En defensa de las mujeres

En defensa de las mujeres

Justo un año después de la histórica elección de Kirsty Coventry como presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), éste, en la primera gran decisión ejecutiva desde la toma de posesión de la ex nadadora de Zimbabue, ha anunciado el veto en las competiciones femeninas a las mujeres trans, díganse transgénero o transexuales. Asimismo, las consideradas niñas desde su nacimiento que presenten más adelante variaciones genéticas no podrán competir junto a las mujeres biológicas.

La norma, sin efectos retroactivos, que entrará en vigor a partir de los Juegos de Los Angeles28, anula la anterior, que permitía desde 2021 a las distintas federaciones internacionales establecer sus propios dictados al respecto. Algunas, no obstante, como las de atletismo, natación, boxeo y esquí, ya se habían pronunciado en la línea establecida ahora por el COI.

Estaba tardando Lausana en tomar oficialmente partido por la protección de la categoría femenina. Una decisión basada en consideraciones médicas, estudios neutrales, datos imparciales y criterios técnicos sin contaminaciones ideológicas ni prejuiciales. Una medida avalada por la ciencia, exigida por la equidad, sostenida por el sentido común y respaldada por la objetividad frente al ímpetu de un feminismo desbocado que, por defender a unas pocas, castiga a la mayoría y dicta lo "políticamente correcto" (impuesto) en detrimento de lo fisiológicamente justo.

Al igual que entre los hombres, ya se encarga la Naturaleza por sí sola de establecer las diferencias físicas, anatómicas, orgánicas de las mujeres biológicas y colocar a cada una en su correspondiente lugar de la jerarquía deportiva. La Naturaleza es, a la vez, igualitaria y discriminadora con relación al completo reino animal. Especialmente, en la cima evolutiva, con la vida humana, que es la que le pone rostro, presta voz y otorga algún sentido. Nos reparte aleatoriamente en la cuna cartas de distinto valor, que tendremos que jugar lo mejor posible durante todo nuestro trayecto en el mundo. De algún modo están marcadas.

El COI ha abandonado por fin su equidistante ambigüedad, su medrosa tibieza, su acomplejada cautela y remite la autoridad de su decisión a una prueba cromosómica del gen SRY. Un test definitorio, definitivo al que someterse una única vez en la vida. No se necesita más. Nos viene de origen y se mantiene en destino. Practicado antaño, fue abandonado en 1999 entre la desaprobación de la comunidad científica y las críticas de las propias deportistas biológicas, víctimas de una discriminación impropia y que han visto también demasiados casos de hiperandrogenismo, el más célebre y polémico de los cuales llevó el nombre de Caster Semenya. Quienes lo sufren no tienen la culpa de sus efectos masculinizantes. Pero la inocencia original es incompatible con el ventajismo conferido.

Kirsty Coventry es mujer biológica, fue deportista de máximo nivel y preside el órgano supremo del deporte mundial. Conoce de primera mano el paño. Sabe lo que dice. Sabe lo que hace.

Shiffrin y Odermat, los reyes de la nieve, se aúpan con otra Copa del Mundo cada uno en Lillehammer

Shiffrin y Odermat, los reyes de la nieve, se aúpan con otra Copa del Mundo cada uno en Lillehammer

Marco Odermatt y Mikaela Shiffrin son la pareja reinante del esquí alpino en la temporada 2025-26, que ha rendido viaje en la estación noruega de Lillehammer, sede olímpica en 1994. Ambos, con el triunfo en la general de la Copa de Mundo, ratificaron su preponderancia en el esquí actual.

El suizo obtuvo el máximo Globo de Cristal por quinta vez consecutiva; y por sexta, aunque no sucesivas, la estadounidense. Odermatt, de 28 años, iguala al luxemburgués Mark Girardelli, superados los dos por el austriaco Marcel Hirscher, coronado ocho veces. Shiffrin, de 30, se emparejó con otra leyenda austriaca, Anne Marie Moser-Pröll. Ninguna mujer las supera.

