Los de Inzaghi controlan al Benfica y dejan casi sentenciada la eliminatoria tras una gran segunda parte en la que marcaron Barella y Lukaku de penalti
Lukaku celebra su gol en Da Luz.PATRICIA DE MELO MOREIRAAFP
La Champions, tantas veces asidero de los desesperados, tantas veces calvario de los confiados. El Benfica inmaculado que se encontraba ante una ocasión histórica de reconciliarse con su glorioso pasado fue arruinado por un Inter deprimido, que ahora sonríe pleno ante un horizonte para soñar. En Da Luz, la tantas veces decisiva competitividad futbolística italiana volvió a protagonizar una lección. [0-2: Narración y estadísticas]
El Inter se encontró con un gol al comienzo de la segunda mitad que fue como un latigazo a todo el dominio local. Como un felino agazapado, los de Inzaghi se desataron con un zarpazo mortal, un centro estupendo de Bastoni y un cabezado cruzado no menos preciso de Barella para sorprender a contrapié a Onana. Hasta ese momento, los italianos habían resistido con menos problemas de los previstos al Benfica. A partir de entonces, se sintieron realmente cómodos en Da Luz. Hasta la sentencia de Lukaku. Una historia tantas veces contada.
Quien lo hubiera dicho. El líder sólido en Portugal, el equipo que hasta el pasado fin de semana, contra el Oporto, no sabía lo que era perder en casa, invicto también en Europa… El Benfica revelación de Roger Schmidt descabalgado por la pujanza interista, todo lo contrario en su andadura este curso.
Porque los de Inzaghi mal avanzan en el Calcio, donde acumulan un mes sin ganar, fuera de los cuatro primeros puestos. Ninguno de esos precedentes apareció en Da Luz. Tras una primera mitad de poco fútbol y mucha táctica, apenas el aviso de Rafa Silva, llegó el tanto visitante que todo lo cambió. Especialmente la mentalidad de unos y otros.
Acudió el ansia local, demasiado precipitados los lusos, sin puntería ni precisión. Y también los espacios para el Inter, parapetados delante de Onana, con las contras como amenaza. Un par de lanzamientos de Barella, protagonista de la noche, estuvieron a punto de poner el segundo, también un par de remates de Dumfries, a otro estupendo centro de Bastoni. Fue Lukaku, de penalti VAR por manos de Joao Mario, el que casi sentenció una eliminatoria entre dos ilustres que, de momento, no cumple con el guion previsto: 12 años después de Mourinho, el Inter está muy cerca de volver a disputar unas semifinales.
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«¡Aún soy grande! Son las películas las que se han hecho pequeñas». Podría pronunciar LeBron James lo que Norma Desmond o aceptar el crepúsculo. También Steph Curry o Kevin Durant, los que fueron dioses del mejor baloncesto del mundo, los que dominaron los últimos 20 años de la NBA y ahora, por primera vez en 19 temporadas, ni siquiera se asoman por el segundo escalón de los playoffs.
Estos días toca ir asimilando los nombres de los que avisaban con reinar en el futuro y ya lo hacen con el presente. Empezando por el descomunal Anthony Edwards y siguiendo por Jalen Brunson. Donovan Mitchell, Jayson Tatum, Shai Gilgeous-Alexander o Tyrese Haliburton. Ninguno más de 27 años, todos protagonistas absolutos de la actual lucha por el anillo. Es la nueva hornada de estrellas, que habría que separar, por formación y origen, de los europeos Nikola Jokic, Giannis Antetokounmpo (con él lesionado, sus Bucks fracasaron ante los Pacers, por segunda temporada seguida fuera en primera ronda) y, por supuesto, Luka Doncic.
