El descubrimiento que dio el bronce a España, la celebración con Carbonell y la calçotada china de Tarrés: "Es la mejor entrenadora del mundo"

El descubrimiento que dio el bronce a España, la celebración con Carbonell y la calçotada china de Tarrés: “Es la mejor entrenadora del mundo”

"¡Vengaaaa!", llegaba Anna Tarrés a la zona mixta del Centro Acuático de París y montaba la fiesta. De repente no habían pasado 12 años ni por supuesto un escándalo que acabó en los tribunales. En los pasillos, Tarrés, ahora seleccionadora de la China campeona, celebraba junto a Andrea Fuentes y Alba Cabello, entrenadoras de la Estados Unidos subcampeona, e incluso con Paula Klamburg, encargada de la Australia novena. El equipo español de natación sincronizada que asombró en los Juegos de Londres 2012 volvía a estar reunido en la victoria, aunque esta vez no era española. La selección volvía a celebrar una medalla, un bronce por equipos, el primero desde entonces, pero la alegría, el ruido, el jolgorio lo ponía la generación anterior, ahora dispersa por los banquillos de todo el mundo.

"Es la mejor entrenadora del mundo", aseguraba Fuentes sobre Tarrés y ésta hablaba y hablaba sobre su adaptación a la cultura china de la mano del cámara de televisión español Roger Vicente, de sus paseos en bici por Pekín y de cómo incluso organizó una calçotada con salsa de romesco para el equipo asiático. "Su punto diferencial es la capacidad de trabajo, la disciplina y el físico. Trabajan a unos niveles muy científicos, tienen un control total de la preparación de las nadadoras", comentaba Tarrés sobre su selección, China, que ofreció una exhibición. Muy superior al resto, tuvo siempre el oro al cuello, mientras Estados Unidos brilló con las acrobacias para llevarse la plata y España aseguró un bronce para recuperar su lugar en la historia.

La celebración de España

Cuando acabó su actuación, España se reunió ante los televisores para ver qué hacía su principal rival, Japón, que terminó cuarta y después estalló la celebración. En las entrañas del Centro Acuático hubo carreras, lágrimas, abrazos, hasta que todas se reunieron alrededor de Ona Carbonell, que las esperaba en la puerta del vestuario. La que fuera líder de esta generación había sido invitada por el Comité Olímpico Internacional (COI) para dar los tres golpes de bastón que dan inicio a todas las sesiones en estos Juegos y pudo festejar con el grupo.

Lavandeira JrEFE

"¡Por fin!¡Por fin!", celebraba Carbonell mientras felicitaba de una en una a todas las nadadoras españolas, Iris Tió, Alisa Ozhogina, Marina García, Lilou Lluís, Meritxell Mas, Paula Ramírez, Blanca Toledo y Meritxell Ferré. "La peque, ¿Dónde está la peque?", preguntaba la ya ex nadadora sobre la última incorporación de la selección, la que hizo cambiar los programas.

Hace tres meses, sólo tres meses, la seleccionadora española, Mayuko Fujiki, consideró que para dominar las acrobacias, el nuevo mantra de la natación artística, necesitaba alguien que rotara con su saltadora, Meritxell Mas, y en el Terrassa encontró a una chica pequeña y ligera que a sus 17 años era capaz de volar: Ferré. "Después del Mundial de Doha [de este año] vimos que teníamos que aumentar la dificultad, que arriesgar más para aumentar nuestro margen si había una base mark [una penalización]. Ella nos ha ayudado mucho en eso", analizaba Fujiki que anunciaba a la propia Ferré como "líder del equipo en el futuro".

MANAN VATSYAYANAAFP

La propia Fujiki, que también fue seleccionadora de China y Estados Unidos, felicitó a Anna Tarrés, que fue su mentora en los banquillos, y ambas tuvieron una bonita conversación: "Anna me ha dado las gracias porque este bronce es muy importante para España, para que las niñas se apunten a los clubes".

Ahora, el equipo se irá a celebrar y Tió y Ozhogina se centrarán en el dúo, donde tendrán más competencia, pero también podrían colgarse una medalla el sábado. La propia Tió era la primera en salir a zona mixta y lamentaba que, mientras sus compañeras se irán por la noche a "quemar París", ella y Ozhogina tenían que volver de inmediato a la Villa a descansar. "Ha sido un camino muy largo, llevamos muchos años detrás de esto, ahora hay que ir a por más", anunciaba Fujiki que se imaginaba en un futuro, en los Juegos de Los Ángeles 2028 siendo el centro de la fiesta, por encima de la generación anterior, Tarrés, Fuentes y compañía, y sus equipos repartidos por todo el mundo.

