Lucas Pinheiro-Braathen gana el eslalon gigante y hace historia: primera medalla en unos Juegos de Invierno para Brasil

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"Los últimos serán los primeros" es una frase con la que Jesús cierra la parábola de los obreros de la viña. Significa más o menos que los humildes y marginados en la tierra alcanzarán el cielo por delante de los potentados. Pero, en el deporte, una actividad muy humana, los primeros suelen ser... los primeros. Así ha ocurrido con Lucas Pinheiro-Braathen en el eslalon gigante de estos Juegos Olímpicos. Salió con el dorsal 1 en la manga inicial y, aunque realizó el undécimo tiempo en la segunda, supo resistir la presión y acabó ganando el primer oro olímpico invernal para Brasil. Su crono en la primera manga había sido tan bueno, que con ese primer tiro ya había ganado la guerra. No le alcanzaron los dos mejores suizos: Marco Odermatt (plata) y Loïc Meillard (bronce).

Para saber más

¿Brasil?... ¿Palmeras en la nieve?... Sí. Lucas Pinheiro es brasileño. Bueno, un mestizo de vikingo y carnavalero, mitad noruego (por parte de padre) y mitad brasileño (por parte de madre). Nació en Oslo hace 25 años. Cuando tenía tres, sus padres se separaron. Se fue a Brasil con su madre. Regresó a Noruega, la meca de los deportes de invierno, cuando su padre consiguió la custodia, y allí empezó a esquiar, camino de su brillante trayectoria en el circo blanco. Repartía, no obstante, la vida entre la capital noruega, donde vivía con su progenitor, y Sao Paulo y Campinas, una localidad a unos 100 kms. de Sao Paulo, donde pasaba las vacaciones con la familia materna.

Desavenencias con su Federación por un asunto de patrocinadores y derechos de imagen, lo llevaron a retirarse en octubre de 2023. Como tiene un lado neohippie, anduvo visitando las capitales europeas y recorriendo en bicicleta los viñedos de la zona de Burdeos. También las carreteritas ibicencas. Es un tipo alegre. Por carácter, más brasileño que escandinavo.

Saciada su sed de aventuras, reapareció en el circuito en marzo de 2024, pero ya con el apellido de su madre por delante y envuelto en la bandera sudamericana. Especialista en las pruebas técnicas, de habilidad, regresó a gran nivel. Esta temporada había ganado el eslalon de Levi, el primero del curso, y hecho podios o puestos entre los 10 primeros, en eslalon o en gigante, en Wengen, Madonna di Campiglio, Adelboden, Kitzbühel, Schladming, Val Gardena, Beaver Creek y Val dIsère. Su triunfo no ha sido precisamente una sorpresa, aunque cuando está en liza Marco Odermatt, él es el favorito por principio.

Odermatt es el mejor y más completo esquiador de la actualidad. Y uno de los mejores y más completos de siempre. Lidera la Copa del Mundo de Descenso, y en Cortina ha sido cuarto. Lidera la Copa del Mundo de Supergigante, y en Cortina ha sido tercero. Incluso, en la combinada, en compañía de Loïc Meillard, formando el mejor equipo posible suizo, que es tanto como decir el mejor posible a secas, no pudo pasar de la plata. Lidera la Copa del Mundo de Gigante, es el campeón olímpico vigente, y en Cortina ha sido segundo. Odermatt, que no practica el eslalon se va, pues, de los Juegos sin un oro. Con tres medallas, dos platas y un bronce, pero sin un oro, que es el metal que mejor le cuadra y le sienta. Con toda seguridad, no estará contento.

Este domingo, el gigante femenino (Mikaela Shiffrin?). Y en el eslalon masculino del lunes, con Lucas en escena, aparece un español: Quim Salarich.

El drama de Ilia Malinin: dos caídas dejan sin medalla al Dios de los Cuádruples

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Quizás fue la presión de saberse el mejor y tener que demostrarlo en el instante cumbre. Quizás fue la responsabilidad de estar seguro de que millones de ojos estaban puestos en él en la convicción de que les proporcionaría un espectáculo inolvidable. Quizás... Pero IIia Malinin no ganó. Ni el oro, ni la plata, ni el bronce. Acabó en octava posición con una puntuación total de 264.49. Una conmoción en los Juegos. Una afrenta a los dioses del patinaje artístico. Ilia patinó peor que nunca cuando tenía que haberlo hecho mejor que siempre. O, al menos, como siempre. Le hubiera bastado.

El kazajo Mikhail Shaidorov no se lo creía. Era oro con 291.58 puntos. El japonés Yuma Kagiyama (280.06) tampoco. Era el máximo rival de Malinin. Y le había vencido. Era plata, sí, por delante de su compatriota Shun Sato, pero detrás de Shaidorov. Otra plata le hubiera satisfecho, pero no esa. Malinin se cayó dos veces, en un cuádruple lutz y en un cuádruple axel. Él, precisamente él, apodado El Dios de los Cuádruples. Nervioso, descentrado, aplastado por eso, por la presión, por la responsabilidad, es desde ahora mismo la gran decepción de los Juegos. Pero esto es deporte, y los deportistas, aunque se les otorguen alias divinos, son humanos. Muy humanos. Rabiosamente humanos.

