El entrenador del Bilbao Basket, Jaume Ponsarnau, protestando una decisión arbitral.Pepe TorresEFE
Los primeros escarceos de la temporada española y europea van confirmando la impresión de que el baloncesto vuelve a encontrarse en una etapa transitoria y poco definida, en la que la evolución física y técnica de los jugadores, el reglamento y la fo
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La era Chus Mateo amaneció en un lugar insospechado, para siempre ya el Farum Arena, un recóndito y pequeño recinto a las afueras de Copenhague, unido al nombre del seleccionador llamado a comandar la resurrección de España. Porque de eso se trata, de que no demasiado lejos ni tarde esta selección vuelva a donde solía, a ser la temida por todos, la que no se bajaba de los podios. Para empezar, un triunfo de energía y recarga de autoestima ante un rival menor. [64-74: Narración y estadísticas]
Porque aún escuece la frustración acumulada, el fracaso del reciente Eurobasket, los tiempos de apreturas y eliminaciones prematuras. Las nuevas joyas del baloncesto español se forjan a fuego lento, la mayoría en Estados Unidos, pero ya empiezan a romper el cascarón de la elite. Y mientras, los que nunca fallan son los de la clase media, tan reivindicativos como cada vez que se les ha necesitado.
Casi ninguno tan representativo de todos ellos como Jaime Fernández, campeón de Europa en 2022, letal ante Dinamarca hasta sus problemas físicos -tan decisivo como otro veterano, Oriol Paulí-, nombre propio de un triunfo que dejó los destellos de ambición del debutante Great Osobor, una perla nacida en Tudela que, tras brillar en la NCAA, ahora destaca en el Jena alemán. O el desparpajo de Álvaro Cárdenas, de otro criado en el universo americano y que ahora comanda al Peristeri griego, cedido por el Valencia.
El primer quinteto de Mateo -acompañado para esta aventura de un cuerpo técnico renovado, con dos de sus asistentes en el Madrid (Paco Redondo y Guillermo Frutos), Paco Aurioles y Arturo Ruiz- fue una declaración de intenciones. El futuro es importante, pero más lo es el presente. Y en cancha puso a cinco veteranos de las ventanas, que respondieron de forma inmediata. La primera canasta fue de Fran Guerra y Alberto Díaz no tardó en robar un balón en campo ajeno. Un 12-21 de salida, con puntos fáciles de Yusta y Jaime Fernández, penetraciones fugaces que ni rozaban los daneses.
Fran Guerra, ante Dinamarca.feb
Fue con la segunda unidad cuando más dudas surgieron y eso que Great Osobor dejó una estupenda sensación de intensidad. Algunos desajustes, menos capacidad ofensiva y un triple sobre la bocina de Heede-Andersen para arrimar a los locales.
La ventaja volvió con los movimientos de banquillo, de repente con dos bases, ahora sin ninguno puro, con Izan Almansa de cuatro o sin ala-pívot claro en cancha. Esas probaturas de Mateo mantenían al equipo en tensión (bien reflejada en el rebote ofensivo) y dos triples de Jaime Fernández dieron la máxima a la selección al descanso. La nota negativa fue la lesión de Dani Díez, que se torció el tobillo derecho al lanzarse a salvar un balón de fondo. No volvió al partido.
Fue tras el paso por vestuarios cuando España comenzó a romper la contienda. Especialmente con la irrupción de Osobor, que mueve sus kilos sobre la cancha con una agilidad de asombro. Culminó una contra tras robar un balón en primera línea y otra tras un alley-oop para la máxima (38-52). La puntilla llegó después, tras otro rato de indefinición, desde el perímetro, al fin Francis Alonso y Alberto Díaz
Todos ellos, héroes de las ventanas, son los que deberán conducir a esta nueva España al Mundial de 2027. Un proceso largo de clasificación en el que conviene ir acumulando triunfos. Pues en el horizonte no será tan sencillo como ante esta Dinamarca sin estrellas que no resistió la velocidad ni la determinación de los meritorios chicos de Chus Mateo. El domingo aguarda Georgia en Tenerife, la de Shengelia y Shermadini, y esa prueba ya será otra historia. El próximo febrero será Ucrania el rival. Y más allá, Grecia, Montenegro...
El Real Madrid de baloncesto ha hecho oficial este viernes el fichaje del pívot del Bayern Múnich Serge Ibaka, que quedará vinculado al club blanco durante la próxima temporada, según confirmó a través de un comunicado oficial la entidad presidida por Florentino Pérez.
Ibaka ya formó parte del Real Madrid en 2011 cedido por el Oklahoma City Thunder de la NBA. Más de una década después, procedente del Bayern Múnich, volverá a vestir la camiseta blanca. El pívot, de 34 años, se mostró muy contento por volver a la entidad presidida por Florentino Pérez.
"Para mí es como volver a casa. Tengo muchas ganas, ya sé cómo es jugar aquí. Tengo muchas ganas de volver a llevar esta camiseta y estar con ellos", declaró.
