El presidente de la RFEA, Raúl Chapado; la atleta Raquel González; y el presidente de la Fundación Sportium, Alberto EljarratRFEA
Raúl Chapado, presidente de la Real Federación Española de Atletismo, presentó este jueves el programa ‘Atletismo solidario’, que, en colaboración con la Fundación Sportium, pretende promover la integración de personas y colectivos en riesgo de exclusión social a través del deporte con diferentes tipos de ayudas.
La federación ayudará a identificar los casos y oportunidades de colectivos que puedan ser susceptibles de ser beneficiarios de este programa. La RFEA recibirá las solicitudes, se estudiarán los casos, se convocará una Comisión Mixta para analizar cada caso y por último se verá la forma de ayudar.
“Queremos ayudar a colectivos desfavorecidos, en riesgo de exclusión o con problemas socio-sanitarios. Ayudar en temas que sean efectivos y no solo dar dinero, sino dar otro tipo de ayudas para que tengan un futuro mejor. El objetivo es a través del atletismo tratar de hacer un mundo mejor. Lo único que no será en dinero, como tal, para hacer buen uso de estos recursos”, dijo Chapado, durante la presentación en Madrid de la firma del acuerdo.
“El proyecto tiene que ser mirando al futuro. Todos los casos son diferentes y hay que analizarlos uno a uno”, confesó el máximo dirigente de la RFEA, que recalcó que con este programa se subraya “el compromiso” de su entidad con los colectivos más necesitados.
Alberto Eljarrat, presidente de la Fundación Sportium, dijo que esta “colaboración fue un amor a primera vista para fomentar la integración de personas en riesgo de exclusión pero siempre a través del deporte”.
“Nosotros dotaremos de una bolsa para financiar esos proyectos con material y diferentes tipos de ayudas para intentar favorecer licencias, material deportivo o inscripción clubes”, señaló.
La presentación del evento corrió a cargo de Raquel González, subcampeona continental de 35 km marcha en el Europeo de Múnich 2022.
"Ha sido increíble el viaje". Hace menos de un año, Javier Gómez Noya hacía balance de su carrera en una entrevista en EL MUNDO. Venía del periodo más negro de su carrera en cuento a lesiones, dos cursos sin levantar cabeza, pero también del momento más feliz de su vida fuera del deporte, el nacimiento de su hija Olivia. Este miércoles, el gallego, la gran leyenda del triatlón español, ha anunciado que esta será su última temporada compitiendo a nivel profesional.
A sus 41 años, con 26 de carrera en un deporte que cuando él comenzó todavía se desperezaba, Gómez Noya cierra un ciclo rebosante de éxitos. Pero, para entender el cénit en el que habitó, sus cinco mundiales, su plata olímpica en Londres, sus épicas batallas con los hermanos Brownlee, hay que acudir al origen. Porque, cuando tenía 17 años y era ya una joya del triatlón, el padre de Javi recibió una llamada heladora: su hijo debería dejar el deporte para evitar riesgos en su salud.
La causa era una valvulopatía (tenía una válvula aórtica bicúspide) y su panorama bastante gris. "Se me vino el mundo encima. Me encontraba perfectamente, entrenaba con normalidad. Y, de repente, te cuentan eso y no lo entiendes", explica el propio Javi en "A pulso", la estupenda biografía que Paulo Alonso y Antón Bruquetas publicaron en 2015.
Apartado de la selección española, su anomalía cardíaca se convirtió en asunto de estado. Tras el terrorífico y desalentador informe del CSD, Javi y su familia buscaron segundas opiniones por todo el mundo. Y los estudios de su 'corazón rebelde y gigante' mostraron un panorama más esperanzador. "En muchos medios de comunicación había sido un chico que podría llegar a ser el mejor del mundo y, de repente, parecía un loco que se podía morir en cualquier triatlón", recuerda en el libro el proceso la triatleta Saleta Castro. "Hubo gente empecinada en que mi carrera deportiva acabara", ha pronunciado en diferentes ocasiones Gómez Noya, nacido en Basilea (Suiza), donde sus padres, ferrolanos, emigraron por motivos laborales.
Noya siguió compitiendo (llegó a ser campeón del mundo sub 23), aunque no fue hasta 2006 cuando la batalla legal se solucionó y pudo volver a correr oficialmente. Se había perdido los Juegos de Atenas, aunque ya su fulgurante carrera estaba lanzada. Dos años después, en 2008, lograba el primero de sus cinco campeonatos mundiales ITU (además de cuatro subcampeonatos y cuatro títulos europeos). Un reinado al que no pudo añadir la corona más preciada y perseguida, el oro olímpico.
