Campazzo y el Real Madrid vuelven a cruzar sus caminos. Así lo ha confirmado el club que preside Florentino Pérez en un comunicado en el que anuncia el regreso del genial base argentino, que cumplirá su segunda etapa en el equipo blanco tras desvincularse del Estrella Roja.
El jugador de 32 años cumplirá su sexta temporada en el Real Madrid tras una aventura de dos años en los Nuggets de la NBA y su paso por el Estrella Roja, al que ha abonado su clausula de 50.000 euros para poder regresar a la disciplina blanca.
“¡Facu, gracias por todo lo que has hecho por el Estrella Roja! ¡Mucha suerte en la continuación de tu carrera!”, se despidió el club belgradense en su web.
Su anterior etapa en Madrid fue una relación exitosa para ambos actores ya que juntos lograron levantar 11 títulos: 2 Copas de Europa, 3 Ligas, 2 Copas del Rey y 4 Supercopas de España.
Además, a nivel individual, Campazzo ha sido elegido 2 veces en el quinteto ideal de la Liga (2018-19 y 2019-20) vistiendo la camiseta del Real Madrid, 1 vez MVP del playoff final de la Liga (2018-2019), 2 veces MVP de la Supercopa (2019 y 2020) y 1 vez MVP de la Copa del Rey (2020).
Ahora, llega al vigente campeón de Europa, con el cartel de ser uno, sino el mejor, base de Europa
Lenny Wilkens, miembro del Salón de la Fama de la NBA tanto como jugador como entrenador, falleció este domingo a los 88 años, informó la liga de baloncesto estadounidense.
Wilkens fue uno de los jugadores más dominantes en la década de los 60, fue ocho veces All-Star y fue campeón de la NBA como entrenador de los Seattle SuperSonics en 1979.
Ostenta el récord de partidos como entrenador en la NBA (2.487), ganó el oro olímpico como técnico de la selección estadounidense en los Juegos Olímpicos de 1996 y también trabajó como asistente en el equipo norteamericano en los Juegos Olímpicos de Barcelona'92.
"Lenny Wilkens representó lo mejor de la NBA, como miembro del Salón de la Fama como jugador, como entrenador, y como uno de los más respetados embajadores de este deporte", dijo el comisionado de la NBA, Adam Silver.
Atrás quedaron los momentos de abundancia. El baloncesto español está en plena y profunda crisis, con sólo ya un representante en la NBA (Santi Aldama), allá donde llegó a haber hasta 10 a la vez hace no tanto, All Stars incluidos. Tras el varapalo de los últimos Juegos, a los que la selección accedió por primera vez en mucho tiempo gracias a un Preolímpico, Sergio Scariolo tiene otra misión, un objetivo de mínimos a cerrar en la próxima Ventana FIBA (del 22 al 25 de noviembre): clasificarse para el Eurobasket del verano de 2025 donde defenderá oro. Y, sin la posibilidad de llamar a jugadores de la Euroliga, ha tenido que hacer malabares para el doble enfrentamiento (clave) contra Eslovaquia.
Recurrir al porvenir. En la lista de 16 anunciada este martes llaman la atención cuatro jóvenes que se estrenan con la absoluta quizá antes de lo que les tocaría. Izan Almansa, Mario Saint Supery, Rafa Villar y Sergio de Larrea, que acompañan a algunos habituales como Alberto Díaz, Xabier López-Arostegui o Jaime Pradilla (los tres únicos que estuvieron en París), referentes en un equipo en el que también se antojan clave Carlos Alocén, Fran Guerra o Tyson Pérez en su regreso.
Además, otras dos grandes promesas, Rubén Domínguez (ex colegial ahora en el Bilbao Basket) y Jordi Rodríguez (canterano de la Penya ahora en el Tizona Burgos), acudirán a la concentración como invitados.
"Con esta convocatoria intentamos responder a dos grandes exigencias que tenemos por delante. La primera, tratar de conseguir atar la clasificación para el Eurobasket 2025. Y la segunda, proceder con el recambio generacional que ya hemos empezado en los últimos años y que afronta en esta convocatoria una fase aún más avanzada. Tenemos claro que el imperativo es trabajar y preparar los partidos ante Eslovaquia para ganarlos. Y a la vez es muy importante para nosotros que nuestros jugadores más jóvenes sigan cogiendo experiencia y empapándose de los valores de #LaFamilia", ha manifestado el seleccionador.
España, que perdió sus dos enfrentamientos iniciales ante Letonia y en Bélgica, está obligada a derrotar al rival más débil, primero en Bratislava, el viernes 22 de noviembre, y después en el Palacio de los Deportes Paco Paz de Ourense (lunes 25 de noviembre a las 20:00 h.).