Además, habló sobre cómo está 13 años después de su salida del Real Madrid, y declaró que físicamente ha cambiado y que su nivel de juego ha mejorado muchísimo: "Es la diferencia entre el Ibaka de ahora y el de antes. Mi labor siempre ha sido defensiva, desde el principio de mi carrera, pero ahora he mejorado mucho en ataque. Puedo aportar también mi experiencia, porque llevo jugando al baloncesto profesional desde hace 18 años", explicó.
Ahora, formará pareja de pívots con Walter Tavares, y resaltó que con la mentalidad defensiva del jugador caboverdiano y con su presencia en el campo, pueden formar un dúo "muy importante y fuerte" en Europa.
"Yo estoy aquí para ganar. He venido porque aquí, con el Real Madrid, tengo la posibilidad de ganar y es lo que quiero, lo que me gusta. Me gusta esa presión de un equipo que ya está acostumbrado a ganar. Siempre, cada año, el equipo va a intentar ganar ye so me gusta", agregó.
Sobre cómo será trabajar junto al entrenador Chus Mateo, recordó que es un técnico al que conoce desde hace tiempo con un estilo que le "encanta". "He visto cómo está jugando el equipo en los últimos años y tengo muchas ganas de trabajar con él", apuntó.
Ibaka volverá al que fue su equipo después de ganar la pasada campaña la Liga y la Copa de Alemania y tras desarrollar una "brillante trayectoria de 14 temporadas en la NBA", donde se proclamó campeón con Toronto Raptors en el curso 2018/19.
Además, Ibaka consiguió con la selección española la medalla de oro en el Europeo de Lituania en 2011 y la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.
Se valorará con el tiempo, cuando se mire a esta época de frotarse los ojos. De coleccionar títulos, tantos que las cuentas de Unicaja se pierden en su grandeza. En Atenas llegó el sexto en tres años, la segunda Champions League consecutiva, que sería la guinda del proyecto Ibon Navarro si no fuera porque este colectivo parece lejos de estar saciado.
Todo empezó en Badalona, aquella Copa del Rey contra pronóstico despedazando gigantes. Unos meses después, ganar empieza a ser casi una obligación para este Unicaja histórico, que acabó con el Galatasaray (67-83) en una final de pura experiencia, de equipo que compite como nadie, que dominó toda la tarde a un rival al que remató en la recta de meta sin siquiera pestañear. Fueron Kendrick Perry, Kalinoski y Tyson Pérez los héroes y Tyson Carter el MVP, un grupo salvaje en el que se turnan el protagonismo para bien común.
No fue tarea sencilla, pese a la clara condición de favorito de Unicaja, su sabiduría ganadora, eso tan difícil de adquirir. El Galatasaray, a la sombra de Fenerbahçe, Efes y Besiktas en Turquía, ya desplumó aLa Laguna Tenerife en semifinales, evitando la final española de este torneo de la FIBA con premio de un millón de euros para el ganador. Y no se arredró ante la habitual pujanza malagueña, que venía con el viento a favor tras el más difícil todavía de ganar dos días antes al anfitrión AEK.
Tyson Pérez culmina una jugada, ante el Galatasaray.GEORGIA PANAGOPOULOUEFE
Los de Ibon Navarro tardaron dos minutos en ponerse en órbita. Fue un arranque extraño, con dos faltas en menos de un minuto de Kravish. Esas dudas pronto las despejó Unicaja con su baloncesto coral y agresivo, haciendo cada intento turco una verdadera pesadilla. Nadie en eso como Alberto Díaz, que volvía locos a los rivales: forzó en un momento hasta tres faltas en ataque. Una pericia tan jugosa casi como la del que mete triples. Así llegaron las primeras ventajas considerables, un 13-24 tras triple de Kalinoski.
Tyson Pérez
Pero el rebote era un problema inesperado y Galatasaray se reencontró con un parcial de 13-2 que igualó el duelo. Fueron seis puntos seguidos de Tyson Pérez los que rompieron esa dinámica incómoda para Unicaja y Tyson Carter el que remató antes del descanso con tres tiros libres para sus 12 puntos en ese instante. Eso, puntos (y triples), era lo que le faltaba a los andaluces para ser más ellos.
A la vuelta continuó la tónica. Unicaja, al que el retorno al partido de Kravish le dio mucho, pretendiendo romper la tarde, y Galatasaray, que sólo presume de un título europeo en sus vitrinas (la Eurocup de 2016), agarrándose a ella con todo lo que tenía, soñando con la sorpresa los de Yakup Sekizkok -que fuera ayudante de Ataman (ahí estaba en primera fila del Sunel Arena junto a Juancho, Vildoza...)- en el Efes.
Le 'mataban' los fallos en los tiros libres y tener enfrente a un grupo tan poderoso mentalmente como Unicaja, conocedor de los terrenos. Fueron cinco puntos seguidos de Kalinoski los que empezaron a hacer acariciar el trofeo. Era un +12, la máxima (56-68), con menos de cinco minutos de juego. Un poco más adelante, Ejim estiraba un poco más. Y después, dos tripes más, Perry y de nuevo Kalinoski, fue la puntilla cuando ya sonaba de fondo en las tribunas el 'Tu bandera' el himno de una era. El que se ha escuchado en cada uno de los cuatro trofeos de esta temporada (Intercontinental, Supercopa, Copa y Champions) de 11 en toda su historia.