El defensa Gonzalo Montiel, autor del penalti decisivo que le dio el triunfo a la Argentina ante Francia en el Mundial 2022 y jugador del Sevilla, ha sido imputado por un presunto delito de abuso sexual a una mujer en 2019.
El lateral del Sevilla compareció el jueves ante la Unidad Fiscal especializada en violencia familiar, de género y delitos contra la integridad sexual de La Matanza, suburbio al oeste de Buenos Aires, donde se presentó la denuncia.
A Montiel, de 26 años, se le notificó que “se le imputa el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por la participación de dos o más personas”, según el escrito judicial que se difundió el viernes.
La denuncia fue presentada por una ex pareja de Montiel que asegura fue sedada y violada en la casa del futbolista durante la fiesta de Año Nuevo del 2019. La mujer no implicó directamente al jugador en el hecho, pero afirmó que estaba con él cuando perdió el conocimiento, aparentemente tras ingerir bebidas alcohólicas. También manifestó que personas de su entorno la amenazaron para que no presentara la denuncia.
El jugador fue quien convirtió el último de la serie de penaltis que definió la final del Mundial de Qatar a favor de Argentina 4-2 sobre Francia el pasado 18 de diciembre en Qatar. A fines de mayo, Montiel también anotó el penalti en la tanda que definió la final de la Europa League ante la Roma.
El delito que se le imputa a Montiel prevé penas de seis a 15 años de prisión previstas en el Código Penal argentino.
Un gol a última hora de Lautaro Martínez, tras un chequeo en el VAR de tres minutos, dio la clasificación anticipada a Argentina a los cuartos de final de la Copa América con un triunfo por 0-1 sobre Chile, que con un punto buscará su suerte en la última jornada del Grupo A.
De nuevo suplente, 'el Toro' Martínez volvió a reivindicarse, pese a fallar un claro gol que le regaló Ángel di María en el minuto 93 y con su diana alcanzó la cima de la clasificación de cañoneros, con 2.
Su gol mete a la Albiceleste en cuartos y deja a Chile con la urgencia de ganar a Canadá, y de que Perú, que este martes cayó por 0-1 ante The Canucks, no haga lo mismo ante los de Lionel Scaloni.
Sobre un campo irregular, regado profusamente poco antes del comienzo y que ya despertó las sospechas de Ricardo Gareca y el 'autoimpuesto' silencio de Scaloni, la campeona del mundo tardó en esquivar el campo minado que le propuso Chile, que comenzó tratando de disputarle la pelota y concluyó el primer tiempo sin más recurso que parar el juego, sin armas para llegar al arco del 'Dibu' Martínez, un espectador en la etapa inicial
Argentina tardó más de 20 minutos en concluir con un disparo a meta una jugada, pero fue empujando contra su área a Chile y acumuló once disparos en el primer tiempo -tres a meta-, en el que tuvo un par de claras ocasiones para adelantarse.
Pudo marcar Messi, cuyo disparo al borde del área dio en el poste por fuera y casi acaba en autogol acto seguido un rechace de Erik Pulgar, tras un peligroso centro de Nahuel Molina, que salió por la línea de meta por poco.
Dominador claro del juego mediada la primera mitad, el conjunto argentino fue sumando situaciones de peligro, pero ni Julián Álvarez, ni Rodrigo de Paul, ni Nico González o Enzo Fernández acertaron con la diana.
A Chile, mientras, la intención de pugnar por la pelota, anunciada la víspera por su técnico, le duró poco. Fue reculando sobre su campo, acumulando jugadores junto al área, demasiado lejos del arco rival como para pensar en que Alexis Sánchez o Eduardo Vargas pudieran inquietar al 'Dibu'.
No cambió el panorama tras el descanso.
Nahuel Molina no sorprendió a Claudio Bravo con su disparo al primer palo, tras un pase de Messi que lo dejó solo (m.50), y el capitán chileno volvió a negarle el gol a la Albiceleste, despejando lo justo contra su larguero un disparo franco de Nico González, once minutos después.
En busca de soluciones, Scaloni intentó, primero, un cambio de guardia en el ataque, con la entrada de Giovanni Lo Celso, Lautaro Martínez y Ángel di María, y posteriormente, frescura por los laterales (Montiel y Acuña).
Para entonces, el empate era hasta un mal menor para el campeón porque La Roja hasta se pudo adelantar y se encontró con que solo el Dibu Martínez le evitó la desesperación, porque los dos primeros disparos chilenos, de Rodrigo Echeverría y Marcelino Núñez, obligaron a emplearse a Martínez.
Pero tanta insistencia tuvo el premio final. El gol de un 9 que mantiene la marca perfecta de la Albiceleste, que premió su mayor deseo por ganar y sigue emocionando a una afición entregada.
Faustino Oro, un niño argentino de diez años, acaba de lograr en Barcelona el título de maestro internacional de ajedrez. Es el más joven de la historia. A su edad, Magnus Carlsen ni siquiera aparecía en la clasificación de la Federación Internacional. Nadie sabe si Fausti seguirá sus pasos y se convertirá en campeón del mundo, pero pocos dudan de su descomunal talento. En el último año ha jugado contra once grandes maestros y no ha sido derrotado por ninguno. Tres de ellos mordieron el polvo.