Agustín Casado y el “alma” de la selección de balonmano: “Nadie tiene nuestro espíritu”

Actualizado Jueves, 8 agosto 2024 - 01:41

Agustín Casado (Carboneras, 1996) es un novato olímpico de 28 años. Después de los Juegos de Tokio 2020, cuando se retiró la generación dorada, llegó a la selección española y desde entonces nadie lo ha movido del lateral izquierdo. Ayer, en los cuartos de final de los Juegos de París ante Egipto, sus cuatro goles fueron claves para una remontada que en algunos momentos parecía improbable. Del atasco en ataque hasta el descanso (8-12) a la victoria en la prórroga a base de corazón (29-28).

«Hemos estado espesos. No hemos hecho el partido que queríamos, pero este equipo tiene cosas más allá de la táctica, tiene alma, tiene espíritu, tiene sacrificio. Pase lo que pase peleamos hasta al final. Eso es lo que nos hace especiales», cuenta Casado, que mañana afrontará sus primeras semifinales de unos Juegos contra Alemania, un rival que ya se impuso a España en la fase de grupos (33-31). A lo largo de su historia, la selección ha jugado cuatro semifinales olímpicas y ha perdido todas para después llevarse siempre el bronce.

¿Cambiará esta vez esa estadística, la historia?
Eso queremos. Alemania nos ganó la semana pasada en la fase de grupos, pero hicimos un buen partido y tuvimos mala suerte. Nos prepararemos de la mejor manera posible, iremos a por todas y nos dejaremos la piel, eso seguro.
En la pista, después de ganar a Egipto, se han lanzado todos a abrazarse. ¿Qué ha pasado después?
Ha habido un poco de locura por cómo ha ido el partido, la prórroga... Ha sido emocionante, pero en el vestuario ya hemos estado más tranquilos. Estamos muy contentos por jugar una semifinal olímpica, aunque sabemos que aún no hemos conseguido nada y que tenemos que descansar. Además, nos hubiera gustado París, pero jugar aquí en Lille nos ayuda a estar más lejos del barullo.
Entre la crisis y la retirada de las leyendas siempre creemos que España bajará el nivel en balonmano y nunca pasa.
Hemos entrado gente nueva, pero tenemos el mismo alma que antes. Somos un equipo. Es un tópico, pero nosotros no sólo lo decimos, también demostramos que es así sobre la pista. Somos conscientes de nuestras limitaciones y trabajamos para taparlas. No seremos los más grandes, pero nadie tiene nuestro espíritu. Aunque cambien los nombres, venga quien venga. Hay que vivirlo en primera persona para darse cuenta que es así.
Casado arma el brazo durante el partido ante Japón.

Casado arma el brazo durante el partido ante Japón.EFE

Lo de «somos un equipo» se rompe si juegan al mus.
Sí, sí, ahí sí hay pique. Pasamos mucho tiempo fuera de casa, todos juntos, no hay nadie que pase tiempo solo y tenemos que encontrar pasatiempos. En la Villa jugamos a algún videojuego en una sala que había, veíamos otros deportes, pero principalmente nos dedicamos a jugar a cartas. Lo del mus a veces sí se calienta.
¿Quién gana?
Yo tengo mis días, tengo mis días.
Pero... ¿Generalmente quién gana?
A ver, tengo que confesar que Adrià Figueras va en cabeza, se le da bien, sí, sí. Pero que no se confíe. También los vascos, Kauldi [Odriozola] e Imanol [Garciandia], tienen mucha pose para el mus, debe de ser algo de su tierra.
¿Cree que son sus Juegos?
No, son los Juegos Olímpicos de todos. Somos varios debutantes en unos Juegos, pero llevamos todo el ciclo olímpico juntos. Ya jugamos el Europeo de 2022 [subcampeones, allí ganaron a Alemania por 29-23] y el Mundial de 2023 [terceros] y aquí venimos con experiencia. Sabemos que tenemos que ir paso a paso y ver dónde nos pone la competición. Hacer nuestro trabajo, básicamente. Ni pensar que vas a ganar el oro antes de jugar, ni por supuesto pensar que no tienes posibilidades.
¿Cómo vive alguien que ha dado tantos tumbos en sus clubes?
Son situaciones difíciles, las vueltas que te hace dar el balonmano. Pero, bueno, ahora llevo un año en Veszprem, voy a estar allí un año más seguro y estoy más tranquilo. Además ahora ya estoy preparado para lo que venga. Si tengo que volver a mudarme, lo haré y ya está.

