El día de la inauguración del Mundial, el 23 de julio, cumplió 40 años Aaron Peirsol. Compartió generación con Michael Phelps y Ryan Lochte, ambos de 38. Los tres constituyeron, entre 2000 y 2016, una especie de Santísima Trinidad de la natación esta
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Le hubiera encantado abrazar a Oriol Cardona. La foto no tendría precio. Paquito Fernández Ochoa cumpliría el próximo miércoles 76 años. Han tenido que transcurrir 54 para que otro español sea campeón olímpico en unos Juegos de Invierno. Mucho tiempo, demasiado, y, además, contar con la cooperación de una modalidad nueva en el programa. Si no, imposible. Oriol Cardona ya es otro de nuestros insignes pioneros. Y lo es por partida doble: por terminar primero en una disciplina novedosa entre nosotros y porque esta disciplina es, como él, debutante en unos Juegos. Oriol también se ha convertido en un pionero internacional.
Ha partido de cero. O de un mundo desconocido para el gran público. Con toda probabilidad, para el público, a secas. Antes de Paquito, la gente no era ajena, o no completamente, a la presencia del esquí en el panorama deportivo nacional. Los interesados sabían de su existencia. También los indiferentes, porque no eran del todo ignorantes ante el hecho de que el esquí ocupaba un espacio en las informaciones periodísticas.
Paquito tuvo en España algunos precursores que abrieron un camino que nuestro campeón en 1972 completó para superarlos y hacer historia. Antes de Paquito y con Paquito, que se estrenó olímpicamente en Grenoble68 antes de ganar en Sapporo72, todos estos nombres representaron a España en los Juegos de Invierno, desde los celebrados en Saint Moritz en 1948: José y Luis Arias, Thomas Moravitz, José Vila, Juan Armiñán, Juan Poll, Ramón Blanco, Francisco Viladomat, Luis Moliné, Jaime Talens, Manuel García Morán, Luis Sánchez, Luis Viu, Juan Garriga, Javier Masana, Jorge Rodríguez, Francisco Prat, Aurelio García, Luciano del Cacho, Antonio Campaña y Carlos Adsera.
Oriol Cardona, durante la final de este jueves.AFP
Oriol no ha tenido a nadie en quién mirarse en tales alturas, aunque en Cataluña existe una cierta tradición en este deporte. A diferencia de Paquito, era favorito desde su condición de campeón del mundo. Paquito fue una sorpresa. La sorpresa, en el caso de Oriol, habría sido que no hubiese ganado. Si existen milagros en el deporte español, éste es uno de ellos. Y no porque Oriol sea fruto de una inopinada y favorable concatenación de circunstancias gozosamente imprevistas, sino por todo lo contrario: porque no ha necesitado de «ayudas divinas», de factores inexplicables o ilógicos para alcanzar la cima. Su oro no es el producto de la alquimia, el de la manipulación de elementos dispares. Es el de la naturaleza. No hay química falsificadora en los quilates. Hay física pura, sin procesos mixtificadores de probetas y alambiques.
Su medalla, de máximo valor, debe ser unida, junto a la también suprema de Paquito, a la plateada de Queralt Castellet en halfpipe, en Pekín2022. Y a las broncíneas de Blanca Fernández Ochoa, en la misma prueba que su hermano, en eslalon, en Albertville1992, Javier Fernández en patinaje artístico y Regino Hernández en snowboard, ambas en Pyeongchang2018. Y ahora, Ana Alonso en, también, esquí de montaña.
Después de Paquito, el esquí alpino español no se quedó huérfano de nombres en, aparte de los Juegos, la Copa del Mundo. Todos femeninos. Blanca ganó cuatro pruebas (tres eslalons y un gigante). María José Rienda, seis gigantes. Y Carolina Ruiz, un descenso. Fueron buenos tiempos.
No sabemos qué ocurrirá entre nosotros a partir de ahora con el esquí de montaña y, por afinidad, con otras modalidades invernales. Es de desear que toda esta popularidad promocional nacida del oro produzca un interés entre los jóvenes que desemboque en un aumento de practicantes. Ojalá este oro sea sólido y no se derrita, como la nieve, al llegar el verano.
