Llamó Sergio Scariolo en la previa al “momento de los grandes jugadores”, consciente de que se acerca la hora de la verdad de la temporada y su Madrid no es todavía lo que pretende, pero lo que se encontró fue un equipo sin alma. Una paliza sin respuesta en el Pireo, torturado por Tyler Dorsey; la enésima derrota a domicilio de este Madrid de dos caras. Que se despide del liderato y se complica el factor cancha en cuartos. [102-88: Narración y estadísticas]
Nada de grandes jugadores, lejísimos de su versión de mínimos algunos como Hezonja. Apenas Trey Lyles (y Tavares, que nunca falla) se dio por aludido, firmando uno de sus mejores partidos de blanco. Que no sirvió de nada. Porque, lo demás fue un bochorno, una lluvia de triples rival, siempre la distancia del Olympiacos demasiado grande como para soñar con la remontada. El Madrid, que suma 13 tropiezos en 18 partidos en Euroliga lejos del Palacio, está obligado a reaccionar este mismo jueves en Estambul ante el Fenerbahçe, el campeón.
La peor derrota de la temporada en el peor momento. Ante un rival que bien podría encontrarse en otras cumbres, si es que el Madrid llega a ellas. Para ello, nada de lo mostrado en el Pireo debería tener continuidad. Menos un ratito en el segundo cuarto, lo demás fue un desastre.
Andrés Feliz, durante el partido en Atenas.
Empezando por el arranque. Si lo que preocupaba era la resolución de partidos a domicilio, esos tramos finales en los que se han escapado de mala manera un buen puñado de victorias (sin ir más lejos, las últimas, en Kaunas y Vitoria), la desconexión esta vez llegó en el mismísimo amanecer. Tampoco es la primera vez. Hace dos días, el Andorra se puso 18 arriba en el Palacio en el primer acto.
Va de tramos en los que al Madrid le pasan por encima y no termina de solucionar esa falta de consistencia. Esta vez, como si no estuviera sobre aviso ante uno de los equipos más temibles de Europa, que acumulaba nueve victorias de carrerilla en Europa, los blancos salieron a verlas venir. Y lo que vieron fueron los triples de Tyler Dorsey, cuatro sin fallo en un pestañeo. Hasta 15 arriba fueron ya los de Bartzokas (27-12).
Tras estruendosa fue la caída como la (breve) resurrección. A lomos de la clase de Trey Lyles (de vuelta, todavía renqueante, de sus problemas de tobillo) y del ímpetu de Andrés Feliz, apoyado en el rebote ofensivo y en los 10 triples seguidos fallados ahora por el Olympiacos, el Madrid asestó un 0-18 a un rival que se quedó como una estatua de sal. Pero que volvió a espabilar antes del descanso, con su propio parcial, un 15-2. Entre Vezekov y Dorsey habían anotado 33 puntos.
No hubo lección aprendida. Ni capacidad de mantener la pujanza. Otra vez la debacle, el llegar tarde a casi todo, el rival que se dispara. A la vuelta de vestuarios, la pareja mortal del Pireo destrozó de nuevo al Madrid. Vezenkov y Dorsey, qué pareja, estiraron la ventaja (65-49) a base de triples. Una superioridad preocupante. Que continuó hasta el final. El Olympiacos llegó a mandar por 23 en el festival de Dorsey, que acabó con ocho triples (de 13 intentos) y 38 puntos. Y ni el maquillaje final salvó el basket-average del Madrid.
El momento de los grandes jugadores.





