milagro que nunca estuvo cerca. Que nunca merecieron. Seattle fue mejor en todo. En el planteamiento, en la ejecución, en las ganas, en el espíritu. Sin necesidad de que su quaterback, Sam Darnold, una cenicienta que ha llevado a su equipo a la gloria después de una carrera plagada de decepciones, traspasos, cortes y desprecios, brillara demasiado.

No fue un partido vistoso, ni de los que crean aficionados nuevos, quizás, en busca de pases largo, jugadas legendarias, carreras imposibles. Sí fue uno para gourmets, para los que disfrutan con lo más profundo de este deporte: el análisis, la táctica, las miles de horas de estudio, preparación y combinación de diagramas. Un trabajo fino que no deja momentos precisos de belleza o épica, que no deja héroes ni villanos obvios. Pero que será estudiado durante décadas por los expertos.

Fue una victoria de equipo, de sistema, de planteamiento. De una defensa espectacular, liderada por xxxxxxxx, el merecido MVP del partido. Habitualmente los premios son para los lanzadores, los receptores, los corredores. Pero de vez en cuando, incluso cuando el marcado no ha sido escaso, el reconocimiento llega a los que batallan cada posesión.

Los Seahawks arrancaron haciendo daño enseguida, en el primer minuto. Con una ráfaga de carreras y un inesperado pase de más de 30 yardas que los colocó enseguida en distancias de anotación. Sin sobresaltos, metieron la primera patada y los primeros tres puntos en menos de cuatro minutos. No hubo fallos de la defensa, sino un acierto del ataque y fue suficiente. No marcó el ritmo del primer cuarto pero sí el resultado y la tendencia de lo que vendría después.

Los Patriots, escasos en el ataque desde los playoffs, respondieron de forma conservadora, protegiendo a su joven quaterback estrella, optando una y otra vez por carreras y pases corto por la izquierda. Salió bien dos veces, hasta que un sack, un placaje, lo derribó y generó las primeras dudas, y los primeros agujeros, en el muro defensivo. Antes de que acabara el cuarto, un segundo sack para un equipo que ha defendido bien la temporada, pero que en tres partidos de play off permitió que su estrella fuera derribado 15 veces. Después llegaron cuatro más en una noche desastrosa que tardará en ser olvidada.

La misma tónica marcó los siguientes 15 minutos, y los demás. Los puntos llegaron primero poco a poco, en cuatro patadas sin que los de Nueva Inglaterra, el equipo que más Super Bowl tiene, la franquicia más exitosa y temida de toda la historia, aparecieran. Estaban perdidos, desanimados, imprecisos. Incapaces no ya de anotar, sino de acercarse lo suficiente como para soñar con una patada lejana. Después ya llegó la masacre, la humillación. Una batería de errores, debilidades y exposiciones en toda la defensa que permitieron un festival de sus rivales.

Bad Bunny reivindica el alma latina de América en la Super Bowl con un espectáculo de inclusión sin consignas políticas: "Lo único más poderoso que el odio es el amor"

Bad Bunny reivindica el alma latina de América en la Super Bowl con un espectáculo de inclusión sin consignas políticas: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”

Un espectáculo brutal de baile y plasticidad, un despliegue de ritmo, creatividad y estética. Una reivindicación del alma plural y abierta de América como continente, como oportunidad, como inclusión. Un homenaje a la cultura portorriqueña, con cañas de azúcar, viejitos jugando dominó, jíbaros con sus modestas pavas en la cabeza. Benito Antonio Ramírez Ocasio, más que Bad Bunny, puso en pie este domingo a decenas de millones de latinoamericanos con un show cantado íntegramente (por él) en español, un recital de sus mejores éxitos acompañado de cientos de figurantes y de dos estrellas mayúsculas, Lady Gaga y Ricky Martin.

Lo hizo fiel a su estilo, a sus clásicos, y en un despliegue de política 'soft', indirecta. Mensajes de amor frente al odio, un balón de fútbol americano con las palabras "Juntos somos américa". No hubo consignas políticas, no directamente. No como en los Grammys, donde el artista clamó contra el ICE, la agencia migratoria que busca extranjeros por todo el país. Ni como hizo en su día Jennifer López, con niños encerrados en jaulas para denunciar la separación de menores durante el primer mandato de Trump.

Pero todo el espíritu fue contra lo que representan. Una reivindicación de la unidad, de la concordia. Con menciones sutiles al niño Liam Conejo, detenido por la administración, llevado a miles de kilómetros de su casa, y al que quiere deportar ahora el Gobierno.

Un bar, una casita, en la que estaban Jessica Alba, Pedro Pascal, Karol G, Cardi B, Alix Earle, David Grutman y otros famosos. Y hubo un grito claro, nada sutil, con decenas de banderas de todos los países del continente y un letrero en los marcadores del estadio: "Lo único más poderoso que el odio es el amor".

Los ojos de medio planeta estaban puestos sobre el artista portorriqueño, que no defraudó en su puesta escena, una recreación de una bodega boricua, de una boda, de la vida de cualquier latino que ama su tierra pero busca oportunidades donde puede encontrarlas. La actuación, sin embargo, no conectó con el público norteamericano presente en el estadio de los San Francisco 49ers, en California. Hubo aplausos, algo (poco) de baile y cierta emoción con un par de sus éxitos más sonados, pero los asistentes claramente no era el público habitual del portorriqueño. La ovación más grande de la noche, probablemente, se la llevó Lady Gaga. Imperial, cantando en inglés, reconocida y admirada por muchos más en las gradas.

"Bad Bunny...mandándote todo el amor, la positividad y el abrazo más grande del mundo. ¡Todos estamos contigo esta noche! Sé que la vas a romper. Estoy aquí contigo de la misma manera que tú estuviste conmigo. ¡Tan orgullosa de ser boricua! Dale fuerte Benito. ¡Como solo tú puedes hacerlo! #LatinoGangGang", le escribió poco antes del show Jennifer Lopez, la última artista latina en un descanso de la Super Bowl en una edición que no sólo la unió a Shakira, sino que le dio al propio Bad Bunny la oportunidad de participar brevemente. Su primera vez.

Bad Bunny hizo una puesta en escena excelente para las cámaras, pero algo más complicada de seguir en la distancia dentro del campo. El artista llegó a San Francisco tranquilo y con enorme secretismo, sin que se filtrara un solo detalle del espectáculo, de las canciones previstas, los posibles artistas invitados y el tono del mensaje que se esperaba que lanzara. Lo más importante el show que ha generado más polémica y expectativa en décadas. Bunny se presentó en medio de insultos, ataques, desprecios y un intento masivo de boicot promovido por la derecha norteamericana, el trumpismo, figuras del movimiento evangélico y una parte de Estados Unidos que no entiende ni acepta que haya un artista desconocido para ellos que no sólo canta en otro idioma, sino que lo hace con orgullo. Y con un mensaje político contra las políticas migratorias de Donald Trump.

"America, the beautiful. THANK YOU, BAD BUNNY", ha celebrado el gobernador de California, Gavin Newsom, uno de los críticos más conocidos del presidente.