Si el recinto hubiera sido el cuádruple (otro cuádruple) de grande, se habría llenado. Ilia Malinin concitaba desde el principio de estos Juegos la máxima expectación. Sólo las grandes estrellas del esquí (Lyndsey Vonn, Mikaela Shiffrin, Marco Odermatt) se le equiparaban. O, mejor, sólo él podía equipararse a las máximas estrellas del esquí. No Justificó la expectación con la actuación que se le presuponía en cuatro minutos de intensidad extrema y liviandad suprema. De dominio. De belleza. De alguien técnicamente impecable y artísticamente inspirado. Nada de eso ocurrió. Malinin, debutante en unos Juegos, sabe ahora lo que éstos implican de riesgo después de conocer lo que suponen de ilusión.

Ovación desordenada

Los patinadores salen por grupos. Cuatro grupos de seis participantes que aparecen en escena en sentido inverso a la clasificación en el programa corto. El grupo cuarto, "el de la muerte", que se asoma al fracaso. El de "la vida", que se inclina hacia el triunfo. Así que cuando Malinin, el último de los últimos, o sea, el primero de los primeros, saltó al hielo, ya en el calentamiento con sus compañeros de tanda, el público soltó su propia tensión con una especie de ovación desordenada, entre estruendosa y en sordina. Fue como si anticipara la definitiva y, a la vez, la reservara para el momento decisivo. La ovación final a un Ilia decepcionado hasta la mueca y abatido hasta las lágrimas, fue de comprensión, de conmiseración, de simpatía, de apoyo, de cualquier cosa que pueda ayudarle a superar este bache, este drama en el que se ha convertido su actuación en Cortina.

Malinin no hereda el trono de su compatriota Nathan Chen, el campeón en Pekín2022. También por equipos. Ver a un Chen ganar en China parece coherente. Y, aunque Nathan es un estadounidense de Salt Lake City, con un nombre perfectamente estadounidense en Utah o en cualquier otro estado, el apellido lo delata. En efecto, Chen es hijo de inmigrantes chinos. IIia, con otro apellido delator, lo es de uzbekos. He aquí que el moderno y triunfal patinaje artístico americano es de sangre asiática.

Malinin, abatido, a la espera de la decisión de los jueces.

Malinin, abatido, a la espera de la decisión de los jueces.AFP

Chen tiene 26 años y no está oficialmente retirado, pero ha priorizado sus estudios de Medicina y anunció hace tiempo que no estaría en Cortina. Era, por muchas razones, el antecesor de Malinin. Le ha precedido en el récord mundial de puntos y en su reinado en los cuádruples. Estuvo imbatido desde 2018 a 2021. Malinin lo está desde 2023. Ahora ya no. Chen fue en 2017 el primer patinador en realizar cinco cuádruples diferentes (lutz, flip, loop, salchow y teeloop). Y, en 2022, el primero en realizar seis en el mismo programa. Se le apodó Quad King. El rey de los cuádruples. Pero Malinin ha realizado siete. Por eso se aupó en la jerarquía y se le conoce por Quad God. El dios de los cuádruples. Los reyes reinan en la tierra. Los dioses, en el cielo.

Malinin ha bajado a la tierra, al hielo, que iba a ser como una alfombra ardiente de triunfo y está más frío que nunca.

Ilia Malinin, el genio de las piruetas ninja: "Es como si hubiera venido del futuro"

Ilia Malinin, el genio de las piruetas ninja: “Es como si hubiera venido del futuro”

Ilia Malinin tenía 17 años cuando fue excluido del equipo estadounidense de patinaje artístico para los Juegos Olímpicos de Pekín2022 en beneficio del más curtido Jason Brown, un californiano de 27, que ya había participado en Sochi2014. La decisión levantó bastante polvareda, aunque lo cierto es que el Malinin de entonces no era el Malinin de hoy.

El de hoy, a los 21 años, es, probablemente, el mejor patinador que haya existido. Bicampeón mundial, poseedor desde noviembre del récord de puntos (238,24) del programa libre (335,30 en total, sumando el corto). Primer patinador en incluir siete saltos cuádruples en una misma rutina y en ejecutar un cuádruple axel (giro de cuatro vueltas y media entrando de frente). Imbatido en 14 competiciones desde 2023...

Apodado Quad God, el dios del cuádruple, 1,73 de estatura y 63 kilos de peso, nacido en Fairfax (Virginia) el 2 de diciembre de 2004, es hijo de dos patinadores de cuna rusa pero afincados en Uzbekistán: Tatiana Malinina (Novosibirsk, 1973) y Roman Skorniakov (Sverdlovsk, 1976).

Patinaje artistico Malinin. Cuadruple Axel

Disuelta la Unión Soviética, pero beneficiarios de su escuela, compitieron por Uzbekistán en los Juegos de Nagano1998 y Salt Lake City2002. En 1998 ya estaban en Dale City (Virginia) como profesores, huyendo de las dificultades postsoviéticas de Tashkent. En enero de 2000 se casaron. Tuvieron a Ilia y a Elli Beatrice. Ilia, ahora discípulo suyo, se ha beneficiado, pues, de los dos factores capitales en la formación de la personalidad y en el comportamiento del ser humano en cualquiera de sus actividades: lo genético y lo ambiental. Ilia no tenía en sus infantiles planes continuar la tradición familiar. Pero a los seis años se calzó unos patines y a los 13 realizó su primer cuádruple. No había marcha atrás.

Diríamos que es nieto de la Guerra Fría, lo mismo que sus compañeros de equipo, Maxim Naumov y Andrew Torgashev, descendientes también de la pasión eslava por el hielo y el arte, hijos de padres rusos que compitieron representando a la URSS. Los bloques, encabezados por la Unión Soviética y Estados Unidos, midieron durante aquella época sus fuerzas y sus ideologías para mostrar la superioridad de un concepto de la vida sobre el otro. La competencia política contribuyó a engrandecer el deporte en el mundo.

