Mathieu Van der Poel, Wout Van Aert y Eli Iserbyt en el Ciclocross de Benidorm.@UCI_CX
Benidorm se convirtió este domingo en la capital europea del ciclismo al albergar la penúltima prueba de la Copa del Mundo de Ciclocross. La existencia coincidente de Wout van Aert, Mathieu van der Poel y Tom Pidcock, estrellas de la ruta, ha hecho q
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Un récord del mundo, el de los 400 metros femeninos, presidió para la posteridad del Campeonato la jornada. Con ese estilo entre deslizante y rodante, de una elegancia erguida y sin (aparente) esfuerzo, Femke Bol, el cisne neerlandés, remató la carrera en 49.17. Rompía su plusmarca anterior, también de este año, de 49.24. La posibilidad de que, a sus recientes 24 años (el 23 de febrero), pueda un día bajar de los 49 segundos, se antoja tan real como deseable.
La jornada empezó con una bofetada inesperada para los nuestros. En las semifinales de los 60 vallas, Asier Martínez, que reaccionó en las prohibitivas menos de 100 milésimas (0,93), fue descalificado. Corrió (y ganó) bajo protesta. La reclamación de la delegación española no prosperó. La final se celebró sin el navarro, con el tiránico Grant Holloway derecho al oro (7.29) y Quique Llopis, cuarto, por las milésimas, con 7.53.
Un chico de pueblo, en el sentido más natural, de la definición. Mariano García, alias "La Moto", 26 años, natural de Fuente Álamo (Murcia), es uno de esos productos deportivos más o menos espontáneos de la España interior, también más o menos cercana a la periferia, pero alejada de los focos. Se llevó de cabo a rabo su semifinal de 800 y, claro, se metió por puestos en la final. Entró en la meta poco menos que sonriendo. No por arrogancia, sino por la pura alegría de competir y sentirse pletórico. Campeón del mundo en vigor, en la final dominical huele a oro renovado. Mohamed Attaoui no pudo seguirle en el mismo envite y, pese a su buen crono (1:45.68), no entró por tiempos en esa final (lo mismo que, en la prueba femenina, Lorea Ibarzabal con sus 2:00.73).
En el salto de longitud, el acreditado griego, que cumplirá 26 años el próximo día 18, Miltiadis Tentoglou, campeón de "todo" (olímpico, mundial, europeo), se enfrascó en un interesante duelo con el joven italiano (19 años recién cumplidos) Mattia Furlani. Ambos lograron 8,22. Pero Tentoglou, con un segundo brinco de 8,19, mejor que el segundo del italiano (8,10), impuso su dorada jerarquía. Casi clandestinamente, el jamaicano Carey Mc Leod, con una serie muy inferior a las de los actores principales, acabó, sin embargo, tercero con 8,21. Les dio un susto, aunque no un disgusto.
Bernat ArmangueAP
Tentoglou y Furlani son dos saltadores de infrecuente formato. Frente a la mayor presencia muscular de la mayoría de sus colegas, muestran una traza flacucha. Tentoglou mide 1,87 y pesa 70 kilos. Furlani anda en 1,81 y 65 kilos. Al menos, Tentoglou, fibroso, nervudo, pálido y de barba oscura, una figura de El Greco, ya está formado físicamente. Furlani, en cambio, es todavía un proyecto anatómico. Hijo de madre senegalesa y velocista, y padre italiano y saltador de altura, también él practicó esa especialidad (llegó a saltar 2,17 y ser campeón de Europa Sub-18). Pero la longitud lo llamó con más fuerza y posibilidades. Y ahí está, un soplo de aire fresco. Para el gran público es un hallazgo.
En unos 3.000 abiertos a media docena de puntos cardinales, los ordinales señalaron al británico Josh Kerr (7:42.98), el estadounidense Yared Nuguse (7:43.59) y el etíope Selemon Barega (7:43.64). Adel Mechaal, sexto (7:45.67), siempre fue a remolque de los mejores.
Aún sin medallas, a España le quedan, en el último asalto, aparte de Mariano García, las bazas de Ana Peleteiro en el triple salto, Fátima Diame en la longitud y las de la gente de 1.500: Esther Guerrero, Adel Mechaal y Mario García Romo.
La trepidante Eurocopa, en la que, por añadidura, España ha producido la mejor impresión de las Selecciones participantes, tiende a hacer olvidar que el resto de la vida deportiva sigue su curso, que el fútbol no lo es todo y que, a la vuelta de la esquina, aguardan los Juegos Olímpicos de París.
El Comité Olímpico Español (COE) dio a conocer oficialmente los nombres de los abanderados de nuestra delegación: la regatista Támara (con tilde) Echegoyen (Orense, 1984) y el piragüista Marcus Cooper (Oxford, 1994). Era un secreto a voces. Bueno, ni siquiera era un secreto. En una designación por méritos, pero también por eliminación, ellos llevarían nuestra bandera en la "Opening Ceremony".
Es una norma no escrita, una convención aceptada que las banderas las porten los deportistas más laureados. El honor femenino hubiera debido corresponder a la piragüista Maialen Chourraut, con un oro, una plata y un bronce, frente al oro en Londres2012 de Echegoyen en la clase Elliott6m en compañía de Ángela Pumariega y Sofía Toro.
Pero Maialen competirá en las series de K1 al día siguiente de la larga, fatigosa y noctámbula ceremonia inaugural. Es cierto que Echegoyen, junto a Paula Barceló en la clase 49erFX, empezará su tarea en Marsella, a 800 kms. de París, dos días después. No es mucho tiempo para descansar de un desplazamiento considerable y prepararse psicológicamente para afrontar un desafío de máxima exigencia. Sin embargo, todo el mundo, empezando por la ilusionada Támara, que, a diferencia de Maialen, no está sola en la competición, ha estimado que las posibilidades de medalla no sufrirán menoscabo.
La elección de Marcus Cooper (un oro y una plata) no presentó ningún problema de orden competitivo, índole temporal o naturaleza jerárquica. Comenzará su trabajo el martes 6 de agosto. Y si bien registra menos laureles que Saúl Craviotto (dos oros, dos platas y un bronce) y Rafa Nadal (dos oros), el piragüista ya fue abanderado en Tokio2020, junto a Mireia Belmonte, cuando una única bandera unisex dio paso ya en adelante a una femenina y otra masculina; y el tenista, en Río2016.
Para un deportista, portar la bandera de su país en el desfile de apertura de unos Juegos Olímpicos supone un honor de relevancia biográfica, revestido de una pátina de trascendencia histórica. Homenajea, individualiza, enorgullece, otorga una especie de capitanía de lo mejor del deporte de su nación en el encuentro con lo mejor del deporte del mundo, en el supremo escenario del planeta.
De un modo indirecto, suplementario, la designación de Echegoyen y Cooper reconoce y expresa la importancia de la vela y el piragüismo en el historial olímpico español. Ninguna otra especialidad nos ha aportado tantas medallas: la vela, 21. El piragüismo, 20.