La corredora de larga distancia Joasia Zakrzewski utilizó un coche durante un tramo de cuatro kilómetros
L2M Ultra
La corredora de larga distancia Joasia Zakrzewski fue suspendida este miércoles durante 12 meses por un organismo disciplinario de atletismo del Reino Unido por conducir un automóvil durante una carrera de 50 millas el pasado abril y quedar en tercer lugar.
Los datos del sistema de seguimiento del GB Ultras Manchester a Liverpool mostraron que Zakrzewski, que representó a Escocia en el maratón de los Juegos de la Commonwealth de 2014 en Glasgow, utilizó un coche durante un tramo de 4 km de la carrera.
La mujer de 47 años, que fue despojada de su tercer puesto, afirmó que había informado a los responsables de la carrera de haber estado en un coche y haber terminado la carrera “de forma no competitiva”.
El Panel Disciplinario Independiente de Atletismo del Reino Unido no estuvo de acuerdo con ella en su veredicto.
“La demandante había recogido el trofeo al final de la carrera, algo que no debería haber hecho si hubiera completado la carrera de forma no competitiva”, dijeron.
“Ella tampoco intentó devolver el trofeo en la semana siguiente a la carrera”.
"Me da vergüenza hablar de mi tesis a la gente", cuenta Lidia Sánchez-Puebla (Getafe, 1997), acostumbrada a podios y medallas, a los focos del deporte profesional, pero no tanto a los méritos y los elogios que tienen que ver con su otra vida, esa "dualidad" de la que sólo presume en bajito. Porque mientras batallaba con lesiones y sinsabores, con la cruel persecución de su sueño olímpico de marchadora, la madrileña desarrolló una brillantísima labor académica. Una novedosa investigación en la retina de los ratones para la detección precoz del alzhéimer por la que recibió el premio a la Mejor Investigadora Joven en el 28º Congreso Europeo de Retina y Visión. Además, en su tesis doctoral, defendida hace unos días, obtuvo una calificación de Sobresaliente Cum Laude.
A Lidia no le cuesta reconocer que pensó en más de una ocasión en tirar la toalla. Tanto en lo deportivo como en lo académico. Que avanzó muchas veces sin saber muy bien por qué, apoyada en sus espartanas rutinas, en "entrenar, estudiar y entrenar". Sin fines de semana. Tantos veranos sin vacaciones: "Aprovechaba para hacer las prácticas del hospital". Sacándose la carrera de Medicina a curso por año. Y cuando renunció al MIR porque "el atletismo siempre tuvo prioridad", rozando su clasificación para los Juegos de Tokio, llegó el covid y, a continuación, le azotaron duramente las lesiones. "Si tuviera que definir mi carrera deportiva de alguna forma, sería de mala suerte. Desde 2020 que me operaron del pie, he ido acumulando problemas. Otra operación, fracturas, tornillos en un dedo... Siempre me ha costado tener continuidad", desgrana el calvario que se alargó hasta los de París, en los que también se quedó a las puertas.
A sus 29 años, los mismos que María Pérez -"de niñas la ganaba. Y ahora ella es campeona del mundo y olímpica..."-, es como si a Sánchez-Puebla, que no empezó con la marcha hasta los 13, cuando ya tenía alguna medalla en cross a nivel nacional, todo le empezara, al fin, a sonreír. "Venía de un 2024 en el que había apostado todo por ir a París y decidí no ver nada de esos Juegos. Me fui a Italia a trabajar tres meses a un hospital. Y a hacer un reset. Estaba agotada mentalmente. Y luego me lesioné con dos fracturas por estrés, desde octubre hasta febrero, muchos meses complicados. El atletismo era mi vida, pero me estaba costando la salud. Decidí tomármelo con tranquilidad", repasa.
Lidia, con su premio a Mejor Investigadora Joven en Estudio de Retina en el 28º Congreso Europeo de Retina y Visión.ÁNGEL NAVARRETE
Precisamente en la primera concentración invernal en Sierra Nevada, en febrero, conoció a Juanpe López, el ciclista recién fichado por el Movistar, "el chico andaluz que habla con todo el mundo", su pareja desde entonces, con el que compartió, por ejemplo, la reciente San Silvestre vallecana. "Me ha dado mucha estabilidad", desvela. Una calma que, curiosamente, se traduce en los mejores tiempos de toda su carrera. "Con esta nueva filosofía, sin quizá entrenamientos espectaculares, llegué a hacer marca personal en 20 kilómetros. A quedar séptima en el Campeonato de Europa por equipos en mayo. A nada de la mínima RFEA para el Mundial. Y pude rematar con un bronce en el Campeonato de España"...