Turning Point USA, la organización del difunto activista conservador Charlie Kirk, durante un acto en una universidad en septiembre, promovió un 'All-American Halftime Show,' un espectáculo rival "puramente americano" con artistas conservadores como Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice o Gabby Barrett. Respaldado por el Partido Republicano o estrellas retiradas de la NFL como Brett Favre, el que fuera quaterback de los Packers.

El estadio, lleno hasta la bandera con 65.000 almas, estaba lleno de amigos del artista. Y de otras muchísimas celebrities: Roger Federer, Kane Brown, Richard Sherman, Chris Pratt, Bon Jovi, Adam Sandler, Robe Lowe o Marcus Allen. Estaban Travis Scott o Tim Cook. Billie Joe Armstrong, Ty Dolla $ign y Flava Flav El jugador y podcaster Travis Kelce, prometido de Taylor Swift. JAY-Z con sus hijas Rumi y Blue Ivy. Los youtubers Logan Paul y Mr. Beast. Los actores Orlando Bloom, Kevin Costner, Leonardo di Caprio, Damson Idris, Jessica Alba o Jamie Foxx. Kendall Jenner y 21 Savage. Justin Bieber, Livvy Dunne, Becky G.

La Super Bowl 2026 en cifras: 10 millones por un anuncio, 8.000 dólares por una entrada y 1.800 millones en apuestas

La Super Bowl 2026 en cifras: 10 millones por un anuncio, 8.000 dólares por una entrada y 1.800 millones en apuestas

La Super Bowl vuelve este domingo a Santa Clara, California, y arrastra con ella la contagiosa fiebre del oro. Pocos eventos deportivos mueven tanto dinero, tanto personal y a tantas celebridades. Todo es espectáculo en América y no hay uno mayor que la Super Bowl, una semana entera de conciertos, fiestas y presentaciones. De lujo, oportunidades y mucho márketing para un Estado que albergará el all-star de la NBA la semana que viene, partidos del Mundial de fútbol en verano, la final de la NFL también en 2027 y los Juegos Olímpicos en 2028. Sólo el impacto económico de las citas de este año se espera que llegue a los 1.400 millones de dólares.

La edición del fin de semana, la número 60, ofrece una vez más cifras récord. Según han explicado los directivos de NBCUniversal, la mayoría de los anuncios de 30 segundos costarán ocho millones de dólares. Pero unos pocos, los más exclusivos, romperán por primera vez lo ocho dígitos, llegando a los 10 millones de dólares. La parrilla viene con muchos nombres importantes de Hollywood. Post Malone (para Bud Light), Sabrina Carpenter (Pringles), Ben Stiller (Instacart), Lady Gaga (Rocket + Redfin), Kurt Russell (Michelob Ultra), William Shatner (Kellogg's), Emma Stone (SquareSpace) y un anuncio espectacular de la teléfonica Xfinity, con los protagonistas de Jurassic Park adaptando una de las escenas más legendarias de la película.

De momento, sin embargo, uno de los que más repercusión está teniendo es el de Anthropic, la empresa de Inteligencia Artificial, burlándose abiertamente de la decisión de su rival OpenAI de incluir anuncios en ChatGPT. El anuncio de 30 segundos, y por tanto ocho millones, muestra escenas absurdas de publicidad en medio de una petición, con su eslogan: "Los anuncios llegan a la IA. Pero no a Claude".

el espectáculo del descanso

Las audiencias ya no son, en términos relativos, lo que eran, por la competencia en la emisión, los servicios de streaming y el auge de las redes sociales, pero casi 130 millones de personas vieron el partido el año pasado, con su publicidad constante y el espectáculo musical del descanso. Y más se esperan ahora, por lo que las marcas están dispuestas a rascarse el bolsillo, confiando además en la cobertura adicional de los días previos y posteriores. Los anuncios de la primera Super Bowl, en 1967, costaron en torno a 40.000 dólares, y no se superó la barrea del millón hasta mediados de los 1990. Desde entonces, los precios han subido casi todos los años, pasando de 5,6 millones de dólares en 2021 a siete millones en 2023, ocho millones en 2025 y los 10 de ahora.

Ese público potencial explica el interés de los grandes artistas en ser los protagonistas del espectáculo del descanso, a pesar de que no cobran apenas por ello. Según la política de la NFL, se cubren los gastos de la producción del espectáculo, incluyendo los gastos de viaje. Eso puede suponer, en función del despliegue, incluso más de 12 millones de dólares a veces, a menudo financiados por marcas. Pero los artistas no reciben un salario. Según datos de Sports Illustrated, Usher, el artista invitado de 2024, recibió "671 dólares por la actuación" y "unos 1.800 dólares por los ensayos previos al Super Bowl". Y otros grandes nombres llegaron a poner millones de su bolsillo para poder hacer lo deseado aunque se saliera de presupuesto.

Todo es a lo grande. El indicador menos fiable, pero más citado siempre, es el del consumo de comida. Según el Informe anual del Consejo Nacional del Pollo, cuyo lema oficioso es que en el mundo sólo hay dos tipos de personas, los que adoran las alitas y los que acabarán adorándolas, se espera que los estadounidenses coman 1.480 millones de piezas el domingo, 10 millones de alitas más que el año pasado. Por no hablar de las promociones, juegos y sorteos de todas las grandes cadenas de comida rápida.

Cascos de los Seahawks, durante un entrenamiento, el jueves en San José.

Cascos de los Seahawks, durante un entrenamiento, el jueves en San José.AFP

A principio de semana, la entrada más barata en la reventa para Levi's Stadium, la sede de los 49ers a las afueras de San Francisco, rondaba los 4.400 dólares, un dineral, pero casi un 30% menos que los 6.200 dólares de la semana pasada. Eso sí, el precio medio que los más rezagados estaban dispuestos a abonar supera aún los 8.000 dólares, el doble casi exacto de lo que se desembolsaba para el mismo estadio en la Super Bowl de hace 10 años.

Sólo unos pocos de miles de afortunados disfrutarán del espectáculo en directo. El resto se sentará ante la pantalla y para la retransmisión de este año, la NBC movilizará más 700 personas, utilizará 145 cámaras, 130 micrófonos, 120 kilómetros de cable y 22 unidades móviles. En el escenario más favorable, hasta un 80% de los adultos estadounidenses verán el choque de los New England Patriots y los Seattle Seahawks, según una encuesta reciente de la Federación Nacional de Minoristas. Más de 120 millones de personas organizarán o asistirán a una fiesta con amigos, y varios millones más planean ir a un bar o restaurante, según el sondeo de Prosper Insights & Analytics, que habló con casi 8.000 personas.

Desconfianza en Santa Clara

Según las estimaciones del Comité Organizador del Área de la Bahía, se espera que todo el show alrededor del deporte genere esta semana 5.000 empleos y atraiga a unos 90.000 visitantes. El impacto económico total en la región oscilaría entre 370 millones y 630 millones en su mejor escenario. Aun así, las autoridades de Santa Clara, que en el último lustro han tenido enormes disputas con los San Francisco 49ers, desconfían del beneficio económico para la ciudad. Primero, porque la mayoría de los eventos de la semana de la Super Bowl se van a celebrar en San Francisco, por lo que el grueso de los asistentes se alojará y consumirá allí. Y segundo, porque tiene dudas sobre el acuerdo por el que la empresa organizadora debería cubrir los costes de los servicios públicos en Santa Clara. La alcaldesa, Lisa Gillmor, calcula que serán por lo menos 6,5 millones de dólares, sobre todo en seguridad y limpieza. Pero la empresa tiene mucho margen para decidir qué facturas abonar y cuáles no.