La URSS y sus Repúblicas aportaron figuras importantes, especialmente en el patinaje por parejas, con Irina Rodina a la cabeza, en unión de Alexander Zaitsev y Alexei Ulianov. Los americanos mantuvieron, sin embargo, una cierta superioridad con estrellas como Dick Button, el primero que unió en Estados Unidos el patinaje y el "show business", los hermanos Hayes y David Jenkins, Scott Hamilton, Brian Boitano...

Hamilton, campeón olímpico en Sarajevo84 opina de Malinin: "Hace piruetas ninja y esas rotaciones, cosas que antes no existían. Es como si hubiera venido de 50 años en el futuro para mostrarnos lo lejos que ha llegado este deporte". Tanto que, según Bonano, oro olímpico en Calgary88, "esas cosas que no se han hecho antes, quizás tampoco se harán en adelante".

La caída de la URSS sacó a la luz un aluvión de figuras amamantadas de niños en el sistema recién destruido: Viktor Petrenko, Alexei Urmanov, Ilia Kulik, Alexei Yagudin, Evgeni Plusenko... a los que se oponían, entre otros, Evan Lusacek y Nathan Chen. Hoy Malinin no pelea contra los rojos. En todo caso, contra los amarillos, representados por el japonés Yuma Kagiyama, que le superó en el programa corto por equipos de estos Juegos. Tuvo que doblegarlo en el libre para dar el oro a EE.UU por un solo punto. También lo dominó en el clasificatorio programa corto individual que daba acceso al libre de este viernes, cuando se deciden las medallas.

Programa

Patinaje artistico Malinin. Programa cuadruples

Planea una actuación este viernes con siete cuádruples, incluyendo un cuádruple axel. Y puede que rematando con un backflip, un salto mortal hacia atrás aterrizando sobre una sola cuchilla, ese hilo de acero de cuatro milímetros de ancho. Un movimiento efectista que no puntúa y que fue prohibido desde 1977 durante casi medio siglo. Ya está permitido y aunque no puntúa, tampoco penaliza.

Malinin cursó el instituto en la Falls Church High School antes de entrar en la George Martin University. Ya es millonario. Ha suscrito contratos con firmas como Coca Cola, Samsung y Honda. Ciertas publicaciones tratan de indagar acerca de su vida sentimental. Que se conozca, carece de romances y devaneos. Según sus palabras, no tiene tiempo para esas cosas. "Mi carrera es prioritaria. A ver qué me trae". Una carrera que quisiera extender con la asistencia a cuatro o cinco Juegos. "Veré cuánto tiempo puedo aguantar".

Sorpresa: Mikaela Shiffrin se queda sin medalla en la combinada por equipos

Sorpresa: Mikaela Shiffrin se queda sin medalla en la combinada por equipos

A veces, en contra de la lógica y de los manuales de periodismo, hay que empezar una crónica mencionando al perdedor, porque la sorpresa sobrevenida lo exige. Hay sorpresas relativas y sorpresas absolutas. Y la experimentada en la combinada femenina por equipos fue total. El equipo ganador habla alemán y no inglés. El Austria 2, formado por Ariane Raedler y Katharina Huber, se llevó un oro inopinado ante, seguimos con el mismo idioma, Alemania (Kira Weidle-Winkelmann y Emma Aicher) y USA 2 (Jacqueline Wiles y Paula Moltzan). El USA 1 de Breezy Johnson y Mikaela Shiffrin, cuarto, se quedó a las puertas, que se le cerraron bruscamente, de cualquier metal.

Para saber más

Incluso la plata y el bronce hubieran sido insatisfactorios. Estaban en liza la ganadora del descenso individual y la esquiadora que más eslalons ha ganado en la historia de la humanidad: 71. Dos mujeres de 30 años, en lo mejor de su joven madurez y de su madura juventud. Cuando Breezy obtuvo el mejor tiempo en el descenso se dio por descontado, y dentro de la incertidumbre inherente a toda competición deportiva, que, en el eslalon, Mikaela remataría la faena.

Curiosa y extrañamente, hizo el peor eslalon de la temporada. Y tanto, porque los ha ganado todos, los siete disputados. Ha ido a fallar precisamente en el más importante. Bueno, realmente el más importante será el individual del miércoles 18. Pero éste era un eslalon con todas las de la ley, con las medallas en juego, las personales y las nacionales. Esquió mal, una novedad asombrosa. No parece atribuible semejante torpeza a una presión excesiva. No tenía que remontar, en una actuación heroica, un cronómetro adverso. Su compañera había ganado el descenso, aunque sólo con seis centésimas de ventaja, si bien en esa prueba no es poco. A ella le bastaba con cumplir, asegurándola, su parte del trabajo. Fracasó.

La tensión, en principio, tenía que afectar a los equipos que habían quedado en el descenso por detrás del USA 1 de Johnson. A ese Austria 2 de Raedler (y Huber). Al Italia 2 de Laura Pirovano (y Martina Peterlini). Al USA 2 de Wiles (y Moltzan). Al Austria 1 de Cornelia Huetter (y Katharine Truppe). Incluso al sexto clasificado, el Alemania de Weidle-Winkelmann (y Aicher). La emoción era innegable. Había ocho equipos en menos de un segundo.

Ariane Raedler y Katharina Huber, con el oro.

