Tengo que reconocerlo, Alcaraz me ha sorprendido, mucho, durante este precioso Abierto de Australia. Todavía más incluso que ver a Novak Djokovic en la final. ¿Por qué? Porque últimamente se ha hablado mucho de Carlos, ha estado demasiado en las noticias. Él mismo ha reconocido, después del triunfo, que lo ha pasado mal, que ha sido una pretemporada «emocional» y especial. Con toda esa presión de la ruptura con Juan Carlos Ferrero (a todos nos ha pasado), su maestro, alguien tan especial. Cómo lo ha superado, cómo ha completado sus cuatro Grand Slams, siendo el más joven de siempre y de la manera tan espectacular en que ha jugado. Sorprende sí, por cómo está sabiendo superar todos los obstáculos que se presentan en su carrera. Esa es la clave que saco de su inolvidable victoria en Melbourne.
Antes, superar la semifinal también resultó increíble. Otro obstáculo que le hizo sacar lo máximo de sí mismo, emocional y físicamente. Fue una prueba de fuego. Fue como: ‘Si gano este partido voy a llegar a la final preparadísimo’. Zverev es un jugador duro, te lleva al límite.
Más obstáculos, porque de eso se trata. De afrontarlos y de ir superando cada uno. Perder el primer set de la final. Vi a Djokovic con mucha chispa en ese arranque. Sacando muy bien, con golpes buenos, restando. Si juega así todo el partido… Pero eso, en Novak, era antes… Ahora las piernas son de Carlos, la velocidad. ¿Cuántas veces tiene que ganar el punto Novak? Porque Carlos llega y llega y llega… a cada esquina. Y Novak se va como apagando. Quizá el Djokovic de hace 10 años… Ante Jannik Sinner logró mantener ese nivel, pero dos partidos seguidos así, ante estos dos superhéroes actuales, es demasiado.
Aún así, hay que poner en valor al serbio. Porque gracias a Novak el torneo ha sido sensacional, de película. Cada vez nos quedan menos oportunidades de verle jugar, de verle rozar ese 25 Grand Slam que se le está resistiendo tanto. Ha tenido buen cuadro, es cierto, pero comprobarle a ese nivel, derrotar a Sinner. ¡Guau! Qué ganas de seguir demostrando que sigue aquí, que no es el abuelo del circuito. Qué nivel físico. Ha bromeado después con que le veremos una década más…
Para Alcaraz, empezar así el año es increíble. Pero ahora, el siguiente paso, es fundamental. Esto no se detiene. Tiene que planificar un calendario inteligente, trabajarlo bien con su equipo. ¿Medio Oriente, Indian Wells, Miami…? Después de un clímax tan grande como el de ayer en Australia, hay que resetear. Ha tachado el objetivo número uno de la lista, pero hay que marcar el siguiente. Cuando uno consigue algo muy grande, siente un vacío.
Por último, técnicamente no he apreciado cambios radicales con su nuevo entrenador. Se habla del saque, pero las variaciones son muy lights. Es que, en realidad, poco hay que tocarle a Carlos, Mejor dejarlo así. Le he visto muy sólido en su juego.
Mutua Madrid Open
JAVIER MARTÍNEZ
@JavierMartnez5
Actualizado Miércoles,
26
abril
2023
-
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Carlos Alcaraz regresó a la vida sobre una bicicleta estática. Exhausto tras uno de los partidos más épicos de su carrera, el murciano encontró en el gimnasio del Open de Australia el primer paso hacia la recuperación física y emocional después de derrotar a Alexander Zverev en semifinales por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5.
Tras la victoria, Alcaraz se lanzó al suelo, celebró con la bandera de Murcia, hizo un gesto de homenaje a Fernando Alonso y estuvo cerca de romper a llorar en su banquillo. Al salir de la pista no podía ni con su alma. En los pasillos de la Rod Laver Arena cojeaba por los rincones y se confesaba exhausto; si allí hubiera habido una cama, se habría estirado hasta el día siguiente. Pero su fisioterapeuta, Juanjo Moreno, le invitó a pedalear y ahí, sobre el sillín, empezó a rehacerse.