Llama la atención el caso de Almansa, que debutará con la absoluta viajando directamente desde Australia. El pívot, protagonista de los últimos veranos en las categorías de formación, especialmente en 2023 con su doble MVP (Mejor Jugador del Europeo sub-18 y del Mundial sub-19), no tuvo un experiencia satisfactoria en su apuesta por la NBA el pasado curso con la Academia Overtime Elite y desapareció de un draft que hacía no tanto le situaba entre sus puestos más altos. Decidió poner rumbo a las Antípodas, una decisión sin precedentes en el basket nacional, y allí, en los Peth Wildcats, se abre hueco todavía con 19 años.
El vallisoletano De Larrea ni siquiera ha cumplido los 19, pero fue el pasado verano una de las grandes noticias de la concentración de la absoluta para el Preolímpico. Otro júnior de oro, plata en el Mundial sub 17 y oro en el sub 19 de Debrecen. Un base de más de dos metros que ya es uno más en el Valencia Basket: en el último partido de los de Pedro Martínez aportó 13 puntos.
Completan el cuarteto de perlas Saint Supery, del 2006, canterano del Unicaja, otro base con poderío físico, que juega y destaca cada vez más cedido en el Baxi Manresa (5,3 puntos en ACB). Y Rafa Villar, formado en el Barça, también campeón del mundo en Debrecen, destacando en ACB en el Hiopos Lleida (6 puntos y 3,9 asistencias).
Aquella mañana en la playa de Fuentebravía, en el Puerto de Santa María, la carrera con Jaime, el pequeño de sus tres hijos, no había sido como las demás. "Joder, me ganaba con seis años. Estaba reventado", revisita Tomás Bellas (Madrid, 1987) en voz alta al instante preciso en el que todo cambia para siempre, en el que uno se da cuenta de que algo, de verdad, no va bien. Las vacaciones familiares en Cádiz el pasado mes de julio tornaron en pesadilla, en una sucesión precipitada de acontecimientos. Noches de sudoración descontrolada, "como un animal", inflamación de ganglios, tos, una visita de urgencia al hospital y un ingreso sin tiempo que perder. "A los pocos días nos confirmaron todos los presagios. Tenía un linfoma", recuerda el base, 14 temporadas en la ACB, el salto inicial del otro partido de su vida.
El 10 de mayo de 2024 Tomás, sin saberlo, se había vestido de corto por última vez. "Ganamos al Valladolid. A un entrenador que me echó de Fuenlabrada, que le tenía ganas... Bueno, no es mal colofón", saca pecho con media sonrisa melancólica. Repartió ocho asistencias, disfrutó y se despidió del Fernando Martín dándose el gusto de un baile más: la siguiente temporada seguiría en el Fuenla, uno de los clubes de su vida, al que ayudaba en su retorno a esa Liga Endesa en la que él disputó 466 partidos. "Nada mal para un tipo normal que no levanta el 1,80", reivindica una carrera que "ha sido la hostia". Ya en pasado, confirmada su retirada, pese a "estar ya sin enfermedad en el cuerpo". "Eso no quiere decir que este curado. El alta no te lo dan hasta que pasan 10 años", explica.
Tomás repasa con EL MUNDO su batalla de los últimos meses sentado en la mesa de reuniones de su empresa familiar, en Las Rozas. La que fundó su padre hace 32 años y en la que ahora le acompañan sus cuatro hermanos. A la que volvía cada verano unas semanas para echar una mano, para hacer gala de sus estudios universitarios. Un jugador profesional. Ya le ha crecido el pelo, aunque aún le acompaña una boina, nueva seña de identidad. Llegó a perder nueve kilos. Está volviendo al deporte, al crossfit, y va tachando de su lista las cosas que apuntó que no podía dejar de hacer. Esquiar, tirarse en paracaídas, viajar con sus hijos, ver en directo un Partizán-Estrella Roja (lo hizo este mismo viernes, en Belgrado)... Porque el final era una posibilidad. "Te pones en el peor escenario, claro. Y piensas: 'Mi vida ha sido fantástica, no tengo un solo pero a los 37 años", pronuncia con crudeza.
Tomás Bellas, en su empresa familiar en Las Rozas.ANTONIO HEREDIA
El sopapo fue inesperado. "Cuando me dicen, 'tienes un linfoma', yo estaba con mi padre en la habitación del hospital. Así, de frente. Es difícil describir las sensaciones. Intentas no llorar [se emociona, "ahora me cuesta"]. Intentas hacer ver a todos que estás bien. Porque creo que yo he sufrido, pero mucho más los que están alrededor", cuenta. El 19 de agosto recibió la primera sesión de quimioterapia en el Puerta de Hierro. "Hay cuatro estadios y yo estaba en el cuarto. Fue un tratamiento súper fuerte. Una bomba para mi organismo. Mi médula no estaba preparada, tuve un problema en el pericardio porque tenía el corazón encharcado, la quimio te inmunodeprime: cogí fiebre, varias semanas ingresado...", relata un infierno físico y mental del que escapó también con velocidad, como siempre deambuló por la cancha. "Antes del segundo ciclo, a finales de septiembre, me hicieron una prueba de Pet Tac y vieron que no tenía enfermedad. Había sido efectivo. Me dieron dos más, de refuerzo. El último, a mediados de noviembre", celebra.