En 2012, en Hyde Park, lo rozó, una estupenda plata entre Alistair y Jonathan, los hermanos Brownlee. Cuatro años antes había sido cuarto en Pekín, donde tuvo problemas digestivos -me faltaba experiencia y me sobraba presión", ha reconocido después- y a Río 2016, donde acudía como gran favorito (ese mismo año recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes) no pudo acudir por una maldita caída con la bici dos meses antes del evento. En Tokio, perjudicado por el año de retraso a causa del covid y por una otitis durante la prueba, se despidió del olimpismo con todos los honores.
Entonces ya había comenzado su salto a la larga distancia, para la que realizó un parón en su preparación de cara a los Juegos. Gómez Noya fue doble campeón del mundo también de 70.3 (2014 y 2017) y en 2018 se preparó para la prueba reina del Ironman, el Mundial de Hawaii. En Kona sólo pudo acabar en la posición 11.
Tras Tokio intentó volver a preparar la distancia Ironman, pero las lesiones trastocaron todos sus planes. Especialmente tras pasar por el covid, donde sufrió "lesiones extrañas", fracturas por estrés. El pasado mes de abril, Javi sufrió otro duro golpe con el fallecimiento de su madre.
En el anuncio hoy de su retirada -"Si bien nunca es una decisión fácil, sé que es lo correcto. Es hora de dar un paso atrás", ha escrito en sus redes sociales-, destacan dos mensajes. Entre todos los que fueron sus rivales y compañeros, ningunos como los hermanos Brownlee. "Gracias por hacerme ser un mejor triatleta cada día. No tienes debilidades. Te echaré de menos, aunque no ganándome en un sprint de una carrera", bromea Jonny. "Estoy agradecido por las numerosas batallas que tuvimos. Constantemente nos empujaste a ser mejores", ha escrito Alistair.
Se marcha Gómez Noya, el deportista del corazón rebelde, el Capitán para siempre del triatlón español.
La primera presencia asiática en un Mundial correspondió a las Indias Orientales Holandesas, hoy Indonesia, en Francia-1938. Aquel territorio, administrado por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales tuvo federación inscrita en la FIFA desde 1924, y hasta envió un árbitro, de nombre Max de Vries y holandés de origen, a los JJ OO de Ámsterdam-1928. Para Francia-1938, sólo dos asiáticos solicitaron la inscripción, Japón e Indias Orientales, pero el primero, en guerra contra China, renunció. La FIFA quiso montar una repesca, ya en Francia, contra Estados Unidos, que rehusó, así que las Indias Orientales se presentaron sin ningún mérito clasificatorio. Desembarcaron en Holanda tras un mes de travesía y jugaron dos partidos de preparación. Empataron uno, ganaron otro y viajaron felices a Francia, donde sería otra cosa. Su primer partido, ante Hungría, en Reims y ante 8.000 espectadores, sería también el último. El Mundial se disputaba por eliminatorias directas y los húngaros les arrollaron: 6-0. Quedó el recuerdo de las gruesas gafas de su pequeño capitán, Nawir, muy miope, y el vistoso muñequito-amuleto del portero. Presentaron un equipo mixto, con dos blancos y el resto de raza autóctona. Vistieron camiseta naranja, un guiño a la metrópoli que, dicho sea de paso, no se clasificó, apartada por Bélgica.
Asia regresaría en Suiza-1954, ahora por medio de Corea del Sur. Se inscribieron, para una única plaza, China, Japón y Corea del Sur. China renunció por no jugar contra Japón, así que se eliminaron entre sí las dos últimas. En Tokio hubo empate, en Seúl victoria coreana. Su papel en Suiza tampoco supondría ningún laurel para el fútbol asiático, más bien lo contrario. Le fue incluso peor que a Indias Orientales, cuyo techo fueron seis goles. Los coreanos encajaron nueve de los húngaros y siete de Turquía. No jugó con el otro equipo del grupo, Alemania, por un abstruso sistema de competición que nunca se repetiría. Se marcharon con cartel de buena gente, muy deportivos e infatigables. Tras encajar sus goleadas con enternecedora filosofía oriental, su entrenador dejó escrita una carta a sus 15 «eminentes colegas» rogándoles que le iluminasen con su ciencia para tratar de perfeccionarse en el domino de los secretos futbolísticos, allá a la sombra del paralelo 38. Y una curiosidad: también su capitán, Park Kyu-chong, jugó con gafas.