La España siempre joven del waterpolo femenino: “Es genial ver su ilusión”

Actualizado Miércoles, 7 agosto 2024 - 21:53

¿Saben cuando uno habla con un hijo, con un sobrino o incluso con un nieto y se da cuenta que ya, ahora sí, se ha quedado fuera de juego? Los jóvenes son otros, hay cosas que ya no se entienden. Pues admite Laura Ester, a sus 34 años, que mira a su alrededor y le pasa un poco eso. «Es genial ver la ilusión y la inocencia de las que disputan sus primeros Juegos», comenta, veterana, pero también reconoce que en otras materias, como en las redes sociales, le superan de largo. En la España de waterpolo femenino que hoy disputa las semifinales de los Juegos Olímpicos de París contra Países Bajos (14.35 horas) sigue la renovación, pese a los éxitos, pese al palmarés.

Ahí están la capitana Pili Peña (37), la propia Ester, Maica García (34) o Anni Espar (31) que ya han vivido de todo, como las platas de los Juegos de Londres 2012 y Tokio 2020, pero igualmente van entrando jóvenes que prometen el relevo. En lugar de mantener el bloque hasta que se agote, el seleccionador, Miki Oca, quiere que la rueda siga girando y girando y girando.

«España debe seguir teniendo un equipo competitivo en el futuro. Con las que ya están con nosotros y con las que vienen detrás se puede hacer, aunque veremos si somos capaces de seguir arriba del todo. En las selecciones juvenil y júnior hemos ganado campeonatos del mundo y de Europa y las jugadoras de esos equipos se tienen que ir adaptando a la élite», analiza el técnico, al que no le tiembla el pulso a la hora de dar paso a las menos expertas.

La hija de su ayudante

Ya lo hizo hace mucho, en los Juegos de Río 2016, cuando decidió no convocar a una referente como Jennifer Pareja para dar más balones a otras. O en los Juegos de Tokio 2020 cuando convocó a Elena Ruiz, que sólo tenía 16 años, y le entregó responsabilidades. En el presente ciclo olímpico, por ejemplo, ha hecho titular en la portería a Martina Terré, de 21 años, pese al ascendente de la propia Ester y ha convocado a los presentes Juegos a Paula Camus, de 22 años, Nona Pérez, de 21, y a Isabel Piralkova, de 19.

No era lo más fácil. Entre otras cosas porque Piralkova, de hecho, es la hija de su ayudante, Svilen Piralkov, ex internacional por Bulgaria que jugó en el Terrassa, el Sabadell y el Mataró. Oca sabía que la decisión podía ser polémica, pero cómo no darle la oportunidad a una joven que llegó a ser la máxima goleadora de la División. De hecho, ya se la llevó al Europeo y al Mundial que hoy será recuerdo.

En la final mundial de 2023 y la continental de 2024 España perdió contra Países Bajos, su rival ahora en las semifinales de los Juegos y ahora la revancha es otro acicate. Después de ganar en la fase previa a Estados Unidos, su clásica bestia negra, ahora quiere derrotar al conjunto que le ha dado más problemas en los últimos torneos. «Tenemos que ofrecer nuestra mejor versión», desvelaba Ester, que como el resto de veteranas ha sabido dar paso a las más jóvenes. Al fin y al cabo las supervivientes de aquella primera selección en Londres 2012 saben que la rueda debe seguir girando y girando y girando.

España entiende la nueva natación artística con un bronce en los Juegos Olímpicos

Actualizado Miércoles, 7 agosto 2024 - 20:53

Fuera de la piscina, en una esquina, la seleccionadora española, MayukoFujiki, y su ayudante, Cecilia Jiménez, animaban constantemente. "¡Bieeen! ¡Bieeeen, chicas!", se escuchaba desde las gradas. Muchos aplausos, muchos pulgares en alto, mucha energía para que las nadadoras se vinieran arriba en los pocos segundos que pasaban fuera del agua. Pero, de repente, en un instante, en la quinta de las siete acrobacias obligatorias, las entrenadoras pararon. Ya no había fuerza, sólo tensión: se cogieron la mano y esperaron. Uno, dos segundos y ¡zas! Txell Ferré, la benjamina del grupo, de sólo 17 años, salió volando, hizo una pirueta, se zambulló de nuevo y Fujiki y Jiménez se volvieron locas. El movimiento más arriesgado había salido bien. Ya estaba.

España ganaba una medalla en natación sincronizada por primera vez desde los Juegos de Londres 2012. Después de brillar en la rutina técnica del lunes y sufrir un traspiés en la rutina libre del martes, este miércoles en la rutina acrobática se rehicieron para colgarse el bronce. Sólo la China de Anna Tarrés y la Estados Unidos que entrena Andrea Fuentes estuvieron por delante.