El último día, miércoles de gloria o de ceniza, concentró la emoción en esa general absoluta femenina entre Mikaela Shiffrin y Emma Aicher, la joven alemana de 22 años, auténtica revelación del año. Y en la parcial del eslalon masculino, con Atle Lie McGrath y Lucas Pinheiro-Braathen en un pañuelo. Un final ideal, como de encargo, que mantenía excitantemente viva la competición y no la dejaba en una mera exhibición de fin de fiesta.

Los demás Globos de Cristal ya estaban decididos matemáticamente con distinta antelación. Marco Odermatt (Suiza) había ratificado desde Courchevel su condición de monarca reinante del esquí con el triunfo en la general completa, arramblando de paso con las clasificaciones de descenso y supergigante. Y Lucas Pinheiro-Braathen (Brasil) se había llevado, ya en la misma Lillehammer, "in extremis", la de gigante ante el mismo y ya desfalleciente Odermatt, que se prodigó más que nadie, y también con más fruto que nadie, a lo largo del curso de octubre a marzo.

Entre las mujeres, se habían coronado de antemano dos italianas en las pruebas de velocidad: Laura Pirovano (descenso) y Sofia Goggia (supergigante). En las de habilidad, Mikaela Shiffrin había arrollado en el eslalon, con nueve victorias en las 10 citas del año. Y, por primera vez en su carrera, Julia Scheib (Austria) tenía en su poder el Globo de Cristal del gigante.

Así las cosas, Shiffrin y Aicher protagonizaron en ese mismo gigante, y por la general absoluta, un duelo generacional. A Shiffrin le bastaba con clasificarse entre las 15 primeras. Fue undécima. Aicher, curiosamente, casi por respeto y pleitesía, hizo duodécima en una prueba ganada por la canadiense Valerie Grenier.

Shiffrin, resuelta la tensión, rompió a llorar mansamente. La costumbre no inmuniza contra la emoción. Mikaela cimentó su cetro en su dominio aplastante en el eslalon. En el gigante no estuvo tan fina. Corrió riesgos al desentenderse por completo de los descensos y los supergigantes, que algunos puntos le hubieran aportado. Aicher se apuntó al programa completo y, entre triunfos y buenas clasificaciones, casi doblega a Shiffrin.

Amigos y rivales

El duelo Pinheiro-McGrath en el decisivo eslalon se vino abajo de pronto cuando el brasileño hizo el "caballito" en el comienzo de la segunda manga. La presión pudo con él, que incluso perdió el segundo puesto en beneficio del francés Clément Noël. Era un enfrentamiento entre amigos de la infancia que crecieron juntos en el mismo club y juntos llegaron a la élite. Pinheiro, al igual que McGrath, nació noruego y como noruego empezó a ganar desde muy joven.

Sólo desavenencias con la Federación lo llevaron a adoptar la nacionalidad brasileña de su madre. El abrazo entre ambos, estrecho, interminable, con un McGrath lloroso y un Pinheiro con un nudo en la garganta, constituyó una imagen impactante y conmovedora de deportividad absoluta. Casi nadie se fijó en el ganador de la prueba, el también noruego Timon Haugan.

La temporada, presidida por los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, fue la del regreso triunfal, a los 41 años, de Lindsey Vonn y su posterior drama, rota en Crans Montana y definitivamente deshecha en los Juegos. Lindsey nos premió con las mayores alegrías y, también, nos castigó con las mayores tristezas.

Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García García tiene un nombre de lo más corriente. Un nombre de gente de pueblo y del pueblo. Y eso es él: un hombre nacido en Fuente Álamo, una pequeña población murciana del Campo de Cartagena y que vive en Cuevas de Reyllo, una diminuta pedanía de Fuente Álamo. Lo del topónimo Reyllo proviene de una familia ilustre de la zona. Alonso Hernández Reyllo fue uno de los capitanes del Infante Don Alfonso, que más tarde reinaría como Alfonso X, apodado El Sabio.