Otra cosa sería lo de Inglaterra-1966. La FIFA concedió para este Mundial una sola plaza a disputar entre África y Asia, lo que provocó la renuncia de las 17 selecciones africanas que se habían inscrito. Por Asia se apuntaron Siria, Israel, Corea del Norte, Corea del Sur y Filipinas. A las dos primeras se las metió, por conveniencias geográficas, en grupos europeos, Filipinas adeudaba cuotas a la FIFA y no fue inscrita, y Corea del Sur no quiso enfrentarse a su vecina del norte, de manera que esta quedó sola. Se convenció entonces a Australia para inscribirse, cosa que hizo con reticencias, pues Corea del Norte era una dictadura comunista con la que no mantenía relaciones, así que jugaron los dos partidos en campo neutral, Camboya. Los coreanos ganaron los dos, 6-1 y 3-1, legitimando así su participación en el Mundial.
La 'Guerra Fría'
Kim Il-sung, abuelo del actual Kim Jong-un, era en esos días el dictador del que se conoce a sí mismo como «El País de las Mañanas Tranquilas». Despidió al equipo con un fervorín digno del maestro Pero Grullo: «Corred rápida y constantemente y chutad con potencia y precisión». De camino al Mundial jugaron varios partidos en la URSS, mientras Inglaterra se enfrentaba al mismo problema que Australia: tampoco tenía relaciones con aquel lejano país comunistón, y estábamos en los años profundos de la llamada Guerra Fría, con obsesión por los espías. Tantos hubo que el Palacio de Buckingham llegó a tener uno infiltrado durante años, fungiendo de asesor de arte. Pero el fútbol todo lo puede y los coreanos completaron el cartel de 16 participantes, encuadrados en cuatro grupos.
Les tocó el D, con la URSS, Chile e Italia, que se disputaría en Sunderland y Middlesbrough. Ellos jugarían sus tres partidos en esta ciudad industrial, cuyo equipo titular acababa de descender a Tercera, y fueron adoptados por la afición local, feliz de disfrutar esa nota exótica. Por supuesto, se les daba por eliminados de antemano. Nadie dudaba que el grupo clasificaría a la URSS e Italia.
El estreno fue ante la URSS, algo así como si el equipo de una parroquia romana jugara contra el Vaticano, y perdieron 3-0, pero dando guerra. Corrieron incesantemente, como les pidió su Gran Líder, y no estaban mal de técnica, pero sin conceptos tácticos: todos iban donde estaba el balón. Se les vio tan incansables que el árbitro, el español Juan Gardeazábal, hizo un comentario jocoso que hoy caería muy mal: «No sé si tras el descanso sacaron a los otros once. ¡Como son todos iguales!». En la misma jornada Italia ganó a Chile 2-0. Todo en orden. El grupo marchaba según el promedio previsto.
Jugadores incansables
El segundo rival es Chile, en una tarde gris y lluviosa, con el campo pesado. Los americanos tratan de calmar el juego, los orientales, de acelerarlo. Se adelanta Chile en el minuto 24 con un penalti, pero el partido se le hace largo y fatigoso. Los pequeños, delgados e inagotables coreanos les abruman y en el minuto 87 llega el 1-1, con un tiro de los que recetó Kim Il-sung, fuerte y colocado, entre un mar de piernas. Es la confirmación de que la selección asiática no era la perita en dulce que se pensaba. A su vez, la URSS gana a Italia 1-0 y se clasifica. A los italianos les basta empatar el último día con la selección oriental, pero se da por hecha la victoria, y por margen.
Es el 19 de julio de 1966 cuando se enfrentan, fecha quedará como un recuerdo infamante en el historial de La Azzurra y como el mayor sobresalto que haya producido la Copa del Mundo, Maracanazo incluido. Italia sale confiadísima. El informe que recibe el seleccionador, Edmondo Fabbri, de Ferruccio Valcareggi, encargado de ver los demás partidos del grupo, es profundamente despectivo. Los describe como un equipo cómico, que corre sin cabeza, moviéndose como aquellos personajes del celuloide rancio. Fabbri cambia a siete y hasta se atreve a meter a Bulgarelli, con molestias físicas, para probarle.
En el minuto 22, la rodilla de Bulgarelli protesta y el equipo se queda con diez, pues estamos en el último Mundial sin cambios. Los demás se mueven incómodos entre el pegajoso enjambre de coreanos. De repente, en el 42', el interior Pak Doo-ik corre por el callejón del 8 tras un balón largo y cruza un disparo perfecto que bate a Albertosi. Hay toda una segunda mitad para remediar el roto, pero no se remediará. La reanudación es un progresivo ejercicio de dominio de Italia, que no encuentra caminos y acaba tirando pelotazos a la olla, donde el pequeño meta Lee Chang-myung salta como un gato, las coge por arriba y por abajo, llega a todo, y cuando no, le ayuda el poste. El partido acaba con la derrota de Italia, que se queda fuera. Pasa Corea del Norte.