Así que albergar el partido es, en gran medida, una apuesta. Precisamente, la Asociación Americana del Juego calcula que los estadounidenses apostarán legalmente en torno a 1.800 millones de dólares, casi 500 millones más que en el partido del año pasado. "Ningún evento une a los aficionados como la Super Bowl", ha celebrado el presidente de la AGA, Bill Miller. "Este récord demuestra cuánto disfrutan los estadounidenses de las apuestas deportivas como parte de la experiencia, y por qué es importante hacerlo legalmente".

El espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl polariza Estados Unidos

El espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl polariza Estados Unidos

Este domingo, los New England Patriots y los Seattle Seahawks se disputarán la LX Super Bowl, la final de la NFL, la mayor liga de fútbol americano. Y a falta de una rivalidad histórica entre los equipos, de récords asombrosos que romper o de figuras greater-than-life que acaparen los focos, el protagonismo se ha desviado estos días. Hacia la 'electrical substation theory', la última teoría medio conspiranoica sobre cómo los campos electromagnéticos de una estación eléctrica cercana al estadio de los San Francisco 49ers, donde se juega el partido, están lesionando a los jugadores. Al enfado de los aficionados porque el Salón de la Fama no ha incluido el legendario entrenador Bill Belichick. Y sobre todo, por la esperadísima y polémica actuación de Bad Bunny en el descanso.

La elección del artista portorriqueño el pasado septiembre enfureció inmediatamente a medio país, especialmente al presidente Donald Trump (que este año no asistirá al encuentro) y sus seguidores, indignados por el hecho de que el artista vaya a cantar en español y por sus posicionamientos políticos. "Tienen cuatro meses para aprender el idioma", dijo el cantante en octubre durante una aparición en el Saturday Night Life, desatando una ola de furia. La situación sólo ha empeorado desde que el pasado domingo, en la entrega de los Grammy en la que se llevó el premio al álbum del año, arrancara arremetiendo contra el ICE, la agencia migratoria que acapara las protestas por todo el país, y concluyera dando el discurso de agradecimiento en su idioma natal.

Turning Point USA, la organización del difunto activista conservador Charlie Kirk, asesinado en un acto en septiembre, ha promovido un 'All-American Halftime Show,' un espectáculo rival "puramente americano" para robar la audiencia durante el descanso, con el apoyo de Senadores (Tommy Tuberville, de Alabama, y premiado ex entrenador universitario de fútbol ha bautizado al partido como la 'Woke Ball'), congresistas y políticos republicanos en general. Con actuaciones de Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice o Gabby Barrett. "Afrontamos este programa como David y Goliat", dijo Kid Rock el lunes. "Competir con la maquinaria del fútbol profesional y una superestrella mundial del pop es casi imposible... ¿o no?". "No sé quién es esa persona", ha dicho Trump de Bad Bunny. "No sé por qué lo hacen. Es una locura. Y luego le echan la culpa a un promotor que contrataron para que se hiciera cargo del entretenimiento. Me parece absolutamente ridículo".

Un show "excesivamente político y sexual"

Una petición online en Change.org ha recogido 100.000 firmas pidiendo un boicot. La organización Un Millón de Madres ha hecho un llamado a los cristianos para que boicoteen la actuación del rapero, denunciando que será un show "excesivamente político y sexual" centrado en "iconos queer".

El ataque desde los medios conservadores, las redes sociales y los influencers MAGA es brutal. "Bad Bunny no es un artista estadounidense", dice una y otra vez la activista Tomi Lahren sobre el portorriqueño. La secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, ha flirteado con la idea que ICE esté presente en el espectáculo del descanso. Su pareja y asesor principal del Departamento dijo en el mismo podcast: "Es vergonzoso que hayan decidido elegir a alguien que parece odiar tanto a Estados Unidos para representarlos". Hay mucho más.

"No se preocupan porque haya un travesti que no habla inglés cantando; si hubiera ganado las elecciones Kamala Harris estaría en su gabinete", dijo un invitado de la Cadena Fox que se ha viralizado. "Todos sabemos que el espectáculo del descaso es para las mujeres, los hombres es cuando vamos al baño", respondió riéndose el presentador estrella Jesse Watters.

Bad Bunny, en los Grammy.

Bad Bunny, en los Grammy.Chris PizzelloChris Pizzello/Invision/AP

Pero la NFL y sus propietarios, blancos y conservadores en casi su totalidad, están buscando desesperadamente aumentar la audiencia internacional. Esta temporada se han jugado partidos oficiales en São Paulo, Dublín, Londres, Berlín y Madrid. La liga añadirá Australia en 2026. Y el comisionado, Roger Goodell, ha avanzado que quiere que cada equipo juegue al menos un partido en el extranjero cada año. "Miren, Bad Bunny es, y creo que eso quedó demostrado este domingo, uno de los mejores artistas del mundo, y esa es una de las razones por las que lo elegimos. La otra razón es que comprendió la plataforma en la que estaba, y esta plataforma se usa para unir a la gente con su creatividad y su talento, y para aprovechar este momento para lograrlo, y creo que otros artistas lo han hecho. Creo que Bad Bunny lo entiende y creo que tendrá una gran actuación", aseguró esta semana el comisionado

Un sondeo con jugadores de la liga publicado esta semana por The Athletic muestra que al 41% de ellos no les gustaba la elección de Bad Bunny. Algunos eran muy explícitos, pero una parte importante se amparaba en no conocer de nada al artista o en preferir otros estilos musicales. "Ni siquiera sé quién es Bad Bunny. Creo que siempre debería ser un artista estadounidense. Creo que se están esforzando demasiado con esto de la internacionalidad", dice uno de los encuestados a pesar de que el músico es ciudadano estadounidense. "No me gusta. Prefeiría a alguien que estuviera vinculando a la cultura del fútbol", dice otro jugador.

"Obviamente he escuchado su música, pero no hablo español, así que no me gusta mucho. Pero sí creo que es genial tenerlo, porque Estados Unidos se basa en la diversidad. Estados Unidos se construyó sobre la inmigración. Así que creo que tenerlo simplemente promueve ese sueño americano. Me gusta. Me gusta la elección", replica otro anónimo. DeMarcus Lawrence, de los Seahawks, apuntó ayer en las entrevistas previas al partido a la importancia para la gente de habla hispana. "Tenemos tantas culturas y orígenes étnicos en Estados Unidos que creo que es hora de empezar a aceptarlos todos... eso es lo que realmente hace grande a Estados Unidos".

Bad Banny, durante una reciente actuación.