De 2012 a 2022, entre LeBron (39 años) y Curry (36), ganaron ocho anillos y acumularon galardones, récords y halagos. Fueron las 'divas' de la NBA, que aún mantienen estadísticamente su pujanza, como incluso Kevin Durant (los tres estarán este verano con el USA Team en París). Más que perder prestaciones -tampoco hay rastro ya de Joel Embiid, James Harden...-, han visto como tira la puerta abajo la nueva generación, chicos muchos de ellos pregonados, pero otros no tanto.
Jalen Brunson, durante la serie contra los Pacers.ELSAGetty Images via AFP
Nadie estos días como Anthony Edwards, que fue número 1 del draft de 2020, pero que en su progresivo despegue ha sido esta temporada cuando ha terminado de estallar. Y más aún en los playoffs, donde sus Wolves, que ya eliminaron a los Suns de Durant en primera ronda, tienen contra las cuerdas al mismísimo campeón. Los movimientos atildados y los mates espectaculares de Ant Man, que el gran público pudo ver como Némesis de Juancho Hernangómez en la película Garra, recuerdan por momentos a los del mismísimo Michael Jordan y, como Kobe Bryant, fue capaz de anotar más de 40 puntos en dos partidos consecutivos de playoffs con menos de 23 años. Abandonado por su padre, luce apellido materno aunque ella murió de cáncer cuando tenía 13 años. Por entonces escribió en la pared de su habitación: «Futuro jugador de la NBA». Sus prestaciones y promedios se han disparado en postemporada, donde lidera a un equipo lanzado e invicto en terrenos que no pisaba desde hacía 20 años: 32,3 puntos y porcentajes por encima del 40% en triples y del 60% en tiros de dos.
Los Knicks
Si todos avanza como parece y ni Jokic ni Doncic logran revertir el rumbo de las semifinales, en la lucha por el trono del Oeste se producirá toda una revolución, pues los Thunder parecen más frescos y decididos que los Mavs. El equipo más joven de siempre capaz de ganar esa conferencia está liderado por el canadiense Gilgeous-Alexander, un tipo de 25 años (el más veterano del quinteto) que en su día los Clippers incluyeron como moneda de cambio por el traspaso de Paul George.
Aunque para infravalorado, el otro gran nombre propio del panorama. Si alguien ha tenido que labrarse su propia historia ese ha sido Jalen Brunson, un fenómeno en la Gran Manzana. El zurdo sólo bajó de 40 puntos la última noche tras cuatro consecutivas (algo que no ocurría desde Jordan en el 93), aunque sus Knicks, que barrieron a los Sixers en primera ronda, se impusieron a los Pacers de Haliburton, reviviendo una histórica rivalidad: Reggie Miller, Johs Starks, Spike Lee... En el Madison no disputan una final del Este desde hace 23 años. Crisis encadenadas que ahora hace olvidar un base que no llega a 1,90, hijo de Rick (nueve temporadas NBA), que no apareció hasta el puesto 33 del draft de 2018 (pese a haber conquistado dos títulos de NCAA con Villanova) y que, tras tres temporadas algo olvidado en los Mavericks, fue traspasado en la cuarta, ya en pleno despegue. En seis años ha pasado de no promediar más de 10 puntos a 28,7 este curso, que son 35,6 (además de 8,1 asistencias) en los presentes playoffs en los que nadie parece capaz de detenerle (lanza casi 30 tiros por noche). «La fortaleza mental es muy importante, la capacidad de superar las cosas. Dar lo mejor de ti cuando sea necesario, incluso cuando no te sientas lo mejor posible. Eso es lo que él es. Un gran líder», le elogió Tom Thibodeau tras el segundo partido, heroico después de superar unas molestias físicas.
Si los Knicks avanzan, allá estarán los Celtics, los que mantienen el orden, cumpliendo con su rol de favoritos y con su consistencia habitual. Pese a la baja por lesión de Porzingis. De las estrellas emergentes, sólo Tatum hizo valer todas las predicciones. Los Cavaliers van pagando su modo arrollador pese a la compulsiva acción de Donovan Mitchell.