Ariane Raedler y Katharina Huber, con el oro.Andy WongAP

En el turno del eslalon, Emma Aicher, magnífica, y también gran especialista en la velocidad (plata en el descenso del domingo), ya marcó un crono difícil de superar. No lo consiguió Austria 1. Ni USA 2. Ni Italia 2 (Peterlini se salió del trazado). Pero sí Austria 2. En el portillón estaba preparada Shiffrin. Salió, llegó, vio y... perdió. Su rostro era un poema. Su compañera, Johnson, trataba en vano de animarla. Ya veremos qué repercusiones puede tener este traspié en las siguientes actuaciones de Shiffrin, el eslalon del día 18, tres días antes, el gigante.

Mikaela no ha ganado ninguno esta temporada. Puede verse afectada si empieza a darle vueltas a la cabeza pensando en su desdichada actuación en los Juegos de Pekín, en 2022.

Decepción Italia

Italia tuvo un día decepcionante. Su gran estrella, Sofia Goggia, del equipo número uno que formaba con Lara Della Mea, no acabó el descenso, su hábitat, su terreno, después haber ganado el bronce en la prueba individual. Y, ya en el eslalon, Giada dAntonio, que formaba el Italia 4 con Nadia Delago, se salió de la pista. Es comprensible y perdonable. De padre italiano y madre colombiana, sólo tiene 16 años. Acusó el impacto de verse presente en unos Juegos Olímpicos.

Participaron 28 equipos y, tras las caídas que sufrieron Sofia Goggia e Isabella Wright del USA 4 que besó la nieve el día de su 29º cumpleaños), tomaron la salida 26 en el eslalon. Presentaron cuatro Suiza, Austria, Italia y Estados Unidos. Francia, tres. Fue emocionante ver de nuevo a Petra Vlhová después de dos años y 20 días sin competir a causa de una grave lesión. En el eslalon se enganchó en un palo y ahí terminó todo. Pero ha vuelto. Tiempo al tiempo.

Von Allmen logra para Suiza un oro en la combinada por equipos y sigue adornando su palmarés

Von Allmen logra para Suiza un oro en la combinada por equipos y sigue adornando su palmarés

Después del triunfo del descenso del sábado, obtuvo Franjo von Allmen su segunda medalla de oro como componente del dúo formado con Tanguy Nef en la combinada por equipos. Ambos, el primero en el descenso y el segundo en el eslalon, constituían Suiza 2. Hubo dos platas en el empate, a 99 centésimas de los vencedores, entre Austria 1 y Suiza 1.

Veinticuatro horas después, los Juegos seguían conmocionados por el drama de Lindsey Vonn. Operada de urgencia el domingo para estabilizar la gravemente fracturada rodilla izquierda, la esquiadora, según un parte del hospital, permanecía "bajo observación estrecha en la Unidad de Cuidados Intensivos" para garantizar su privacidad y con un seguimiento constante de su evolución inmediata". Al parecer, Vonn ha sido intervenida dos veces por cirujanos plásticos y ortopédicos a fin de prevenir posibles complicaciones inflamatorias y relacionadas con el flujo sanguíneo. Según Aksel Lund Svindal, entrenador de Vonn y leyenda del esquí noruego y mundial, Lindsey tuvo la entereza y la deferencia, en sus terribles circunstancias, de felicitar a su compañera Breezy Johnson por su triunfo en el descenso.

La combinada por equipos ha sustituido modernamente a la combinada individual. En ésta, un mismo esquiador se enfrentaba al descenso y el eslalon. Era algo casi "contra natura" y con el relativo interés de ver a los esquiadores fuera de su hábitat. Los "suicidas" del descenso penaban en el zigzagueante eslalon. Y los "virgueros" del eslalon las pasaban canutas en el vertiginoso descenso. El espectáculo se resentía doblemente. Con buen criterio, se optó por formar equipos con especialistas puros en cada una de las modalidades. Se suman los tiempos y el resultado es una atractiva mezcla de estilos que provoca una considerable emoción.

Las grandes potencias (Suiza, Austria, Italia, Francia) presentaban cuatro equipos con sus estrellas entremezcladas para crear el mayor equilibrio posible. El descenso lo dominó Italia 1 con Giovanni Franzoni, plata en la prueba individual, por delante de Suiza 3 (Alexis Monney) y Suiza 1 (Marco Odermatt). Un poco más allá, Suiza 2 (Franjo von Allmen, el oro individual) e Italia 2 (Dominik Paris, el bronce).

Parte de la emoción de la prueba reside en que, en el eslalon, los esquiadores salen en orden inmerso a la clasificación en el descenso. El primer tiempo a considerar llegó con Austria 2 (Fabio Gstrein, compañero de Stefan Babinski). Lo mejoró Austria 4 (con Mario Matt, "partenaire" de Raphael Haaser). Cedió el liderato ante Austria 1 (Manuel Feller, la pareja de baile de Vincent Kriechmayr).

Los austriacos aguantaron el envite de Francia 1 e Italia 2. Pero no el de Suiza 2 (Von Allmen y Nef). Salvaron la plata con ese empate cronométrico frente a Suiza 1 (Odermatt y Loïc Meillard). Italia 1 no pudo acceder a medalla alguna. Luego del primer puesto de Paris en el descenso, la actuación de un desolado Alex Vinatzer en el eslalon, la envió al séptimo lugar. Odermatt, cuarto en el descenso individual del sábado, una sorpresa, ya tiene una medalla. Poca cosa la plata para él, mucho más si es compartida con un colega y, además, con otro país. Pero estaba visible y lógicamente contento. Una medalla es una medalla para todos: para la persona y para el país. Suma por partida doble.

