Carlos Alcaraz inició la temporada de tierra con autoridad y comenzó la defensa del título de Montecarlo que logró hace uno año con un contundente triunfo ante el argentino Sebastian Báez por 6-1 y 6-3, en una hora y 10 minutos. Alcaraz acepta el desafío de Jannik Sinner; ambos asumen que el punto de partida de esta etapa de arcilla es un mano a mano por el número uno del mundo.
El murciano, que ya sumó su sexta victoria seguida en el Principado y la decimotercera consecutiva sobre polvo de ladrillo, respondió al estupendo arranque del transalpino que todo lo que gane le supone puntos en su cuenta. Sinner, que previamente ganó con facilidad a Ugo Humbert 6-3 y 6-0, no disputó nada hasta el Masters 1000 de Roma por la sanción de dopaje. Lo que acumule ahora, en estas semanas, será de más. Todo lo contrario que Alcaraz que defiende los títulos de Montecarlo, la final de Barcelona, el éxito en Roma y en Roland Garros. Solo se perdió Madrid.
Pero si Sinner tuvo un arranque autoritario en Montecarlo también lo tuvo Alcaraz que ganó por 6-1 y 6-3. Sinner tardó 65 minutos en atravesar la segunda ronda. El murciano, 70. El pulso está en lo alto.
Carlos Alcaraz ganó por cuarta vez a Báez en otros tantos enfrentamientos para citarse en tercer tramo con el ganador del duelo entre el también argentino Juan Martín Etcheverry y el que se imponga en el partido entre el francés Terence Atmane y el estadounidense Ethan Quinn.
No tuvo casi contratiempos ante Báez verdugo en primera ronda del veterano Stanislas Wawrinka y sumar su sexta victoria seguida en Montecarlo y catorce del tirón en arcilla. “Estoy muy contento, hace casi un año desde el último partido en tierra y ya la echaba de menos. Tenía ganas de ensuciarme los calcetines”, bromeó el español en la pista, tras ganar a Báez.” Creo que he jugado un gran partido. Me he preparado muy bien. Estoy muy contento y veremos a dónde lleva la semana”, añadió Alcaraz que dijo que antes o después, lo normal “es perder el número uno”.
“Sinner no defiende puntos y es normal que tarde o temprano lo pierda. Luego me tocará recuperarlo”, dijo Alcaraz que este año se convirtió en el jugador más joven en ganar los cuatro Grand Slam al vencer en el Abierto de Australia.
El ganador de siete grandes, que el pasado año se apuntó un registro de veintidós victorias y solo una derrota en este tipo de superficie, fue a toda prisa a por su primera victoria en pista de tierra. No dio opción al argentino en el primer parcial y en el segundo con 4-1 perdió por primera vez su saque. Sin embargo, compensó pronto la situación y evitó que Baez equilibrara el choque que cerró en poco más de una hora.
Alcaraz inició su semana 67 como número uno del mundo. Sinner, que llegó a Montecarlo tras vencer en los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, se lo arrebatará si gana el torneo.
En las horas previas, Fabio Fognini reconocía que le había tocado la lotería. A sus 38 años, en su última temporada como profesional, se despediría de Wimbledon en su pista central y ante el vigente campeón, Carlos Alcaraz. Una suerte para el tenista veterano, siempre tan artista y tan polémico. Un regalo para su hijo, Federico, de ocho años. "No iba a venir a verme aquí a Londres, pero al final ha viajado conmigo porque me tocó debutar contra Carlos. Es su ídolo, pero le he dicho que no se lo diga", admitía un Fognini ya de vuelta de todo.
Noveno del ranking mundial en 2019, campeón en Montecarlo aquel año después de derrotar a Rafa Nadal, el huracán de Jannik Sinner había hecho que su adiós pasase desapercibido incluso en la prensa italiana, pero el azar le dio el gusto. Este lunes lo iba a disfrutar, vaya si lo iba a disfrutar. En uno de sus últimos bailes, le amargó el debut a Alcaraz, que tuvo que sudar para derrotarle en cuatro horas y 37 minutos de juego (7-5, 6-7 [5], 7-5, 2-6, 6-1).
Bajo un calor agobiante, con más de 30 grados en Londres, Fognini sorprendió con su arma de siempre, una muñeca prodigiosa, y la tranquilidad de quien ya ha ganado todo lo que tenía que ganar. Desde el primer punto Alcaraz estuvo incómodo, inexacto con su saque e incluso agobiado, pero finalmente sacó el triunfo. En el quinto y último set, después de un paso por los vestuarios, templó sus ánimos para dominar por fin a su rival.