España, ya en el podio, completó su reto más difícil: dominar la nueva natación artística. Después de la crisis que se produjo alrededor de la figura de la propia Tarrés, la selección empezó un proceso de reconstrucción a las órdenes de Fujiki, pero en 2022 cambió todo. La natación artística, que hasta 2017 se llamaba natación sincronizada, creó un nuevo reglamento para ser más espectacular y, sobre todo, menos previsible. Hasta entonces, antes de los Juegos Olímpicos ya se podía saber qué países se llevarían las medallas: sólo un error garrafal podía provocar una variación. Ahora eso ya no ocurre.

Sin una saltadora hasta Ferré

Con los base marks todo -o casi todo- puede pasar. Los base marks son unas penalizaciones que pueden imponer los jueces si consideran no se ha alcanzado el grado de dificultad prometido en alguno de los ejercicios. Si eso ocurre, la puntuación baja y la posición, también. A España le ocurrió en la rutina libre, aunque se benefició de que Japón, la cuarta, también fue penalizada.

En la rutina acrobática, la selección no tenía margen de error y no erró. Y eso que antes hubo nervios. La nueva normativa otorga mucha importancia a los saltos, a las piruetas, a esas cabriolas fuera del agua -tanto que ha creado una rutina exclusiva para ello- y España no tenía una especialista.

Mientras las otras selecciones, como Estados Unidos, contaban con nadadoras procedentes del Circo del Sol o de espectáculos similares, las nadadoras españolas partían de la sincronizada clásica, de trabajar desde niñas en sus clubes, y les faltaba dominar esas artes. Con el equipo que nadó con Ona Carbonell en los Juegos de Tokio 2020 hubo que buscar alguna saltadora y ahí apareció Ferré. De Manresa, nadadora del Sabadell y no del omnipresente Kallipolis, siendo aún junior le descubrieron habilidad para volar y saltó a la selección absoluta para acabar con su maldición. Después de dos Juegos Olímpicos de desastre, Río 2016 y Tokio 2020, España entendió de qué iba la nueva natación artística y regresó al podio.

Waterpolo: Croacia rompe el sueño de oro de España, que no podrá ni luchar por las medallas

Actualizado Miércoles, 7 agosto 2024 - 15:16

De los tiempos gloriosos, Barcelona 1992 y Atlanta 1996, hace ya mucho, pero esta vez parecía que sí, que sí que sí, que España volvería al podio en unos Juegos Olímpicos. En los años anteriores fueron campeones del mundo y de Europa y en la fase de grupos arrasaron: cinco victorias en cinco partidos. ¿Qué pasó este miércoles? Habrá días y días de volver a ver el partido, horas y horas de análisis, de estudio, de interpretación, y seguramente la conclusión será la más fácil posible: los nervios. Una España rarísima, temblorosa, desacertada cayó ante Croacia (10-8) en los cuartos de final de los Juegos de París, su torneo, para lo que tanto había trabajado. Fue una decepción tan grande que, al acabar, los jugadores se quedaron ahí, en la piscina, reunidos, callados, sin querer salir. En shock.

Desde que David Martín empezó como seleccionador en 2017, España tenía estos Juegos como objetivo. En Tokio 2020 llegaron a semifinales y fueron cuartos, pero quedó el consuelo: la próxima es la nuestra. Más allá de Felipe Perrone y sus 38 años, líderes como Alberto Munarriz o Marc Larumbe todavía tienen margen, rondan los 30, y además hay jóvenes como el portero Unai Aguirre o Bernat Sanahuja, pero este miércoles tembló todo lo construido.

Al fin y al cabo, Martín basó su equipo en evitar precisamente lo que ocurrió contra Croacia: chocarse continuamente contra un muro. Al llegar montó una selección con los mejores jugadores de cada equipo, fracasó y se dio cuenta de que necesitaba otra cosa: inventarse un estilo. Ni con los métodos de aquel mítico Dragan Matutinovic, podía competir en físico con los balcánicos, incluso con italianos o griegos. Como en el fútbol, el baloncesto o el balonmano había que potenciar la creatividad española para encontrar el gol a base de pases. Cuenta Martín que se inspiró en la selección de Japón, un equipo modestísimo, pero que jugaba "diferente". También estudió al Barcelona de PepGuardiola o los libros tácticos de equipos de la NBA.