"Estoy convencido de que el deporte me ha ayudado muchísimo. Para coger el toro por los cuernos. Era como un partido, había un objetivo y sabía que iba a tener que esquivar balas. Gran parte es actitud. El baloncesto me ha enseñado a saber sufrir, a que no siempre hay una recompensa inmediata, a gestionar las emociones...", relata un tipo al que no le cuesta admitir que nunca tuvo "pedigrí", pese a que con 12 años ya estaba en la cantera del Real Madrid.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
El hándicap de la altura siempre le acompañó. Fue a la vez su acicate. Como las miradas de sospecha: "Ser infravalorado forja tu carácter". "Nunca fui a una selección. Es mi espina clavada, lo reconozco. Me podían haber llamado, sin lugar a dudas. Hay gente que ha estado con mucho menos nivel que yo", se queja, consciente también de que no ayudó su forma de ser -"mi carácter. Yo no soy una ovejita a la que dirijas"-, para bien y para mal, es su otra gran seña de identidad. Ha habido pocos guerreros con más ardor en la cancha que Tomás Bellas, pesadilla para los rivales, pretoriano de los entrenadores en sus cuatro equipos ACB (Gran Canaria, Zaragoza, Fuenlabrada y Murcia), desde Pedro Martínez hasta Sito Alonso, pasando por Aíto García Reneses, Jota Cuspinera, Luis Guil... "Era una mosca cojonera. 'Joder, hoy me toca contra Bellas', decían los rivales. He tenido peleas con todos. Yo siempre fui a muerte. Hacía en la cancha lo que nadie quería hacer", admite de unas batallas que ahora son anécdotas de amistad con sus ex rivales, los que le han abrumado con mensajes de apoyo e interés.
¿Cómo llega un niño bajito de Las Rozas a la elite? "Todo es más o menos positivo en función de las expectativas que tengas. Las mías ni de lejos eran estar 14 años en la ACB, casi 500 partidos, más competición europea, haber jugado la Summer League de Las Vegas... y un denominador común: he jugado muchísimos minutos", se enorgullece de una trayectoria que empezó por su padre, entrenador en equipos femeninos, guardián de sus primeros entrenamientos en el patio de su casa. En infantil ya estaba en el Madrid, pero a los 18 jugaba en Primera Nacional en el Torrelodones, "entrenando a las nueve de la noche con abogados, dentistas, pintores...". Quería centrarse en sus estudios universitarios y en su novia. Y por eso rechazó, ahora ríe, hasta a Pablo Laso. "Me quería en Cantabria tras una pretemporada, se quedó alucinado", recuerda.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
Pero le llamó el Cáceres de Piti Hurtado, destacó en LEB Oro, y después le surgió la oportunidad "de una vida". Saltar a la ACB con el Gran Canaria. Se acogió a aquel decreto 1006 que hizo famoso Alberto Herreros. "Con Pedro Martínez fue un máster de cinco años, diario. Con una exigencia bárbara. Pero es lo que me permitió estar tantos años en la liga". Tras seis temporadas en Las Palmas, sale a Zaragoza, la otra cara del baloncesto, "peleando por no bajar, impagos... No fue muy agradable. Remar y remar". "De ahí a Fuenlabrada. Decido acercarme a casa por el tema de la empresa, la familia...". Y después Murcia, "una segunda juventud". Tras tres cursos, repliega, otra vez el negocio familiar como prioridad, y Tomás, Paola y Jaime, claro. Pero mantiene el gusanillo del deporte de elite en su vuelta a Fuenlabrada. "Ha sido la hostia. Mi carrera ha sido la hostia", repite.
Cuando le sobrevino la enfermedad, Bellas, siempre celoso de su intimidad, no quiso hablar públicamente demasiado. Se centró en la recuperación, se fue despidiendo del baloncesto al que no sabe si volverá como entrenador o director deportivo quizá y del que, por ahora, sólo echa de menos lo bueno, "competir, el vestuario...". "Si me llega a pasar más joven, probablemente hubiera intentado volver. Pero ya no está en mis planes", dice. Ahora cuenta el proceso por primera vez. En unos días, en Gran Canaria, recibirá un homenaje durante la Copa del Rey, en el "club de su vida", en el que fue capitán. "Todo esto ha sido una lección de vida. Me ha retirado del baloncesto, pero no de la vida. Te hace cambiar las prioridades. Antes te preocupabas porque no metías dos canastas y ahora porque estás vivo".