Un serio aviso
En lo que queda de torneo, que es mucho, el actual número dos del mundo ya no pecará de confianza. De hecho en el próximo escalón, en segunda ronda, se medirá a otro rival extraño, el local Oliver Tarvet, el 733 del mundo, en su debut como profesional, y ya está avisado. Pese a su reciente éxito en Roland Garros, pese a su genial adaptación a la hierba en Queen's, tenga a quien tenga delante esto es un Grand Slam y no hay victoria sencilla.
"Con este nivel que no se retire, que juegue hasta los 50 años", se quejaba Alcaraz a su equipo en pleno partido. Los geniales golpes de Fognini le desesperaron porque no los esperaba. A ratos se entretenía con los intercambios, incluso divirtiéndose. Pero la mayor parte del tiempo lamentaba tener que emplearse al máximo y más allá en una fase tan temprana del Grand Slam. Hasta que en el último set se encontró, se motivó y se concentró, hubo fases extrañas del partido.
TOLGA AKMENEFE
Y eso que hasta la segunda hora, el encuentro transcurría por los raíles habituales Después de resolver el primer set con apuros, en el segundo Alcaraz ya contaba con un break de ventaja y el camino se despejaba. Por físico e incluso motivación, Fognini podría haber desconectado entonces. Ya había ofrecido espectáculo al público y recuerdos de sobras para su hijo. Pero no lo hizo, más bien todo lo contrario.
"no sé por qué se retira"
En lugar de ceder el encuentro, siguió insistiendo con su juego pausado, sacando con maestría, dominando intercambios, luciéndose en la red y remontó. Una y otra vez, Alcaraz recurría a la dejada para agotarle, pero no le dominaba de ninguna otra manera. En el tie-break de ese segundo set, raro en él, el español apareció nervioso y cometió una serie de errores que le costaron el periodo. Iba a ser un triunfo sencillo y ya no lo era. Entonces llegó el agobio.
En el tercer set, Alcaraz portaba otra gestualidad y en el cuarto set, asfixiado por la situación y por la temperatura, se sumergió en un mar de errores. También era mérito de Fognini, que seguía siempre a lo suyo, jugón y fresco. De alguna forma, con las cuatro horas marcadas en las pantallas, se abrió el abismo de la eliminación ante el número dos del mundo. Pero en el quinto set ya no hubo color. Pese a una interminable interrupción porque un aficionado sufrió un golpe de calor, Alcaraz sumó su primera victoria en Wimbledon, un triunfo mucho más sudado de lo esperado. En su gira de despedida, Fognini y su show lo llevaron hasta el límite.
Al acabar, el italiano pidió a Alcaraz la camiseta para su hijo, Federico, y se marchó lanzando besos al público de la pista central. "Para ser sincero, no sé por qué se retira. Podría seguir jugando durante tres o cuatro años. Le tengo que dar todo el mérito de este gran partido. Fabio es un jugador maravilloso, tiene un talento enorme. Estoy triste porque es su último Wimbledon", comentó el español, agotado, de camino a los vestuarios.
Carlos Alcaraz anunció este miércoles, a través de un comunicado en redes sociales, el fin de su relación profesional con Juan Carlos Ferrero, su entrenador desde 2018, cuando aún tenía 15 años.
«Es muy difícil para mí escribir este post. Tras más de siete años juntos, Juanki y yo hemos decidido poner fin a nuestra etapa como entrenador y jugador», aseguró el número uno del ranking ATP. «Gracias por haber hecho de sueños de niño, realidades. Empezamos este camino cuando apenas era un chaval y, durante todo este tiempo, me has acompañado en un viaje increíble, dentro y fuera de la pista. He disfrutado muchísimo de cada paso contigo», continúa el escrito.
«Hemos conseguido llegar a la cima, y siento que, si nuestros caminos deportivos tenían que separarse, debía ser desde ahí arriba. Desde el lugar por el que siempre trabajamos y al que siempre aspiramos llegar», confesaba sobre la larga relación profesional.
El paso adelante de López
Junto a Ferrero, Alcaraz maduró como tenista, levantó seis títulos de Grand Slam y alcanzó lo más alto de la élite mundial, pero la unión estaba condenada a disolverse.