Bad Banny, durante una reciente actuación.Alejandro GranadilloAP

En realidad, la del domingo no será la primera aparición del músico. En 2020, el espectáculo de la Super Bowl contó con dos estrellas consagradas, Jennifer López y Shakira, pero Bad Bunny también apareció. Ahora, la NFL ha puesto el foco en el público latino, más de 70 millones de potenciales consumidores y espectadores, y está dispuesto a la polémica con tal de hacer un guiño. Tampoco será la única controversia.

El espectáculo está acostumbrado a las discusiones, la polémica (como el famoso pezón de Janet Jackson) pero sobre todo a las sorpresas. Trump también ha expresado su enfado con la actuación de Green Day en la previa del partido, después de que la banda haya cambiado en algunas actuaciones la letra de su éxito 'American Idiot', para que ahora diga "No formo parte de la agenda MAGA". Por su parte, Charlie Puth cantará el himno nacional y la compositora Brandi Carlile entonará America the Beautiful, una de las canciones patrióticas por antonomasia.

Trinity, la hija de Dennis Rodman que deslumbra en el fútbol femenino y cambia las reglas de la liga estadounidense

Trinity, la hija de Dennis Rodman que deslumbra en el fútbol femenino y cambia las reglas de la liga estadounidense

Se podría argumentar que lo que mejor define a Trinity Rodman es su potencia y su intensidad en la línea de tres cuartos. La agresividad y energía. La velocidad y la capacidad de desbordar por banda derecha. Su conducción o su fantástica pegada, con la pierna buena para poner centros o con la izquierda, a pie cambiado, para definir. Pero, seguramente, lo que define con mayor precisión a la jugadora de 23 años de las Washington Spirits es su facilidad para romper récords y el entusiasmo que genera.

Hija del legendario pívot Dennis Rodman, con el que no tiene una relación cercana, llegó a la liga profesional recién salida del instituto, como número 2 del Draft tras renunciar a la beca que tenía para la Universidad de Washington State. La más joven drafteada hasta hoy. En su primera temporada, las Spirit ganaron la liga y el club le ofreció un contrato de 1,1 millones de dólares a lo largo de cuatro años, una marca aún sin superar para una jugadora de 19 años que aún no había participado siquiera en un gran torneo con la selección.

En sus cinco temporadas en la NWSL, Rodman ha marcado 33 goles y ha dado 21 asistencias (en 109 partidos sumando todas las competiciones), lastrada por su espalda y su cadera, pero aun así consagrándose como la más joven en la historia de la liga en alcanzar las 50 «contribuciones de gol». Desde ahora, además, es probablemente la jugadora mejor pagada del planeta, con el permiso de la tres veces Balón de Oro Aitana Bonmatí. Más de dos millones de dólares por año, con todos los bonus incluidos, pero sin contar los jugosos contratos con Adidas, Red Bull, Oakley... ¿Sus señas de identidad? La ética del trabajo y la pasión, aprendida en parte, asegura, de Kobe Bryant.

Trinity Rodman, durante un partido con la selección estadounidense.

Trinity Rodman, durante un partido con la selección estadounidense.KEVORK DJANSEZIANGetty Images via AFP

Aunque fue top 10 del Balón de Oro en 2024 y 18ª en 2022, Rodman no ha logrado ser MVP de la liga nunca, siempre por detrás en las votaciones de rivales como Lindsey Horan, Sophia Smith, Naomi Girma, Alyssa Naeher o Rose Lavelle, la mejor jugadora de 2025. Pero cuando está físicamente bien ofrece más espectáculo que nadie. Regates, taconazos, ruletas y la jugada que ha convertido en marca de la casa y bautizado como Trin spin, un cambio de sentido vertiginoso, pisando el balón mientras da un giro completo por el otro lado, a menudo acompañado de un caño.

Las marcas se la disputan, los podcasts se pelean por traerla, atraídos por la historia de amor y odio con su padre, una figura ausente de la que ella reniega, pero al que abraza entre lágrimas cuando acude a sus partidos. Rodman es, como su progenitor, no solo carne de salón de la fama, sino figura icónica, incluyendo la moda. Junto a Mallory Swanson y Sophia Wilson (antes Smith) formó el Triple Espresso, la equivalente a la BBC madridista que llevó a EEUU a ganar el oro en las Olimpiadas de París. Recogiendo el testigo de las gigantes que las precedieron, las Mia Hamm, Brandi Chastain, Alex Morgan o Megan Rapinoe y superando el fracaso del mundial de 2023.

«Me siento increíble, estoy muy feliz, me siento muy afortunada. Creo que este es un momento trascendental que cambiará las reglas del juego. Ni siquiera puedo describir con palabras lo que siento. Obviamente, cada uno tendrá sus propias ideas y opiniones al respecto, pero a mí nunca me ha importado. Así que eso no cambia nada. Siempre he tenido una visión, una idea de cómo quiero que sea mi legado y cómo quiero que continúe. Creo que esto abre oportunidades para las chicas estadounidenses con sueños, y yo soy una de ellas, y por eso estoy muy agradecida», celebró durante la firma del contrato en Los Ángeles, donde está concentrada con la selección.

Contrato

El deporte profesional estadounidense llevaba en vilo meses, especialmente desde que el 31 de diciembre el contrato de Rodman expiró. Ella, tras un año plagado de lesiones y sin continuidad, quería renovar, a pesar de las tentadoras ofertas que llegaban de Europa, a donde muchas estrellas del soccer femenino han emigrado en busca de oportunidades mucho más lucrativas. Ella asumía que era inevitable su salto.

El problema de fondo es el límite salarial, que impone un tope de 3,5 millones de dólares por plantilla. En noviembre, el equipo de Washington y Rodman llegaron a un acuerdo que definieron como «especialmente creativo» para pagarle más de un millón por temporada, pero la comisionada, Jessica Berman, lo vetó, diciendo que violaba el espíritu de la norma y podía alterar la competición. Sólo quedaban tres opciones: que Rodman aceptara un salario mucho más bajo, que se fuera a Europa o que cambiara la norma. Y eso ha conseguido. La NWSL ha aceptado una cláusula especial para Jugadoras de Alto Impacto (HIP en inglés), conocida ya como la Cláusula Rodman, que permite a los clubes gastar hasta un millón de dólares por encima del límite salarial pero sólo para estrellas, algo que se define con el cumplimiento de una serie de criterios de impacto económico, galardones y estadísticas.

En EEUU, el límite salarial para los equipos se establece anualmente a través de un convenio colectivo que estará vigente hasta la temporada 2030. El tope se ajusta en función del reparto de ingresos y si todo marcha al ritmo actual podría cerrar 2026 con 3,7 millones y superar los cinco millones de dólares a final de la década.

La liga y los clubes han asumido en todo caso que hacía falta algo para evitar la fuga de talentos. Dos de los puntales de la selección, Alyssa Thompson y Naomi Girma, se fueron al Chelsea el año pasado. Y la centrocampista de las Portland Thorns Sam Coffey firmó por el Manchester City la semana pasada. La reacción está siendo a gran escala. Además de Rodman, las Denver Summit FC han firmado a la capitana de la selección, Lindsey Heaps, invocando la cláusula para que sea considerada jugadora de alto perfil (HIP), algo que debe ser aprobado. Portland, por su parte, se ha aferrado a Sophia Wilson, la MVP de 2022 que no ha jugado en 2025 por baja de maternidad, ofreciendo más de un millón por año.

