Deporte en estado puro, lucha física, mental, generacional, 16 años de diferencia. Por un lado, Carlos Alcaraz, al que podría catalogar como el jugador más completo técnicamente de la historia a su edad. Ha revolucionado el tenis, usando sus golpes e
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Contaban los profesores del colegio Ciudad de la Paz de El Palmar que muchas veces su alumno, Carlos Alcaraz, se despistaba y se dejaba los libros. Contaban sus entrenadores en el Club de Campo de Murcia que en sus partidos de adolescencia se llegaba a olvidar del tanteo. Contaba este miércoles por la mañana su actual técnico, Juan Carlos Ferrero, sus ejercicios de calentamiento en la Philippe Chatrier y tenía que recordarle: "¿No te olvidas de restar?". "Ah, sí, sí, me olvidaba", contestaba el número tres del ranking mundial. Muchas veces ha admitido Alcaraz que es un tipo despistado, como tantos otros virtuosos, y en determinadas ocasiones ese rasgo de su carácter se refleja en la pista.
Ocurrió este miércoles en segunda ronda de Roland Garros ante Jesper de Jong: se abalanzaba sobre la victoria después de dos sets a muy alto nivel y, de repente, se distrajo. Se fue del partido. Estaba, como él mismo reconoció después, "en otro mundo". En el tercer set cometió numerosos errores y tuvo que trabajar para cerrar el marcador en 6-3, 6-4, 2-6 y 6-2 y clasificarse para tercera ronda donde se encontrará con el ganador del duelo entre el estadounidense Sebastian Korda y el coreano Soon-Woo Kwon.
DIMITAR DILKOFFAFP
"No me dolía nada, he notado el brazo bien. Es verdad que las condiciones [lluvia, pista tapada] no ayudaban, que costaba hacer winners y los puntos eran muy largos, pero no achaco mi bajón a nada. Lo achaco a mí", admitía Alcaraz. Nadie se conoce mejor que uno mismo. Y de ese autoconocimiento nace la solución.
¿Qué hace cuando ve que ha salido del partido?
Intento mantener la actitud positiva, poner buena cara, sonreir, pensar en cosas positivas. A veces cuesta bastante. Son momentos complicados. Pero sé que cuando estoy en otro mundo, cuando antes vuelva, mejor. Que no me cueste un set y, si me cuesta un set, que no me cueste dos. Sé que mi tenis va a volver si la predisposición es buena.
Los despistes de Alcaraz, por lo general, le juegan en contra, pero hay algunos que pueden celebrarse. Este miércoles, antes de medirse a De Jong, el español se frenó un momento y pensó: ¿Qué me estoy dejando? ¡La malla protectora! Había saltado a la pista sin la protección que le acompaña desde hace dos meses, había incluso realizado el sorteo de saque sin ella y sólo se acordó al colocarse para golpear las primeras bolas. Un lapsus esperanzador. Muy buena señal.
El brazo, sin dolor
Porque, más allá del susto del tercer set, la conclusión del partido de Alcaraz es esa: el maldito edema muscular de su brazo derecho es pasado, todo vuelve a ser posible. Si en primera ronda ante el peculiar J.J. Wolf, Alcaraz tiró de inteligencia y oficio para golpear al máximo sólo unas cuantas bolas, ante De Jong soltó valiente su derecha. Volvió a sacudir la bola, a empujarla, a acelerarla, a empotrarla contra el muro del rival a toda velocidad. Dos meses después de la aparición del dolor, el español parece haberlo olvidado. Ahora sólo le falta apuntar.
Quizá por la falta de competición en los últimos dos meses, quizá por los muchos entrenamientos sin poder practicar el 'drive', cometió muchos más errores no forzados de lo normal (47), la mayoría con su mejor golpe. Tuvo mérito también De Jong, un jugador mejor de lo que señala su ranking, capaz de superar a Alcaraz en el intercambio de dejadas, pero Alcaraz deberá afinar más con su derecha para seguir adelante y poder levantar su primer Roland Garros. ¡Ah!, sí, y evitar los despistes.
Abrigado hasta arriba, como exigirán los seis grados que este jueves enfriarán Rotterdam, Carlos Alcaraz llegará al pabellón Ahoy y se enfrentará sobre pista dura a Andrea Vavassori en octavos de final del ABN AMRO Open (sobre las 19.30 horas, en Movistar). Si vence, al día siguiente quizá se mida a Holger Rune, en el puesto 14 del ranking ATP, y luego le esperarán Andrei Rublev, Alex De Miñaur o Daniil Medvedev, todos entre los 10 mejores de la lista. Pese a ser un torneo menor, de categoría ATP 500, el español está jugando en la superficie que menos le favorece y el cartel de rivales espanta. ¿No podría haber escogido un calendario más amable? La respuesta es no. O muy difícilmente.
Desde que era prácticamente un adolescente, es decir, desde sus inicios como profesional en 2020, Alcaraz siempre había pasado el febrero en Sudamérica, disfrutando del calor, de la tierra batida y de partidos ante adversarios más asequibles. Pero este año ha tenido que renunciar a ello. Cambiar de superficie entre el Open de Australia y el doblete Indian Wells-Miami era demasiado para el cuerpo, un desgaste que solía acabar en lesiones y/o derrotas. Este curso para él, igual para la mayoría de tenistas, la tierra batida queda reservada para la primavera. Y, de ahí, el problema.
La final del torneo de Buenos Aires, el año pasado.GETTY
«La superficie que más puntos en el ranking otorga es la pista rápida y en el circuito ya no puede haber especialistas sólo en tierra batida. Ahora todos deben saber jugar en rápida y para ello necesitan hacer su calendario, adaptar su temporada a esa superficie. No sé si corremos el riesgo de que sólo haya tierra batida dos meses al año, pero está claro que los torneos que más crecen son en pista dura», explica David Ferrer, director del Trofeo Conde de Godó y finalista en Roland Garros en 2013, en conversación con EL MUNDO sobre la reducción de torneos en arcilla.
Adiós a Estoril, Niza o Sopot
Entre abril y mayo la gira que enlaza Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma y Roland Garros parece inamovible, pero en el resto de meses parece imposible organizar una competición en una superficie que no sea pista dura. Mientras los torneos sobre sintético crecen, como Dallas y Doha, ahora ascendidos a ATP 500, aquellos que se disputan en tierra batida van perdiendo interés, importancia y patrocinadores. Si hubo un tiempo, no tan lejano, en 1994, en el que el calendario ATP recogía 34 torneos sobre polvo de ladrillo, hoy sólo son 21 eventos. El propio Ferrer, por ejemplo, jugó en su reciente carrera en competiciones en Stuttgart, Estoril, Niza, Sopot, Palermo o Valencia que ya no están dentro del circuito ATP o no existen o han cambiado de superficie.
Esta temporada la gira sudamericana únicamente ha conseguido atraer a Alexander Zverev entre los 10 mejores del mundo y una de sus organizadoras, Catalina Fillol, del ATP 250 Chile Open que se disputa en Viña del Mar, admitió esta semana a la revista ‘Clay’ que se plantean jugar también sobre dura. El ATP 500 de Río de Janeiro y el ATP 250 de Buenos Aires sufren y otros directamente han desaparecido, como el ATP 250 de Córdoba, en Argentina. Algo parecido les pasa a los torneos europeos de julio, como Bastad, Gstaad, Umag o Kitzbuhel, desabrigados desde que perdieron la compañía de Hamburgo como Masters 1000. Si al tenis sólo se juega sobre hierba en junio, en Wimbledon y los torneos previos, la tierra batida cada vez más se reduce sólo a la primavera.