Por eso lo ocurrido este miércoles fue más doloroso: todo el proyecto quedó en duda. Ante Croacia, España se atascó como antaño, incapaz de superar su físico. La tensión de jugar los cuartos de unos Juegos Olímpicos llevó a la selección a la parálisis y, a partir de ahí, todo fue mal. En los primeros 12 minutos no marcó ni un solo gol mientras Croacia, con un inspirado Maro Jokovic, anotaba dos. Esa desventaja, tan temprana, fue definitiva. En algunos instantes España lograba combinar, hacer su juego, pero en otros volvía al problema. Por puro corazón, un gol de De Toro en la boya creó una oportunidad de remontada (9-8, a falta de cuatro minutos), pero un zambombazo de Konstantin Kharkov decidió la victoria. El horizonte de la España de DavidMartín ahora es gris.

Balonmano: España impone su corazón ante Egipto y ya está en semifinales

Actualizado Miércoles, 7 agosto 2024 - 11:53

Nadie puede con el corazón de España. En otros equipos siempre hubo y siempre habrá jugadores más altos y fuertes, pero el carácter... ¡ay! el carácter. Nadie tiene más carácter. En la segunda parte de la prórroga ante Egipto, con 28 a 28 en el marcador y menos de 30 segundos de juego, Alex Dujshebaev puso el alma, derribó la defensa rival, forzó el siete metros y Aleix Gómez no falló como siempre. España, otra vez en semifinales de unos Juegos Olímpicos (29-28), la quinta en los últimos 30 años. Las cuatro anteriores acabaron en bronce, esta vez se sueña con más.

Con Alemania o Francia en semifinales parece imposible, pero también parecía imposible estar ahí. Porque durante muchos, muchos minutos ante Egipto, España estuvo eliminado, pero el carácter... ¡ay! el carácter. "Ha sido muy difícil, tuvimos muchísimos problemas en ataque, nos ha costado encontrar el camino, pero hemos peleado como siempre. Al final, tenemos a un tío que nunca falla, Aleix. Todos sabíamos que no iba a fallar, siempre tiene un acierto del 100%, es increíble", elogiaba Dujshebaev, uno de los responsables de la remontada, otra remontada. "¡Buuuuuh!", se llevaba el mayor de los Dujshebaev a su salida de un estadio Pierre Mauroy de Lille que siempre apoyó a Egipto y que le afeó que chocara contra su defensa.

¿Qué iba a hacer si no? Desde la marcha de Raúl Entrerríos y Joan Cañellas, España ya no tiene centrales puros, no es el equipo creativo que fue y en ataque a veces se atora. La primera parte, siempre buscando al pivote, fue un desastre. Egipto disfrutaba con el increíble Mohamed Aly en la portería y los hermanos Elderaa castigando con sus lanzamientos y la selección no sabía cómo marcar. El primer gol llegó a los ocho minutos, de Gómez desde los siete metros; el segundo a los 10 minutos. Al descanso (8-12) había dos opciones: o irse a la Villa y empaquetar la ropa para volver a casa o pelear.

Y pelearon, pelearon. Con mil variaciones en defensa para frenar a los Elderaa y la aspiración de Gonzalo Pérez de Vargas (38% de acierto), Egipto empezó a sufrir y España se entregó a sus laterales. A falta de combinaciones, el propio Dujshebaev, Ian Tarrafeta y Agustín Casado hicieron la guerra por su cuenta y funcionó. En los últimos 15 minutos de partido (16-20, min.46) la desventaja empezó a reducirse (18-20, min.50), a reducirse (21-22, min.53) y a reducirse hasta el empate en el tiempo reglamento gracias a una veloz Tarrafeta (24-24).

Cole Hocker aprovecha el odio en los 1.500 metros para dar una de las sorpresas de los Juegos

Actualizado Martes, 6 agosto 2024 - 22:04

Todo es amor encima del tartán. Como icono, Mutaz Barshim y Gianmarco Tamberi repartiéndose el oro de la altura en los Juegos de Tokio o Yulimar Rojas y Ana Peleteiro animándose en el triple salto de la misma cita. Como ejemplo más reciente, este lunes, todos los rivales de Armand Duplantis jaleándole para que batiera otro vez el récord del mundo de salto con pértiga. Muchos 'bromances', mucha sororidad, los atletas abrazados como uno solo. Pero hay un rincón en el que todavía hay lugar para el rencor, el odio, el desprecio: los 1.500 metros.