«Trinity es una jugadora excepcional, pero lo que es aún más importante, representa el futuro de este club y el futuro del fútbol femenino», ha celebrado la propietaria de las Washington Spirit, Michele Kang. Puede ser la estrella de la próxima década.

Los Patriots vuelven a la Superbowl por primera vez en la era post Tom Brady

Actualizado

Los New England Patriots derrotaron este domingo a los Denver Broncos en una final de conferencia muy física, intensa, bajo un frío gélido y nieve. Un partido no especialmente atractivo en lo técnico, pero destacado en lo táctico y espectacular en lo visual. Marcado por las defensas, por los resbalones, los errores y los pequeños detalles que permitirá al equipo volver por primera vez a la Superbowl en la era posterior a la salida del legendario Tom Brady y el entrenador Bill Belichick

Los Patriots se verán las caras el próximo 8 de febrero, en California, con los Seattle Seahawks, que se impusieron 31-27 a Los Angeles Rams en un partido emocionante, ajustado, lleno de anotaciones, idas y venidas.

La del mes que viene será la 12ª participación de los Patriots, más que nadie antes, con el objetivo, el sueño, de lograr su séptimo anillo para empatar, curiosamente, con su ex quaterback más laureado. Guiados por un entrenador novato en los banquillos, pero que cuenta él mismo con tres anillos como linebacker en la era dorada del club, y que espera hacer historia convirtiéndose en el primer manager en lograr otra liga para la misma franquicia estando ahora a los mandos.

El primero partido de anoche fue en realidad dos diferentes. Una primera parte escasa, con un empate a 7 con dos touchdowns, uno en carrera y otro con un pase largo de más de 50 yardas. Y una segunda completamente diferente, aún más rácana en puntos según las condiciones se volvían brutales y los resbalones, la norma. Sólo dos veces antes un equipo había logrado el título de conferencia con 10 o menos puntos, "Prefiero una victoria fea a una derrota bonita", celebró el receptor Stefon Diggs. "Nadie está satisfecho. Estamos contentos, pero no conformistas. Nos sentimos afortunados de estar donde estamos, pero sabemos que podemos lograr mucho más".

Los Patriots, horribles en la parte ofensiva (si bien llevan tres enfrentamientos seguidos contra equipos que están en el Top 5 de mejores defensas), ganaron porque el roookie Andy Borregales, tras fallar antes dos intentos, fue capaz de convertir una patada después de una posesión entera, de casi 10 minutos y más de 15 jugadas. Mientras que los Broncos, lastrados tras la grave lesión de su quaterback titular la semana pasada, superados por el clima, el viento y la nieve de cara, fallaron su mejor oportunidad, otra patada que se desvió en medio del viento, la aguanieve y el bloqueo de un jugador que hasta hace unos días era un descarte de la plantilla. Los de Denver son el único equipo que no dio ni un minuto a su quaterback suplente en las dos últimas temporadas y hoy, con condiciones muy adversas, pagaron el precio.

Los Patriots en cambio llegaron a Colorado con una marca extraordinaria de ocho victorias a domicilio y ninguna derrota, y lograron mejorarla rompiendo al mismo tiempo una maldición, la de no haber sido capaces nunca de ganar en casa de los Broncos en playoff. Gracias en buena medida al jovencísimo Drake Maye, candidato a MVP de la liga y apenas el tercer quaterback de menos de 24 años en llevar a los suyos a la Super Bowl, uniéndose al club de élite formado por Dan Marino y Ben Roethlisberger. Y a un entrenador en su primer año, Mike Vrabel, despedido por los Titans y que ahora aspira a seguir los pasos de otra leyenda, Belichick y convertir un anillo en los cimientos de una era, liderando la reconversión de una franquicia única.

La otra final de conferencia, tuvomo como protagonista indiscutible a Sam Darnold, que lanzó tres pases de touchdown, llevando al equipo a su primera lucha por el anillo desde 2014, buscando una revancha por la derrota de Super Bowl XLIX que aún escuece.

New England se presentará en California inevitablemente como favorito, aunque sólo sea por los números y el palmarés. Entre 2001 y 2018, la dupla Tom Brady-Bill Belichick llegó a la Super Bowl nada menos que nueve veces. De ellas, ganaron seis, cinco con un marcador muy ajustado. Aunque ahora su ataque no atraviese su mejor momento (han promediado 18 puntos por partido en los playoffs, el dato más bajo de cualquier equipo ganador desde 1979), aunque lleven siete años sin pelear por la copa y aunque su plantilla se haya renovado completamente, nadie ha estado más veces en una final, nadie tiene más victorias en playoff en la historia y nadie tiene más hambre, después de dos temporadas dramáticas en 2023 y 2024, con apenas cuatro victorias en la fase regular.

Trump acapara el protagonismo en el sorteo del Mundial: un premio FIFA de la Paz a su medida y sus artistas favoritos en el escenario

Trump acapara el protagonismo en el sorteo del Mundial: un premio FIFA de la Paz a su medida y sus artistas favoritos en el escenario

Trump, Trump y sólo Trump. El protagonista del sorteo del Mundial este viernes en Washington no ha sido el fútbol, ni el grupo de la muerte, sino el presidente de Estados Unidos. A figuras como la suya en este país las definen como larger-than-life, más grandes que la vida, y el acto montado en torno a su figura y sus obsesiones ha dejado claro que los próximos meses estarán completamente marcados por su presencia. Igual que ocurrió el pasado verano en la final del Mundial de clubes, cuando se saltó el protocolo para eclipsar a los jugadores del Chelsea, o en la final del US Open de tenis, que empezó con una hora de retraso por su asistencia.

Trump no permite que nada, ni nadie le haga sombra. Ya es su Mundial, y no el que comparte con Canadá o México, cuyos líderes Mark Carney y Claudia Sheinbaum, a los que ha ninguneado, insultado o amenazado desde su vuelta al poder, quedaron este viernes relegados a un papel testimonial, a su vera. El fútbol le da igual a Trump, pero sabe que "la Copa del Mundo es el evento más grande, probablemente el evento más grande en los deportes", en sus propias palabras, y coincide además con el 250º aniversario de la independencia de EEUU y el propio cumpleaños del líder republicano, y nadie entiende mejor el poder del simbolismo que él.

Por eso el sorteo de este viernes, en medio de una fuerte nevada tuvo lugar en el histórico Kennedy Center de la capital, un centro cultural de enorme peso en el pasado y en medio de una crisis brutal desde que Trump se colocara a sí mismo al frente de su junta directiva, metiendo de paso a 14 amigos y familiares en ella.

Riendo las gracias

Él fue quien maniobró para que el sorteo se celebrara en Washington y no en las Vegas (como ocurrió antes del Mundial de 1994) y quien insistió en estar presente (a diferencia de Bill Clinton entonces). Quiere estar en el corazón del meollo, igual que hará el domingo, en el mismo escenario, cuando se convierta en el presentador autodesignado del evento anual más importante del Kennedy Center, una gala justo de Navidad que históricamente ha estado en mano de grandes personalidades de la cultura o el periodismo.