Mariano también es un sabio en lo suyo, en las carreras de mediofondo, que domina tácticamente desde la desinhibición de competir, el placer de correr y, a ser posible, la alegría de ganar. Y un propagandista del menosprecio de Corte y alabanza de aldea. Gracias a él, esa miniatura de lugar, de unos 1.500 habitantes, posee algo de lo que no puede presumir ninguna otra localidad de cualquier tamaño de las que forman el tejido geográfico y sociológico español. Puede enorgullecerse de tener a un vecino ilustre al que conocen millones de personas, al que han visto triunfar millones de personas de todas partes. Alberga a un campeón del mundo de atletismo en pista cubierta. A Mariano García García.

García al cuadrado y campeón mundial al cuadrado. Alguien que ya obtuvo ese título en los 800 metros de Belgrado 2022 y ahora lo ha conseguido en los 1.500 de Torun 2026. Nadie nunca ha logrado ese doblete. Y de propina, el oro al aire libre del Europeo de 2022. Mariano es, pues, igual de exclusivo que de corriente. Igual de original que de sencillo. Igual de único que de moliente.

Mariano es un "paleto". Y a mucha honra. Un tipo natural apegado al terruño. El mundo se extiende ante sus ojos, pero para él cabe en las cuatro casas del burgo y sus alrededores, y en el triángulo de tierra de 300 metros en el que se entrena a las órdenes desde siempre de Gabi Lorente, que compaginó durante tiempo su labor docente con la de panadero. Lorente es uno de esos magníficos técnicos que trabajan en la sombra para que sus pupilos toquen el sol.

Un atleta heterodoxo

Seguramente Mariano, que empezó a correr de chaval como alma que lleva el diablo porque siempre había algún perro suelto que le ladraba o le perseguía, añora los sonidos externos e íntimos de la tierra cuando está concentrado en las silenciosas alturas de Sierra Nevada. Pero ser un campeón, incluso heterodoxo, tiene sus servidumbres.

En la autenticidad de su concepto de los entrenamientos y la vida cotidiana, no le llaman las sofisticaciones actuales. Sin embargo, no deja de ser un atleta de élite y ha cambiado la nutrición. Ya no se alimenta de lo que quiere y cuando quiere, sino lo que debe y como debe. Y aunque lo suyo son los espacios abiertos y los olores, colores y sabores de la infancia prolongada por ellos, se introduce a veces en una aséptica cámara de hipoxia en los Alcázares.

Nadie en España ha compaginado con tanto éxito los 800 y los 1.500. Nadie procedente de la distancia inferior ha saltado a la superior con tanta facilidad y provecho. Es verdad que los 1.500 no le son del todo desconocidos. Ya los practicó de júnior. Pero hasta ahora forjó su carrera en los 800. Su marca en el kilómetro y medio es hoy anecdótica (3:35.53). La mejorará ampliamente este verano, en el que le aguarda en agosto el Europeo de Birmingham y en el que deberá decantarse por una de las dos distancias.

Ha pasado malos momentos deportivos que, en la plenitud de sus 28 años (cumplirá 29 en septiembre) frenaron su progresión. Se perdió los Juegos de Tokio por culpa de una apendicitis y los de París a causa de distintas lesiones. Aunque no es Robert Redford o George Clooney, podría protagonizar una película parecida a "El hombre que susurraba a los caballos" o "Los hombres que miraban fijamente a las cabras", porque, según él, "habla con las ovejas". Pero esta afirmación suya es la burlona y deliberada metáfora de una vida voluntariamente simple, aunque él no lo sea en absoluto. Ni simple, ni vulgar, ni anónimo. Con manifestaciones de ese tenor está dirigiendo un mensaje de amor a la cuna junto a una confesión de fidelidad.

Mariano tiene también una voz y un acento pueblerinos. Sonaría artificial si tratara de disfrazar la una y disimular el otro. Mariano se desplaza con un estilo que sería tosco si no fuera poderoso. Un tranco seguro y firme. No en balde se le apoda La Moto. Por devoción a Valentino Rossi empuña el invisible manillar imitando la aceleración de la máquina. En el atletismo no hay nadie más original, ni más desenfadado, ni menos acomplejado. Y es nuestro.