Las últimas semanas han sido de gran tensión por la inminencia de un récord al que todos trataban de restar trascendencia. Alejandro Oro, padre del fenómeno, comentaba justo este sábado: "Estamos muy ansiosos, pero en estos momentos es importante mantener la calma". Esa tranquilidad siempre ha sido una de las mayores virtudes que le han transmitido a Faustino sus padres, que además hicieron el sacrificio de abandonar su casa y sus trabajos para venirse a España en busca de un sueño, el sueño de un niño que quiere ser campeón del mundo. «Le debíamos esa oportunidad», explica sereno Alejandro, que vio clara una jugada que a muchos les pareció descabellada.
Faustino, el niño de 10 años que ha ganado al número 1 del ajedrez Magnus Carlsen
Su última partida no fue nada fácil. El maestro internacional chileno Fernando Valenzuela aspiraba a ganar el torneo en Barcelona y salió dispuesto a aguarle la fiesta. Faustino tuvo que defenderse, con negras, pero encontró el plan correcto, nada sencillo, con una madurez asombrosa. Ahora que es MI, el siguiente paso para Faustino Oro será llegar a GM (gran maestro), el título más alto posible para un ajedrecista. Tiene un año y medio para hacerlo además con otro récord de precocidad.
El pequeño Oro es un niño risueño y locuaz, la antítesis del tópico. Nacido para arrasar en los tableros, se inició en el ajedrez un poco por casualidad, precisamente porque Romina, su madre, estaba harta de que destrozara el apartamento de Buenos Aires con la pelota, en los meses del confinamiento. Todo esto lo contaban hace poco más de un año en una entrevista para EL MUNDO, la primera que daba el chico fuera de Argentina.
Alejandro, su padre, relataba que lo apuntó a Chess.com para tratar de salvar la integridad de la vivienda. Mientras Fausti comprendía los secretos del juego a una velocidad nunca vista, sus padres aún ignoraban que pronto se vendrían a vivir al municipio barcelonés de Badalona. Aunque lo llaman el Messi del ajedrez, a nadie se le escapa que el salto tiene más mérito con un hijo no futbolero y, por tanto, con mucha menos plata a la vista, en el mejor de los casos.
El ajedrez, a cambio, es un campo idóneo para el surgimiento de niños prodigio... y para su posterior abandono. En España tuvimos a Arturito Pomar, protagonista recurrente del NO-DO franquista, que llegó a gran maestro pero no pudo dejar su trabajo como cartero. El ajedrez en español sueña ahora con haber encontrado al nuevo Capablanca, aquel genio cubano que fue campeón del mundo entre 1921 y 1927.
Oro tiene una ventaja sobre el malogrado genio español: cinco empresarios, por el momento anónimos, acaban de ofrecer su apoyo para sufragar los gastos que suponen los viajes y los entrenadores. Se acaba así con la incertidumbre económica. Faustino tiene ahora cinco profesores, cada uno especializado en un área del juego. Es otra jugada sin precedentes que algunos consideran excesiva, aunque nunca se ha probado antes con un ajedrecista tan joven.
Un título en tres asaltos
Para llegar a maestro internacional (y algo parecido ocurre para ser gran maestro) hay que conseguir actuaciones brillantes, tres 'normas', en tres torneos distintos. No sirve cualquier pachanga; deben cumplir unos requisitos mínimos. Faustino Oro hizo la primera muesca en la Patagonia, cuando aún tenía nueve años. En 2024 logró la segunda, en el Campeonato Continental de las Américas, donde impresionó al quedar en octavo, empatado a puntos con el segundo e invicto.
Este mes de junio, jugó en Madrid otro torneo en el que tampoco conoció la derrota, pero le faltó medio punto para la tercera 'norma', que ahora ha amarrado en Barcelona. Si se hubiera demorado, no habría superado el récord del estadounidense Abhimanyu Mishra, MI con 10 años, 9 meses y 3 días. Faustino lo supera por poco: 10 años, 8 meses y 16 días.
El torneo de Barcelona era la última bala para escribir esta página de la historia. El pequeño Oro se lanzó a por ella desde la primera partida. Necesitaba al menos cuatro victorias. Empezó a lo grande, con tres seguidas. Luego se tomó un respiro con dos tablas y entonces consiguió su cuarto triunfo. Ya 'solo' necesitaba tres empates más para convertirse en MI. En ese escenario muchos pierden la calma, pero Fausti está hecho de otra pasta.
Un buen sistema nervioso no es la única virtud que señalan los expertos. Faustino Oro aprende a toda velocidad, algo normal a su edad, pero además tiene un instinto sobrenatural. Los niños prodigio suelen ser monstruos del cálculo. El argentino le añade algo que requiere experiencia, el sentido posicional. Tomás Sosa, uno de sus entrenadores, asegura que sabe dónde colocar las piezas de forma "casi mágica".
El pequeño prestidigitador ya ha hecho desaparecer muchos temores a su alrededor. ¿Soportará la presión mientras sigue creciendo? Sus padres y sus abuelos, que lo acompañaron en Madrid, dan la sensación de que el entorno es el correcto. Él mismo disfruta como el niño que es: "No siento presión con el ajedrez, me gusta". Eso sí, sus metas son tan altas y nada secretas que no quiere perder el tiempo con campeonatos del mundo sub 10, sub 12 ni sub nada: "Ahí solo juegan los críos", dice muy serio. De lo que no se librará a partir de septiembre es de volver al colegio.