Ahora Lidia avanza, deportivamente, paso a paso. No mira tanto a Los Ángeles, quizá su última oportunidad, como al próximo campeonato de España, en marzo. "No hago marcha porque sea un deporte en el que gane dinero. Pero siempre he tenido un sueño, ser olímpica. Me queda esa espinita y no sé si lo voy a conseguir. He vivido dos ciclos, he tenido el caramelo en la boca... He tenido tantas lesiones que te planteas: '¿Hasta cuándo?'. Aunque ahora estoy con ilusión. Creo que todavía tengo que explotar en el deporte. Sólo espero un poquito de suerte, poder entrenar a gusto y tranquila, que las ganas ya las pongo yo", asegura.
Mientras todo eso ocurría, había otra Lidia, con bata, también con empeño, compaginando una carrera como la de Medicina con sus entrenamientos en el Centro de Alto Rendimiento, al que al principio, antes de que obtuviera una plaza para vivir en la Residencia Blume, acudía desde Getafe, más de tres horas al día en transporte público. "Se me hacía muy cuesta arriba. Pensé incluso en dejar la carrera. Desde primero tuve que aprender a marchas forzadas que tenía que organizarme muy bien", recuerda.
Lidia Sánchez-Puebla posa para EL MUNDO.ÁNGEL NAVARRETE
Cuando terminó la carrera, su mentor, José Manuel Ramírez (profesor de oftalmología en la Universidad Complutense), la convenció para que no se desvinculara de la Medicina. Lidia completó un master en ciencias de la visión y después consiguió un contrato predoctoral con la Universidad. "Me he dedicado a investigar la retina en un modelo de ratón con alzhéimer. La retina comparte muchas similitudes con el sistema nervioso central. El objetivo principal era ver si los cambios que vemos a través del ojo se reflejarían en el cerebro y cómo a través de ello, en un futuro, podría haber biomarcadores para la detección precoz del alzhéimer", relata con orgullo el proyecto recién culminado con el premio y el Cum Laude.
Además, uno de esos trabajos para la tesis tuvo un protagonista inesperado. "Mi padre es físico, profesor de la Universidad Carlos III. En una de las partes yo debía contar unas células del ojo del ratón. Tenía tantas imágenes... Y tenía que medirlas manualmente, diferentes parámetros. Un día, él, viéndome en casa, me vio muy estresada 'pintando celulitas'. Y creó un programa, basado en la Inteligencia Artificial, que me ha salvado la vida. Lo que hubiese tardado un año y medio en hacer, en cuestión de horas está resuelto. Eso es lo que defendí en el Congreso y por lo que gané el premio a Mejor Investigadora Joven", explica Lidia, que defiende el empeño de los atletas y también de los jóvenes. "Siempre se dice que somos cada vez más vagos. Pero creo que estamos cada vez más formados y podemos aportar bastante a la sociedad. En mi caso, el entorno que tengo, la verdad es que es súper trabajador. Todos tenemos ambición, aspiraciones. En el atletismo es un poco así ahora. La gente estudia para tener un respaldo por si los resultados no acompañan".
Entre la investigación y la marcha. Entre el atletismo y los estudios. Entre los ratones y las zapatillas. "Siempre digo que mi vida es como una bici con dos ruedas. Una es el deporte, la otra es mi trabajo. Cuando ha habido épocas de mi vida que he pinchado la rueda del deporte, porque he estado lesionada o porque ha habido menos motivación, he tirado con la otra. Y al revés. Cuando con la tesis he estado muy agobiada, de hasta pensar en dejarlo, he tirado del deporte". Lidia, un ejemplo.