El segundo plato de la jornada, más allá de los equipos y sedes, fue la entrega del Premio FIFA de la Paz 2025, un delirante invento del presidente Gianni Infantino para adular al presidente estadounidense con las tres cosas que más le gustan: halagos ante las cámaras, cosas doradas y el reconocimiento como estadista mundial que cree que merece y que el comité del Nobel de la Paz le negó hace unas semanas. Infantino se ha convertido en un habitual del Despacho Oval, riendo las gracias de Trump, mudo ante los ataques o insultos políticos en su presencia. Siempre listo para llevarle regalos y aplaudirle.

La organización emitió un video hagiográfico, comprando toda la narrativa de la administración sobre cómo el presidente estadounidense ha terminado ya con ocho, nueve o 10 guerras, salvando a millones de personas. "Un líder dinámico que ha participado en esfuerzos diplomáticos que crearon oportunidades para el diálogo, la desescalada y la estabilidad, y que ha defendido el poder unificador del fútbol en el escenario mundial", aseguró el equipo de Infantino.

La Copa del Mundo, con su nuevo diseño, el viernes en Washington.

La Copa del Mundo, con su nuevo diseño, el viernes en Washington.AFP

"Este es uno de los mayores honores de mi vida. Más allá de los premios, Gianni y yo hablábamos de esto, porque salvamos millones de vidas (...) Vamos a tener un evento como quizás el mundo nunca haya visto, nunca he visto nada igual (...) La coordinación, la amistad y la relación con México y Canadá han sido excepcionales. Estados Unidos, hace un año, no lo estaba haciendo muy bien, y ahora debo decir que somos el país más caliente del mundo y vamos a mantenerlo así", añadió sin desaprovechar la ocasión de criticar a su predecesor, Joe Biden.

También tuvo tiempo para pronunciarse sobre la selección española, a la que considera una de las grandes favoritas para la victoria final. "Son un gran equipo, siempre lo han sido. Soy fan, amo el país y tienen una muy buena oportunidad", aseguró Trump sobre el combinado nacional a su llegada al evento.

Cierre con Village People

Pero el premio FIFA, o que Andrea Bocelli cantara en un playback clamoroso el Nessun Dorma (una de las piezas favoritas de Trump), no fue todo. En primera fila estaba la persona encargada de la organización del Mundial por parte de la Casa Blanca, Andrew Giuliani, hijo de Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y abogado, confidente y amigo del presidente, ahora caído en desgracia tras perder un pleito multimillonario por difamación. Y a nadie se le escapó el guiño de que en la ceremonia la cerrase Village People, el grupo del legendario himno YMCA, que decenas de millones de estadounidenses asocian ahora a los mítines de campaña de Trump y a su ya icónico bailecito.

Todo pensado y hecho a la medida del presidente estadounidense, con la modelo Heidi Klum y el actor Kevin Hart de presentadores, el ex quarterback Eli Manning en la alfombra roja y Thierry Henry en los micrófonos de la Fox. Y con leyendas del deporte estadounidense para sacar las bolas: Tom Brady, Shaquille O'Neal, el canadiense Wayne Gretzky o Aaron Judge.

Sólo la ovación cerrada a Haití, por primera vez en una fase final de un Mundial, tuvo un contexto crítico, al ser los haitianos uno de los colectivos más criticados xenófobamente por el presidente y su equipo. Hay política de fondo, especialmente entre los países con relación más complicada con la Casa Blanca. Igual que en septiembre Trump denegó los visados a la delegación palestina para acudir a la ONU, lo mismo ha hecho ahora con la federación de Irán, generando enormes dudas sobre lo que puede pasar con los equipos y sus familiares cuando arranque el Mundial. O con las sedes, ya que el presidente flirtea con la posibilidad de ir cambiando sedes sobre la marcha, en función de su humor y de la relación con las autoridades (del Partido Demócrata) de los estados o las ciudades en las que están previstos los enfrentamientos.

¿Por qué Japón robó al Caribe su dominio del béisbol? "Lo que hacen sólo lo pueden hacer asiáticos por su disciplina"

¿Por qué Japón robó al Caribe su dominio del béisbol? “Lo que hacen sólo lo pueden hacer asiáticos por su disciplina”

Cuando estos días le piden al legendario David Ortiz que explique lo que piensa de Sohei Ohtani, dos veces seguidas MVP de la liga y ya para muchos el más grande beisbolista de todos los tiempos, a Big Papi se le encienden los ojos. Dice que nunca ha visto algo así, que es «un unicornio, una bestia», un «extraterrestre», algo sin precedentes. Un «tremendo tipazo, humilde, el mejor bateador del planeta y entre los 10 lanzadores más dominantes». Martínez sabe de lo que habla. Ha jugado contra los mejores de la historia y se ha ganado un puesto no solo entre ellos, sino entre los comentaristas televisivos.

Big Papi, como Pedro Martínez o Vladimir Guerrero (padre e hijo) representan mejor que nadie a todas esas generaciones de peloteros dominicanos, cubanos y venezolanos que han transformado las grandes ligas. Ahora en deportes como el baloncesto es normal que extranjeros, los Nikola Jokic, Luka Doncic o Victor Wembanyama compitan de tú a tú con los astros locales y los superen. En el béisbol la revolución llegó mucho antes. Pero lo de Ohtani es algo excepcional, único.

Batea como nadie, lanza como los elegidos, corre como los más rápidos, roba bases como los más pillos. Todo en uno. «Ohtani tiene la habilidad de controlar las dos posiciones. Por 700 millones, los Dodgers firmaron a dos jugadores en uno. Pero lo que él hace, sólo lo pueden hacer un asiático, por la disciplina de ellos. No pueden ser tan bueno sin esa disciplina», dice Big Papi. «La disciplina de este hombre lo es todo. Las rutinas de los jugadores son largas y complicadas, a mí no me daba tiempo y sólo era jugador de posición. Lo que él hace... de donde él viene, llega programado», insiste

El talento de Yamamoto

Los Ángeles Dodgers ganaron las Series Mundialel sábado pasado por segunda vez consecutiva, algo que nadie había logrado desde la era de los Yankees de finales del siglo pasado. Ohtani rompió récords, hizo cosas que nadie había hecho antes, pero el MVP de las finales no fue él, sino su compatriota Yoshinobu Yamamoto, que se subió al montículo del pitcher en la novena entrada del último partido, el lugar más solitario del planeta. Y lo hizo tras haber lanzado la noche anterior nada menos que 96 veces. Su brazo tenía que estar destrozado, los ligamentos al límite, pero Yamamoto, incluso lejos de su mejor momento, logró cerrar el partido.

Junto a ellos, celebró el trofeo el jovencísimo Roki Sasaki, la próxima generación. Primera vez que tres japoneses ganan un título de la MLB, pero probablemente no la última. Un deporte asociado siempre a EEUU, al Caribe, contempla ahora la eclosión de los asiáticos. Cuando se le pregunta a los expertos dicen que la progresiva japonización del juego es lógica. Que la pasión en Japón es extraordinaria. Que hay una liga muy competitiva, hay pasión, decenas de millones de fans y niños con guantes en sus casas, pero que tienen, sobre todo, «una cultura de la disciplina y la dedicación».