Pak Doo ik bate lanza y bate al portero Albertosi.Central PressMUNDO
«¡Vergogna nazionale!», «¡Grotesco, battuti dai coreani!», «L'Italia ha pagato caro lunghi anni di errori». «¡Azzurri, Vergogna!», «Il Nostro Calcio E'Morto!», «La pagina piu nera del calcio italiano». De ese tono elegíaco fueron los titulares provocados por el gol de Pak Doo-ik, del que erróneamente se dijo que era dentista. Era tipógrafo y cabo en el ejército, pronto ascendido a sargento tras aquello. Los italianos regresan por Génova y de noche, en lugar de por Roma y de día, como estaba anunciado, pero se sabe y son recibidos con una lluvia de huevos, tomates y monedas. Fabbri termina de ensuciar el ambiente al acusar al médico de haber suministrado a los jugadores un calmante en lugar del estimulante previsto.
Los coreanos viajan a Liverpool para los cuartos contra Portugal, y aprovechan el hospedaje en una institución católica previsto por los italianos. Años después, Pak Doo-ik contará lo que les impresionó la imagen del crucificado en la capilla, nunca habían visto nada así. Al campo del Everton acuden 3.000 aficionados del Middlesbrough, convertidos en fanáticos de Corea. El mismo día y hora se juega el Inglaterra-Argentina de la expulsión de Rattín, televisado a España. Mediada la primera parte, el locutor informa, aturdido: «Nos llega de Liverpool la noticia de que Corea va ganado 3-0 a Portugal». Es un sobresalto en todas las casas. Ningún partido de Corea del Norte había sido ofrecido aquí y pensé que nos estábamos perdiendo algo mágico. Al descanso llega la noticia de que ya va 3-2. Finalmente ganará Portugal 3-5. Eusebio tomó cartas en el asunto y marcó cuatro.
Salida nocturna
Los coreanos se marcharon, desaparecieron en la bruma, escaparon a nuestros radares. Con el tiempo, dos cineastas ingleses, Dan Gordon y Nicholas Bonner, y el periodista francés Pierre Rigoulot hicieron indagaciones allí con resultados contrapuestos. Rigoulot habló con un superviviente del gulag de Yudok, según el cual el equipo pasó tres años internado en el lugar al regreso de Inglaterra. La causa habría sido la salida nocturna a un pub tras ganar a Italia. El derrumbe ante Portugal se achacó a eso y Kim Il-sung les acusó de vicio burgués, de ahí la reclusión. Pak Doo-ik se libró por una gastroenteritis que le confinó en el hotel. Los ingleses, que rodaron un estupendo documental con ocho de los protagonistas, sólo encontraron negativas a esa versión. O fue una invención de la fuente de Rigoulot o prefirieron silenciarlo, a saber. Lo seguro es que Pak Doo-ik se convirtió en profesor de educación física, fue seleccionador en 1976 y portador de la antorcha olímpica en 2008. Vivía en Chongchun, distrito de Mangyongdae, zona residencial y de gran desarrollo deportivo al sudeste de Pyongyang. Le encontraron feliz, con notables privilegios como una casa de dos pisos y automóvil propio, respetado por los vecinos y citado en las guías turísticas entre las cinco glorias nacionales junto a un político, un compositor, una cantante de lírica y un lingüista. En 81 partidos como internacional sólo marcó aquel gol, pero le valió celebridad mundial. El reportaje de los ingleses agradó a las autoridades, que autorizaron a los ocho intervinientes a viajar en 2002 a Middlesbrough, donde vivieron un bonito homenaje en el escenario de su victoria.
Corea del Norte no volvió al Mundial hasta Sudáfrica-2010, donde perdió sus tres partidos. A su regreso habrían sido obligados a permanecer seis horas en posición de firmes ante el Palacio Presidencial, información nunca confirmada. Su fútbol ahora es un secreto. Rara vez sale un jugador. Allí se ofrecen partidos de la Premier, en diferido, resumidos, y nunca si hay un jugador de Corea del Sur. Kim Yong-un es hincha del Manchester United.
Corea del Sur regresó en México-1986 y ya nunca ha faltado. Incluso coorganizó con Japón el de 2002, del que fue cuarta. Ha aportado buenos jugadores al primer mundo futbolístico, desde el lejano ChaBum-kun hasta el actual Son Heung-min.