El martes está reservado para la combinada femenina. El equipo lo habrían formado quizás Lindsey Vonn y Mikaela Shiffrin, las dos grandes entre las grandes. No fue posible ni ya lo será nunca.

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Estalló la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor físico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia, de reproche contra el azar y de acusación contra el destino. Estalló la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda e inunda el corazón y el cerebro. Sobrecogidos, los miles de espectadores presentes cayeron en un silencio absoluto, y millones más en sus casas contemplando por televisión otro de esos tristes capítulos que hacen del deporte una metáfora de la vida. Muchos in situ y en sus domicilios se cubrían el rostro con las manos.

Se celebraba el descenso de los Juegos Olímpicos, la prueba reina del esquí alpino, la más rápida, la más espectacular, la más excitante, la más peligrosa. Y en ella, Lindsey Vonn, la más conocida, la más admirada, la más perseguida. Salía en el lugar número 13 de las participantes. Y, súbitamente, nada más arrancar, 12 segundos más tarde (¿o eran también 13?), probablemente a causa de sus ganas de triunfo y de recortar milésimas en cada movimiento, se enganchó con una puerta. Se desequilibró y voló ya con las alas quebradas. Y cayó rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una muñeca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada, colgando en una camilla, en helicóptero, transformado en un vehículo deportivamente mortuorio.

Era el fin para la esquiadora, una de esas estrellas mediáticas que trascienden el deporte para alcanzar la altura de figura pública, de referente social. Especialmente en Estados Unidos, donde su popularidad se eleva a cotas hollywoodienses. Pero también en los países en los que el esquí y los esquiadores desatan pasiones. E incluso en aquellos en los que uno y otros interesan menos. Dotada de un innegable atractivo físico, complementario del talento deportivo, dos virtudes irresistibles para el público y la prensa, yacía sobre la helada y dura nieve, en la que sólo faltaba la sangre para completar una escena de una dureza atroz.

Prótesis de titanio

Era, sí, el final para ella no sólo de los Juegos Olímpicos, sino de toda una carrera reemprendida a los 40 años para, a los 41, reengancharse a una senda victoriosa, que había abandonado en 2019, obligada por todas las fracturas que había padecido. «Mi cuerpo está roto sin posibilidad de reparación», declaró. Se había roto en diferentes momentos el cruzado de la rodilla derecha, la tibia, el tobillo, el brazo, el menisco... El oro de Vancouver 2010 estuvo repleto de analgésicos. Pero, bueno, quizás no reparado, pero sí zurcido, remendado y sostenido por una voluntad tan fuerte como el titanio de la prótesis de la rodilla derecha, ese mismo cuerpo le había permitido esta temporada obtener, en ocho competiciones, siete podios, entre ellos dos victorias. Precisamente en Cortina, donde ha vencido en 12 ocasiones, se ha detenido su tiempo. Lindsey ya no volverá. This is the end.

Nacida Lindsey Kildow en Saint Paul (Minnesota) el 15 de octubre de 1984, mantiene, curiosamente, el apellido de Thomas Vonn, también esquiador, con quien estuvo casada entre 2007 y 2013. Cuando se la relacionó con Tiger Woods, formó una pareja de ensueño para quienes desean que los mitos se emparejen con los mitos, en una especie de divina decisión para con sus elegidos.

La conmoción producida por su accidente es equivalente a la admiración despertada por una figura que reúne todos los requisitos para ser considerada una moderna heroína, una mujer de, también, unas dimensiones literarias que se han incrementado con el cinematográfico dramatismo de su accidente. Su historial habla de tres medallas olímpicas (una de ellas de oro), de 84 victorias en la Copa el Mundo (y 143 podios), sólo por detrás de Mikaela Shiffrin (108) e Ingemar Stenmark (86). De cuatro clasificaciones generales de la Copa del Mundo, de ocho Globos de Cristal en descenso y cinco en supergigante. De los Premios Príncipe de Asturias y Laureus...

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.AFP

Cuando pocos días antes del comienzo de los Juegos se rompía, en su novena competición del curso, el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, añadió al nombre y al título un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ahí se acababa la historia. El presente se detenía de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de incógnita. Ya no existía. Un epílogo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza teatral, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnificándola por su dimensión de doliente épica. Se entonaron los correspondientes réquiems, porque ninguna otra pieza musical podía serle aplicada a su persona.

Pero no era el fin. No, al menos, el que ella aceptaría. Pocas horas después del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sostenía que «el sueño olímpico no se ha acabado para mí». Pero sí se ha acabado. Ahora sabemos que el sueño degeneró en pesadilla y que tenían razón quienes tildaron de locura el empeño. Pero fue una locura grandiosa en su desafío a la Medicina y a la razón.

Se la atendió en primera instancia en un hospital de Cortina y trasladada posteriormente a otro de Treviso, donde fue operada para estabilizar una fractura en la pierna izquierda. Se espera parte médico a mediodía.

Breezy Johnson se cuelga un oro de homenaje para Vonn

Breezy Johnson se cuelga un oro de homenaje para Vonn

Para muchos aficionados, el descenso olímpico dejó de tener interés e importancia cuando Lindsey Vonn y sus sueños rodaron por la nieve. Pero la vida seguía, aunque no igual. Estábamos en los Juegos Olímpicos, en la cúspide del esquí. La competición perdía su mayor atractivo personal, es cierto, pero no un ápice de su trascendencia suprema, que siempre está por encima de las individualidades, aunque éstas le proporcionen su leyenda a través del tiempo.