Atletismo esotérico

Atletismo esotérico

Actualizado

El atletismo puede tener una interpretación, que no una explicación, esotérica. No incompatible con lo racional, pero más relacionado con lo casual. El 3 de marzo de 2002, en Viena, la eslovena Jolanda Ceplak establecía un nuevo récord del mundo de 800 metros en pista cubierta: 1:55.82. El mismo día, en la zona del Gran Manchester, nacía una niña llamada Keely Nicole Hodgkinson.

Nadie, excepto un osado novelista o un vidente con suerte, podía imaginar que el récord esperaría 24 años para que ese gurruño de carne enrojecida, húmeda y llorosa lo batiese, dejándolo en 1:54.87. Era el 19 de febrero de 2026, en Francia, en Liévin, en el Departamento del Paso de Calais, asomado a esa lengua de agua que en el continente llamamos Canal de la Mancha y que en los mapas británicos figura como Canal Inglés.

Los 800 metros femeninos son ingleses. Keely Hodgkinson, que representa junto al escocés Josh Kerr el resurgir del mediofondo británico (y Georgia Hunter Bell, vencedora en los 1.500), dominó los 800 con la soltura que su zancada expresa. Y con la táctica que su confianza, basada en su asumida superioridad, le exige: tomando la cabeza desde los primeros metros.

La carrera terminó al empezar. Sin mudar el gesto, sin perder el ritmo, alterando el tranco sólo para reforzarlo, Keely terminó en 1:55.30. También habría mejorado el récord de Ceplak. Dejó lejos a la suiza Audrey Werro (1:56.64) y lejísimos a la estadounidense Addison Wiley (1:58.36), felices ambas.

Muy superior al resto

Ha cogido algo de peso y ganado potencia sin perder ligereza. Campeona olímpica en París y sorprendente tercera en el Mundial de Tokio2025 al desvanecérsele el título en los últimos 50 metros, no parece que haya nadie ahora a su altura. Se añora a Athing Mu, la majestuosa estadounidense de sangre sudanesa que la derrotó en los Juegos de Tokio2020. A Mu le ocurrieron demasiado joven demasiadas cosas: el oro olímpico, la caída en los trials para los Juegos de París, el cambio de entrenador, el matrimonio... Se descentró. Su regreso es también una cuestión esotérica.

Los vibrantes 800 contrastaron con el descolorido lanzamiento masculino de peso. El cuarto oro indoor del robusto neozelandés Tom Walsh (1,85 y 125 kilos), que defendía título, llegó con 21,82 metros. Que en una competición de semejante rango no se superen los 22 metros raya en lo esotérico.

Si esotérico es lo "oculto" y "de difícil acceso para la mente", todo récord lo es porque permanece escondido hasta que se hace visible, como fruto simultáneo de la inspiración y el esfuerzo. También, en su magnificencia casi sobrehumana, se comprende con dificultad, aunque con asombrada alegría. La bahameña Devynne Charlton, ya plusmarquista mundial de los 60 metros vallas, igualó su propia plusmarca de 7.65.

¿Por qué el cronómetro no registró una centésima más que la rozara o una menos que la mejorase?... Porque el tiempo, en sus magnitudes inabarcables por grandiosas o por diminutas, es el colmo del esoterismo.

Armand Duplantis, en el nombre de la madre

Armand Duplantis, en el nombre de la madre

Armand Duplantis nació en Estados Unidos, pero su madre es sueca. Tiene un padre estadounidense, pero su madre es sueca. Es hijo de un ex pertiguista de talento, pero su madre es sueca. Lleva el apellido de su padre, pero su madre es sueca. Piensa y se expresa en inglés, pero su madre es sueca. Goza de doble nacionalidad, pero representa a Suecia porque su madre es sueca y en el nombre de ella contribuye más que nadie al prestigio deportivo del país.