EDUARDO LIMAEFE

Hay estudios que han analizado cómo puede haber tantos buenos lanzadores japoneses. Explorando sus diferencias biomecánicas, cómo explotan más las piernas y caderas que los codos, lo que les permite recuperar más rápido entre partidos. O cómo su trabajo físico, más centrado en la elasticidad, la movilidad y el control del cuerpo entero (los vídeos de Yamamoto haciendo pino puente son espectaculares) que en las pesas. Nada importa más en los lanzadores que la longevidad y la recuperación, dada su exposición que suele conllevar el paso por quirófano.

Hasta 2.000 millones de dólares

Los jugadores, desde el campo, dicen en realidad que todo es cuestión de cabeza. De disciplina. De ser capaces de dominar las rutinas imposibles de un juego caótico. Se concentran, se aferran al plan y no dejan que las distracciones, los nervios, se interponga. Ohtani tiene a todo su país detrás, añadida a la presión del deporte profesional, o a los escándalos personales, después de que su amigo e intérprete fuera condenado por robarle millones de dólares aprovechando su buena fe. Y nada de eso, ni las lesiones, le han perturbado.

Han pasado 30 años desde que Hideo Nomo llegó por primera vez a Estados Unidos, precisamente con los Dodgers. Y han pasado 24 desde la irrupción de Ichiro Suzuki, que fue rookie del año y será el primer japonés del Hall de la Fama.

Mark J. TerrillAP

En la liga profesional estadounidense hay ahora mismo 12 jugadores nacidos en Japón. Sin contar siquiera a Yamamoto y Ohtani, estrellas como Seiya Suzuki, Kodai Senga, Tomoyuki Sugano, Yusei Kikuchi y Kenta Maeda tienen contratos que combinados rozan los 2.000 millones de dólares. Y la cantera parece inagotable. Hasta el manager de los Dodgers, Dave Roberts, nació en Okinawa, ya que su padre era militar allí.

Las virtudes de la escuela japonesa

Los estudiosos del juego dicen que una de las grandes diferencias entre americanos en general, del norte o del Caribe, y asiáticos es la paciencia. Y ésta es fruto de esa disciplina mencionada. El béisbol estadounidense es mucho más físico, con muchísimos más partidos, y más agresivo. Los bateadores intentan sacar del estadio todas las bolas, mientras que la escuela de pensamiento japonesa boga por cansas y desesperar al pitcher. Esperar todo lo que sea necesario.

Hiro KomaeAP

Japón lleva años esperando este momento. Son los grandes dominadores del béisbol internacional en las últimas décadas, incluyendo Juegos Olímpicos. Es el deporte nacional y nadie ha invertido más que ellos, fuera de EEUU. Los clubes japoneses disponen de los mismos dispositivos que los norteamericanos, y pueden captar y formar talento de una forma más sistemática. El béisbol es un deporte de momentos estelares y un país extranjero los está monopolizando.

Los Dodgers ganan las series mundiales de béisbol tras derrotar a Toronto en el séptimo partido de la final

Los Dodgers ganan las series mundiales de béisbol tras derrotar a Toronto en el séptimo partido de la final

Un partido emocionante como colofón a una final extraordinaria. "Algo increíble, indescriptible, largamente soñado y, sin embargo, totalmente inesperado", en palabras de uno de los grandes cronistas californianos. Los Ángeles Dodgers derrotaron anoche, pasada ya la madrugada, a los Toronto Blue Jays en el séptimo partido de la final convirtiéndose en el primer equipo en un cuarto de siglo en ganar dos títulos consecutivos de las Series Mundiales de béisbol. Para el primero tuvieron que esperar 36 años; para el segundo, 366 días nada más. Era lo que el estado soñaba desde hace décadas, lo que sus rivales más temían, lo que la Liga todavía no sabe si es una bendición o una maldición.

El héroe inesperado de la noche no fue Shohei Ohtani, el mejor jugador del mundo y probablemente de la historia. Ni su compatriota Yoshinobu Yamamoto, MVP de las series, que se subió al montículo del pitcher en el momento más crítico de la novena y en teoría última entrada del partido (después de haber lanzado casi 100 veces el vieres para lograr que su equipo empatara la eliminatoria), sino Will Smith, uno de los catchers mejor pagados de la liga y que hace apenas unas semanas se perdió por lesión el final de la liga regular.

La victoria, 5 a 4, cimenta el inicio de una nueva era de dominio para el equipo californiano, que de la mano de Ohtani, el deportista mejor pagado y que cada día romper récords, lanzando y bateando, no tiene límites por delante. Fue una victoria de trabajo, de fe, de resiliencia. De esfuerzo más que de talento. De errores catastróficos y proezas nunca antes vistas en un estadio.

Durante toda la final, los Dodgers fueron por detrás, a remolque, sufriendo pero sin rendirse. Hasta ganar el título a domicilio tras remontar una serie que se puso cuesta arriba desde el primer momento, con una durísima derrota en el primer cara a cara. A pesar de sus muchas lesiones, venían de pasar por encima de Cincinnati Reds, Philadelphia Phillies y Milwaukee Brewers en los playoff.

Venían como favoritos indiscutibles, tras haber invertido casi 400 millones de dólares para formar una plantilla intratable. Y se encontraron una resistencia feroz, abrumadora por momento, liderada por Vladimir Guerrero Jr. la gran estrella de Toronto, probablemente el primer jugador que acompañe a su padre en el hall de la fama de la Liga.

El séptimo partido estuvo a la altura, del nivel y de la leyenda. Incluyendo un amago de tangana multitudinario en la cuarta entrada, con los banquillos enteros de los dos equipos acudiendo a la llamada de la violencia después de un bolazo involuntario y muchos insultos. Afortunadamente para el espectáculo, quedó en nada, no hubo expulsados y todo siguió como si nada.

Los Dodgers arrancaron abajo en el marcado hasta 3-0, pero lograron recuperar poco a poco, gracias en especial a un home run del inspiradísimo Max Muncy y al empate del infielder Miguel Rojas, que hasta el sexto partido de estas Series no pasaba de suplente. Llegaron empatados a la novena entrada, con la sensación de que los canadienses estaban mejor plantados y los lanzadores californianos, agotados y sin ideas.

Entre la espada y la pared, el entrenador optó por sentar a un fatigado y errático Blake Snell y encomendarse al talento, la esperanza y el aura de Yamamoto, muy tocado tras los 96 lanzamientos consecutivos de la víspera. No hay posición más devastadora para el cuerpo en el deporte profesional que la de pitcher, ni más solitaria. El propio Ohtani, fichado de Japón como lanzador pero reconvertido a fuerza de lesiones en mago del bate, tiene un calendario cuidadísimo y dosificado, y apenas ha tocado el montículo en la final, pues tras cada partido el brazo y el cuerpo acaban destrozados. Aun así, Yamamoto aceptó el desafío, la llamada de la historia, sin ningún tipo de descanso.

