La foto policial del arresto de Tiger Woods es demoledora. La imagen tomada a medianoche por los paparazzis, en el asiento del conductor de un Cadillac huyendo por la puerta de atrás de la prisión, con la mirada perdida, es todavía peor. No es la primera, no es la más grave, pero el mundo del golf avisa estos día de que si su familia y amigos no hacen algo, si no recibe ayuda pronto, tampoco será la última.
El golfista, de 50 años, salió anoche de la celda en la que pasó toda la tarde del viernes tras haber sido detenido por conducir “bajo los efectos de sustancias”, tras causar un accidente de circulación, afortunadamente sin heridos. Ocurrió en Jupiter Island, en Florida, muy cerca de su residencia y de donde ya tuvo un incidente parecido hace años. Woods circulaba por encima de la velocidad permitida, en una zona residencial, y chocó con una pick-up que intentaba girar hacia un camino. Su coche, un Land Rover de grandes dimensiones, volcó sobre el lado izquierdo, pero el deportista logró salir sin heridas trepando hasta el otro lado.
La policía interrogó a los dos conductores e hizo una prueba de alcoholemia a Woods, que dio negativo. Pero al constatar que no estaba en plenas facultades, y admitir él sus problemas de dolor y los medicamentos que está recibiendo, lo arrestó. Ya en comisaría, Woods no quiso someterse a una prueba de orina. “Me siento muy mal por él. Tiene… tiene algunas dificultades”, lamentó el presidente estadounidense, Donald Trump, también desde Florida. “Hubo un accidente, y eso es todo lo que sé. Es un amigo muy cercano mío. Una persona increíble, un hombre increíble… pero con algunas dificultades”, añadió Trump.
No es ningún secreto, Woods tiene un problema de drogas, con medicamentos recetados para el dolor, tras siete operaciones de espalda y varias más en la pierna, una lesión grave del tendón de Aquiles y un brutal accidente en 2021. Ya antes había mostrado sus problemas, pues el de ayer fue el cuarto accidente o incidente al volante en el que se ve implicado. En el pasado, al menos una vez ha estado ingresado en una clínica para tratar su adicción a los calmantes, según The New York post.
Un amigo del golfista, citado por el diario neoyorkino, dice que los medicamentos no son el problema o no el único, y que Woods conduce “como un murciélago saliendo del infierno”, a demasiada velocidad, de forma muy imprudente. Que siempre lo ha hecho, pero ahora va a peor.
Fuentes del circuito citadas por Golf.com dicen que sus problemas son un secreto a voces. Que Woods siempre ha tenido problemas para dormir bien, y de ahí también algunos medicamentos recetados. Que es una persona que madruga mucho, pero que a partir del mediodía… tiene dificultades. “Ha sido un secreto a voces en el estrecho círculo que rodea a Tiger Woods desde hace años: si se desea mantener una conversación seria con él —ya sea sobre su labor benéfica y arquitectónica, sobre el futuro del PGA Tour o sobre sus 15 victorias en torneos de Grand Slam—, hay que hacerlo por la mañana. Es bien sabido que Woods duerme mal y se levanta temprano. La impresión general que se obtiene, según personas con conocimiento de causa, es que —si uno forma parte de ese círculo— es posible abordarlo a primera hora del día. A medida que avanza la jornada, Woods se vuelve menos accesible y menos predecible. No se trata de una especulación ociosa ni malintencionada; son, más bien, observaciones nacidas del afecto, de la preocupación”.
La prensa estadounidense ha amanecido este sábado con un mensaje unánime: “necesita ayuda”. Decenas de periodistas deportivos, columnistas y presentadores, afectados por la (re)caída de uno de los grandes ídolos del siglo XX, se han pronunciado en la misma línea. “Su vida fuera del campo sigue cayendo en picado. El accidente del viernes por la tarde es tan solo otra línea roja brillante en un mensaje claro e inequívoco para Woods: busca ayuda. Y hazlo pronto”, afirmaba Jay Busbee, de Yahoo! Sports.
“Tiger Woods necesita ayuda. No un abogado costoso capaz de hacer desaparecer los cargo por conducir bajo los efectos del alcohol. No un experto en relaciones públicas que invente excusas para él. No aduladores que le digan lo maravilloso que es y minimicen la imprudencia de sus actos. Tan pronto como sea puesto en libertad de la cárcel del condado de Martin, en Florida, Woods debe dirigirse directamente a un centro de rehabilitación y permanecer allí el tiempo que sea necesario para superar su adicción”, escribe Nancy Armour, columnista deportiva del USA TODAY. “Es tan triste, es inquietante y es, francamente, indignante. ¿Por qué no está recibiendo ayuda?”, clamó Christine Brennan, analista deportiva de la CNN.
Los mensajes llegan también de otras leyendas. “Mi madre murió atropellada por un conductor ebrio. Espero que espabile señor. Woods”, tuiteó Wade Boggs, miembro del Salón de la Fama de la liga de béisbol.
Un sueño roto
Woods, que ha cumplido 50 años, volvió a la competición esta semana precisamente, después de estar ausente del tour desde 2024. Probándose para el complicado sueño de participar en el próximo Masters de Augusta, algo de por sí duro sin estar al 100% físicamente. Pero ya demostró, tras el brutal choque de 2021 que casi le cuesta la pierna, que aún medio cojo podía superar el corte en Augusta una y otra vez. Además, se ha inscrito para disputar su primer Senior Open, en julio, en Scioto, el campo en Ohio donde aprendió a jugar Jack Nicklaus, el jugador con 18 majors, un récord ya del todo imposible de alcanzar.
El incidente crea también un problema para la PGA. A efectos prácticos, Woods es más un ejecutivo que un golfista. Es vicepresidente de PGA Tour Enterprises, con un puesto casi permanente en la junta directiva creado y reservado exclusivamente para él. Por si fuera poco, preside el Comité de Competición Futura, el grupo encargado de diseñar un nuevo modelo para el golf profesional. Y todos quieren que sea el capital del equipo estadounidense en la Rydr Cup de 2027. Mucha presión.