Es el único atleta que amenaza el récord del mundo, ese dios esquivo, cada vez que compite. Ya lo ha roto 15 veces, rozado otras tantas y establecido hace unos días en 6,31. Aquí, después de ganar con 6,25, renunció a intentar 6,32. Físicamente no había sido especialmente exigido. Sólo realizó seis saltos, y ninguno nulo. Pero ManoloKaralis (6,05), en un juego de renuncias improvisando sobre la marcha, le había apurado psicológicamente. Mondo descartó más emociones innecesarias y se retiró entre el aplauso y la comprensión del entendido público que llenaba el recinto.

De Suecia a Suiza, Simon Ehammer rompió el récord del mundo de heptatlón de Ashton Eaton (6.645 puntos) con 6.670 y unos parciales soberbios: 6,69 en 60 metros; 8,15 en longitud; 14,87 en peso; 2,02 en altura; 7,52 en 60 vallas (la mejor marca obtenida nunca en un heptatlón); 5,30 en pértiga y 2:41.04 en 1000. Se proyecta como un tiro hacia el decatlón veraniego.

Yulimar Rojas volvió a los podios, aunque no al oro, después de su operación en el tendón de Aquiles. Con 14,86 apuró a la imponente cubana Leyanis Pérez (14,95, líder mundial del año) y mantuvo las distancias con la liviana senegalesa Saly Sarr (14,70).

Al igual que la altura femenina, la masculina fue ucraniana. Oleh Doroshchuk, un habitual en las más grandes finales, se llevó por fin una de ellas, después de su título europeo indoor de 2025, con la mínima marca admisible en estos lances: 2,30. Si no se puede ganar una competición de postín con mejor marca, que, al menos, no lo sea con peor.

La italiana Zaynab Dosso (7.00) no necesitó bajar de los siete segundos, la gran frontera en los 60 metros, para llevarse el oro. Una final un poco decepcionante.

Yaroslava Mahuchikh y la gloria de Ucrania

Yaroslava Mahuchikh y la gloria de Ucrania

El salto de altura femenino, la primera final del Campeonato, era una de las pruebas de mayor nivel general, con un elenco que podía ser el de una final olímpica. Las sucesivas purgas dejaron a siete mujeres en 1,93. Luego, en 1,96, a cuatro para tres medallas.

Para saber más

Fueron cuatro porque Yaroslava Mahuchikh (Ucrania), Angelica Topic (Serbia), Nicola Olyslagers (Australia) y Yuliya Levchenko (Ucrania) pasaron al primer intento, como habían hecho hasta entonces con las alturas anteriores, el 1,99. Concurso de gran nivel e impoluto en las mejores. Cuando Mahuchikh se quedó sola en 2,01, se repartieron un oro y tres platas. "Slava Ukrayini". Gloria a Ucrania. Luego Mahuchikh falló en 2,06 en su intento de batir el récord de los Campeonatos, 2,05, en poder de Stefka Kostadinova desde Indianápolis87

La lesionada sombra del inescrutable Jordan Díaz, sorprendente emigrante a Arkansas, planeaba sobre la final de triple salto. Díaz salvó en 2022 los 7.500 kms. que separan La Habana de Madrid y ahora, invirtiendo la ruta atlántica, recorre los 7.500 que median entre Madrid y Little Rock. Eso sí que es saltar con regularidad.

El triple es cubano. Cubano y exiliado. Los mejores triplistas nacieron en Cuba: Jordan Díaz, Pedro Pablo Pichardo, Andy Díaz, Lázaro Martínez... Hoy Díaz (Jordan) es español. Pichardo, portugués. Díaz (Andy), italiano. Sólo Martínez permanece en esa "perla de las Antillas" que agoniza entre apagones y penurias. Sin Pichardo ni Díaz (Jordan) en liza, ni tampoco el jamaicano Jaydon Hibbert, los tres ausentes este curso del "indoor", Andy Díaz hizo la mejor marca mundial del año para ganar con 17,47. No sería un registro de esa jerarquía en otras circunstancias.