En el momento del holocausto de Vonn, su compatriota Breezy Johnson, la segunda estadounidense en la jerarquía de la velocidad, marcaba el mejor tiempo de las participantes: 1:36.10. Ya no lo abandonaría. Y la alemana Emma Aicher, el segundo, a sólo cuatro centésimas, un pestañeo. Tampoco lo dejaría. La prueba se reanudaría muchos, interminables y angustiosos minutos después del drama que contribuirá a recordar los Juegos. Le dio cuerda de nuevo la austriaca Mirjam Puchner. Y, sobre todo, la estrella italiana, una de las grandes damas históricas del descenso: Sofia Goggia.

Fiel a su estilo, Goggia esquió a lo bestia, alternando pequeños errores con instantes inigualables. Pudieron más los errores de cara al oro y la plata, y la de Bérgamo, de 33 años, se quedó en el bronce, a 59 centésimas de la vencedora. Campeona en Pyeongchang'2018 y subcampeona en Pekín2022, no era del todo profeta en su tierra, pero una medalla siempre sabe dulce y nadie se la va a recriminar. Al contrario. Era mitad esperada y mitad no. Aunque Goggia ha ganado en esta campaña el supergigante de Val dIsère, su temporada está careciendo de la brillantez habitual. Pero, en dos días, Italia tiene su tercera medalla y primera femenina.

Expresión rara

Breezy (Breanna Noble Johnson), nacida en Wyoming, posee el sentido de la oportunidad. Aunque ha coleccionado ocho podios, no ha ganado todavía ninguna prueba de la Copa del Mundo a los 30 años recién cumplidos. Pero es la vigente campeona mundial y ahora la olímpica. Tenía una expresión rara. No sabía si dar rienda suelta a su alegría o controlarla pudorosamente por respeto y cariño a Vonn.

En cualquier caso, le ha rendido homenaje con su triunfo y le ha proporcionado al país de ambas un oro precioso. Se perdió los Juegos de Pekín a causa de una lesión de rodilla (¡las rodillas de las esquiadoras!). Y tiene un borroncillo es su trayectoria. En 2024 aceptó una sanción de 14 meses por no estar localizable en tres controles antidopaje en los últimos 12 meses.

El apellido Johnson es muy afortunado en los descensos olímpicos. Bill Johnson se coronó sorprendente campeón en 1984, en Sarajevo. Fue un deportista con buena suerte y un hombre con mala. Falleció con 55 años a causa de un derrame cerebral.

Sorpresa en el descenso: Odermatt, fuera de las medallas en la primera alegría de Italia

Sorpresa en el descenso: Odermatt, fuera de las medallas en la primera alegría de Italia

Sorpresas. Primera sorpresa: Marco Odermatt, el suizo de platino, no fue de oro. Segunda sorpresa: no fue de plata. Tercera sorpresa: no fue de bronce. El mejor esquiador de velocidad, el líder de la Copa del Mundo de la especialidad (y de la general) no conquistó medalla alguna en el descenso. Fue cuarto a 0,70 del vencedor, su compatriota Franjo von Allmen. La plata y el bronce recayeron en dos italianos: Giovanni Franzoni, a 20 centésimas, y Dominik Paris, a 50. Dos enormes alegrías iniciales para el país organizador.

Para saber más

Sorpresas, sí, aunque siempre relativas en una prueba decidida a menudo por un parpadeo y en la que la imposibilidad humana de la perfección decide dónde colocar a cada cual en un momento determinado. Odermatt es el mejor, pero no lo puede ser sin interrupción, y, después de todo, Von Allmen, debutante olímpico, pero campeón mundial, lleva ganados esta temporada dos descensos de la Copa del Mundo y obtenido dos segundos puestos (por detrás de Odermatt en ambos casos).

En cuanto a Giovanni Franzoni, una revelación, se apuntó uno. Siempre es una baza potencialmente ganadora. Dominik Paris 'resucitó' con un segundo puesto en Crans Montana, el último descenso antes de los Juegos (por detrás de Von Allmen). Llegaba en forma y, además, ha ganado seis veces en esa pista. Tiene con ella una especie de idilio.

Estos son los Juegos Olímpicos y eso era el descenso masculino, un comienzo explosivo del esquí alpino, el eterno rey de blanca barba y áurea corona. Una sola prueba sujeta a la suerte casi tanto como al talento. El oro y las demás medallas se juegan en una sola partida a una sola carta. Como en tantas otras competiciones. Pero estos son los Juegos y una sola carta vale por cien en una sola partida que cuenta por mil.

Trayecto largo, de casi dos minutos, tiempo de sobra para que las piernas, aunque mudas, aúllen de dolor. Saltos de 50 metros antes de reencontrar los esquíes la nieve. Pista diabólica, de las más difíciles del mundo, con muchos sectores, en Bormio, en el Stelvio, de inolvidables resonancias ciclistas. En un momento dado, el podio era por entero suizo con Von Allmen, Odermaatt y Alexis Monney. Los italianos le dieron casi por completo la vuelta. Desplazaron a Odermatt y Monney, pero no pudieron con Von Allmen, 24 años, 1,83 de estatura de compacto esquiador de velocidad con nombre de aristócrata o de general prusiano.