En las últimas temporadas, Ferrero ya había expresado su necesidad de pasar más tiempo en casa y de dedicarse a su familia, y por eso en este 2025 Alcaraz también había trabajado con un segundo técnico, Samu López, muy vinculado al propio Ferrero. De hecho, ambos recibieron hace unos días el premio conjunto a mejores entrenadores de la ATP. Ahora será únicamente López quien acompañe a Alcaraz por el mundo durante toda la temporada.
«Ahora llegan tiempos de cambio para los dos, nuevas aventuras y nuevos proyectos. Pero tengo la certeza de que los afrontaremos de la manera correcta, dando lo mejor de nosotros, como siempre hemos hecho. Siempre sumando», cerraba el número uno del mundo en su comunicado, antes de un último mensaje hacia Ferrero, su ya exentrenador: «Te deseo lo mejor de corazón en todo lo que venga. Me quedo con la tranquilidad de saber que no nos hemos dejado nada por dar, que lo hemos puesto todo a disposición del otro».
"Me hubiera gustado seguir"
Después de la comunicación de Alcaraz, Ferrero se despidió con cariño de ex pupilo, aunque dejó un mensaje difuso sobre la raíz de la decisión. "Me hubiera gustado seguir. Estoy convencido de que los buenos recuerdos y las buenas personas siempre encuentran la manera de volver a cruzarse", advirtió.
"Hoy se cierra una etapa muy importante de mi vida. La cierro con nostalgia, pero también con orgullo e ilusión por lo que pueda venir", explicó Ferrero, que acogió al Alcaraz adolescente en su academia de Villena y le acompañó a lo más alto del tenis.
Carlos Alcaraz regresó a la vida sobre una bicicleta estática. Exhausto tras uno de los partidos más épicos de su carrera, el murciano encontró en el gimnasio del Open de Australia el primer paso hacia la recuperación física y emocional después de derrotar a Alexander Zverev en semifinales por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5.
Tras la victoria, Alcaraz se lanzó al suelo, celebró con la bandera de Murcia, hizo un gesto de homenaje a Fernando Alonso y estuvo cerca de romper a llorar en su banquillo. Al salir de la pista no podía ni con su alma. En los pasillos de la Rod Laver Arena cojeaba por los rincones y se confesaba exhausto; si allí hubiera habido una cama, se habría estirado hasta el día siguiente. Pero su fisioterapeuta, Juanjo Moreno, le invitó a pedalear y ahí, sobre el sillín, empezó a rehacerse.
Si había un día en el que liberar las piernas era obligatorio, era este viernes. Además, sobre la máquina podía charlar con los suyos, relajarse y dimensionar todo lo ocurrido. Por allí pasó Novak Djokovic para felicitarle unos minutos antes de la otra semifinal, que acabaría con victoria del serbio. Allí recuperó el espíritu, la alegría, la sonrisa. En un instante, el grupo rompió en carcajadas: todo volvía a estar en su sitio.
Tan rehecho estaba Alcaraz en lo anímico -que no todavía en lo físico- que se subió a un carrito de golf junto a todos sus ayudantes y condujo el vehículo en los 50 metros que separan el gimnasio del vestuario, entre los gritos de «¡eh, eh, eh!» de su equipo. Luego llegarían la ducha, el masaje del propio Moreno y la rueda de prensa antes de marcharse, ya pasada la medianoche, a su hotel, el Crown de Melbourne.
Un recuerdo de adolescencia
«Ha sido uno de los partidos más exigentes de mi vida. Físicamente he llegado al límite, pero estoy muy orgulloso porque he creído en todo momento», analizaba Alcaraz, que recordaba cuándo nació esa fe. Pese a sus problemas físicos no pensó en retirarse «ni un solo segundo» porque ya sabía lo que venía después. «Cuando era adolescente había partidos en los que no luchaba, me rendía, y luego me pasaba días pensando que podía haber hecho más. Ese pensamiento me mataba. Por eso ahora nunca quiero darme por vencido. Sé que cada segundo de lucha vale la pena y que es importante estar orgulloso de mí mismo al día siguiente».
Dita AlangakraAP
Sus complicaciones comenzaron en el tercer set. Con dos mangas en el marcador, Alcaraz se acercaba a una victoria rápida, pero su cuerpo empezó a protestar. El día era caluroso en Melbourne, con alrededor de 30 grados, el sol cubría por completo la Rod Laver Arena y el esfuerzo le pasó factura. En un descanso, el número uno hizo algo extraño con una toalla. «¿Qué le pasa?», se preguntaban en su equipo, hasta que él mismo lo explicó: «He vomitado, no sé si tengo que tomarme algo».