El trueno de la velocidad clausuró la jornada. En el viejo duelo USA-Jamaica, ganó USA con Jordan Anthony, 21 prometedores años y 6,41. Recupera el puesto de líder estacional, con el que había llegado a Torun (6.43). Kishane Thompson (Jamaica) fue segundo con 6.45, la misma marca que el otro estadounidense, Trayvon Bromell.

El blanqueo de Rusia

El blanqueo de Rusia

Vladímir Putin ha tenido recientemente un par de alegrones de dispar calibre, pero significativos cada uno en lo suyo. Como consecuencia de la situación en el Estrecho de Ormuz, Donald Trump autorizó el viernes, aunque se trate de una "medida limitada y a corto plazo", la compra de petróleo ruso. Pocos días antes, Varvara Voronchikhina se convertía en el primer deportista ruso, hombre o mujer, que, después de 12 años, y desde un podio, miraba ondear la bandera de su país y escuchado su himno. La joven de 23 años se colgó el oro en el eslalon supergigante, categoría de esquí de pie, en los recién clausurados Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina.

A partir de los Juegos de Invierno de Sochi2014, la corte de Putin cayó en desgracia. A causa del dopaje de Estado y, más tarde, de la invasión de Ucrania, los deportistas rusos (y bielorrusos) dejaron de ser considerados como tales para pasar a competir en calidad de neutrales, sin bandera ni himno propios.

El himno y la bandera rusos son los mismos que los de la fenecida Unión Soviética. Sólo se cambiaron algunas partes de la letra del himno, en las que fueron eliminadas las referencias a Lenin y el comunismo. Cuando se desplomó la URSS en 1991, no se convirtió Rusia en un país nuevo. En la nostalgia y la rabia siguió siendo el viejo. No tan grande como para reproducirlo, pero sí lo suficiente como para imitarlo.

El Comité Olímpico Internacional (COI) mantiene el veto a una nación tramposa y agresora. El Paralímpico, en cambio, la acoge en su regazo, con la bendición del Tribunal de Arbitraje Deportivo. Un contraste derivado en contrasentido y rematado en contradicción. El COI impidió, en los Juegos "normales", a un piloto ucraniano de skeleton competir con un casco, llamado "de la Memoria", en el que figuraban imágenes de 24 compatriotas deportistas muertos en una guerra que dura ya cuatro años. No quiso politizar el evento en atención a la regla 50 de la Carta Olímpica, que prohíbe ese tipo de gestos. El Comité Paralímpico sí lo ha hecho al blanquear, siquiera temporalmente y en una competición "especial", a un país al margen del orden internacional.

El oro de Voronchikhina, que nació rusa y no soviética, fue muy celebrado en los propagandistas medios estatales y oficiales. También se lo colgó Putin, que nació soviético y soviético morirá.

Shiffrin resiste a Aicher y gana el eslalon de Are, su 109º triunfo en la Copa del Mundo

Shiffrin resiste a Aicher y gana el eslalon de Are, su 109º triunfo en la Copa del Mundo

Después de los Juegos Olímpicos y antes de las finales de la Copa del Mundo, en la zona de Lillehammer (Noruega), los próximos 21, 22, 24 y 25, Mikaela Shiffrin obtuvo, en el eslalon de Are (Suecia), su 109º triunfo en la Copa del Mundo. La estación de Are le es muy propicia. En ella ha obtenido ocho victorias (siete en eslalon) y dos oros mundiales.

Dos días después de cumplir 31 años, la estadounidense nacida en Vail (Colorado), en las Montañas Rocosas, certificó de nuevo su condición de reina histórica del esquí mundial. Antes de la prueba, ya era matemáticamente, por novena vez, la ganadora del Globo de Cristal de la disciplina. Luego de su victoria, aumenta, por otra parte, su ventaja sobre la alemana Emma Aicher en la general absoluta de la Copa del Mundo.