En los Juegos Olímpicos de París, este martes, estaban el noruego JakobIngebrigtsen y el británico SteveKerr, dos hombres que no se aguantan, es que no se pueden ni ver. Los mejores, los más rápidos. Dos personajes que llevaban retándose desde que el año pasado Kerr venció a Ingebrigtsen en la final del Mundial de Budapest. Ingebrigtsen proclamaba: "De 100 carreras hubiera ganado 99, la próxima le gano con los ojos vendados. No hay que darle atención". Y luego en un podcast aseguraba que entre sus rivales había "idiotas e imbéciles". Kerr, por su parte, más 'polite' respondía: "A su alrededor sólo tiene gente que le dice que sí, debe analizar más sus carreras".

Y así pasaban los meses previos a su reencuentro en la cita olímpica. Rivales desde que se enfrentaron por primera vez en el Mundial sub20 de 2016, Ingebrigtsen había ganado 15 de los 17 duelos, con sólo dos triunfos de Kerr, el citado Mundial y la última Bowerman Mile de la Diamond League este mayo. Y eso el noruego lo llevaba tatuado.

El ritmo salvaje de Ingebrigtsen

Acostumbrado a correr sin competencia, vigente campeón olímpico de los 1.500 metros, la presencia de Kerr le perturbaba tanto que Ingebrigtsen planteó toda la carrera en su contra. Él tiene más aguante y Kerr, más velocidad punta, así que el noruego atacó desde la salida. Como si se tratara de unos 400 metros, enfiló el grupo, los hizo pasar a ritmo de récord olímpico y esperó a que su enemigo se quedara sin responder. Pero Kerr también quería decir lo suyo. En la contrarrecta de la última vuelta recortó la distancia con Ingebrigtsen y el mundo se paró.

Otra vez, 44 años después de Sebastian Coe y Steve Ovett, una rivalidad para la historia. Un sprint entre dos resolvería quien tiene la razón. Entre el público, la respiración quebrada, los ojos como platos, los pelos de punta. Ingebrigtsen y Kerr, Kerr e Ingebrigtsen. ¿Quién ganaría?

Ni uno ni el otro. Tan centrados en detestarse, el noruego, completamente exhausto, se ralentizó al empezar la recta y el británico tampoco pudo rematar. Por el interior un estadounidense inesperado, Cole Hocker, superó a los dos y se hizo con el oro de su vida. Kerr, como mínimo, salvó la plata, pero Ingebrigtsen ni eso: le superó el también estadounidense Yared Nuguse -compañero de entrenamientos de Mario García Romo- para dejarle incluso sin bronce.

De repente, Google se inundó de búsquedas: ¿Quién es Cole Hocker? Un joven de 23 años muy católico, muy laureado en las competiciones universitarias, que hasta este martes había presenciado la lucha entre Ingebrigtsen y Kerr desde atrás. En el famoso Mundial de Budapest, por ejemplo, fue séptimo. Nunca había conseguido bajar de los 3:30 minutos, la frontera de la élite en los 1.500 metros y este martes, agazapado hasta el final, marcó 3:27.65, la mejor marca de la historia de los Juegos Olímpicos.

Por zona mixta Ingebrigtsen pasó con un cabreo de mil demonios, silencioso, y Kerr, por su parte, aceptaba su error: "Tendré la medalla que me merezco cuando sea el momento". Antes tendrán que relajarse. El rencor, el odio, el desprecio no es bueno. Encima del tartán todo es amor.

Hockey hierba: España no puede completar el milagro ante Países Bajos y luchará por el bronce

Actualizado Martes, 6 agosto 2024 - 15:34

España llegó a París pensando en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Los últimos referentes de la selección, Pau Quemada, Quico Cortés, David Alegre o Roc Oliva, se retiraron después de los Juegos de Tokio 2020 y dirigida por un seleccionador nuevo, Max Caldas, se presentó en el bonito estadio de Colombes con un grupo de chavales. El capitán, Marc Miralles, tiene 26 años; el portero, Luis Calzado, 23; y el goleador, Marc Reyné, 25. Muchos debutaron como internacionales en este ciclo olímpico y, por eso, el proyecto miraba hacia allá, cuatro años más allá. Pero el domingo en cuartos de final, ante Bélgica, la campeona de todo, la máxima favorita, ¡sorpresa!

Sin ningún tipo de presión y con todo el descaro del mundo, España venció y se construyó dos andamios para escalar a la medalla. El primero, este martes, las semifinales ante Países Bajos, acabó en una derrota clara, 4-0. El segundo vendrá el próximo jueves, en la lucha por el bronce, ante el perdedor del duelo ante Alemania e India.