El ruedo ibéricoOpinión
CARLOS TORO
Actualizado Domingo,
12
noviembre
2023
-
17:16Alcaraz, el viernes, durante un acto promocional en Turín.EFE¿Por qué el...
Un récord del mundo, el de los 400 metros femeninos, presidió para la posteridad del Campeonato la jornada. Con ese estilo entre deslizante y rodante, de una elegancia erguida y sin (aparente) esfuerzo, Femke Bol, el cisne neerlandés, remató la carrera en 49.17. Rompía su plusmarca anterior, también de este año, de 49.24. La posibilidad de que, a sus recientes 24 años (el 23 de febrero), pueda un día bajar de los 49 segundos, se antoja tan real como deseable.
La jornada empezó con una bofetada inesperada para los nuestros. En las semifinales de los 60 vallas, Asier Martínez, que reaccionó en las prohibitivas menos de 100 milésimas (0,93), fue descalificado. Corrió (y ganó) bajo protesta. La reclamación de la delegación española no prosperó. La final se celebró sin el navarro, con el tiránico Grant Holloway derecho al oro (7.29) y Quique Llopis, cuarto, por las milésimas, con 7.53.
Un chico de pueblo, en el sentido más natural, de la definición. Mariano García, alias "La Moto", 26 años, natural de Fuente Álamo (Murcia), es uno de esos productos deportivos más o menos espontáneos de la España interior, también más o menos cercana a la periferia, pero alejada de los focos. Se llevó de cabo a rabo su semifinal de 800 y, claro, se metió por puestos en la final. Entró en la meta poco menos que sonriendo. No por arrogancia, sino por la pura alegría de competir y sentirse pletórico. Campeón del mundo en vigor, en la final dominical huele a oro renovado. Mohamed Attaoui no pudo seguirle en el mismo envite y, pese a su buen crono (1:45.68), no entró por tiempos en esa final (lo mismo que, en la prueba femenina, Lorea Ibarzabal con sus 2:00.73).
En el salto de longitud, el acreditado griego, que cumplirá 26 años el próximo día 18, Miltiadis Tentoglou, campeón de "todo" (olímpico, mundial, europeo), se enfrascó en un interesante duelo con el joven italiano (19 años recién cumplidos) Mattia Furlani. Ambos lograron 8,22. Pero Tentoglou, con un segundo brinco de 8,19, mejor que el segundo del italiano (8,10), impuso su dorada jerarquía. Casi clandestinamente, el jamaicano Carey Mc Leod, con una serie muy inferior a las de los actores principales, acabó, sin embargo, tercero con 8,21. Les dio un susto, aunque no un disgusto.
Bernat ArmangueAP
Tentoglou y Furlani son dos saltadores de infrecuente formato. Frente a la mayor presencia muscular de la mayoría de sus colegas, muestran una traza flacucha. Tentoglou mide 1,87 y pesa 70 kilos. Furlani anda en 1,81 y 65 kilos. Al menos, Tentoglou, fibroso, nervudo, pálido y de barba oscura, una figura de El Greco, ya está formado físicamente. Furlani, en cambio, es todavía un proyecto anatómico. Hijo de madre senegalesa y velocista, y padre italiano y saltador de altura, también él practicó esa especialidad (llegó a saltar 2,17 y ser campeón de Europa Sub-18). Pero la longitud lo llamó con más fuerza y posibilidades. Y ahí está, un soplo de aire fresco. Para el gran público es un hallazgo.
En unos 3.000 abiertos a media docena de puntos cardinales, los ordinales señalaron al británico Josh Kerr (7:42.98), el estadounidense Yared Nuguse (7:43.59) y el etíope Selemon Barega (7:43.64). Adel Mechaal, sexto (7:45.67), siempre fue a remolque de los mejores.
Aún sin medallas, a España le quedan, en el último asalto, aparte de Mariano García, las bazas de Ana Peleteiro en el triple salto, Fátima Diame en la longitud y las de la gente de 1.500: Esther Guerrero, Adel Mechaal y Mario García Romo.