El japonés no estaba fino, ni cómodo, y su lenguaje corporal lo mostraba. Permitió que su primer rival llegara a la base. Golpeó al segundo, Alejandro Kirk, en el cuerpo con su segundo lanzamiento, llenando las bases. Y ahí llegó el milagro. Cuando peor estaba la situación, más respondió el equipo.

Daulton Varsho conectó un golpe rápido, pero la defensa rapidísima de Los Angeles logró una eliminación por centímetros. Literalmente. Los árbitros tuvieron que ver la jugada repetida en cámara lenta con el público contenido la respiración. El defensor levantó el pie pero logró volver a tocar la base milésimas de segundo antes que el corredor, confirmando la eliminación. Primera bala esquivada.

La siguiente fue, sin duda, una de las jugadas del año. Un tiro flojo de Yamamoto, un gran golpeo del bateador y la bola saliendo hacia el fondo del diamante. Cuando todo parecía perdido, el outfielder de los Dodgers, Andy Pages, corrió a la desperada y saltando sobre su compañero Kike Hernández, arrollándolo de hecho, logró atrapar el batazo del tercera base de Toronto, Ernie Clement, forzando la prórroga.

La décima entrada fue de respiro, y cuando los espectadores se iban mentalizando para una larga noche, como la del tercer partido, que llegó a las 18 entradas hasta lograr un vencedor, Will Smith en el ataque, y Mookie Betts en la defensa, dieron el golpe definitivo.

Un golpe excesivo, casi injusto, para los Blue Jays, que dominaron durante buena parte de la noche y de la semana. Cuya defensa secó cuatro noches a las estrellas angelinas, que anotaron más carreras y estuvieron más sólidos en general, gracias a la consagración del rookie Yesavage o del veterano Max Scherzer. Pero que abrieron la puerta cuando más peligroso era, y pagaron las consecuencias. Su cerrador, el pitcher Jeff Hoffman, había generado muchas dudas tras permitir 15 home runs en la temporada regular, pero había estado implacable en la postemporada, con solo una carrera en 11 entradas. Con la segunda, ya no hubo forma de remontar.

Ohtani lleva a los Dodgers a las Series Mundiales con la mejor actuación individual de la historia del béisbol

Actualizado Sábado, 18 octubre 2025 - 07:06

Shohei Ohtani es el mejor jugador de béisbol que jamás haya pisado el diamante. Decirlo en el deporte de Babe Ruth, Willie Mays, Lou Gehrig o Mickey Mantle, es mucho decir. Sostenerlo en el país de los Barry Bonds, Joe Di Maggio o Randy Johnson habría sido una blasfemia hasta hace poco. Pero el jugador japonés, que todavía necesita un intérprete para expresarse, y para el que todas las categorías se quedan cortas, ha roto los esquemas y doblegado la resistencia de puristas, escépticos y nacionalistas.

Este viernes, el pitcher de Los Angeles Dodgers, aunque a estas alturas reducirlo a una sola posición en el campo resulta casi ofensivo, selló la que seguramente sea la mejor actuación individual en la historia de los playoffs, llevando a su equipo a la victoria de la Liga Nacional y a disputar, un año más, las Series Mundiales.

Y lo hizo con una proeza indescriptible, lanzando y bateando, con resultados explosivos, insultantes para el resto de los mortales. Hasta tres home runs en un mismo partido (convirtiéndose en el duodécimo jugador en la historia de las Grandes Ligas en conectarlos) de la mano de seis entradas limpias desde el montículo eliminando uno detrás de otro a 10 rivales, sin darles ninguna opción de anotar.

10 años por 700 millones de dólares

Un talento sin equivalentes que ha reescrito desde la modestia y el silencio los límites del juego. Una fuerza ante la que se inclinan compañeros y rivales, casi incapaces de asimilar lo que ven en el campo. El 17 de los Dodgers está acostumbrado a batir todo tipo de récords. Llegar directo a las grandes Ligas desde Japón, rookie del año, tres premios al jugador más valioso de la liga y el contrato más estratosférico del deporte, cuando firmó 10 años por 700 millones de dólares para dejar los Angels e irse a los Dodgers, en la misma ciudad californiana.

Casi 300 millones de dólares más que otra de las grandes megaestrellas de la la MLB, Mike Trout. Unos 10 millones de dólares más al año que Damian Lillard, de los Milwaukee Bucks de la NBA. Mucho más que las decenas de millones que cobra Leo Messi en Miami.

Ohtani tenía un desafío imposible. No sólo llevar el equipo a títulos, ni romper las estadísticas ni abrir los mercados asiáticos. Sino redefinir la relación entre el béisbol y el negocio del deporte profesional, llevando la ilusión a los fans, el interés a los menos aficionados y las noticias a la prensa de todo el planeta. Y lo ha conseguido. Los Dodgers son el primer equipo en ganar dos títulos consecutivos en su 'conferencia' desde Filadelfia en 2009. Los Ángeles llegan así a las Series Mundiales por quinta vez en nueve temporadas e intentará convertirse en el primer equipo en revalidar su 'campeonato mundial' desde que los Yankees de Nueva York ganaron tres Series Mundiales consecutivas entre 1998 y 2000.

Ohtani, en un 'home run' durante el partido ante los Brewers.

Ohtani, en un 'home run' durante el partido ante los Brewers.EFE

El viernes, por segunda temporada consecutiva desde su fichaje, los Dodgers consiguieron el banderín de campeones de la Liga Nacional al derrotar a los 'Cerveceros' de Milwaukee y se verán las caras la semana que viene con el que salga vencedor del duelo entre Seattle Mariners y Toronto Blue Jays.

Si en su primera temporada una lesión limitó su talento como lanzador, pero afiló su instinto como bateador (primer jugador con 50 home runs y 50 bases robadas en un año), ahora complementa ambas como nadie en la historia.

Acallando las críticas

Anoche lo demostró con tres bolas sacadas del campo con violencia, seis entradas dejando en blanco al rival y 10 bateadores eliminados. Un dominio total, abrumador, con bolas rápidas por encima de las 100 millas por hora. Y justo cuando su equipo más lo necesitaba. Cuando él más lo necesitaba, tras un bajón evidente en su rendimiento tras el final de la temporada regular que había puesto nerviosos a los entrenadores y a su propio entorno.

En toda la historia de la MLB sólo un jugador, Ohtani, ha logrado múltiples home runs y más de 10 strikeouts en toda su carrera en los playoffs. Y lo ha hecho en un mismo partido. Acallando las críticas de quienes decían que no daba el nivel para lanzar y batear al mismo tiempo, o que no era un jugador dominante en playoffs, tras sus años en los Angels. O que su falta de carácter (y su escaso inglés después se tantos años en el país) limitaban su leyenda.

"Esta noche hemos sido parte de una actuación icónica, quizás la mejor actuación individual en un partido de postemporada", se resignó ayer el mánager de Milwaukee, Pat Murphy. "No creo que nadie pueda discutirlo. Un tipo que ha eliminado a 10 y conectado tres home runs".