"¡Tenemos que estar concentrados!", gritaba a su banquillo Caldas, técnico argentino de España, cuando a mediado del tercer cuarto la derrota ya era un hecho. "Oooooooe, oooooooe, ooooooooe", vacilaban los aficionados neerlandeses, amplísima mayoría en las gradas, mientras los suyos mareaban la bola. Al contrario de lo que ocurrió ante Bélgica, contra Países Bajos las piernas temblaron, los brazos se encogieron, el corazón pudo a la cabeza. Ante la cercanía de la medalla, una selección tan joven y tan inexperta multiplicó sus errores y apenas disfrutó de opciones de gol. También ayudó la táctica de Países Bajos. Desde el primer minuto de juego, los oranjes entregaron la bola a España y se agruparon atrás para salir en desbandada.

En el centro del campo no había presión, sólo espera. La selección necesitaba creatividad, inventarse algo, pero no era el día. De hecho la opción más clara fue una bola alta que recibió Reyné a los cinco minutos, luego sólo hubo penaltis corners -hasta cuatro- sin acierto. Países Bajos estaba cómoda en ese esquema porque sabía de su virtudes. En cada aproximación, un gol. Un equipo letal. Marcaron un gol por cuarto, uno cada uno, Jip Janssen, Thierry Brinkman, Thijs Van Dam y Duco Telgenkamp y el partido se acabó.

Duplantis eleva su récord del mundo más allá del cielo en una noche de ensueño en París

Duplantis eleva su récord del mundo más allá del cielo en una noche de ensueño en París

Habrá un día en el que el cielo quede lejos; será inalcanzable para Armand Duplantis, como lo es para el resto de los humanos. De momento habita por encima. Más que ascender con su pértiga, allí vive, a una altura cada vez más increíble, con las nubes como suelo. Este lunes, en la final de los Juegos Olímpicos de París, el mejor saltador de pértiga de la historia alcanzó su punto más alto, 6,25 metros, su noveno récord del mundo.

En un Stade de France dedicado a su figura, 80.000 personas atentas exclusivamente a él, superó aquello que -una vez más- se consideraba imposible. En su tercer intento sobre la altura, parando la música cuando quiso, absolutamente convencido de sí mismo, hizo lo más extraordinario y luego lo más común: besos a su novia, zarandeos con sus amigos, abrazos con sus padres. La emoción como rutina, toda una vida allí arriba y más arriba y más.

Más de dos horas de espera

Antes, como es habitual, estuvo sentado en el banquillo durante más de dos horas y media. El resto de participantes se jugaban la vida y él, nada. Por ejemplo, con el listón a 5,90 metros, el griego Emmanouil Karalis lo superó, se aseguró el bronce y enloqueció con saltos por la pista y abrazos con los suyos. Duplantis, allí, todavía en pantalones largos, cruzado de manos, lo miraba, sonreía y se acercaba a él para felicitarle. "¡Bien hecho!", le decía.

Después caminaba un poco, toqueteaba las pértigas y simplemente charlaba con alguien, como el estadounidense Sam Kendricks que se llevó la plata. Su competición sólo empezó cuando el resto de saltadores ya se habían rendido. De las primeras tandas, Duplantis sólo se apuntó a los 5,70 metros, a los 5,85 metros y a los 5,95 metros por no aburrirse, por hacer algo. En los 6,00 ya era campeón olímpico. Y entonces le tocó escoger alturas. Podría haberse lanzado a las alturas de golpe, pero optó primero por otro objetivo, el récord olímpico, que borró a la primera con un salto sobre 6,10 metros. Luego, entonces sí, ¡a por el récord del mundo!

En el escenario que más le gusta, con su arte ya como único punto de interés en el Stade de France -se habían acabado las carreras de 5.000 y 800 metros-, con el resto de competidores animándole y empujándole, se desafió a sí mismo. Para mejorar los 6,24 que estableció en la reunión de la Diamond League de Xiamen, en China, el pasado abril, pidió que colocaran la barra a 6,25 metros. Por entender su figura, Sergei Bubka se quedó en 6,14 metros, mucho más abajo. Y al tercer intento lo logró. Un dominio absoluto de la pértiga, un brinco que hasta este lunes ni se conseraba.

¿Irá más arriba?

De hecho, entre los expertos de la pértiga hay dos corrientes. Una dice que Duplantis ya no puede saltar más, que sos 6,25 metros son un límite natural, si acaso superables uno o dos centímetros más. Al fin y al cabo, desde que se adueñó de la plusmarca mundial en febrero de 2020, el sueco ya se ha batido en ocho ocasiones, una cada seis meses, y la lógica dice no lo puede hacer para siempre. Su técnica no es perfecta como era la de Bubka, dicen, y los errores que comete -bate demasiado cerca del cajetín, por ejemplo- ya son irremediables. Pero la segunda corriente lo imagina por encima de 6.30 metros precisamente por eso.