Si había un día en el que liberar las piernas era obligatorio, era este viernes. Además, sobre la máquina podía charlar con los suyos, relajarse y dimensionar todo lo ocurrido. Por allí pasó Novak Djokovic para felicitarle unos minutos antes de la otra semifinal, que acabaría con victoria del serbio. Allí recuperó el espíritu, la alegría, la sonrisa. En un instante, el grupo rompió en carcajadas: todo volvía a estar en su sitio.
Tan rehecho estaba Alcaraz en lo anímico -que no todavía en lo físico- que se subió a un carrito de golf junto a todos sus ayudantes y condujo el vehículo en los 50 metros que separan el gimnasio del vestuario, entre los gritos de «¡eh, eh, eh!» de su equipo. Luego llegarían la ducha, el masaje del propio Moreno y la rueda de prensa antes de marcharse, ya pasada la medianoche, a su hotel, el Crown de Melbourne.
Un recuerdo de adolescencia
«Ha sido uno de los partidos más exigentes de mi vida. Físicamente he llegado al límite, pero estoy muy orgulloso porque he creído en todo momento», analizaba Alcaraz, que recordaba cuándo nació esa fe. Pese a sus problemas físicos no pensó en retirarse «ni un solo segundo» porque ya sabía lo que venía después. «Cuando era adolescente había partidos en los que no luchaba, me rendía, y luego me pasaba días pensando que podía haber hecho más. Ese pensamiento me mataba. Por eso ahora nunca quiero darme por vencido. Sé que cada segundo de lucha vale la pena y que es importante estar orgulloso de mí mismo al día siguiente».
Dita AlangakraAP
Sus complicaciones comenzaron en el tercer set. Con dos mangas en el marcador, Alcaraz se acercaba a una victoria rápida, pero su cuerpo empezó a protestar. El día era caluroso en Melbourne, con alrededor de 30 grados, el sol cubría por completo la Rod Laver Arena y el esfuerzo le pasó factura. En un descanso, el número uno hizo algo extraño con una toalla. «¿Qué le pasa?», se preguntaban en su equipo, hasta que él mismo lo explicó: «He vomitado, no sé si tengo que tomarme algo».
A partir de ahí, el partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia. «No sé qué ha pasado. He vomitado y luego he empezado a sufrir en el abductor derecho. No tenía claro que fueran calambres, porque solo lo notaba en esa zona, pero luego me ha comenzado a pasar en todo el cuerpo. Puede haber sido culpa de la deshidratación o de la tensión. La verdad es que antes del partido he sentido bastante nervios; es algo en lo que tengo que mejorar: no estar tan tenso», valoraba Alcaraz, que pasó de estar a un paso de la victoria a asomarse al abismo de la derrota.
Sentado en su banquillo, recibiendo un masaje, tuvo que aceptar que la situación había cambiado por completo para él y, además, hacerlo entre las quejas de su rival. El reglamento de la Federación Internacional de Tenis (ITF) impide que un jugador sea tratado por un fisioterapeuta si sufre calambres, pero Alcaraz sentía un tirón muscular en el muslo derecho y por ello fue atendido. Zverev estalló: «Es una vergüenza absoluta. Le están tratando de calambres. Siempre protegéis a estos dos», dijo en referencia a Alcaraz y Sinner.
El alemán intentó presionar a la jueza de silla, la serbia Marijana Veljovic, saliendo a la pista antes de que se reanudara el juego, pero no surtió efecto. Alcaraz fue auxiliado y Zverev se quedó con el enfado. Ya al final del partido, preguntado por la polémica, el número tres del mundo no quiso alimentarla: «Si te digo la verdad, no quiero hablar sobre ello. Creo que hemos protagonizado una de las mayores batallas que se han vivido aquí en Australia y no nos merecemos que se hable de esto».