Pero la suerte no está echada. Shiffrin tiene 1.286 puntos, 140 más que Aicher. Sin embargo, la joven alemana (22 años) practica todas las modalidades y quedan 400 máximos puntos en juego: los 100 que se atribuyen al vencedor en cada disciplina.

La primera manga ya había coronado provisionalmente a Shiffrin, con Aicher segunda a 51 centésimas y la austriaca Katharina Truppe tercera, a 57. Diferencias notables en un deporte que se rige cronométricamente por pestañeos. Pero no tranquilizadoras: el esquí, y quizás especialmente el eslalon, también está sembrado de trampas en cada metro del recorrido.

Shiffrin no cayó en ninguna en la segunda manga. Cuando tomó la salida, Aicher había realizado el mejor tiempo conjunto. Y la suiza Wendy Holdener, cuarta en la primera manga, el siguiente. Tenía presión Mikaela. La soportó admirablemente. Segura, elegante, esquió en la mejor de sus líneas. Y no de un modo conservador: hizo el segundo mejor tiempo de la manga. El podio lo completaron Aicher, a 94 centésimas, y Holdener, a un segundo.

Shiffrin ha ganado esta temporada, incluido el olímpico, todos los eslalons menos uno. Sólo cedió ante Camille Rast en Kranjska Gora.

Florentino, amargo cumpleaños

Florentino, amargo cumpleaños

Florentino Pérez cumplió este domingo 79 años. Le felicitamos. Los habrá celebrado entre la satisfacción del aniversario y la amargura de estar atravesando su peor momento desde que accedió a la presidencia del Real Madrid.

Se ha visto obligado a renunciar a la Superliga, en cuya creación y sostén empeñó su prestigio personal y el peso del club. Innegables y justificados. Acabó siendo un error de cálculo y una sobreestimación de lo que significa el Madrid. Pese a su magnitud, no se abren por principio ante él las puertas, ni caen los muros.

A Florentino le han negado los jueces los conciertos y los aparcamientos. El equipo, sin títulos recientes y justo de talento, no parece, entre la sonora o la sorda irritación de la parroquia, capaz de corregir el rumbo. Un gol victorioso en Balaídos, en el minuto 94 y de carambola, no mueve al optimismo, sólo al respiro momentáneo. El Madrid sí que va partido a partido. Los jugadores, frágiles piezas en un tablero quebradizo, se lesionan por inercia a causa de una preparación insuficiente o equivocada. La cantera no es una apuesta, sino una necesidad y, como tal, un albur.

Un entrenador joven y brillante fichado por tres años, apenas duró la mitad del primero, en medio del silencioso desamparo de un presidente decepcionado o arrepentido. Su sucesor, surgido de las fértiles ergástulas de la casa, equidista del criterio y los bandazos.

En calidad de responsable máximo y exponente por igual de la culpa y el mérito, en algunos pecados lleva Florentino la penitencia. Pero en otros es víctima de la ignorancia y la ingratitud de una parte de la afición arrastrada al exabrupto por sus pasiones. Por las bajas, si es que reservamos las altas a la memoria serena y no secuestrada por el olvido o contaminada por la visceralidad más elemental y gregaria. En el Bernabéu se ha pitado a los más grandes jugadores propios, pero nunca se ha pedido a grito pelado la dimisión de un presidente. Y, por añadidura, de quien puede estar sujeto a críticas, como cualquier personaje público, pero no a discusión respecto a su gigantesca talla directiva.

Florentino, aturdido, desorientado, debe de contemplar el panorama con perplejidad y tristeza. Las circunstancias no le aconsejan convocar la Asamblea extraordinaria, prevista para este mes, acerca del aún tímido cambio societario del club. Al borde de fechas decisivas, en el Madrid se escribe con tinta invisible en una página en blanco. A esa incógnita desnuda la llamamos futuro.