La vertiginosa velocidad masculina regresará el miércoles con el eslalon supergigante. Otra oportunidad para todos. Pero especialmente para Odermatt, también líder de la Copa del Mundo de la especialidad. Pase lo que pase, el suizo, que no interviene en eslalon, ya no podrá acceder a tres oros, como Toni Sailer en Cortina56 y Jean-Claude Killy en Grenoble68. El austriaco y el francés ganaron el descenso, el gigante y el eslalon, llamado entonces especial. No existía aún el supergigante.

...Y ahora, en la fiesta dominical, el descenso femenino con Lindsey Vonn. Sobran las palabras. Narraremos los hechos.

Attaoui roza la gesta en los 1.000 metros y Llopis rompe el récord de España en los 60 metros vallas

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Como todo récord, era improbable por difícil. Pero, durante gran parte de la carrera, fue posible. Al final ganó lo improbable frente a lo posible en un escenario, la pista, el público, el atleta, favorable al intento. Con la cabeza humeante y la zancada incandescente, Mohamed Attaoui volaba en busca del récord mundial de los 1.000 metros, una distancia infrecuente pero siempre prestigiosa.

La marca, 2:14.20 del yibutiano Ayanihe Souleiman desde 2016, era una liebre virtual a la que Attaoui perseguía mentalmente ayudado por las luces en la cuneta de la pista que le servían de referencia y por unas liebres reales, el español Alejandro Matienzo y el polaco Filip Ostrowski, que cumplieron su cometido. Pasaron los 400 en 53.12 y los 800 en 1:47.58. Attaoui se quedó entonces solo corriendo contra las luces que, primero, lo acompañaron y, luego, lo dejaron ligeramente atrás.

Cuando Attaoui cruzó la meta, el cronómetro se había detenido en 2:14.52. No era récord del mundo, pero sí la tercera mejor marca de todos los tiempos y récord de Europa. Y de España, claro. Tras él, magníficos pero no tan imponentes, Mariano García, ya ex plusmarquista nacional, terminaba en 2:16.40. Y Adrián Ben en 2:16.80.

Fruta madura

La prueba ponía colofón al World Indoor Tour de Madrid, la cuarta escala del circuito mundial de la máxima categoría de lo que ahora se denomina short track, pista corta, la pista cubierta de toda la vida. Al intento de récord del mundo de Attaoui lo había precedido la consecución del récord de España de 60 metros vallas. Quique Llopis, que lo compartía con Orlando Ortega con 7.48, lo dejó en 7.45.

La plusmarca, una satisfacción pero no una sorpresa, estaba cantada. Llopis la llevaba rondando desde la pasada temporada, corriendo continuamente alrededor de 7.50. Una salida imperfecta un día, el roce con un obstáculo otro, cualquier detallito lo había impedido. Pero era una fruta madura que ha caído en Madrid. Temblaba en el árbol cuando Quique, sin exprimirse, había hecho 7.49 en la semifinal. Los 7.45, logrados contra rivales de gran nivel (Simonelli, Belocian, el propio Asier Martínez en progresión) es de fuste y confirma a Llopis como un vallista de talla internacional y en camino de mejores números y mayores logros.

Arrancan los Juegos Olímpicos de invierno bajo la sombra de la política internacional: el ICE de Trump, la estrategia de Meloni y los rusos sin bandera

Arrancan los Juegos Olímpicos de invierno bajo la sombra de la política internacional: el ICE de Trump, la estrategia de Meloni y los rusos sin bandera

Viernes de cálida pasión en el frío norte italiano. Se alza el blanco telón de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 en Milán-Cortina dAmpezzo y otras sedes en los Dolomitas. Primeros para la nueva presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry. Segundos del siglo XXI celebrados en Italia, tras los de Turín 2006. Serían los terceros en Cortina si no se hubiesen cancelado los de 1944 a causa de la Segunda Guerra Mundial.

La ciudad los recuperó en 1956 en uno de los momentos más calientes de la Guerra Fría. El deporte, también reclutado para librarla, era al mismo tiempo requerido para fomentar la concordia internacional. Ese año se creaba la Copa de Europa de fútbol. Los Juegos se clausurarán el día 22 en Verona. Se han dispuesto dos pebeteros. Uno en el Arco della Pace en Milán y otro en la Piazza Dibona de Cortina, inspirados en "Los seis nudos de Da Vinci", una serie de intrincados y entrelazados grabados geométricos que simbolizan el orden que subyace bajo el caos. Una metáfora del funcionamiento del mundo, donde, no obstante, con harta frecuencia, sucede al revés y el caos subyace bajo el orden.

La ceremonia de inauguración, en el estadio de San Siro, contemplada "in situ" o por televisión por una audiencia calculada en unos 2.200 millones de personas, abrirá un abanico de 19 días de competición con 2.800 participantes (un 47% de mujeres) de 90 países pugnando por 116 medallas en 16 deportes. Ocho de ellos son nuevos. Algunos, de discutible justificación. Hay que llenar muchos días de actividad continua y se echa mano de todo aquello que tenga que ver con la nieve y el hielo, aunque haya que forzarlo, retorcerlo y exprimirlo. Y eso no es todo. Se habla, incluso, de que en futuro podrían entrar en el programa el cross (Campo a Través pedestre) y el ciclocross.

En el orden y el caos políticos, que el deporte trata de disfrutar por el procedimiento de participar de uno o eludir el otro en la medida de lo posible, Cortina rescata los Juegos para la causa de la democracia después de los celebrados en Pekín 2022. El anterior ciclo, de hecho, repetía esta alternancia: tras Rusia (Sochi 2014), llegó Corea del Sur (Pyeongchang 2018). Nuevas demostraciones de que el Deporte, pongámoslo en mayúsculas, no se muestra muy escrupuloso a la hora de blanquear regímenes dictatoriales.