IZHAR KHANAFP
Su milagrosa recuperación
«Tengo calambres hasta en el dedo meñique, hasta en el último pelo de la cabeza», confesaba Alcaraz a su entrenador, Samu López, a principios del cuarto set y era imposible imaginarle, dos horas después, celebrando ante una Rod Laver Arena rendida a él. A sus 22 años, su talento y su mentalidad han alcanzado un punto en el que ya no dependen solo del físico. ¿Cómo aguantó? Con medicación -se tomó una pastilla-, con jugo de pepinillos y, sobre todo, con paciencia.
«Poco a poco. Respira bien. Te encontrarás mejor. Ya tenemos dos sets nosotros», le aseguraba López y Alcaraz le hacía caso. Dejó de correr, incluso dejó de saltar en el saque, pero se mantuvo en el encuentro. Con su paleta de golpes aguantó, aguantó y aguantó. Hasta el quinto set no le concedió ni un 'break' a su adversario y sólo se doblegó en los tie-breaks del tercer y el cuarto set.
Entonces llegó la resurrección. «Voy mejor», admitía al banquillo, aunque justo cuando empezaba a moverse con más soltura Zverev le rompió el servicio. Daba igual. En cada juego al saque del alemán buscó su oportunidad una y otra vez, hasta encontrarla. Sus armas eran la magia y la fe; no le quedaba nada más. En los momentos decisivos, Alcaraz volvió a ser Alcaraz. Con 5-4 y servicio para que Zverev cerrara el partido, el español recuperó la igualdad y el triunfo ya era suyo.
Para la final, Nadal como ejemplo
«Mañana estaré tieso, eso es obvio, no lo puedo esconder. El cuerpo recuerda, tiene memoria, y costará recuperarse. Pero bueno las cosas se han dado de esta manera. Me recuerda al Open de Australia de 2009 cuando Rafa [Nadal] tuvo una gran semifinal [ante Fernando Verdasco], todos pensábamos que estaría cansado en la final y acabó ganando a Roger [Federer] en cinco sets. En una final de Grand Slam no puede haber cansancio», aseguró ya mentalizado para el domingo.
Ante Djokovic buscará su sexto Grand Slam y, lo que es más importante, convertirse en el tenista más joven que completa los cuatro ‘grandes’. Ya ha vencido en dos ocasiones en Roland Garros, Wimbledon y US Open; le queda la gloria en Australia, donde hasta ahora sólo había alcanzado los cuartos. Le ayudará lo que ya ha vivido: el carrito de golf, la felicitación de Djokovic, la bicicleta estática, la celebración con mensaje a Alonso y, sobre todo, uno de los partidos más épicos de su carrera.
Jiri Lehecka disputará este sábado (20.00 h., Teledeporte y Movistar) en Madrid frente a Felix Auger-Aliassime su primera semifinal de un Masters 1000. El checo, 31º, 22 años, se había llevado el primer set por 6-4 ante Daniil Medvedev, tercer favorito, cuando su rival abandonó la pista lesionado. La otra plaza en la final se la jugarán Andrey Rublev y Taylor Fritz (16.00 h.). Al igual que le sucedió a Jannik Sinner, que ni siquiera pudo saltar a la pista en su encuentro de cuartos ante Auger-Aliassime debido a un problema en su cadera derecha, Medvedev tampoco pudo competir por problemas físicos. El público madrileño se quedó, así, sin poder disfrutar de ninguno de los dos encuentros de cuartos programados para este jueves.
Cuando tan sólo se habían disputado cinco juegos, el partido se detuvo para que Medvedev fuera atendido en la pierna derecha. El ruso abandonó la pista y regresó después de ocho minutos, perdió su servicio, dando muestras de no encontrarse en condiciones para competir. Salvó dos pelotas de break, ganó el juego y volvió a recibir cuidados, en la silla. Sólo le daría para acabar el set. De este modo, Alcaraz, que hubiera perdido el número tres del mundo en caso de victoria del ruso, lo mantendrá la próxima semana.
Medvedev tiene que defender dentro de poco más de una semana en Roma el título conquistado el pasado año, el único que ha ganado sobre tierra batida a lo largo de su carrera. Lehecka, el hombre que despidió a Nadal del torneo, consigue su tercera victoria en nueve partidos frente a integrantes del top5.