Pogacar, con la enésima exhibición en solitario, conquista su cuarta Strade Bianche

Pogacar, con la enésima exhibición en solitario, conquista su cuarta Strade Bianche

Después de cinco meses, desde Lombardía. Después de 147 días, volvió Pogacar a escena. A la Strade Bianche. A las carreteras blancas. Al ciclismo de cualquier color. Y el ciclismo a él, que reúne los del arcoíris. Pogacar es siempre la noticia. Haga lo que haga o deje de hacer. Cuando gana porque gana, que es lo normal. Cuando pierde porque pierde, que es lo raro. Esta vez ocurrió lo normal. Ganó.

Empezar la temporada para él y ganar. Llegar y besar el santo. Llegar, ver y vencer. De Italia a Italia. De Lombardía a Siena. De Siena, salida de la carrera, a Siena, llegada. Del dorsal 1 al dorsal 1. Ganó con el cabello teñido de rubio, un tono que aniña aún más un rostro de querubín sonriente. Ganó porque no podía ser de otro modo. Cuarta victoria en Siena, tercera consecutiva, una más que Fabian Cancellara. Y la número 109 de su historial. Y otra más, ¿y van? Del UAE.

Ganó y lo hizo de esa manera extraordinaria que en él es normal. A 80 kilómetros de la meta, en el séptimo tramo de "sterrato", en Monte Sante Marie, y como en 2024, demarró del grupo que era cabeza de carrera, controlado por UAE, y se acabó la historia sin historia de la carrera. La historia fue la falta de historia, o la única historia posible.

Demarró Pogacar como demarra él, sin auparse sobre los pedales, simplemente aumentando la cadencia y la potencia de la pedalada. Trataron de seguirle Jorgenson, Seixas, Del Toro, Pidcock, Van Aert, Grégoire... No pudieron, y nosotros no podemos saber cuanto hay de inferioridad y de resignación, cuánto de inferioridad y cuánto de actitud, en esa impotencia, en esa renuncia. Cuánto de imposibilidad y cuánto de fatalismo. Todos saben cuándo "Pogi" va a atacar y no pueden remediarlo. Lo saben y no pueden. No pueden y lo saben.

Pogacar, durante la Strade Bianche.

Pogacar, durante la Strade Bianche.MARCO BERTORELLOAFP

Polvo. Cipreses. Iglesias medievales. Cepas. Suaves colinas. La Toscana... Uno tras otro, fueron cayendo los tramos de tierra, cortos, duros, algunos con remates respingones del 15%, del 18%. Uno tras otro, con Pogacar manteniendo una ventaja de alrededor minuto y medio contra todos los notables, que habían acabado juntándose. Hay que mencionarlos, aunque sin pormenorizar, no es necesario, que no nos distraigan, porque la carrera era sólo una, y el corredor uno sólo.

Acostumbrados a las hazañas del esloveno, casi hemos olvidado el inmenso mérito que tiene vencer en solitario contra grupos, o tríos, o dúos, o lo que sea, formados por algunos de los mejores ciclistas del mundo, condenados a verlo partir y a volver a verlo ya en la meta. Pogacar es una bendición individual que vierte una maldición colectiva sobre los demás.

Pedaleaba y pedaleaba con un rictus infantil de esfuerzo y una sonrisa de desmentido a la cámara de la moto. Pedaleaba con el cuadro de la bicicleta cubierto con una capa de polvo y la radiante paleta del "maillot" apagada un tanto por ese mismo polvo pegado al sudor del campeón, del héroe. En los tramos más exigentes del recorrido, la gente, apretada, apelotonada, se volvía loca. No hubieran aclamado más a un italiano.

¿Hemos dicho que no había que pormenorizar con los rivales?... Hagámoslo, sin embargo, con Paul Seixas, ese prodigio francés de 19 años y del equipo Decathlon. En el sector 13, en el segundo paso por Pinzuto, él y Del Toro abandonaron a sus compañeros. El mexicano, también de UAE, como "Pogi", no relevaba. Incluso así, Seixas lo reventó en la durísima subida final a la Piazza del Campo para ser segundo.

Pogacar... El rey ha vuelto. Viva el rey.