Antes siquiera de empezar a grabar, Orlando Ortega explica su infancia en La Habana junto a su madre, entregado al taekwondo y su posterior flechazo con el atletismo que le llevó a Artemisa, un pueblito de Cuba, para entrenar junto a su padre. Orlando Ortega, ahora sí, habla. De las lesiones que lo mantienen lejos de las pistas desde los Juegos de Tokio 2020, de su matrimonio con la cantante Aina Maro y el reciente nacimiento de su hija, de su nueva vida en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat... Orlando Ortega habla y es extraño. Cuando llegó a España en 2013 cada entrevista era una valla que saltar, pero ya no. El subcampeón olímpico en los Juegos de Río 2016 ahora disfruta de la charla.
Se le ve diferente ante la grabadora.
De todo se aprende. Cuando llegué a España hubo algunas cosas, presión mediática [vallistas españoles publicaron una carta en contra de su nacionalización] y después de los Juegos de Río hubo un boom, muchas peticiones de golpe de los medios de comunicación. No estaba acostumbrado, me costó. Ahora me lo tomo de otra manera. Estoy más tranquilo. La vida se trata de aprender.
No hemos sabido mucho de usted desde Tokio.
Han sido dos años complicados. Ha habido momentos de frustración, de inseguridad, de mucho dolor con las lesiones. Te vienen muchas cosas a la mente, te afecta en tu vida personal. A veces no me apetecía levantarme de la cama. Pero gracias a Dios y al trabajo con mi psicóloga, Toñi Martos, he salido adelante. Ahora entiendo que soy un ser humano, no soy un robot y que es normal que te invada la inseguridad y te cree confusión. Ahora sé transformar esos pensamientos en motivación.
¿Y cómo se encuentra físicamente?
Muy bien, muy contento. Desde la operación [el verano pasado se operó de los isquiotibiales] he estado trabajando muy bien, mejor que nunca. Tengo la vista puesta en los Juegos de París. Quiero seguir recuperándome, seguir ganando confianza en los entrenamientos y seguir disfrutando de este deporte.
¿Se imagina en el podio olímpico?
Estar en París ya sería un logro, tengo que ser realista. Siempre he sido muy ambicioso, quiero otra medalla olímpica, pero decirte que voy a ganar sería mentirte. Tengo mucha fe en clasificarme. Y si lo consigo iré a vivirlo, a disfrutarlo, a intentarlo. Las vallas ya sabes cómo son: hay malas salidas, hay tropiezos y, de repente, puedes tener una oportunidad. Pero el objetivo es estar.
PEDRO SALADOARABA
Sus peores años a nivel deportivo han coincidido con sus mejores años a nivel personal.
Completamente, sí, sí. Eran las dos caras de la moneda. En casa estaba muy feliz, pero no podía entrenar. Ahora, por suerte, todo va en la misma dirección, gracias a Dios lo tengo todo. Conocí a mi esposa, nos mudamos a Santa Perpetua, aquí cerca del CAR, tuve a mi hija...
Regresó desde Chipre, donde se había instalado después de los Juegos de Río.
Quería estar cerca de mi esposa y de su familia y aquí encontré un hogar, que lo necesitaba desde hace años. Hablé con la federación para entrenar en el CAR, me concedieron una beca y estoy encantado, tengo unas condiciones magníficas para entrenar.
Hace unas semanas le visitó aquí el jamaicano Hansle Parchment, el vigente campeón olímpico.
Tenemos buena relación, sí. Es mi rival de toda la vida, llevamos casi 15 años compitiendo juntos. Él, yo y Pascal Martinot-Lagarde tenemos más de 30 años y ahí seguimos. Me encantaría volver a disputar una prueba de la Diamond League contra ellos y por supuesto encontrarnos en la final de los Juegos Olímpicos. Hay muy buenos jóvenes, como Grant Holloway o Trey Cunningham, pero nos mantenemos los veteranos.
¿Qué opina del ascenso de Asier Martínez o Quique Llopis?
Son muy buenos vallistas y ojalá sigan creciendo las vallas en España. Cuando yo ya no esté espero que haya españoles compitiendo con los estadounidenses o los jamaicanos.
"Cuando no esté". ¿Será después de los Juegos de París?
El atletismo es mi pasión y no me veo aún sentado en casa pensando que ya está, que no voy a competir más. Lo intentaré hasta que el cuerpo me diga que ya no puede más. Llegará un día en que tenga que retirarme, pero no lo veo cerca. Además, ahora he encontrado estabilidad, he organizado mi vida, y pienso que puedo disfrutar de aquí en adelante.