A Rusia, una primera potencia que relativiza muchas de las medallas actuales de cualquier evento, hubo que expulsarla del Paraíso después de que el dopaje de Estado fuese una vergüenza y un escándalo insostenibles e imperdonables. Y rematar su exclusión luego del ataque a Ucrania. El 24 de este mes, cuando los Juegos sean un eco, hará cuatro años de aquello, un dolor que no remite y una herida que sangra cada día.

La petición de Infantino

A pesar de ello, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha recomendado recientemente a las Federaciones Internacionales que permitan a los equipos rusos participar en competiciones no profesionales. Y Gianni Infantino aboga por reintegrar a Rusia en la casa común, empezando por el fútbol y sus categorías menores, porque "el veto no ha servido de nada". Lo que cada vez sirve para menos es la ética, subordinada al poder y al dinero. O al poder del dinero. O al dinero en el poder. En este asunto no caben medias tintas. O todos los rusos o ninguno. "That is the question". Muchos votamos por ninguno.

Infantino, un mercader astuto, come de la mano de Donald Trump, un empresario visceral, hermanados ambos con el Mundial de Fútbol de este verano. Se quiera o no, el Deporte (mantenemos la mayúscula) es "la continuación de la política por otros medios". Otra conflagración, aunque incruenta. Virtual. Giorgia Meloni lo sabe y se entrevistará con J.D. Vance, vicepresidente de Estados Unidos, que está en Milán. Allí donde sólo anidan los halcones, Vance forma parte del núcleo más cercano y duro de Trump, en unión del secretario de Estado, Marco Rubio, y el de Defensa, Pete Hegseth. En el horizonte trumpiano se alzan los Juegos Olímpicos de Verano de Los Angeles, en 2028. Los de Invierno de 2034, adjudicados al estado de Utah (Salt Lake City), quedan de momento demasiado lejos.

Con la consiguiente controversia, Trump ha enviado como protección suplementaria de la delegación estadounidense a un contingente del tristemente célebre ICE (Inmigration and Customs Enforcement). O sea, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Que el acrónimo de la unidad sea ICE, "hielo" en inglés, ofrece cierta irónica coherencia en unos Juegos de Invierno.

Una de las sedes de los Juegos de Invierno en Cortina D'Ampezzo.

Una de las sedes de los Juegos de Invierno en Cortina D'Ampezzo.ODD ANDERSENAFP

Milán-Cortina exhibirá en algunas de las especialidades a varios de los más grandes deportistas de todos los tiempos. En el esquí alpino, el rey de los Juegos, a Mikaela Shiffrin (USA, 30 años) y Marco Odermatt (Suiza, 28). Shiffrin reúne 108 triunfos en la Copa del Mundo, una cifra que, si alguien la supera algún día, todavía no ha nacido. Odermatt suma 52. Sólo tiene por delante a "monstruos" como Ingemar Stenmark (86), Marcel Hirscher (67) y Hermann Maier (54). Pero ya por detrás, a Alberto Tomba (50) y Marc Girardelli (46). Entre los suizos, sólo Vreni Schneider (55) lo supera por poco tiempo. Pero ningún compatriota masculino se le acerca. Pirmin Zurbriggen, el gran ídolo nacional, se quedó en 40.

Cortina esperaba con suprema expectación y máximo aplauso a Lindsey Vonn (USA), la diosa rubia de la velocidad, nimbada con 84 triunfos entre descensos y supergigantes. Y distinguida esta temporada con dos victorias, dos segundos puestos y dos terceros a la "imposible" edad de 41 años y con una prótesis de titanio en la rodilla derecha, amén de otros "remiendos y zurcidos". Pocos días antes de los Juegos se rompió en Crans Montana el cruzado de la izquierda. Aun así, ante el asombro y la admiración del mundo, ha decidido competir (a expensas del entrenamiento de este viernes) en un temerario gesto, rayano en el heroísmo y asomado al sacrificio.

El patinaje artístico, una de las mayores atracciones históricas de los Juegos, ha descubierto, maravillado, a Ilia Malinin, estadounidense, 24 años, ya doble campeón mundial, hijo de dos patinadores uzbekos, representantes de su país en los Juegos de 1998 y 2002, que emigraron como profesores a Virginia. Ha conseguido las puntuaciones más altas jamás registradas en el programa libre y es capaz de ejecutar siete cuádruples por sesión. Quizás se atreva a intentar el primer quíntuple de la historia.

En otras de las disciplinas tradicionalmente más importantes, los saltos y el esquí de fondo, brillan, respectivamente, Domen Prvec (Eslovenia) y Johannes Hosflot Klaebo (Noruega). El esloveno, de 26 años, es miembro de una familia de cinco hermanos, de los cuales compiten, o han competido, cuatro, encabezados por el hermano mayor, ya retirado, Peter. Y continuada por una hermana más pequeña, Nika. Todos, máximas estrellas del trampolín. El noruego, con cinco oros, una plata y un bronce olímpicos, ha acumulado más de 100 victorias en la Copa del Mundo.

Es uno de los más ilustres representantes de un país de cinco millones y medio de habitantes en el que los deportes invernales constituyen una religión y que lidera el medallero histórico de los Juegos con 148 oros, 134 platas y 124 bronces.