A partir de ahí, el partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia. «No sé qué ha pasado. He vomitado y luego he empezado a sufrir en el abductor derecho. No tenía claro que fueran calambres, porque solo lo notaba en esa zona, pero luego me ha comenzado a pasar en todo el cuerpo. Puede haber sido culpa de la deshidratación o de la tensión. La verdad es que antes del partido he sentido bastante nervios; es algo en lo que tengo que mejorar: no estar tan tenso», valoraba Alcaraz, que pasó de estar a un paso de la victoria a asomarse al abismo de la derrota.
Sentado en su banquillo, recibiendo un masaje, tuvo que aceptar que la situación había cambiado por completo para él y, además, hacerlo entre las quejas de su rival. El reglamento de la Federación Internacional de Tenis (ITF) impide que un jugador sea tratado por un fisioterapeuta si sufre calambres, pero Alcaraz sentía un tirón muscular en el muslo derecho y por ello fue atendido. Zverev estalló: «Es una vergüenza absoluta. Le están tratando de calambres. Siempre protegéis a estos dos», dijo en referencia a Alcaraz y Sinner.
El alemán intentó presionar a la jueza de silla, la serbia Marijana Veljovic, saliendo a la pista antes de que se reanudara el juego, pero no surtió efecto. Alcaraz fue auxiliado y Zverev se quedó con el enfado. Ya al final del partido, preguntado por la polémica, el número tres del mundo no quiso alimentarla: «Si te digo la verdad, no quiero hablar sobre ello. Creo que hemos protagonizado una de las mayores batallas que se han vivido aquí en Australia y no nos merecemos que se hable de esto».
IZHAR KHANAFP
Su milagrosa recuperación
«Tengo calambres hasta en el dedo meñique, hasta en el último pelo de la cabeza», confesaba Alcaraz a su entrenador, Samu López, a principios del cuarto set y era imposible imaginarle, dos horas después, celebrando ante una Rod Laver Arena rendida a él. A sus 22 años, su talento y su mentalidad han alcanzado un punto en el que ya no dependen solo del físico. ¿Cómo aguantó? Con medicación -se tomó una pastilla-, con jugo de pepinillos y, sobre todo, con paciencia.
«Poco a poco. Respira bien. Te encontrarás mejor. Ya tenemos dos sets nosotros», le aseguraba López y Alcaraz le hacía caso. Dejó de correr, incluso dejó de saltar en el saque, pero se mantuvo en el encuentro. Con su paleta de golpes aguantó, aguantó y aguantó. Hasta el quinto set no le concedió ni un 'break' a su adversario y sólo se doblegó en los tie-breaks del tercer y el cuarto set.
Entonces llegó la resurrección. «Voy mejor», admitía al banquillo, aunque justo cuando empezaba a moverse con más soltura Zverev le rompió el servicio. Daba igual. En cada juego al saque del alemán buscó su oportunidad una y otra vez, hasta encontrarla. Sus armas eran la magia y la fe; no le quedaba nada más. En los momentos decisivos, Alcaraz volvió a ser Alcaraz. Con 5-4 y servicio para que Zverev cerrara el partido, el español recuperó la igualdad y el triunfo ya era suyo.
Para la final, Nadal como ejemplo
«Mañana estaré tieso, eso es obvio, no lo puedo esconder. El cuerpo recuerda, tiene memoria, y costará recuperarse. Pero bueno las cosas se han dado de esta manera. Me recuerda al Open de Australia de 2009 cuando Rafa [Nadal] tuvo una gran semifinal [ante Fernando Verdasco], todos pensábamos que estaría cansado en la final y acabó ganando a Roger [Federer] en cinco sets. En una final de Grand Slam no puede haber cansancio», aseguró ya mentalizado para el domingo.
Ante Djokovic buscará su sexto Grand Slam y, lo que es más importante, convertirse en el tenista más joven que completa los cuatro ‘grandes’. Ya ha vencido en dos ocasiones en Roland Garros, Wimbledon y US Open; le queda la gloria en Australia, donde hasta ahora sólo había alcanzado los cuartos. Le ayudará lo que ya ha vivido: el carrito de golf, la felicitación de Djokovic, la bicicleta estática, la celebración con mensaje a Alonso y, sobre todo, uno de los partidos más épicos de su carrera.