Duplantis, a sus 24 años, todavía tiene margen de mejora y, junto a su padre y entrenador técnico, Greg Duplantis, siempre repasa todos los detalles. Por ejemplo, pese a que es el pertiguista más veloz de siempre, sigue potenciando su sprint hasta llegar a máximos (10,30 m/s) nunca vistos. Eso y su desarrollo muscular le permite utilizar pértigas más duras, coger más inercia y así saltar más alto. El cielo ya le queda por debajo, ahora sólo queda ver hasta dónde puede ascender.

El "humor amarillo" del piragüismo que hizo llorar a Maialen Chourraut: "Un resultado así te hace sentir la máxima miseria"

El “humor amarillo” del piragüismo que hizo llorar a Maialen Chourraut: “Un resultado así te hace sentir la máxima miseria”

Cuatro piragüistas en una plataforma de salida suspendida a tres metros de las aguas bravas. Las puertas se abren y... ¡ya! Los dos primeros pasan de ronda y los dos últimos se van para casa. Tienen que recorrer 210 metros, superar 10 puertas, dos de ellas de remonte, y hacer un esquimotaje, es decir, una vuelta en el kayak metiendo la cabeza debajo del río, un rulo, una croqueta acuática. La modalidad, llamada kayak cross, se estrenaba este lunes en unos Juegos Olímpicos de París e hizo las delicias del público.

Con un llenazo en el Centro Acuático de Vaires-sur-Marne, los aficionados vibraban con cada choque de canoas, cada adelantamiento, cada hundimiento, cada sprint, más teniendo en cuenta que la francesa Angele Hug ganó la plata en categoría femenina. Pero otra cosa era los palistas. La Federación Internacional de Piragüismo se inventó la disciplina hace pocos años y, convertida ya en olímpica, había algunos encantados y otros, no tanto.

"Es como humor amarillo, pero a lo bruto, hay de todo. La salida es decisiva porque adelantar es muy complicado, depende mucho más de la suerte que el slalom", analizaba Xabi Etxaniz, el marido y entrenador de Maialen Chourraut, que este lunes se llevó un disgusto. Como el otro español en liza, Manuel Ochoa, la tres veces medallista olímpica cayó en cuartos de final y rompió a llorar.

"He salido desde la calle 4 y era casi imposible sacar la carrera adelante. Lo he peleado y no me puedo achacar lo que me achaqué en el slalom. Pero estos Juegos han sido muy duros, no os lo podéis imaginar, me he sentido la máxima miseria del mundo", reconocía Chourraut que después de su último puesto en el slalom, hace una semana, pidió a su equipo 24 horas de silencio, de no hablar de piragüismo, de apartarse de todo. Recuperó la ilusión con el bronce de su hijastro Pau Echaniz, pero precisamente por eso su eliminación del kayak cross fue un golpe duro. "Me esperaba otros Juegos, unos Juegos diferentes. Ahora tengo que hacer una reflexión con mi familia", comentaba quien asumía que la modalidad cross "seguirá adelante, tiene gancho".

"Hubo reticencias entre los deportistas

"Al principio hubo reticencias entre los deportistas, no te lo voy a negar. Es un deporte artificial, sin tradición, y el escamotage era algo polémico. Pero ahora poco a poco va gustando más. Es muy físico, te obliga a trabajar más el lactato, el sprint, y evidentemente hay un factor suerte importante", comentaba Mónica Doria Villarubla, española, de La Seu d'Urgell, pero internacional por la muy cercana Andorra.

Según explicaba, en canales como el Centro de Tecnificación del Segre de La Seu, los entrenadores están inventando la metodología para poder preparar esta especialidad. Hasta hace nada, sin ir más lejos, no había cierto material específico, como el gran listón bajo el que debe realizarse el esquimotaje.

Potencia en piragüismo, España también apunta a selección importante en el cross con especialistas como Manuel Ochoa. Este lunes, de hecho, era uno de los favoritos, ganó todas sus series, pero en los cuartos de final los jueces consideraron que no había pasado la puerta por el lado, que lo había hecho por abajo. Fue descalificado, para su disgusto.

"No he visto el vídeo, la verdad, y no puedo juzgar sin ver el vídeo. Pero en este deporte hay muchas decisiones incorrectas", aseguraba el gallego, que se formó en el kayak extremo y por eso era candidato a las medallas. "Había luchado mucho por estar aquí, metido muchas horas y la preparación había sido perfecta", finalizaba, aunque al final no pudo ser. En los Juegos de Los Ángeles 2028, donde el kayak cross volverá a aparecer y a hacer las delicias del público, tendrá otra oportunidad.